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viernes, 23 de febrero de 2007

Los consuelos ; poesías

Los consuelos ; poesías
de Esteban Echeverría



-[102]- -103-



- XV -




Adiós


a D...




-104-

Ton souvenir sera, dans mon âme attendrie,
comme un son triste et doux qu'on écoute longtemps.


V. Hugo



-105-

No quiere tierna amiga
la fortuna enemiga
puerto a mi vela dar,
y en frágil barca nueva
peregrino me lleva 5
por borrascoso mar.

-106-

De nuevo separado
me voy acongojado
lejos de ti a vivir;
sin verte, sin hablarte, 10
sin poder consolarte;
que es fuerza hoy el partir.


Cuando fatal desdicha
el astro de tu dicha
en su oriente eclipsó, 15
con la eterna lazada
de la amistad sagrada
mi alma a la tuya unió.


Entonces, pío el cielo,
quiso que algún consuelo 20
yo diese a tu dolor,
y entonces fui dichoso...
Mas ¡ah! que ya envidioso
me aleja de tu amor.

-107-

Me aleja sí, importuno, 25
donde placer ninguno
sin ti no encontraré;
donde en ausencia larga,
a mi tristeza amarga
consuelo no hallaré. 30


Pero no importa, pura
tu imagen, mi ventura
siempre, querida, hará,
y, cual benigna estrella,
consoladora y bella 35
do quier me alumbrará.


Adiós mi tierna amiga;
ya la barca enemiga
se afana por partir;
adiós, volveré a verte 40
si el soplo de la muerte
no apaga mi vivir.


-[108]- -109-



- XVI -




Crepúsculo en el mar


-110-

Antes de expirar el día
vi morir a mi esperanza.


Zárate



-111-

Allá en el horizonte el rey del día
su frente hunde radiosa,
y por el vasto espacio va flotando
su cabellera de oro luminosa.

-112-

De arreboles vistosos y cambiantes 5
se adorna el firmamento,
que entre negros celajes se confunden
en su brillante airoso movimiento.


Y poco a poco sus inmensas alas
la noche va extendiendo, 10
y con manto de duelo los adornos,
y las galas del orbe va cubriendo.


Es la hora en que los tristes corazones
ven la imagen sombría,
de la esperanza que los sustentaba, 15
desvanecerse con la luz del día.


Y la hora en que yo veo de mi vida
la trama deshacerse,
y el porvenir glorioso que la halaga,
como el cielo entre sombras esconderse. 20

-113-

En que yo digo adiós a la esperanza,
y a los gozos del mundo,
y con incierto paso y sin vigía
marcho por un desierto tremebundo.


En que mi aurora fúgida contemplo 25
sin lucir disiparse,
y las lozanas flores de mi vida
sin exhalar perfume deshojarse.


En que a la vez mis bellas ilusiones
toman cuerpo, se abultan, 30
tocan la realidad, y desmayadas
en crepúsculo negro se sepultan.


-[114]- -115-



- XVII -




Mi destino


-116-

Oui, je mourrai: déjà ma lyre en est en deuil,
Jeune, je m'éteindrai, laissant peu de mémoire.


V. Hugo



-117-

Presa de mil dolencias,
el corazón marchito,
a veces angustiado
me concentro en mí mismo,
y voz secreta escucho 5
decirme estremecido:
«En juventud temprana
morir es tu destino».

-118-

«Antes que el lauro sacro
se entrelace y el mirto 10
en tu lozana frente,
sufrirás el martirio
que al que nació poeta
reserva el hado impío:
que en juventud temprana 15
morir es tu destino».


De Prometeo el fuego
arde en mi seno altivo,
un buitre despedaza
mi pecho enardecido, 20
y mi existencia llena
de angustias y conflictos
que en juventud temprana
morir es mi destino.

-119-

A cada instante veo 25
el tenebroso abismo
de la tumba a mi planta,
y el pensamiento mío
replega al contemplarlo
sus alas abatido: 30
que en juventud temprana
morir es mi destino.


Con el mirar profundo
de espíritu divino,
mi genio el universo 35
abarca y lo infinito;
pero voz ominosa
me repite al oído:
que en juventud temprana
morir es mi destino. 40

-120-

Como la flor del campo
que el inflamado estío
agosta en el momento
de desplegar sus visos;
así se han marchitado 45
mis juveniles bríos:
que en juventud temprana
morir es mi destino.


¿Qué importa que llenase
de fuego peregrino 50
mi pensamiento el cielo
si soplo fugitivo,
exhalación errante,
al nacer ya me extingo?
¿Si en juventud temprana 55
morir es mi destino?

-121-

Mi corazón desmaya
de dolor consumido,
y mis fugaces días,
sin ostentar su brillo, 60
se eclipsan y descienden
a la mansión de olvido:
que en juventud temprana
morir es mi destino.


-[122]- -123-



- XVIII -




La melodía


-124-

Sweet music.


