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viernes, 23 de febrero de 2007

Aniceto el Gallo : gacetero prosista y gauchi-poeta argentino

Nº 14
Buenos Aires. - Octubre 1º de 1859.

Ahí te mando, primo, el sable:
no va como yo quisiera;
de Tucumán es la vaina
y de Salta la contrera.


Don Venancio Undebeita.

Artículo de fonda. - El refrán veterano. - Mi salida. - Hágome el petizo. - La picana de don Manuel Pérez. - El cielito. - El truco de Virotica. - ¡Retruco y barajo! - El güevo. - La chalana y las pelotas. - La chorizada de Bilbao. - Urquiza alunao. - El coronel Fausto. - Vuelta al reñidero, y allá va el Gallo.

Cuando al general Tristán
lo emprimó la patria gaucha
hasta pelarle la chaucha
en Salta y el Tucumán,
salió entonces de refrán
aquel verso inolvidable,
por tan gaucho y aplicable
a todo golpiao, si en copla
sale un paisano y le sopla...
¡ahí te mando, primo, el sable!

¿No es verdá, paisanos, que el refrán veterano es chusco y gaucho?

Mesmamente: y por eso como yo también soy gauchón y ando con sangre de pato, con cierto justo motivao, velay que hago ahora esta nueva salida, a ver si encuentro algún otro general primo o golpiao, para atrácarselo en copla bien o mal concertada, y pegue o no pegue, como solía soltar versos el difunto bendito don Venancio Andabestia, pueta del tiempo de la pajuela.

Pero antes de entrar en argumento, alviértole al auditorio, que, en lengua gaucha, el decir un
primo, es lo mesmo que decir un golpiao, un cantimpla, un tilingo, un zonzo, un lele, un payo, y la ecétera de don Gaspar...

Adelante.

Hecha esta alvertencia, dígole al público, que como yo no he pelechao haciendo gacetas, ni presumo de ser escrebido o versista, ya había tocao retirada a respeuto de soltar más Gallos, con todo de que a veces me tentaba a largarlo el ver lo que porfía y forcejea el señor de Urquiza, Diretudo cabezudo, por costitucionarnos, manotiarnos y sicofantiarnos. ¡Zape, diablo!

Pues, a pesar de tal majadería terutera, se guía yo mi propósito, y calladito me andaba haciendo el petizo, riéndome solo en mis adentros del cacareo, las balacas, las proclamas, y la guerra tremenda y enfurecida del general Colafruncida; pero el diablo sin duda, como es tan tentador, vino y le metió la cola a mi amigo don Manuel Pérez, quien, de puro urquizano, renejao y cándido (a lo Limeño), una mañana se puso a picaniarme, apostándome 200 pesos a que yo no soltaba el Gallo de miedo de la invasión, cuando el Diretudo don Justo pensó venírsenos con su chalana y las pelotas de cuero aquellas, que por acá supimos que estaba armando Vuecelencia, porque en una gaceta de acá salieron las décimas que voy a imprentar abajo de esta llana, donde las lerá el que guste.

La gaceta decía así

Noticias frescas de la armada invasora
Buenos Aires, y febrero de 1859.

Diz que en cierto embarcadero
del Paraná se halla Urquiza, armando en guerra a la prisa
tres mil pelotas de cuero,
¡cada cual con su mortero!
y una tremenda chalana
que será la capitana
de aquella escuadra pujante,
en que vendrá de almirante
don JUSTO Macarandana.
Gente sólo le ha faltao
para hacer marinerada;
pero, con teruterada
dicen que la ha tripuliao,
¡diablo! y que determinao,
sin más barco, ni más flotas,
teruteros ni gaviotas,
se nos viene en su chalana,
mandando Macarandana
la invasión de las pelotas.

Pues, señor, y como les iba diciendo: a pesar de tales noticias, cuando lo vi bolsiquiar sacando los doscientos pesos el amigo Pérez, yo saqué de mi tirador otros tantos, hicimos la apuesta con depósito, y... ¡qué diablos! esa mesma tardecita, a salú de don Manuel el parador, le canté a Vuecelencia las coplas y el cielito siguiente:

Como mi amigo y querido
paisano, don Eme Pérez,
el chiche de las mujeres
por idéntico a Cupido,
de infeliz se ha presumido
que la invasión cacareada
tiene a la gente asustada,
y al Gallo en particular,
lo quiere desengañar
por medio de una versada...
Aniceto el Gallo

Cielito del terutero
¿Con que el tremendo don Justo
ha dao término a la tregua,
y por fin montao en yegua
viene a matarnos de un susto?
¡Ay, cielo!... ¡Barbaridá!
de invasión precitripada,
si es en yegua preñada,
el hombre cómo vendrá!

De ahí, si por suerte no pasa
la calor que hace al presente,
¿no pudiera al Presidente
redetírsele la grasa?
Mi cielo, temo y supongo
que aun viniendo el viejo al paso,
si lo pilla algún solazo
se le haga aceite el mondongo.

¿Quién diablos lo habrá tentao
a semejante invasión,
estando tan barrigón
y de yapa abichocao?
Cielito: tome un consejo,
señor don Justo José,
no se venga, mire que
para tal cosa está viejo.

Hay gauchos en esta tierra
que mesmamente dan risa,
pero el Diretudo Urquiza
con sus balacas de guerra...
Cielo mío, es por demás
de loco para esas cosas,
de suerte que a su amo Rosas
¡lejos! lo ha dejao atrás.

Deje toda esa bambolla
«que ya voy; que de acá a un mes...»
véngase ya de una vez,
le sumiremos la bolla.
Cielo, porque es de alvertir
que colegimos sus fines,
y que se pela a maquines
para hacerse RELEGIR.

Cese pues de balaquiar,
véngase ya cuesta abajo
y evítenos el trabajo
de tener que irlo a buscar.
Cielo, porque unas gaviotas,
que esta mañana han venido,
cuentan que se le han podrido
la chalana y las pelotas.

Hechas pues las coplas anteriores, por supuesto le trajiné los doscientos al mozo infeliz, los mesmos que cabalitos se los di de limosna a los pobres de la Recoleta.

Después, a la cuenta mis versos llegaron a Gualeguaichú, aonde se agravió por ellos cierto Cantimpla llamao Virotica, quien, de tapao bajo el poncho de un imaginao Barriales, me truco a desvergüenzas; pero luego supe que allá en Entrerríos no había tal chimango coplero llamao Barriales, sino el mesmo Virotica, secretario y tiernísimo yerno del Diretudo, a quien no se le despega bailándole de pelao, o el pelao, que es idéntico a la gazuza.

De juro, me calentó el manflorita con sus relinchos, y me obligó a soplarle el tapón de más abajito: y si volviese a rebuznarme, ¡ahi-juna! le prometo atracarle gallo y más gallo hasta hacerle largar un güevo morrudo y jediondo, como de terutero.

Velay va el tapón que le prendí: con permiso del auditorio.

Retruco a virotica
Señor Imprentero del Nacional.
Buenos Aires, a 28 de abril de 1859.

En su gaceta, patrón,
por la patria hágame un cabe
para la viruta suave,
que largó a continuación
por toda contestación
al Virotica coplero
Barriales y Cantafiero,
poeta de la manada
que va a morder cuando invada
Justo Panza y Terutero.
ANICETO.

Dice un refrán que no es mengua
dar ciertas contestaciones,
cuando para ello hay razones;
y, a cada bruto en su lengua.

¡Barajo! ¡qué versería
puerca la del tal Barriales!
ahi-juna pu...! ¿en qué andurriales
ese bruto nacería?
¿Qué yegua lo pariría
que al pujo no reventó?
cuando diz que lo largó
¡con seis patas! y que al verlo
tan animal, sin lamberlo,
alzó el rabo y lo solfió!
De ahí, cuentan que entre un maizal
con leche de choclo y miel
lo crió un gaucho de Montiel,
hasta prenderle el morral.
Entonces el animal
de juro se hizo maicero,
y después de eso afrechero
insaciable, hasta que al fin
ya es bruto grande y Rosín,
roncador y mashorquero.
Pues, ese mesmo bagual me ha salido relinchando,
y como contrapuntiando
de versista federal.
¡Habrase visto animal
más jediondo y presumido!
sin duda se ha persuadido
que saliéndome a toriar
yo me voy a calentar;
pero, sepa ese aturdido...
Que a todo bruto Rosín,
que me hace coplas iguales
a las del tapao Barriales
le contesto a lo mastín;
que cuando un cuzco ruin
con ladridos lo torca,
el mastín lo desprecea,
y en vez de echársele encima,
ni le gruñe: se le arrima,
alza la pata y lo mea.

Después de estos lances, volví a dejarme andar calladito, pero luego sucedió que, ahora días pasaos en compaña del señor general don VENANCIO FLORES, cayó de Entrerríos a esta ciudá una pandilla de jefes, oficiales y soldados, todos Orientales amargos y más coloraos que el fuego, que es lo mesmo que decir: Salvajes Unitarios.

Entre los nombraos llegó también un amigo mío de todo mi cariño y confianza, como lo es el señor coronel don Fausto Aguilar, hombre que en la guerra siempre anda puntiando a vanguardia, haciéndose el desganao de peliar (con tigres, digo yo), pero que, en ofreciéndose un entrevero, es capaz de tragarse hasta de a seis teruteros a un tiempo; y que de yapa todavía se queda lambiendo por un gallo de los míos. ¡Vaya un buitre insaciable!

De por fuerza: cuanto supe su llegada, enderecé de carrera a visitarlo, encontrándolo felizmente en su casa a eso de la oracioncita.

Así que llegué, y que me iba colando en la sala que estaba llena de oficialada y medio escura, el coronel Fausto, que es un lince, me clavó el ojo y se me echó encima prendiéndome un abrazo a lo soldao, con el cual me hizo crujir los costillares... ¡La...pu...janza en las muñecas!
De ahí me mandó sentar a su lao, y agarró la taba diciéndome:

-¡Por Cristo! mi sargento Aniceto, ¡cuánto me alegro de verlo! ¿cómo le va de salú? pues desde el tiempo aquel, en que estuvimos juntos en la zapallada de Caseros, hasta hoy, nada he sabido de usté. ¿Diaónde sale, amigazo?

-De por acá no más, amigo coronel Fausto, y va me ve algo alentao. ¿Y a usté cómo le va yendo?

-Hombre, a mí me va viniendo la gana de campo afuera, pues, como he llegao a pie, deseo y necesito pronto apretarle la cincha a cualquier Rosín de esos de por el Rosario... por más mordedor y bellaco que sea.

-¡Ay, hijito, qué deseo tan indireuto! ¡óigale al colorao viejo!

-Cabal: y además deseo saber ahora mesmo, amigo Aniceto, si ¡no trai el gallo de mi afición.

-¡Adiós diablos! ya lo sentí venirse, pero no se lo traigo, porque no lo he soltao, ni ya me entretengo en eso.

-¡Voto a Cristo! ¿Cómo es eso que ahora en la ocasión más linda y calentona se empaca y no suelta el gallo? ¿entonces en qué diablos se entretiene?

-¡Me ando no más despacito en procura de trajinar una polla fina y linda, como para sacar cría, y entonces sí verá uste que...

-Salga, amigo Aniceto: ¿sabelo que yo pudiera ver si usté se anda así lerdiando? es que de repente don Justo lo pille a tiro y le atraque un trajín y una polla de mi flor! ¿Oye?

-¿De veras? ¡oh! ¿y por qué?

-Chancita: que se lo digan acá mis compañeros, y después no se encoja:

-¡largue prontito el Gallo y abra el ojo! que lo primero le conviene a nuestra causa, y lo segundo a usté para salvar el cuero y acreditarse, a fin de hacer carrera linda en la milicia.

-¡Pues no, mi alma, y que hacía yo carrera linda en la milicia largando gallos!... No diga, coronel Fausto.

-Sí digo, sargento Aniceto; sin duda de que aquí ya sus paisanos cuando menos le habrán dao un buen cargo.

-Pues, señor, se equivoca muy fiero, porque acá los salvajes de hoy en día no me han dao ni leche, cuando a veces la redaman sobre algunos maulas mamones, ni tampoco tengo más cargo que la gineta aquella que, después de la aición de Monte Caseros, me dio don Justo José, a quien sea del modo que fuere se la debo; pero a los unitarios de ahora no les he merecido nada, sin duda porque soy poco pretencioso, y medio cimarrón para acercármeles, cuando largan nombramientos por cargueros; pero, como por eso yo no me he de resertar de la banda en que siempre me aguanté sin agraviarme por nada, sigo y sigo defendiendo el pleito por la Patria y nada más. ¿No le parece, coronel Fausto?

-Muy bien: y me parecerá mejor que, a pesar de lo que me ha dicho, suelte el Gallo, porque nos divierte mucho y anima a la paisanada, y en ancas porque a los mesmos teruteros les gusta, y que sólo al viejo Justo lo abomba y lo hace rabiar.

-Eso es cuento, amigazo: ¿qué caso ha de hacer el Diretudo de mi Gallo infeliz?

-¿Qué dice? ¿que no le hace caso? Oiga: ahora poco tiempo, cuando nos preparábamos en Entrerríos para sacarle el cuerpo a Urquiza, sabíamos por allá, de buena letra, todo el entusiasmo que había aquí entre el Porteñaje, y leíamos todos los periódicos de esta ciudá que iban chispiando contra el Viejo Soberbio, pero como no viamos ni una copla de Aniceto, medio deseconfiando decíamos: ¿cómo es esto que ahora tan luego el Gallo ha cerrao el pico? ¿si le habrá entrao moquillo, o andará juido, o si estará envaretao, o por ladiarse del todo en esta cuestión?

-¡María Santísima! ¡qué esperanza! cuando usté sabe bien, coronel Fausto, que yo soy y seré siempre Salvaje Unitario, de opinión firme como palo a pique, y que ni el diablo me ladea. ¡Vaya, vaya, con sus dudas! ya me están haciendo calentar, no embrome.

-Me alegro: justamente es lo que yo quiero: templarlo en su lindo y hacerlo corcoviar hasta que suelte el Gallo; y de fijo que lo suelta cuando le diga yo algo más.

-Bueno pues, prosiga y desembucho de una vez.

-Pues, como le iba diciendo: en esas dudas estuvimos hasta que por fortuna y casualmente yo, y acá ese compañero, nos hallamos en presencia del viejo Justo, al tiempo que un tal Bilbao acababa de hacerle la letura de un larguísimo chorizo de su mesma Gaceta (como les dice la Tribuna).

-Y es verdad que la Tribuna así los llama a los argumentos de don Pancho el Ráculo.

-Pues bien, ese mesmo día Urquiza tenía ya entripada la noticia de que le fallaba la alianza del Paraguay y el Brasil: y que Cafulcurá lo andaba medio embrollando; y supo también ese mesmo día temprano, que un vapor de los de acá lo había manoteao, de un barco en el Paraná, nada menos que dos mil garabinas y tres mil sables, entre los cuales le mandaban para él uno muy rumboso con vaina de plata, regalo que le venía de perilla cuando el viejo está tan escasón de armamento.

-De por juerza: ¡con tantísimos ejércitos que tiene armaos!

-Hágase cargo, amigo Aniceto.

-¡Pues no: barajo! ¡y cómo estaría de alunao por la falsiada de las alianzas, el manoteo del armamento atrás, de la ocurrencia de metérsele allí ese cócora de Bilbao a soplarle la longaniza o chorizo o argumento de su gaceta. ¡Barbaridá!

-Pues, con todo eso, don Justo no se calentó fiero sino cuando, para rematar la fiesta, entró ese su secretario Virotica trayéndole fresquitos los nuevos versos de usté, y que, como despreciándolos y por gracia, se puso a lerlos medio a la oreja del viejo, que lueguito empezó a hinchar las narices y a rascarse los cuadriles, medio clavándose las uñas, hasta que a media letura reventó, pegando un bufido y diciendo: «¡Ahi-juna grandisíma pu... salvaje perro: seguí no más largando Gallos, que el día que yo te agarre, juro y prometo hacerte engrasar bien la cabeza, y después de hacértela quemar como chicharrón yo mesmo, de un revés te la he de cortar en el chiquero de los chanchos. ¡Anda, no más, pícaro piojoso!» ¿Qué le parece, amigo Aniceto?