Shakespeare



-125-

Hubo, una melodía,
que hechizó el alma mía
en albor más lucido,
y con su halago
supo el estrago 5
reparar de mi pecho entristecido.

-126-

Dudo si eran divinos
sus ecos peregrinos,
o de mortal criatura;
porque su influjo 10
en mí produjo
inefables delirios de ventura.


Su melifluo sonido
halagaba mi oído
de una aurora a otra aurora; 15
cuando dormía
también la oía,
semejante a una voz consoladora.


Pasaba como un sueño
delicioso y risueño 20
mi juventud lozana;
edén hermoso
y deleitoso
era la tierra para mi alma ufana.

-127-

Mas ¡ay de mí! temprano 25
un pesar inhumano
me anunció otro destino:
escuché atento,
ningún acento
a endulzar mi dolor entonces vino. 30


Así de noche larga
y soledad amarga,
yo me encuentro cercado;
no hay alegría,
ni melodía 35
para mi triste corazón burlado.


-[128]- -129-



- XIX -




Los recuerdos




Romance a Delmira


-130-
Te me apareciste20, como un ángel benigno enviado para llevarme desde los inocentes días de mi infancia, hasta la sublime cumbre de la existencia. Mis ojos, al abrirse, encontraron tu corazón, y mi primer sentimiento fue un inefable regocijo.


Schiller



-131-
De los primeros amores
¡Oh cuán dulce es el recuerdo!
¡Como su risueña imagen
vierte en el alma consuelo!
-132-
Mi corazón desdichado 5
flota en un mar de tormentos
Delmira; mas tu21 memoria
templa sus males acerbos.
Cuando la negra tristeza
tiende sobre mí su velo, 10
y de fantasmas sombrías
circunda mi pensamiento:
cuando el recuerdo terrible
de mil aciagos sucesos,
viene cual nube cargada 15
de tormenta, horror y truenos,
a atribularme en mis ansias
y hacer mi dolor más fiero;
tu imagen se me aparece,
como en páramo desierto 20
al caminante perdido
verdoso y florido otero;
y la fantasía entonces,
con las alas del deseo,
-133-
me transporta enajenada 25
a aquel delicioso tiempo,
en que por la vez primera
te vi, como ángel del cielo.
El bozo empezaba apenas
a adornar mi labio tierno; 30
eras tú rosa en su aurora,
éramos niños recuerdo,
y de rubor inocentes
palpitaron nuestros pechos
de simpática ternura, 35
de amante júbilo al vernos.
Turbáronse nuestros rostros
y se reveló el misterio:
nació el amor ignorado,
y el amor habló en silencio. 40
Tu imagen bella de entonces
quedó grabada en mi seno,
y una agitación extraña,
llena de dulce embeleso,
-134-
se amparó de mis sentidos 45
dejó los frívolos juegos
de la niñez y embebido
sólo en ti mi pensamiento,
do quier hallaba el encanto
de tu semblante halagüeño, 50
do quiera de tus miradas
aquel imán hechicero.
Día y noche me seguía
tu imagen en el paseo,
en el bosque, en la campaña 55
y aún en mi tranquilo lecho.
Mi juvenil existencia
era un deleitoso sueño,
de glorias desconocidas,
de esperanzas y deseos. 60
Días felices ¡cuán pronto
para mi mal fenecieron,
dejándome circundado
de desolación y tedio!
-135-
A amar juntos aprendimos, 65
amor por dulces senderos
nos llevó en sus alas de oro
y nos enseñó sus juegos.
¿Te acuerdas, Delmira, el día
que nos hablamos primero, 70
cuan alegre y fácilmente
nuestras almas se entendieron?
¿Recuerdas, Delmira mía,
aquellos dulces momentos
que pasábamos alegres 75
en inocentes recreos?
¿Te acuerdas de los regalos
con que tu cariño tierno
recompensaba del mío
el incesante desvelo? 80
¿De las citas misteriosas?
¿De aquel albergue secreto
donde tu boca y la mía
se unieron con dulce beso?
-136-
De nuestros rubores y ansias, 85
nuestro tímido recelo,
la precaución inocente
y el cariñoso misterio?
Sobre todos, de aquel día,
día feliz y supremo, 90
en que por hechizo oculto
nuestros suspiros se unieron,
sin saber como atraídos
se tocaron nuestros senos,
ligáronse nuestros brazos 95
con nudo de amor estrecho;
trémulo tu labio ardiente
aplicó al mío su fuego,
se abrasaron mis sentidos
de amor en el grato incendio, 100
y a mis ojos y a los tuyos
se anonadó el universo.
-Todo pasó, dulce amiga,
todo pasó en fugaz vuelo,
-137-
Sólo queda la memoria 105
de aquel venturoso tiempo.
La edad vino a amonestarnos
con su semblante severo;
separarnos fue preciso
y seguir caminos nuevos. 110
Adiós amores, de entonces,
juveniles devaneos
de dos almas inocentes
que para amarse nacieron.
Llorando y con dulce abrazo 115
dimos el adiós postrero
al aire, y nuestros suspiros,
nuestras ansias llevó el viento.
Tomó mi mano el destino
y de mis lares paternos 120
me arrebató, y en el mundo
me lanzó con furia luego.
He flotado en él sin guía,
cual frágil náufrago leño,
-138-
sin encontrar en camino 125
grato asilo o manso puerto:
mil tormentas he sufrido,
que en el voluble elemento
de las inquietas pasiones
me engolfé fogoso y ciego. 130
No he sucumbido a sus furias;
pero mi cuitado pecho
por siempre, amiga, ha perdido
la dulce paz y el sosiego,
y despojado, en su aurora, 135
de los prestigios risueños
de la vida, a la esperanza
y aun al amor yace muerto.
Sola tú, tú sola puedes
de mi alma en el caos horrendo, 140
hacer brillar un instante
lampos de fugaz consuelo.
Tu imagen bella, a mis ojos,
como la estrella de Venus
-139-
en desatada tormenta 145
se muestra al triste nauclero,
aparece en los conflictos
de mi triste pensamiento,
aplaca un tanto las iras
de mis pesares acerbos, 150
y exclamo entonces lloroso:
«Ángel de amor y consuelo
no apartes tu luz divina
de mi espantoso desierto:
mi corazón desdichado 155
flota en un mar de tormentos
Delmira, mas tu memoria
calma su dolor funesto».

-[140]- -141-



- XX -




Imitación del inglés


-142-

Sing willow.


Shakespeare



Cantad el sauce.



-143-



- I -

Al pie de un sauce Laura suspiraba,
acongojada y llena de dolor,
y al aire vano estos acentos daba:
cantad el sauce y su mustio verdor.

-144-

El manso arroyo, acaso enternecido, 5
mezclaba22 sordo su fugaz rumor
a los sollozos de su pecho herido:
cantad el sauce y su mustio verdor.


Lágrimas tristes, sin cesar, y puras
lloraba en vano, lágrimas de amor, 10
que aun ablandaran a las piedras duras:
cantad el sauce y su mustio verdor.





- II -

«Tu color mustio place a mi amargura
sauce querido, sauce del amor,
serás mi adorno y sola compostura: 15
cantad el sauce y su mustio verdor».

-145-

«No le increpéis su injusta alevosía,
yo le perdono su fatal rigor;
causa es amor de la desdicha mía:
cantad el sauce y su mustio verdor». 20


«¿Por qué me dejas?» -en mi cruel despecho
dije al ingrato; y respondió traidor:
«A otro amor abre como yo tu pecho»:
cantad el sauce y su mustio verdor.


Sus tristes ayes se llevara el viento, 25
nunca de Laura más se oyó el clamor,
y nadie dijo desde aquel momento,
cantad el sauce y su mustio verdor.



-[146]- -147-



- XXI -




A la independencia argentina


-148-
Independencia al suelo americano.


Luca



-149-

Prestadme o sacras musas
vuestro divino aliento,
prestadme aquel acento
que resuena en los coros celestiales,
-150-
y haré que el corazón de los mortales, 5
de entusiasmo arrobado,
palpite como el mío en el instante,
y que ensalcen los libres el gran día
en que la patria mía
independiente, al fin, y soberana, 10
llena de gloria respiró triunfante.


Ni el trueno aterrador que se desata
de los preñados senos de la nube,
y retumbando fragoroso sube
y por el ancho espacio se dilata, 15
al espíritu flaco aterra tanto;
ni el mortífero rayo desprendido
del bronce comprimido,
que hiende por las filas y escuadrones,
con zumbido terrible, 20
es al débil soldado tan temible,
como son a los viles opresores
los vivas y clamores
-151-
que del foro argentino se levantan,
con tumultuoso grito y vehemencia, 25
alegres proclamando independencia;
y nada es tan gozoso
a los hijos del Plata
como el día de Julio venturoso.


Pudo en los siglos de ignorancia torpe, 30
en que el hombre adormido
sus sagrados derechos olvidaba,
con el salvaje bruto confundido,
dominar arrogante el despotismo;
mas luego que la ciencia 35
al espíritu humano iluminara
audaz se levantó la inteligencia,
y el coloso infernal que la abrumara
derrocose, humillado, al hondo abismo.

-152-

Así do quier los simulacros viles 40
de la opresión cayeron;
pues los humanos pechos, quebrantando
los vínculos serviles,
que su elación divina comprimían
en sacrosanto fuego se encendieron. 45


La libertad prendió en los corazones,
y do quier las estúpidas pasiones
al despotismo aciago entronizaron,
los rayos refulgentes
de los pechos ardientes, 50
que de divino soplo eran movidos,
al fiero despotismo destronaron.