-¿Qué quiere que me parezca? Calentura del Vuecelencia y nada más.

-¿Con qué me va a cortar nada si anda tan desarmao, y yo le tengo acá el corvo ese de los tres mil que le manotiamos? ¿con qué, repito, me puede afirmar el corte seis para descogotarme en el chiquero? con nada. Aunque ahora que viene al pelo, encuentro un cabe para facilitarle arma y quedar bien con el costitutionero.

-Vamos a ver, ¿qué piensa hacer para desagraviarlo?

-Nada más que soltarle un Gallo, que lleve un corvo en las patas y en la cresta la copla siguiente:

Ahí te mando, primo, el sable:
no va como yo quisiera,
del Paraguay es la vaina
y del Brasil la contrera;
los tiros son de Pa-juera,
aonde los perdió asustao
Cafulcurá que ha escapao
en una yegua rabona;
y también va una dragona
de chorizos de Bilbao.

-¡Superiorazo! dijieron el coronel Fausto y sus compañeros, de quienes me despedí largándome a dormir, sin soñar con el chicharrón que quiere hacer de mi mate el golpiao Diretudo, a quien por último lo calculeo bien achicharronao con tantísimas contrariedades, chicharras y Teruteros flacones que lo rodean en el pantano que se ha metido de puro SICOFANTÁSTICO.


Carta fresca y noticiosa del Ejército del Norte
Campamento en Cepeda, setiembre 28 de 1859.

Señora doña Sinforosa Pretao.

Celebraré, amada esposa,
que esta te halle ricotona
y sin estar barrigona,
que estés siempre buena moza;
yo acá estoy como la rosa,
gracias a la Providencia,
aunque sintiendo la ausiencia
de tu amor, que es mi regalo;
ando de amores al palo,
y, ¿qué hemos de hacer? Pacencia.
Con esta carta van dos
que te escribo esta semana,
pues tarde, noche y mañana,
a toda hora pienso en vos,
que este invierno sabe Dios
los fríos que habrás pasao,
a no haberte calentao, como cuasi lo supongo,
de día con tu morrongo,
de noche con el pelao.
Has hecho bien, Sinforosa,
como yo, haciendo un esfuerzo,
para concertarte en verso
esta carta cariñosa:
aunque lo pior de la cosa
es que he de verme apurao
para hacer tal concertao,
a pesar de que haré empeño
pero es el diablo que el sueño
me tiene muy atrasao.
Y no pensés que el servicio
me esté haciendo cabeciar,
no es eso, es el orejiar...
que siempre será mi vicio:
así anoche, con Mauricio
tu primo, en una jugada
me pasé de trasnochada,
porque me sentí acertao;
aunque había trasnochao
en la anterior de avanzada.
Pues, con todo, entre bostezos
y sin más luz que la luna,
sin errar carta ninguna,
les pelé nueve mil pesos
a unos mercachifles de esos
que, vienen de la ciudá a pelarnos por acá,
vendiéndonos el tabaco
a diez pesitos el naco
y aventao... ¡Barbaridá!
Y aquí que corre moneda,
como en la vida se ha visto,
por diez papeles, ¡qué Cristo!
sin pitar naides se queda:
pues no hay soldao que no pueda
hoy en nuestro campamento
gastar veinte, o gastar ciento,
divertirse y voraciar,
y por supuesto pagar
sin hacer asco al momento.
Únicamente he notao
en nuestra gente un disgusto
presumiendo que a don Justo
el rocín se le ha empacao:
o que se le ha empantanao,
de juro, errando la senda
por la cual a media rienda
a venir se disponía
de un tirón, (¡y que venía!)
a traír la guerra tremenda.
Ojalá llegue mañana:
de veras que lo deseamos,
y verá si le atracamos
chuza, balas y tacana,
pues aquí crece la gana
de peliar, cada vez más;
así, a quien te hable de paz,
mientras que gobierne Urquiza, hasta sacarle la friza...
largátele por atrás.
Por mí no tengas cuidao,
ni por naides finalmente,
porque, mi alma, entre esta gente
ni con luz se halla un morao:
sólo hay criollaje alentao,
rumboso y bien mantenido,
como igualmente lucido
a respeuto de armamento,
pues tenemos, y no miento,
el siguiente contenido:
-Fusiles a Lominié,
garabinas fulminantes,
artillerías volantes
y de cuhete Lacongré,
chocho largo y fiero que
encienden entre un cañuto
veinte o treinta por minuto,
y como ascuas culebriando
¡barajo! salen matando
gente y pingos a lo bruto.
En fin: ya el sueño me quiebra,
voy por eso a rematar
esta carta, y destapar
luego un porrón de giniebra,
al que, a tu salú, de una hebra
le sacaré hasta el añil;
y como siento al candil flaquiar y hacerme chus-chus,
contento aparto a la luz
seis Loros nuevos de a MIL...
Los cuales te entregará
don Rosendo el pagador,
mozo lindo y servidor
con la mejor voluntá:
él, pues, te los llevará
sigún me lo ha prometido;
así, chinita, te pido
que al hombre lo agasajés;
pero no te descuidés,
mira que es medio cupido.
Luego, soltale las riendas
a tu gusto en el gastar,
sin dejarte trajinar
por los mozos de las tiendas.
Comprá, eso sí, lindas prendas,
como es y será tu flujo;
largale el valor al lujo,
y lucí tu aire de taco
zarandeando el miriñaco,
o, más bien dicho... el tapujo.
Con que así, prenda adorada,
adiosito, que ya espicha
el candil, cuando por dicha
mi carta está terminada.
Mañana a la madrugada,
si Dios quiere, Sinforosa,
te escribiré cierta cosa
fatal que me ha sucedido...
al firmarme -tu marido-
Anacleto Reventosa.


Boletín Sicofántico
De noticias importantísimas

Por un pájaro que en este momento acaba de llegar de Santa Fe, hemos recibido periódicos del Rosario, en los cuales se registra el curiosísimo anuncio que copiamos a continuación, y el cual aquellos periódicos lo han publicado bajo el titulo de:

La Sicofantada

Verso de todo tamaño y calibre:
ancho, angosto, largo, corto y libre.

Circo olímpico
Gran función extraordinaria para el día 1º de diciembre próximo, en celebridad del aniversario de la gloriosa revolución que en la provincia rebelde de Buenos Aires hicieron los heroicos Urquizanos en contra de los infames e ingratos demagogos, porteños sicofantas.