Así fue en Grecia y Roma;
y en las comarcas todas de la tierra,
en incesante guerra, 55
la libertad al despotismo doma,
-153-
y do quiera que asoma
aquella victoriosa
las ciencias y las artes en las alas
del genio prepotente se subliman, 60
ostentando sus galas,
y todo es gloria, paz; felicidades,
y el genio de la guerra furibundo
su aterradora faz y sus maldades
hunde allá en los abismos del profundo. 65


Sólo entonces, inspirando
las musas al poeta, lanzó el canto
su profética voz por todo el orbe,
a los siglos atónitos marcando
sus futuros destinos, 70
y en versos peregrinos
los prodigios del genio eternizando.

-154-

Cantemos, pues cantemos
la independencia de la patria amada,
y con voz acordada, 75
a la aurora de julio celebremos.
Cantemos el gran día
que vio nuestras cadenas quebrantadas,
y del león humilladas
la arrogante cerviz y valentía. 80
Cantemos la agonía
del monstruo23 que oprimiera
la América inocente entre sus manos,
por tres centurias, y a la tierra diera
el ejemplo inaudito, en un instante, 85
del instable poder de los tiranos.


Cantemos el momento
en que a la faz del mundo y de la Patria,
con encanto juramos,
vivir independientes, 90
o con la sacra libertad valientes,
exhalar antes el postrer aliento.
-155-
Así el cóndor ostenta su alegría,
cuando con libertad gira su vuelo
por el inmenso cielo; 95
así el león en los bosques espaciosos,
con hórrido bramido,
y los seres que encierra el universo,
en su tosco lenguage no aprendido,
himnos entonan saludando el día 100
en que finó su largo cautiverio:
así lo canta el hombre que el imperio
sufrió de la opresión y tiranía.


-[156]- -157-



- XXII -




Mi estado


-158-
Il est chez les vivants comme une lampe éteinte.

Hugo






-159-

Cual sombra vana, mis lozanos días
se han disipado, y ni vestigios quedan
de lo que fueron en su bella aurora,
mis verdes años.

-160-

Nada ha quedado a mi existencia frágil 5
mas que la herida del pesar tirano,
nada que pueda a mi infortunio triste
darle consuelo.


Como fantasma tétrico y sombrío
sin esperanza vago entre los hombres; 10
ningún prestigio o juvenil halago
brilla en mi frente.


Nada yo espero en el desierto mundo,
nada que endulce mis amargas penas,
y desolado el corazón marchito 15
ni aún amor siente.


¡Oh si sintiera cual sintió otro tiempo!
Amor al menos en el pecho triste
vierte halagando, como sierpe astuta,
dulce veneno. 20

-161-

Sólo el reposo de la tumba aguardo;
pero la muerte de mis crudas ansias,
ríe inclemente y a mi amargo lecho
lenta se acerca.


Cuento los días de aflicción cargados, 25
cuento las horas de pesar exentas,
y veo entonces que mejor sería
no haber nacido.


Pronto despojo de la muerte fiera
será mi cuerpo que en angustia gime, 30
dulce alimento a reptiles inmundos,
pasto a guzanos.


Y el fuego sacro que mi mente llena,
ansía sublime, inspiración divina,
don de las musas, como frágil humo, 35
va a disiparse.

-162-

Cuántas pasiones abrigó mi pecho,
cuánto elevado sentimiento cupo
en mi alma noble, a convertirse vuelven
en polvo y nada. 40


-163-



- XXIII -




El impío


-164-

Dixit insipiens in corde suo:
Non est Deus.


Ps. LXXXVIII



-165-

Se alzó del polvo en noche tenebrosa,
en medio del gentío,
orgulloso el impío
blasfemando de Dios: cual ponzoñosa
sierpe, letal veneno, 5
lanzó impiedades de su inicuo seno.

-166-

No hay Dios, dijo primero el arrogante;
que todo cuanto encierra
el universo y tierra
lo produjo el caos en un instante 10
de su seno profundo:
el padre fue del universo mundo.


Y levantando entonces el erguido
y viperino cuello,
erizado el cabello, 15
con corazón maligno y pervertido,
toda justicia hollando,
marchó seguido de ominoso bando.


El odio, la injusticia, la asechanza
astuta precedieron 20
sus pasos y nacieron,
de su infernal y tenebrosa alianza,
mil monstruos en su seno
de criminales apetitos lleno.

-167-

Se embriagó de maldades engreído, 25
sin temor el impío,
soltando a su albedrío
libre freno, y clamando fementido:
«No hay Dios no que me vea,
y juez supremo de mis obras sea». 30


Mas tú le oíste ¡Oh Dios! y tu tremenda
ira lanzaste luego,
y como paja al fuego
despareció el impío, que en horrenda
angustia, maldiciente 35
blasfemaba tu ser omnipotente.


-[168]- -169-



- XXIV -




Él y ella


-170-
A D. F. C. B.




¡Quién podrá el lazo romper
que sus corazones liga!
¡Ni menos desconcertar,
de sus almas la armonía!
Schiller






-171-



- I -


ÉL


Cuando en tu seno reclinado me hallo,
mi dulce amiga, el universo olvido,
ni siento el peso abrumador del tiempo,
ni la fatiga.
-172-
Tú eres la estrella que mis pasos guía 5
en el camino del desierto mundo,
y de tu lumbre el esplendor divino
siempre me halaga.
Tú eres la imagen que en mis sueños veo;
tú eres el ángel tutelar que guardas, 10
del genio adusto que mis pasos sigue,
mi triste vida.
Cuando, el encanto de tu rostro bello,
encubre el velo de melancolía,
el astro hermoso que en la noche reina 15
tú me pareces.
Mas si en tu frente la sonrisa vaga,
si amor respiran tus ardientes ojos,
eres la aurora que halagüeña ríe:
todo alegrando. 20
-173-
El suave aliento que tu pecho exhala
es para mi alma como el grato soplo,
que reanima del estéril yermo
la flor marchita.


ELLA


Cuando reclinada me hallo 25
sobre tu amoroso seno,
dueño mío, ante mis ojos
se anonada el universo.
Tú eres la hechicera imagen
que en todas partes yo veo, 30
el bello sol que me alumbra
y de mi alma el claro espejo.
Sin ti los días me fueran
enojosos y molestos,
con tu presencia los años 35
pasan en rápido vuelo.
-174-
Cuando de mí te separas,
con alas de ser etéreo,
por donde quiera te sigue
mi amoroso pensamiento; 40
y mientras sólo suspira
mi corazón de amor lleno,
para aliviar mi congoja,
pensando en ti me deleito,
y me digo, yo a mí misma: 45
vuelve mi amor, vuelve luego,
el corazón me lo dice
que adivina mi deseo.
Tu hablar es dulce a mi oído,
como el melodioso acento 50
del ruiseñor en el bosque,
do reina el mudo silencio.

-175-

ÉL


Cuando de mi triste pecho
la desolación se ampara,
y de mi mente se aleja 55
la imagen de la esperanza;
cuando el infausto recuerdo
de las terribles borrascas,
que han agitado mi vida,
viene a redoblar mis ansias, 60
y en mi pecho se despiertan
las pasiones inflamadas,
que para siempre alejaron
la felicidad de mi alma:
tú eres el iris que vuelve 65
a mi corazón la calma,
disipando las tinieblas
que me atribulan y asaltan.

-176-

ELLA


Cuando en tu frente serena
la dulce sonrisa vaga, 70
y se disipan las sombras
que la oscurecen infaustas;
cuando tus ardientes ojos,
con halagüeña mirada,
como buscando su centro, 75
sobre los míos le clavan,
manifestando expresivos
la luz espléndida y clara,
del contento y la alegría
que fugaz por tu alma pasa: 80
ningún pesar me atormenta,
ningún cuidado me asalta,
y la inefable ventura
del Serafín goza mi alma.

-177-

ÉL


Cuando la aciaga memoria 85
de mis pasadas desdichas,
viene a inflamar de mi pecho
las sanguinosas heridas,
y a derramar en mi mente
mil imágenes sombrías; 90
la tuya se me aperece,
angelical y divina,
se desvanecen al punto
las visiones enemigas,
y yo me digo: «Ella me ama 95
¿qué importa un mar de desdichas?»


ELLA


Cuando pienso que en tu pecho
idolatrado se abriga
el cruel pesar devorando
al nacer todas tus dichas, 100
-178-
lloro lágrimas amargas,
y me digo, entristecida:
si mil vidas yo tuviese
por verle feliz daría,
mas ya que no está en mi mano 105
poder sanar las heridas
de su corazón a amarlo
quiero consagrar mis días.


ÉL


Cuando el soberano vuelo
alza mi espíritu altivo, 110
y en mi corazón rebosan
mil armónicos sonidos;
tú eres el numen que inspira24,
consolador y propicio,
a mi cítara sonora 115
el canto excelso y divino.

-179-

ELLA


Cuando cantas inspirado,
en tono triste y sombrío,
tú me pareces un ángel
en la tierra peregrino, 120
que sus infortunios llora,
y tus conciertos melifluos
en mi corazón resuenan
como seráficos himnos.


ÉL


Tú me hiciste amar la vida 125
que aborrecí en mi despecho,
y disipaste la noche
de mi espíritu desierto.

-180-

ELLA


Tú embelleciste mis días,
llevándolos por sendero 130
de delicias y de flores;
vida y cariño te debo.


ÉL


Mas vivirá tu memoria,
Celia, divina, en mis versos.


ELLA


Aún mas allá de la muerte 135
tú vivirás en mi pecho.


ÉL


Vivirán tus perfecciones.


ELLA


Será nuestro amor eterno.