Si no amanece alunado,
o Sicofantás-meado,
el día arriba anunciado,
el presidente afamado
en la plaza del Paraná
al público le dará
una variadísima función
de danza y equitación,
a beneficio de la Invasión Urqui-Sicofantiza,
terute-espantadiza;
fiesta en que Su Excelencia
ofrece a la concurrencia,
a pesar de la ausencia
de su querido genera
del Ejército Confederal
don Geromito Costa,
que en figura de langosta
el Diretor de los diretores
ese día hará primores,
si no estuviere con dolores
de flato o reumatismo,
o sicofanticismo;
pues bailará en la maroma
la chuciada y la broma
de los Arreciferos,
voleando Teruteros:
y la mashorca a bordo
huyendo de Gorordo;
o sea, HORNOS y Mitre,
por desplumar al buitre
de buche extraordinario
que se traga la aduana del Rosario.
Luego, el mismo Diretor,
si le dura el buen humor
y por gusto se le antoja,
bailará en la cuerda floja
en facha de Terutero
el Minué-Montonero,
la Resfalosa-Federala,
y las apreturas DEL TALA.
En seguida se anuncia, que presentará su renuncia
al Soberano Congreso,
mandándola entre un queso,
y alegando para eso
que se quiere retirar
a sicofantás-mear,
allá por lejanas tierras,
en esas grandes guerras
de Europa y del Oriente;
pues se halla (el presidente)
entusiasta y decidido,
desde que medio ha sabido
allá por informes confusos
la derrota de los Rusos:
por cuya consecuencia
suelta la presidencia,
largándose Su Excelencia
sin dar más beneficios
a ofrecer sus servicios
al emperador Nicolás.
De ahí dicen más atrás,
que, como es tan indeciso
Su Excelencia, de improviso
tomó otra resolución
y cambió de opinión
al saber poco después
la muerte del mariscal francés
general del Ejército Aliado:
cosa que don Justo ha lamentado
y por la que ha determinado
irse en yegua por tierra
a Francia y a Ingalaterra;
cierto que desde allí se sopla
al trote en Costantinopla,
desde que lo lleva el afán.
de empeñarse con el Sultán
para que le den el grado
del generalísimo finado.
Antes, para todo esto
renunciará, por supuesto,
a sus justas pretensiones
de humillar a los bribones
porteños Sicofantones,
desde que tiene aspiraciones
de concluir heroicamente
en la gran cuestión de Oriente
con todo Ruso viviente!
como que se morirán de susto
al saber que allá va don Justo,
llevando para ese fin
a su general Crespín,
acollarado a su mastín
Purvis, el Cancervero,
para soltarlos en algún entrevero:
y ofrece al mundo entero
el Presidente terutero
que por el siete de enero
próximo venidero,
antes de entrarse el sol,
como chuparse un caracol
se tomará a Sebastopol,
a Cronstad y hasta el Mogol,
si lo mandaren atacar,
aunque se tenga que tragar
al Peñón de Gibraltar...
para tener la gloria de triunfar ¡a sangre y fuego!
y de venirse luego
sin más tardar,
a Buenos Aires a sicofantear,
y de a pie o de a caballo
torcerle el pescuezo al Gallo.

¡QUÉ BARDARIDÁ!
¡LA CASACA POR DONDE LE DA!

Poesías varias
Publicadas con seudónimos diferentes relativas en su mayor parte a la guerra contra el tirano Rosas e inéditas algunas de ellas

AL 25 DE MAYO DE 1810

ALVERTENCIA
Recuerdos que de las glorias de la patria hicieron los gauchos argentino Chano y Contreras en las trincheras de Montevideo el 25 de mayo de 1844.

Que los españoles luchos
no se quieran agraviar
oyéndonos renombrar
maturrangos y matuchos:
porque, cuando los gauchos
por la patria combatían
esos nombres les ponían,
a los que no eran jinetes,
y a un corcovo de los fletes
por las orejas salían.

(CONTRERAS recibiendo a CHANO en el palenque, la mañana del 25 de mayo.)

Óiganle a Chano el versista:
velay está, mirenló:
¿diaónde sale, paisanazo,
tan garifo? y de armador
de 25 de Mayo,
celeste y blanco...

CHANO:...¡Pues no!
lo lindo es para lucirlo:
¿cómo está, señó Ramón?

CONTRERAS: Ya lo ve, amigo, alentao,
sin novedá la menor.
¿Qué hace, pues, que no se apea?
¿O no le da compasión
estarle oprimiendo el lomo
a su picazo flacón?

CHANO: Pues, mire que de mi hacienda
éste es el pingo mejor,
y el único que reservo
para algún lance de honor,
y no se le haga tan ruin
por verlo así delgadón,
pues cuando le cierro piernas,
aunque atropelle a un cañón,
este flete en la rompida
es como una exhalación.

CONTRERAS: ¡Ah, Chano, si ha de morir
siempre facilitador!
miren, pues, de qué sotreta
dice que es un volador;
pero, ¿diaónde diablos sale?
déjese cair por favor.

CHANO: Aguarde, no me apresure;
que vengo medio alegrón
de resultas de que anoche
nos metimos en calor,
y en el cuartel nos cruzamos,
yo y el sargento Veloz,
contra dos mozos de ajuera,
a jugar un truquiflor; en el cual últimamente
nos pelaron a los dos,
después de estar orejiando
hasta que el candil dentró
a relampaguiar menudo:
y tanto se enflaqueció
que, al echarle un ¡vale cuatro!
a uno que me retr
hasta la mecha del grito
¡a la gran... pu...nta saltó!
Al fin, en esos primores
la noche se nos pasó;
y hoy a la madrugadita,
cuando el lucero apuntó,
el corneta de la escolta
tan de una vez se florió
en la diana, que del todo
el sueño se me ahuyentó;
de manera que ensillé,
y apenas medio aclaró,
cantando y al trotecito
vine a dar por el Cordón
a un rancho, en donde acostumbro
caír a explicar mi dolor,
y luego hacerme el morrongo
si se ofrece la ocasión.

CONTRERAS:¡Ah, gaucho! ¡Si será el diablo!
¡y tan viejo, veanló!
pero, siempre trajinista
y vasallo del amor.

CHANO: Cabal, amigo: ¿qué quiere?
no he perdido la afición.
De balde ya en los fandangos
me duermo en cualquier rincón;
no reculo... pero... atienda:
¿sabe lo que me pasó
con su hermano hoy tempranito?
Ahí me salió en el Cordón;
(¡ah, muchacho busca vida!)
ni sé como me vichó
al pasar por una esquina
el caso es que me salió,
y atajándome de golpe
al estribo me alcanzó
un vaso con la mañana,
y en ancas un cimarrón.
Luego, quiso entretenerme;
pero yo le dije, no:
que hoy es día VEINTICINCO,
y antes que despunte el sol
me voy a lo de Contreras
a pegarle un madrugón...
a pesar que por desdicha
hoy me encuentro, ¡de mi flor!
cortao hasta lo infinito
así, tengo precisión
de irme a campiar unos medios
para largarle el valor:
y aunque no tengo más prendas
de valer que este fiador,
hecho como está a la vista
de trenza resuperior,
puede que por él encuentre
quien me largue un patacón.
Al decir esto, de veras,
su hermano se me enojó,
y arremangándose el poncho
desprendió del tirador
cuatro pares de botones,
y ya me los aflojó:
de juro, poniendomé
en la juerte obligación
de tomarlos; pero ¡cuándo!...
solamente tomé dos,
quedándole agradecido;
de manera que me armó:
y lo que me vi platudo,
cogí en el mesmo Cordón
y compré... velay, giniebra.
Tome, que vengo de humor
de divertirme a su lao y afirmármele al fogón,
para desechar si puedo
las penas del corazón.

CONTRERAS: Me gusta, amigo, apiesé;
echará un verde... Trifón,
poné agua al fuego a la juria.
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Entonces Chano se apió,
y sacando el cojinillo
la cincha medio aflojó
luego al pingo rienda arriba
y maniado lo dejó
junto al palenque, y después
a la cocina dentró:
sentose, cruzó las piernas,
y así que se acomodó,
recorriendo el pensamiento
de esta suerte se explicó:

CHANO: Pues, desde anoche, paisano,
hice mi resolución
para pegarle este albazo,
y como hay satisfaición esta limeta compré
de giniebra superior,
la cual del todo debemos
apurarla entre los dos
a salú del Veinticinco
de nuestra revolución.
Con que así, afirmeselé...
¡ahora, aparcero Ramón,
que principian los repiques,
y las salvas!... ¡Bro... co...tón!
Oiga las musiquerías
y las dianas, ¡qué primor!
y... ¡vea, qué cosa linda!
ya empieza a nacer el sol
que en mil ochocientos diez
a esta mesma hora alumbró
a nuestra patria querida,
¡libre del yugo español!...
¡Ah, patria de aquel entonces,
quién te mira y quién te vio!
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Aquí Chano contristao
lagrimiando se agachó.

CONTRERAS: ¡Voto-alante! No se aflija,
¿qué quiere hacerle al dolor?
Vamos sufriendo, paisano,
de la desdicha el rigor
hasta gozar algún día,
si nos da vida el Señor...