-181-



- II -


ÉL


Ven dulce amiga al monte,
y a la fresca enramada 140
de sauces coronada,
de mirtos y laurel;
ven, que el astro del día
glorioso reverbera
en la inflamada esfera; 145
ven, dulce amiga, ven.
Ya los pájaros cantan
con dulce melodía,
y todo es alegría
amor, delicia y bien; 150
ya la tórtola tierna,
con lánguido gemido,
halaga a su querido;
ven, dulce amiga, ven.
-182-
Con elocuentes voces, 155
todo hoy en la natura
a gloria, y a ventura
convida, y a querer.
Estos cortos instantes
de vida aprovechemos, 160
amemos y gocemos;
ven, dulce amiga, ven




Ven, dulce amiga, al monte,
y a la fresca enramada
de sauces coronada, 165
de mirtos y laurel;
ven, y allí respirando
el ámbar de las flores,
hablaremos de amores;
ven, dulce amiga, ven. 170

-183-

AMBOS


Las delicias que ofrece la vida
apuremos, burlando al dolor,
que la muerte devora homicida
los deleites y glorias de amor.
Ten ¡oh tiempo! tu rápido vuelo, 175
déjanos un instante gozar;
sed propicio una vez al anhelo
de dos seres que saben amar.
Infelices bastantes te imploran
en la tierra con largo gemir, 180
vuela, vuela para ellos que lloran,
déjanos nuestra dicha sentir.
-184-
Déjanos un momento siquiera,
los pesares amando olvidar,
y sin sombra fatal a la esfera 185
del amor y la dicha volar.
Las delicias que ofrece la vida
apuremos, burlando al temor:
toda gloria humanal es mentida.
Todo bien se convierte en dolor. 190


ÉL


Deja que mi amor sediento
beba de tu alma el aliento,
y que mi pecho amoroso,
con su aroma delicioso,
se embriague y calme un momento. 195

-185-

ELLA


¡Oh qué delicia! ¡Oh ventura!
Pasar, como una aura pura,
mi alma enamorada siente
de la tuya el fuego ardiente,
y en mar nado de dulzura. 200


ÉL


Deja que latir con brío
tu corazón sobre el mío,
casi insensible yo sienta;
pues tu amor mi sangre alienta,
como a flor mustia el rocío. 205

-186-

ELLA


De amor, de amor desfallezco,
y toda yo me estremezco
tu ardiente labio al tocar;
dame en tu boca saciar
la dulce sed que padezco. 210


ÉL


Qué me importa que el destino
me haya cerrado el camino
del bien, si cuanto25 yo adoro,
mi esperanza y mi tesoro
tengo en mis brazos divino. 215

-187-

ELLA


Modera tus transportes,
modera tus halagos dueño mío,
que ya mi débil corazón el brío
pierde para gozar tanta ventura.
Conserva aquestos días 220
destinados a amarte,
y a endulzar de los tuyos la amargura;
no con tan vivo anhelo
el cáliz agotemos de dulzura
que nos ofrece amor hijo del cielo. 225


ÉL


No, apuremos temprano querida,
los placeres que ofrece la vida,
deja al necio sufrir y esperar;
-188-
que con ceño terrible la muerte,
envidiosa del bien, nos advierte 230
que naciendo los va a devorar.


AMBOS


De la aurora gocemos florida,
que un instante sonríe a la vida,
mientras quede vigor para amar
que con voz elocuente natura 235
nos repite: «el amor y ventura
son cual luz fugitiva en el mar».



-189-



- XXV -




Adiós en el mar


-190-

Se parte as velas dando.


Camoes.



-191-

Ya deja ya el puerto
la mi navecilla
y la aguda quilla
surca por el mar,
Favonio despierto 5
hinche ya la vela,
y rauda ella vuela
del viento a la par.

-192-

Adiós mi regazo,
mis dulces amores 10
y los sinsabores
que con ellos van;
adiós, que ya abrazo
más sólidos bienes
entre los vaivenes 15
que las olas dan.


¡Oh cuán agradable,
el eco armonioso,
es del mar ruidoso
al ánimo audaz! 20
¡Y cuán admirable
el flujo incesante,
la faz inconstante
de la onda voraz!

-193-

Soplad bonancibles 25
alígeros vientos,
que a vuestros acentos
no he de suspirar;
soplad apacibles,
que lejos de orilla 30
ya la aguda quilla
surca por el mar.


-[194]- -195-



- XXVI -




Estancias


-196-
Without a hope in life.


Crabbe



-197-

A veces triste yo me digo:
¿Qué haré, qué haré de mi existencia?
De cuantas mi alma alimentaba
ni una esperanza ya le queda.

-198-

Como la encina derribada 5
por el furor de la tormenta,
despojo mísero del hado,
mi juventud yace por tierra.


Árido yermo es mi morada,
lúgubre noche me rodea, 10
y ningún rayo de consuelo
alumbra un tanto mis tinieblas.


Corren los días, cual torrente
que todo arrasa en su carrera,
anonadando en un instante 15
cuanto concibe el hombre y piensa.