CHANO: ¿Algún día?... ¡qué esperanza!
lo mesmo decía yo
cuando entonces sacudimos
el yugo del Español;
pero hoy, cuasi nada espero
al ver, amigo Ramón,
que con tanto prometernos
libertá, organización,
paz, abundancia y primores,
nuestra triste situación
le da tres rayas afiera
al tiempo de la opresión,
o más bien del rey de España,
cuando de patriota yo
abandoné hasta mis hijos
y el fruto de mi sudor,
por dedicarle a la patria
alma, vida y corazón.
Ya sabe; de veintiocho años
me le agaché al pericón,
y llevo ya ¡treinta y cuatro!
sin desprenderme el latón;
de manera que a la fecha
me aprietan sesenta y dos,
y atrás de la patria vieja
sigo meniando talón,
y más que gaucho he de ser
si me llega el mancarrón.
Así mesmo, no desmayo
del todo en la situación;
pero, eso sí, en tanto afán
me voy volviendo terrón,
sin que desde aquella patria
hasta esta haiga visto yo
más libertá, ni sosiego,
ni porvenir, que un montón
de ruinas y desengaños,
falsedades, desunión,
rivalidades, embrollas,
manoteos y ambición
de mandarnos como a brutos:
y luego por conclusión
verme como yo me encuentro
en la presente ocasión,
reducido a la miseria...
pues todos mis bienes son
tener el cuero ojalao,
y ese triste mancarrón,
este cuchillo envenao
y mi aperito cantor.

CONTRERAS: Es triste cosa, en verdá,
y de igual suerte ando yo,
pero esto poco me aflige:
otro es, amigo, el dolor
que hasta el alma me lastima...
ya se hará el cargo.

CHANO: ¡Pues no!
colijo, amigo Contreras,
de que su pena mayor
es contemplar nuestra tierra
humillada a un saltiador
como Rosas, por el cual
estamos, matandonós
entre amigos y paisanos
que un mesmo techo cubrió
así es que de mis pesares
también éste es el mayor.

CONTRERAS: Pues, de semejante diablo
vamos olvidandonós,
por ser día de la patria,
más digno de hacer mención
de los triunfos de aquel tiempo
que de un gaucho fanfarrón.
¿No es verdá, aparcero viejo?

CHANO: Cabal, amigo, ésas son,
dígole con evidencia,
las miras de mi intención:
y siendo así, de esas glorias
le hará una recordación,
la mesma en que mis relatos
no irán a la perfeción,
por algunas omisiones
que haré sin mala intención; pues, para hacerle al presente
completa mi relación,
no me asiste la memoria
ni me ayuda la expresión.

CONTRERAS: ¡Ah, Chano, si en los preludios
de cualquier conversación
demuestra hasta lo infinito
de su saber y razón!...
Velay mate, y... larguesé,
que ya tengo comezón
de oírle contar las campañas
y guerras en que se halló,
y que me diga, al principio
cuando la patria se alzó,
quiénes hicieron la punta.

CHANO: Me acuerdo de eso. Oigaló
La patria del año diez
en Buenos Aires se armó,
por Savedra, por Castelli,
Rodríguez, Peña, Viamón,
Vieites, Chiclana, Díaz Vélez,
(escuche con atención)
Larrea, Frenches, Moreno,
Beruti, Pasos, ¡ay, Dios!
y mi general BELGRANO,
¡de quien cuando hacen mención hasta los Pampas tributan
respeto y veneración!...
Velay, paisano Contreras,
los nombres en relación
de los primeros patriotas
de nuestra revolución.
Ellos hicieron con gloria
flamiar el primer pendón
celeste y blanco, que un día
al aire se desplegó
en la heroica Buenos Aires,
cuando el virrey español
al grito de esos valientes
la altiva frente agachó,
y con su audencia y sus leyes
a los infiernos guasquió...
En el istante después
de aquella revolución,
toda la provincia el grito
de libertá segundó,
y el gauchaje voluntario
a las armas acudió.
Por supuesto, yo hice punta,
saliendo en la expedición
con el general Balcarce,
cuando al Perú enderezó
a peliar con los Gallegos.
¡Ah, tiempo de bendición!
Pasamos por las provincias llenos de sastifación,
y hasta Suipacha subimos
sin mayor oposición:
pero allí... ¡la pu... cha y truco!
de golpe nos embistió
fiero la maturrangada
del ejército español;
¡ahi-juna, y la sujetamos
por la primer ocasión!

CONTRERAS: ¡Ah, gauchos americanos!
qué poder les resistió
cuando a peliar por la patria
el criollaje se juntó!
¡y que no la sujetaban!
Traiga, Chano, por favor,
alcánceme la limeta,
le daré un beso...

CHANO: ¡Pues no!
velay, tome, peguelé,
y atienda... Pues, sí, señor:
en ese día en Suipacha
la patria se revolcó
a un ejército rialista,
y allí mesmo tremoló
esa bandera que tiene
dorado en su centro un sol.
Luego que venció en Suipacha
nuestro ejército, marchó
por esos cerros tremendos
del Perú, y atravesó
sembrando la libertá
en todo cuanto abrazó
pero, como era morrudo
el poder del Español,
¡cuándo lo hacía flaquiar
una redota ni dos!
Así es que un tal Goyo-Neche
caliente nos aguardó,
y allá en el Desaguadero
de firme se nos paró
con doble sarracenada,
y otra vez nos atacó.
Al principio le aguantamos,
pero luego nos largó
toda la maturrangada,
¡ah, Cristo! y nos trajinó.
Dimos güelta, por supuesto,
apuraos y en dispersión,
y atrás de nosotros toda
la armada se descolgó,
y hasta llegar a Humaguaca
medio al trote nos arrió.

CONTRERAS: ¡La pujanza, el Goyo-Leche,
que sería apretador!

CHANO: ¡Qué leche, ni qué botijas!...
Goyo-Neche, dije yo:
y era ¡un duro! mesmamente;
pero luego se ablandó,
junto con un tal Tristán
que vino y se le ayuntó,
hasta que la patria al cabo
a entreambos los revolcó.

CONTRERAS: ¿Ahora salimos con ésa?
ya lo maliciaba yo:
porque acá con Vigoder
un caso igual sucedió,
cuando quiso endurecer,
y en esta plaza aguantó
veintidós meses de sitio
que la patria lo atracó;
pero, amigo, estuvo al palo,
hasta que se adelgazó
tan fiero la soldadesca,
que como una arpa salió
solo una mitá, que la otra
¡ni la osamenta llevó!
CHANO: Pues, como le iba diciendo, ese Tristán avanzó,
y como venía engreído
todo lo facilitó.
Por ese tiempo Belgrano
a esos parajes cayó
y al general don Balcarce
del mando lo relevó,
y de ahí Belgrano en su lindo
la retirada emprendió
con el ejército nuestro,
y a retaguardia dejó
al comendante Balcarce,
su tocayo don Ramón,
que un día que la vanguardia
de los Godos lo apuró
en el río de las Piedras,
¡ah, hijito! se le agachó
y en una media angostura
el guano me les sacó:
porque, con sangre en el ojo
todo bicho allí pelió.
¡Qué sabliada a los Matuchos
medio se les arrugó
allí! pero don Tristán,
godo viejo barrigón,
y que traíba punto grande
de soldados ¡de mi flor!
no hizo alto, y al Tucumán
echando espuma embistió.
Allí el ejército nuestro medio en apuros se vio,
y la patria con nosotros
por cuasi nada rodó
en un aujero terrible,
y a todos nos apretó.
Pero el día veinticuatro
de setiembre amaneció,
y cuando, el viejo Tristán
mas a la fija creyó
voltiarnos de una cornada,
la aspa en el suelo clavó:
siendo el caso que Tristán
ni la saliva tragó,
en cuanto Belgrano dijo
a su frente: ¡aquí estoy yo,
y están los Americanos!
¡ahora verás, fanfarrón!
¡si duebla la libertá
su cuello al yugo opresor!
y ahí no más en seguidita
la violinada empezó:
de suerte y conformidá
que, el primer atropellón
que les pegamos, Tristán
fue el primero que emplumó
charquiando con las dos manos,
y a rienda suelta salió
taloniando a los infiernos,
y con el susto arrumbó
las armas, los estandartes y cargas de munición,
sus soldaos, su pesería,
sus cacharpas y el bastón.
Belgrano luego de atrás
cortito me lo sacó,
y al conocerlo asustao
como a pleito lo siguió
hasta Salta, pues allí.
recién Tristán sujetó:
porque el virrey a la juria
de nuevo lo reforzó
con otro ejército lindo...
que alá mesmo se lo fundió:
pues si en Tucumán Belgrano
de un golpe lo atolondró,
en Salta le dio un repaso
y ya lo redomonió;
de manera que a su gusto
mansito lo manosió.
¡Día 20 de Febrero!
la luz de tu mesmo sol
allá en el valle de Salta
y acá en el de Ituzaingó,
¡triunfar a nuestros patriotas
de dos monarcas miró!
En ochocientos catorce
la patria en Salta venció
de suerte la más heroica
que en nuestras guerras se vio,
y a los trece años después, también en Ituzaingó
la República Oriental
su independencia afianzó;
y de los mesmos guerreros
la sangre se redamó
aquí y allá, porque entonces
¡todo era patria y unión!...
¡Ah, tiempo aquel! Pero en fin,
y volviendo a lo anterior,
Tristán en Salta ese día
a peliar se resolvió;
y ¡viese los batallones
que allí nos desenvainó!...
pero el ejército nuestro
tampoco le reculó.
¡Ah, soldaos los de ese tiempo!
¡qué oficialada de honor!
de mi general Rodríguez
hasta ahora recuerdo yo
lo nobleza y la bravura
con que ese día pelió,
lo mesmo que don Díaz-Vélez,
quien de general mayor
tuvo el cargo en ese día,
y en cuanto se presentó
fue el primero a quien un chumbo
del pingo lo solivió;
luego al terne Lamadrí
otra bala lo ojaló,
pero así mesmo aujeriaos,
chorriando sangre los dos, desde el principio hasta el fin
peliaron duro en la aición.
Así un comendante Luna
allí también se florió
mandando la artillería
¡pu...cha, el hombre acertador!
lo menos cincuenta bochas
seguidas les embutió
en medio de las colunas
del ejército español.
¿Y un comendante Zuperi,
valenciano de nación?
gusto daba el verlo a ese hombre
mandar una volución,
tan sereno y tan valiente
en el apuro mayor.
Pero el más bravo oficial
que en el mundo he visto yo,
era un Oriental llamao
Benito Álvarez, la flor
de todos los Orientales,
¡ah, mozo guapo! ¡era un lión!
y hombre que facilitaba
la dificultá mayor;
y el cual desgraciadamente
en Vilcapujió murió...
¡triste suerte! pero, al cabo
en su oficio sucumbió.
Pues, como le iba diciendo
a respeto de la aición,
con las tropas del virrey
en Salta se reforzó Tristán, y allí a los patriotas
tragarnos vivos creyó;
pero el hombre fieramente
de nuevo se equivocó,
porque luego que Belgrano
la batalla le formó
con los criollos, como al paro
de firme se le agachó,
y a cargas de todas layas
lueguito lo atolondró.
¡Qué peliar de banda a banda!
¡viera, paisano Ramón,
la resistencia que hacía
el ejército español!
hasta que muy apurao
pidió capitulación
no sé con qué condiciones,
que Belgrano no almitió;
porque todos nuestros jefes
decididos a una voz
resolvieron allí mesmo
rendirlos a discreción:
y entonces Martín Rodríguez,
que también fue de opinión
de rendirlos a sablazos,
a degüello les tocó,
y a juerza de bala y corvo
en la plaza arrinconó.
desde el famoso Tristán
hasta el último tambor.
¡Qué manguiada soberana
allí los amontonó!
y en seguidita al Cabildo
Martín Rodríguez subió
y en la punta de la torre
triunfadora les plantó
la bandera de la Patria,
y tres ¡vivas! lo pegó.
¡Ah, patria! las dos seguidas
al viejo Tristán le echó,
una en Tucumán en puertas
y otra en Salta trascartón.
De resultas de ese triunfo
en nuestro poder quedó
prisionero todo junto
el ejército español:
el mesmo que al otro día
en destilada salió
a un lugar que desde entonces
se llama el Campo de honor,
y al pie de nuestras banderas
vieron todos como yo,
que, desde el guapo Tristán
hasta el último tambor,
a la bandera Argentina
uno por uno rindió
las armas del rey Fernando;
¿Qué dice, amigo Ramón?

CONTRERAS: Digo que Tristán ¡ay-juna!
a la cuenta se escapó
con las bolas que Belgrano
en Tucumán le prendió,
y hasta Salta echando diablos
relinchando disparó;
pero que MARTÍN RODRÍGUEZ
allí otro par le largó,
¡ah, gaucho! y en ese tiro
de firme se las ató.
¡Qué vitoria! Mire, amigo,
se me ensancha el corazón
al recordar esos tiempos,
pues también anduve yo
en las guerras de esta Banda
cuando la patria triunfó:
¡ah, Orientales los de entonces!
¡ah, mi coronel Rondó!
Rivera, Pérez, y Vázquez,
Quinteros, y una porción
que hoy se miran...

CHANO: ... En el suelo:
mire, ahí se le redamó
la giniebra, ¿voto a cristas!

CONTRERAS: ¡Barajo! ya me atajó
por la limeta...

CHANO: ... ¡Pues no!
y vea, amigo Contreras,
si tiene agua la caldera,
pues, acá traigo, velay,
tome... que es del Paraguay.

CONTRERAS: ¡Mirá! ¿Diaónde ha trajinao?

CHANO: ¡Qué! ¡si me había olvidao
que traíba esta cebadura!
y ahora que el vicio me apura
recién vengo a recordar
después de cimarroniar
a su costa y grandemente.

CONTRERAS: Pero al cabo, redepente
larga usté su paraguaya;
y tan luego de esa laya
es mi deleite el tomar;
pues aprendí a yerbatiar
por allá cuando subimos...
y con Belgrano anduvimos
primero que usté, tal vez;
¡pues no! ¡si en el año diez,
él mandó esa expedición,
cuando en la revolución
el Paraguay se hizo a un lao!

CHANO: Mesmo: que estuvo empacao,
y lo fueron a peliar,
con miras de hacerlo entrar
por juerza o de buena gana.

CONTRERAS: Ansí es, pero lechiguana
más grande que ésa no he visto.
Los peliamos, pero ¡ah, Cristo!
cuasi clavé la aspa allí;
¡viese, amigo, el camuatí
que el Paraguay nos largó!
cuasi, cuasi nos fundió.
Tuvimos pues que volver,
y ya empecé a padecer,
porque yo caí prisionero,
y con otros compañeros
de allá nos enderezaron
acá, a unos barcos armaos,
aonde medio maltrataos
nos tuvieron los matuchos
Allí vino entre otros muchos
el paisano Estanislao
López, aquel afamao
que era cabo solamente,
pero mozo muy valiente
y muy aparcero mío;
tal, que en este mesmo río
una noche nos alzamos
y al agua nos azotamos.

CONTRERAS: ¡Ahi-juna! ¡Barbaridá!

CHANO: Pero con felicidá:
porque a la costa salimos,
aonde al momento supimos
que se hallaban los patriotas
poniéndose acá las botas.
De ahí nos fuimos al Cerrito.
y allí topamos lueguito
con el coronel Rondó,
que a gusto nos destinó
a su cuerpo de Dragones,
o más bien diré de ¡Liones!
aunque es mala comparancia,
pero digo esa jatancia
porque serví en la primera
del comendante Ortiguera.

CHANO: ¡Ah, regimiento alentao!

CONTRERAS: Era, amigo, ¡desalmao!
valeroso y ternejal:
todo gauchaje Oriental,
y muy capaz ¡voto-alante!
de llevarse por delante
al infierno, diablo y todo.
Y si no, escuche del modo
que se portó cierto día:
¡gente amarga, Virgen mía!
permítame su atención.

CHANO: Lárguese, señó Ramón.