Pasa ostentando mil prestigios,
cual vana sombra la belleza,
y el genio mismo soberano
brilla un instante, cual cometa. 20

-199-

Así el destino inevitable
de cuanto existe aquí en la tierra
han padecido, bien que pronto,
mis esperanzas lisonjeras.


Cuando la copa de la vida 25
de amarga hiel rebosa llena,
y el mundo al alma desolada
es mansión hórrida y desierta.


¿Qué esperar debe el desdichado?
Sólo morir; la tumba yerta 30
convierte en polvo y anonada
el llanto amargo y la miseria.


Así yo aguardo agonizando,
entre conflictos y dolencias,
como remedio a mis tormentos, 35
el son de la hora postrimera.

-200-

Y a veces digo en mis angustias:
¿de qué me sirve la existencia
si a mi alma triste y desolada
ni una esperanza ya le queda? 40


-201-



- XXVII -26




El regreso


-202-

Still one great clime, in full and free defiance,
Yet rears her crest, unconquer'd and sublime,
Above the far Atlantic!...


Byron



-203-

¡Oh Patria, Patria nombre sacrosanto
a pronunciarte vuelvo con encanto!
Tu halagüeño semblante
ya rebuscan mis ojos cuidadosos
por el vasto horizonte, 5
y cual airosa cima de alto monte,
ya lejos lo perciben y mi seno
de júbilo rebosa palpitante.

-204-

Pasaron ya los días,
en que con grato anhelo, 10
canté un adiós a tu querido suelo,
y pasaron también las ilusiones,
que de mis dulces lares
me llevaron gustoso a otras regiones,
y a atravesar los procelosos mares. 15


Entonces ambicioso
de ver el ancho mundo,
y de espaciar mi mente
por los cielos y piélago profundo;
de sondar el saber de las naciones, 20
y pesar los blasones
que ostentan los imperios, las edades,
abandoné sin pena mi reposo;
mas ahora satisfecho
vuelvo27 a tu dulce seno, 25
cual tierno esposo al suspirado lecho;
de gozo puro y de esperanza lleno.
-205-
¿Y cómo no? cuando tu solo aspecto
me dice que soy libre, y que la tierra
voy a ver de los libres so mi planta. 30
Mi pensamiento altivo se levanta
cuando pronuncio tu sagrado nombre,
¡Oh libertad! Y de mi laúd sonoro
se estremecen las cuerdas resonando,
en mi boca rebosan las palabras, 35
y con mil armonías
en alabanza tuya voy cantando.


El viejo continente
tan solo desengaños me ha mostrado:
entre sus pueblos cultos he buscado 40
tu imagen celestial, resplandeciente,
simulacros vanos he encontrado,
con incienso impuro veneradas
tus efigies sagradas.

-206-

Fueron los tiempos en que Europa libre 45
diera ejemplo a la tierra suficiente;
mas la fuerza triunfó y el duro cetro
cayó sobre los pueblos inclemente:
desde entonces la cruda tiranía
abate de los hombres la energía, 50
que mansos doblan la cerviz paciente,
y el supremo albedrío
de Reyes o tiranos
a los pueblos conculca, cual gusanos,
sin aliento ni brío. 55


La miserable España
en vergonzosa nulidad apenas
se mueve y aun pretende
que la América gima en sus cadenas;
empero el León rampante 60
ya no brama arrogante
sino en baldón de su impotente saña.
-207-
Tan solo en las montañas de la Helvecia
la libertad respira,
burlando a sus tiranos, 65
y en el suelo glorioso de la Grecia
sin aliento ya espira
en las garras de tigres otomanos.


Confuso, por tu vasta superficie
Europa degradada, yo no he visto 70
mas que fausto y molicie,
y poco que al espíritu sublime
al lujo y los placeres
encubriendo con rosas,
las marcas oprobiosas, 75
del hierro vil que a tu progenie oprime.


La libertad de Europa fugitiva,
un asilo buscando,
ha pasado el Occeano,
su dignísimo trono levantando 80
-208-
do se agitan los pechos a su nombre,
y do con dignidad respira el hombre:
en el hermoso suelo americano.
Y en el tuyo también ¡oh Patria mía!
Tus hijos los primeros elevaron 85
a su imagen altares,
en su divino fuego se inflamaron,
y con rara osadía
el fanatismo y la opresión hollaron:
tú el rayo fulminaste, 90
que su terrible saña dilatando,
rompió de un hemisferio
el largo y degradante cautiverio.


¡Gloria al pueblo argentino,
terror de los tiranos, 95
que oprimían al Sud con férreas manos!
¡Gloria inmortal al pueblo peregrino!

-209-

Y tú Patria querida
muestra un ejemplo más a las naciones;
la maldad atrevida, 100
y las bajas pasiones
confesarán al fin avergonzadas,
que no son nombres vanos
la libertad, sus fueros soberanos,
sino para las almas degradadas. 105


Modera un tanto ¡Oh Plata majestuoso!
Esas ondas altivas,
no a un hijo de tus márgenes recibas
con flujo tumultuoso;
que en movimiento suave 110
fluyan y den camino silenciosas
a los flancos estrechos de mi nave,
que juega con tus crines espumosas.


-[210]- -211-



- XXVIII -




El infortunio en el mar


-212-
Qu'importe le soleil? Je n'attends rien des jours.


Lamartine



-213-

Qué importa al desgraciado
a quien pesar devora,
que brillante y risueña
aparezca la aurora:
-214-
que cuando por los mares 5
su nave surca erguida,
de tempestad horrenda
se vea combatida;
y divagando incierta
jamás arribe al puerto, 10
o vacile en el borde
del abismo entreabierto.
¿Qué importa? Si temprano
se voló su esperanza:
él con ojos serenos 15
contempla la bonanza,
y nada pierde al mundo,
ni a las rientes auroras,
ni al puerto ni a los días,
ni a las fugaces horas. 20


-215-



- XXIX -28




Al clavel del aire


A Luisa


-216- Sweet scented flower.


Kirke White



-217-

Flor fragante y vistosa,
que del seno de rosa
de mi amable hechicera
vienes, fiel mensajera
de su pasión ardiente, 5
a disipar las sombras de mi mente.
-218-
Dime ¿do fue tu aurora?
¿Quién te dio esa fragancia
eficaz, penetrante, encantadora,
y la hermosa elegancia 10
con que gentil descuellas
entre las flores bellas,
que orna y matiza la divina Flora?
¿Quién esa candidez y esa pureza,
adorno celestial de la belleza, 15
que mi pecho enamora?
Fue, por ventura, tu dichoso Oriente
en la región ardiente
donde naturaleza
ostenta más vigor y gentileza? 20
¿O acaso la inconstante
madre de los amores,
menospreciada de su ingrato amante,
le pidiera a la reina de las flores
te llenase de encantos seductores, 25
para que fueses poderoso hechizo
-219-
de aquel infiel que abandonarla quiso?
No, flor hermosa, no, que tú naciste,
para más alta gloria,
en la región que el Paraná famoso 30
baña en curso grandioso:
naciste de sus linfas,
para grato recreo
y halagüeño deseo
de sus hermosas Ninfas, 35
que al mirarte en tu cuna se gozaron,
y su flor predilecta te nombraron.


Tu trono digno y tu morada hiciste
del aire puro, y si las otras flores
reciben de la tierra su alimento; 40
tú del sereno viento,
del céfiro apacible,
que divaga invisible,
y del plácido aliento
que los Silfos exhalan voladores. 45

-220-

Con majestad sentada,
ya en la verde enramada,
ya en el frondoso espino,
ya en las rocas soberbias y jardines,
tu candor peregrino 50
ostentas, y te meces con donaire,
embalsamando el aire
con tu aroma divino.
El picaflor voltario,
en su círculo vario, 55
se deleita tan sólo en halagarte,
y no osa de tu seno
libar el suco ameno,
que te da vida, y tu vigor robarte.
No así la juventud; ella anhelante 60
siempre gira insconstante
de una flor a otra flor; todas codicia,
a todas acaricia,
y al fin bebe, inexperta, entre sus hojas
saciedad y congojas. 65

-221-

Émula del jazmín en la blancura,
lo eres también en la fragancia pura,
que de tu seno exhalas,
con que el cuerpo y espíritu regalas
de toda criatura: 70
cuando ostenta sus galas,
con majestad el sol en occidente,
entonces el ambiente
se llena de tu espíritu oloroso,
y se engolfa amoroso, 75
el corazón al apurar tu aliento
en un mar de delicias y contento.


Y cuando, más feliz, alguna hermosa
te arrebata con mano temerosa
de tu trono aerio, 80
para darte en su seno dulce abrigo,
o en su negro cabello;
brillas con el destello
de estrella rutilante,
-222-
y dilatas fragante 85
tu encantador imperio,
y de las flores reina entonces eres,
del amor, del deleite y los placeres.


¿Quién como tú en el aire
morase, respirando aura de vida, 90
y burlando el desaire
de la fortuna vil con frente erguida?
O trasformado en Silfo, o en Silfida29
¿Quién en tu cáliz albo,
encontrase guarida 95
donde ponerse en salvo,
del rigor de la suerte y sus mudanzas,
que siempre al infeliz tiende asechanzas30?


Cuando feliz te miro
bella flor me parece, 100
que veo de mi amada el albo seno
de encantadora magia31 todo lleno,
-223-
la nieve sin mancilla
de su fresca mejilla,
y el candor celestial de su semblante; 105
y al aspirar tu espíritu fragante,
me parece que aspiro,
de su risueña boca
el delicioso aroma, que provoca
al deleite, al amor y la ventura; 110
y rebosando en júbilo y ternura
mi corazón palpita, y se abandona,
olvidando su pena,
a la dulce ilusión que lo enajena.