CONTRERAS: Una mañana, no sé
de fijo que día fue,
acá en la Banda Oriental
en el ombú de Grandal,
salió todo mi escuadrón
a toparse de intención
con trescientos maturrangos,
con los cuales los chimangos
se dieron una panzada.
Pues, mire: era duplicada
la juerza de los matuchos,
y así mesmo, dos cartuchos
no les dejamos quemar;
porque, al mandarnos cargar,
en la primera pechada
se envolvió la gallegada,
y en cuanto remolinió,
ni el p...ito se les oyó...
Ahora, ¡vea si sería
sabliada la de ese día!
Entre los hachazos fieros
que dieron los compañeros,
hubo uno ¡barbaridá!
si peligra la verdá.
Ello es que en el entrevero
un Dragón, mozo coquero,
se estrelló con un soldao
español muy alentao;
y al llevarlo por delante,
como el de Uropa era infante
le hizo no sé qué gambeta,
y el fusil y bayoneta
le largó con cuerpo y todo.
El Dragón, del mesmo modo,
que era alarife y jinete,
le sentó en su lindo el flete,
y en la asidera del lazo
recibió el bayonetazo;
y en cuanto le mezquinó el cuerpo, ya le afirmó
el corte dos: pero, amigo,
chispió el sable, ¡pucha, digo!
lo mesmo que pedernal,
¡ah, mozo! y era oriental
pues del golpe, crealó,
por la mitá le trozó
cañón y todo al fusil,
y en ancas hasta el cuadril
al matucho le aujerió.

CHANO: ¡La purísima, qué lance!
bien haiga el Dragón... Alcance,
quiero tornar aguardiente
a salú de ese valiente.

CONTRERAS: Así mesmo, eso fue nada
¡viese después la trenzada,
cuando la aición del Cerrito,
que comenzó tempranito
de diciembre el treinta y uno
casualmente en un cebruno
como ese de usté me hallé.
Velay, oiga cómo fue.
Cuando en el sitio segundo
que duró hasta lo profundo,
un día se calentaron
los godos y nos cargaron:
y allá ajuerita Rondó
resuelto los esperó,
poniendo dos escuadrones
de sus amargos Dragones
a la zurda del Cerrito,
con la orden de que lueguito
que el enemigo avanzara
el violín se les tocara.
Frenche, y Vázquez (don Ventura)
que era mozo criatura,
y a los Blandengues mandaba,
con los cuales se floriaba
y en la vida reculó,
en el centro se aguantó
junto con la infantería
que a Frenche le obedecía.
Con el Seis quedó Soler
la derecha a sostener:
y en esa disposición
dieron el atropellón
los de adentro, y nos cargaron,
y en dos colunas marcharon.
La primera bien fornida
hizo rumbo en la embestida
como a lo de Juanicó,
que ahí no más la basurió
nuestra brava artillería:
y después la infantería
y Vázquez se le agacharon
y a toda la difuntiaron.
La otra coluna embistió
a Soler lo atropelló
tan fiero, que me han contao
que anduvo cuasi trabao,
porque la noche anterior
medio entregao al amor
los godos lo sorprendieron,
y cuasi me lo fundieron;
pero en la aición principal
pelió como un ternejal
y aunque lo desalojaron
cuando recién lo cargaron,
o él mesmo se retiró,
luego se le alborotó
de golpe la pajarera,
cogiendo una cartuchera
y un fusil que se chantó,
y en la punta atropelló
a bayoneta calada
con el Seis. ¡Ah, morenada!
ésa decidió la aición.
¡Qué superior batallón!
parecido a éste del Tres,
que son como gallo inglés,
sigún tengo reparao.
Mesmamente, es alentao
en iguales condiciones
que los demás batallones
que en las trincheras tenemos
y con ellos, ya sabemos
que si atropella el Manquito cualesquier día al Cerrito,
el tal Ciriaco Alderete
puede que largue el rosquete,
y le atraquemos morcilla
a él y a toda su pandilla.

CONTRERAS: Dígame: ¿será verdá,
que también Montoro está
de mashorquero allá ajuera?
¡ahi-juna! ¡quién lo creyera
que se arrecostara a Rosas!
pero, amigo, se ven cosas
en este engañoso mundo...
que... yo a veces me confundo,
y hasta vergüenza me da
el contemplar la ruindá
con que ahí están humillaos
ciertos jefes renombraos,
¡que por la patria lucharon
y que se sacrificaron
desde que Rosas andaba
jugando el poncho a la taba!
Por fin, que le sirva Maza
y Pablo Alegre... ¿qué traza
es Alegre, ni Violón,
ni Bárcena, ni un montón
de diablos de entre esa gente?
saltiadores mayormente
y malevos criminales:
mas, los otros oficiales que le nombre... es un dolor
y la vergüenza mayor,
que sostengan al tirano
más ruin Americano.
En fin, ya me he calentao
fieramente y me he ladiao
del rumbo en que principié,
pues sin querer trompecé
con la situación presente.

CHANO:Yo también ya estoy caliente,
y ahora se me haría nada,
por una palabra sola,
prenderle hasta la virola
a algún diablo mashorquero
y abrirle tamaño aujero...
aunque luego me estaquiaran
y los diablos me llevaran:
sin que por esta razón
desconfíe en la custión,
¡y que dudaba! ¡pues no!
por esta cruz crealó,
que en esta lucha sin duda
espero que con la ayuda
de Dios hemos de triunfar,
como es lícito esperar
por último resultao
de un pueblo que se ha mostrao
tan heroico y decidido.
A esta gloria han contribuido
los actuales gobernantes,
que si los mandones de antes así se hubiesen portao,
jamás habría llegao
para la Banda Oriental
una ruina tan fatal,
ni Rosas se viera alzao:
pues lo hubiéramos voliao
hace muchísimo tiempo,
no lo dude: y, por ejemplo,
oiga una comparación,
y luego, la explicación...
usté que sabe entender
muy bien se la puede hacer.
Rosas fue como un bagual
altanero, que al corral,
aunque las mansas le echaron
allá en el Sur, no lograron
ni recostarlo siquiera:
mas salieron campo ajuera
cuatro o cinco domadores
de diferentes colores,
este de un pago, aquel de otro;
y que en fin, atrás del potro
no hay duda que se afanaban,
y que entre todos desiaban
a toda costa boliarlo
y luego redomoniarlo;
pues bien: y ¿qué ha sucedido,
cuando ensillarlo ha podido
alguno que lo apuró y cuasi se le horquetió?
¡Ay, amigo!... aspiraciones,
ruindades y altercaciones:
que, porque si era Porteño
(por ejemplo) el que hizo empeño
a montarlo, otro Oriental
se le metía al torzal,
prometiendo apadrinarlo,
pero que por ayudarlo
lo dejó golpiar tal vez
cuando en esto un Cordobés,
buen domador y capaz,
supóngase que de atrás
al bagual se le afirmó,
y que luego le salió,
como quien dice, al camino
otro gaucho Correntino,
(hago de cuenta que fue),
a decirle: «vuelvamé
las espuelas y las riendas:»
y ya entraron en contiendas,
cuyo triste resultao
fue que, estando embozalao el bagual, se halló pretexto
para cortarle el cabresto
al gaucho más forastero,
tan sólo porque el apero
supongo fuese prestao:
y en suma, sólo han lograo
ensoberbecer al potro,
sin montarlo ni uno ni otro
en la ocasión más bonita.

CHANO: Mesmo: y ya no facilita
ese bruto hoy en el día
como algún tiempo solía.

CONTRERAS: Pues, así mesmo, paisano,
crea que está en nuestra mano
el apretarle la cincha:
de balde el bagual relincha.
Si entre los que hoy le persiguen
de buena armonía siguen,
y no hubiere disensión,
contra el suelo de un tirón
lo han de dar en esta guerra.
Sí, amigo: cairá por tierra,
aunque el diablo lo sostenga,
y este Oribe vaya y venga
con Urquiza y con Violón,
y el infierno en conclusión.
Deje que Frutos Rivera
medio se asome siquiera, pues ya viene abriendo cancha,
y quien le prendió en Cagancha
a Badana la vacuna,
sin diricultá ninguna
tanto a Oribe como a Urquiza
les ha de sacar la tiza:
y luego a Rosas verá
cómo lo manoseará.

CHANO: ¡O amigo! si se arrimase
hoy mesmo y nos convidase:
¡ahi-juna! ¡si me blandeo
a impulsos de mi deseo!
y, a pesar que estoy viejazo,
me viese estirar el brazo
el día que los arriamos
y a rebenque los sacamos
dende allá atrás del Cerrito
al Pantanoso mesmito...
¡eh, pucha, gente morada
y tan vil y desalmada!

CONTRERAS: Pues, por ahí puede opinar
aónde se irán a guasquiar cuando miren que de ajuera
les viene la polvadera;
por eso están, que da risa,
haciendo zanjas de prisa,
los guapos, los que vinieron
y ahora dos años hicieron
sobre el Cerrito una salva.
¡Ah, Ciriaco, que no valga!
pues, cuanto llegue Rivera,
lo hemos de hacer tapadera
ahí no más en el Cerrito.
¡No se enoje, paisanito,
ni se entre en Montevideo!...

CHANO: ¡Oiga!... escuche el tiroteo:
ahí salen los Nacionales
que son mozos ternejales.
¡Qué Cristo! voy a pelear.

CONTRERAS: Aguarde, voy a ensillar,
y juntos nos largaremos,
y ¡ah, malhaya, los topemos
medio cerquita siquiera!
Amigo, ¡qué chiste fuera,
que hoy Veinticinco de Mayo
me hiciese de un buen caballo
a costa de algún Rosín!

CHANO:Todo puede ser al fin,

CONTRERAS: Pues entonces ¡vamonós!
. . . . . . . . . . . . . . . .
Y ya salieron los dos
a la par Chano y Contreras,
y al mirar en las trincheras
la bandera nacional,
¡VIVA LA BANDA ORIENTAL!
gritó alegre el viejo Chano
¡VIVA EL PUEBLO AMERICANO!
Contreras le contestó...
Y el diálogo se acabó.


Carta
Del ejército libertador a un miliciano del Nacional

Campamento de Yeruá
a 23 de setiembre,
año de la libertá
de ochocientos treinta y nueve.

Querido amigo Ricardo,
Me alegraré que estés bueno
gozando de la salú
que yo para mí deseo.
Sabrás que aquí nos hallamos
con el general Lavalle,
y que pronto enderezamos,
a la fija, a Buenos Aires.
Ayer a la madrugada
topamos la montonera
que tenía un tal Villagra,
maula viejo donde quiera.
Eran mil y setecientos;
y nosotros la mitá;
pero al RUBIO ni por esas
se le hizo dificultá.
Y al punto que los clarines
nos tocaron a degüello, ahí no mas a los Chanases
se les atajó el resuello.
Pues nuestros lanceros viejos
se empezaron a floriar,
y ya comenzó el gauchaje
en chorrera a disparar.
Algunos que presumían,
quisieron medio sentarse;
y a Hornos con unos poquitos
se le hizo bueno agacharse.
¡Ah, cosa! si fue una gloria
verlos en el entrevero...
sin recularles nadita,
a éste quiero, a éste no quiero.
Luego el coronel Montoro
atropelló, y al istante
lo mismo que bagualada
se los llevó por delante.
De ahí los demás escuadrones
siguieron dándole juerte
más de tres leguas seguido,
y siempre echándoles suerte.
Les quitamos los caballos,
las armas y municiones,
y luego fueron cayendo
a presentarse a montones.
Ya por acá no hay cuidao,
está muy linda la cosa,
porque en toda la provincia
nos tratan como la rosa.
¡Si vieras al general
cómo trata a los paisanos...
con un agrado! ¡Bien hayga
el hombre guapo y cristiano!
De todas partes, da gusto,
se le vienen a ofrecer
con moneda y con caballos...
¡Ricardo, si es un placer!
El gobernador Ferré
le ha escrebido al general,
que se viene con su gente...
que es un pucho rigular.
De aquí a unos días, de cierto,
tendremos dos mil soldaos,
sin contar los Correntinos
que también se han ofertao.
Todos nuestros oficiales
se han portado con primor,
y estamos deciplinaos
de lo lindo lo mejor.
Con que, será hasta la vista,
que ya tocan a formar;
y presumo que nos vamos
derechos al Paraná.
Memorias a los amigos
compañeros orientales,
y a todos los que se acuerden
de...
José Antonio Olivares.


Carta
De un soldado de los coraceros del general Lavalle, dirigida de Entre Ríos a la campaña Oriental

Campamento en la Concordia
mes de octubre día trece:
año de la libertá
de ochocientos treinta y nueve.

Mi más querido Jacinto:
me alegraré que ésta te halle
buenazo sin novedá,
y lo mesmo a mi comadre.
Ésta sólo se dirige
a darte algunas noticias,
pues sé que te han de agradar
porque son puras delicias.
Aquí está la división
con el cuartel general,
y pienso que marcharemos
muy pronto a Mocoretá.
El coronel Chilaver
ya se nos ha reunido;
y tiene otra división
de ochocientos Correntinos.
¡Ah, gente, bien haiga Dios!
que está brava y decidida;
no tengas duda, hermanito,
por Lavalle dan la vida.
Toda la Correntinada
de golpe se ha levantao,
y el gobernador Romero
del julepe ha renunciao.
Ya la Junta de Corrientes
ha hecho publicar un bando
y manda que don Ferrer
caiga a recibir el mando.
Sabrás que este general
es hombre muy patriotazo,
y que con el RUBIO nuestro
ha sido siempre amigazo.
Y así dende la redota
de Estrada en el Pago Largo,
el gobernador Ferrer
a monte no más ha andado.
Pero ya ha vuelto a Corrientes
a recibir el gobierno
con todos sus camaradas
que lo han andado siguiendo.
Ya también la mesma Junta
de Corrientes ha mandao
que el gobernador Ferrer
junte cuatro mil soldaos;
Y que el general Lavalle
se haga cargo de esta gente,
porque la Junta lo aclama
el protetor de Corrientes.
Los cuatro mil, por supuesto,
son para ir a Güenos Aires;
fuera de dos mil que dejan
como Guardias Nacionales.
Esto no es chanza, Jacinto;
es la purita verdá:
ver la gente que se junta
¡es una temeridá!
Cada día está cayendo
gente de todo pelaje
a ofrecerse al general...
y sobre todo el gauchaje.
¡Qué pingos lindos tenemos!
relumbrosos como espejo;
y armamento superior,
todititos por parejo.
En Entrerríos, mentira,
no hay un gaucho alborotao
de punta a punta a Lavalle
todos le siguen el lao.
De balde por allá dicen
que por aquí hay reuniones,
y que ya se viene Oribe;
mienten esos chapetones.
Ojalá se le antojara
a ese López Mascarilla, que gobierna en Santa Fe,
venirse con su pandilla.
El general don Ricardo
y el coronel Felipillo...
¡si vieras las reuniones
que han hecho en el Entre Ríos!
Y al tiro se han presentao
pidiéndole al general
que, si acaso López viene,
quieren salirlo a topar.
¡Pero qué, si eso es velorio!
Mascarilla está en su tierra
juntando Santafecinos
y aguardando la tremenda.
Además, aquí sabemos
que al mismo Restaurador
con el susto del Yeruá
se le ha quitao el humor.
Citando supo la noticia,
se quedó como cuajada
blanco... y ahí no más lueguito
se le cayó la quijada.
Y ansí anda como culebra
averiguando de Urquiza
o de Echagua, porque dicen
que no tiene ni noticia.
Aquí hasta tenemos gente
venida de Güenos Aires;
¡los vieras contar primores
de Rosas y sus parciales!
Ya verás de aquí a unos días
por diciembre a más tardar,
el amigo Juan Manuel
donde p...uchas va a parar.
Con que, será hasta otro día,
que ya vamos a marchar,
porque estoy viendo a la escolta
que ha comenzao a ensillar.
Soy tu amigo hasta la muerte,
y no gasto veleidades:
con que así, nunca te olvides
de...
José Antonio Morales.