Archivo del blog

viernes, 23 de febrero de 2007

Bartolomé José Hidalgo:Cielitos y diálogos patrióticos




Cielitos y diálogos patrióticos
Bartolomé José Hidalgo

Bartolomé Hidalgo (Montevideo, 1788 - Morón (Buenos Aires), 1822) escritor oriental, iniciador de la poesía gauchesca en el Río de la Plata.
Huérfano temprano, vivió con su madre y hermanas en Montevideo y la pobreza de la ciudad colonial y su condición de hijo de hogar modesto lo marcaron, le hicieron sentir sus rigores.

A los dieciocho años se enroló en el llamado Batallón de Partidarios de Montevideo; sirviendo a las órdenes de Francisco Antonio Maciel, en la batalla del Cardal. En el año 1811 se incorporó a la revolución emancipadora, confirmando su doble rol, tan común en esa época, de ser gente de milicia y de actividad personal.

En Paysandú recibe a José Artigas el Jefe de los Orientales, quien en una carta lo trata afectuosamente y lo incorpora a la nómina de aquellos que facilitaron el Éxodo del Pueblo Oriental, otra de las primeras manifestaciones colectivas de nuestra existencia como nación.

A los veintitrés años, en 1811, ya sus poemas tienen connotación de carácter político. Compone su Marcha Nacional Oriental para conmemorar y festejar la firma del Armisticio entre la Junta de Buenos Aires y el gobernador de Montevideo Elío, que permite la retirada del ejército sitiador.

Continuó viviendo en Montevideo y luego Fernando Otorgués lo nombró Ministro Interino de Hacienda, durante el breve gobierno artiguista.

Durante la invasión lusitana permanece en Montevideo. La Casa de Comedias, que estaba bajo su dirección, se encontraba influenciada por Lecor, decidido a conquistar, con sus reuniones sociales, a la ciudad de Montevideo.

Luego, emigra a Buenos Aires y vive allí la vida triste y dura del poeta criollo que tiene que subsistir vendiendo sus cuartetas y sus -seguramente mal impresas- composiciones. Allí redacta "Los Diálogos", que son su obra más completa e importante.





INDICE

Cielitos
Cielito
Cielito oriental
Cielito de la Independencia
Cielito patriótico
Cielito
Un gaucho de la Guardia del Monte
Cielito patriótico
Diálogo patriótico interesante
Nuevo diálogo patriótico
Al triunfo de Lima y El Callao
Relación









CIELITOS

Que con acompañamiento de guitarra cantaban los
patriotas al frente de las murallas de Montevideo


Los chanchos de Vigodet
ha encerrado en su chiquero,
marchan al son de una gaita
echando al hombro un fungeiro.


Cielito de los gallegos,
¡ay!, cielito del dios Baco,
que salgan al campo limpio
y verán lo que es tabaco.


Vigodet en su corral
se encerró con sus gallegos,
y temiendo que le pialen
se anda haciendo el chancho rengo.


Cielo de los mancarrones,
¡ay!, cielo de los potrillos,
ya brincarán cuando sientan
las espuelas y el lomillo.


CIELITO

A la aparición de la escuadra patriótica en el puerto
de Montevideo


Flacos, sarnosos y tristes,
los godos encorralados

han perdido el pan y el queso
por ser desconsiderados.


Cielo de los orgullosos,
cielo de Montevideo,
piensan librarse del sitio
y se hallan con el bloqueo.



CIELITO ORIENTAL


El Portugués con afán
dicen que viene bufando;
saldrá con la suya cuando
veña o Rey Dom Sebastián.


Cielito, cielo que sí,
cielito locos están;
ellos vienen reventando,
¡quién sabe si volverán!


Dicen que vienen erguidos
y muy llenos de confianza;
veremos en esta danza
quiénes son los divertidos.


Cielito, cielo que sí,
cielo hermoso y halagüeño,
siempre ha sido el Portugués
enemigo muy pequeño.


Ellos traen facas brillantes,
espingardas muy lucidas,
bigoteras retorcidas
y burriqueiros bufantes.


Cielito, cielo que sí,
Portugueses no arriesguéis,
mirad que habéis de fugar.,
y todo lo perderéis.


Vosso Príncipe Regente
nau e para conquistar,
nasceu só para f alar,
mais aquí ya he differente.


Cielito, cielo que sí,
fidalgos ya vos estendo:
de tus pataratas teys
todito el mundo lleno.


Vossa señora Carlota,
dando pábulo a su furia,
quiere fazeros injuria
de pensar que sois pelota.


Cielito, cielo que sí,
¿nau coñoceis majadeiros
que em as infelicidades
vosotros sois os primeiros?


¿Queréis perder vossa vida,
vossos filhos é mulheres,
e deiyar vossos quehaceres
e á minina querida?


Cielito, cielo que sí,
es inmutable verdad,
que todo se desconcierta
faltando la humanidad.


¿Qué cosa pudo mediar
para fazeros sahir
e a nossas terras venir
con armas a conquistar?


Cielito, cielo que sí,
con razaun ficais tremendo,
ya has visto fidalgos que
puco a puco cais morrendo.


A vosso Príncipe Regente
enviadle pronto a dizir
que todos vais a morrer
e que nau le fica yente.



Cielito, cielo que sí,
cielito de Portugal,
vosso sepulcro va a ser
sem duvida á Banda Oriental.



A Deus á Deus faroleiros,
Portugueses mentecatos,
parentes dos maragatos,
insignes alcobiteiros.


Cielito, cielo que sí,
el Oriental va con bolas,
mirad Portugueses que hay
otro D. Pedro Cebolas.




CIELITO DE LA INDEPENDENCIA


Si todo lo criado
es el cielo lo mejor,
el cielo ha de ser el baile
de los Pueblos de la Unión.


Cielo, cielito y más cielo,
cielito siempre cantad
que la alegría es del cielo,
del cielo es la libertad.


Hoy una nueva Nación
en el mundo se presenta,
pues las Provincias Unidas
proclaman su Independencia.


Cielito, cielo festivo,
cielo de la libertad,
jurando la Independencia
no somos esclavos ya.


Los del Río de la Plata
cantan con aclamación,
su libertad recobrada
a esfuerzos de su valor.


Cielo, cielito cantemos,
cielo de la amada Patria,
que con sus hijos celebra
su libertad suspirada.


Los constantes argentinos
juran hoy con heroísmo
eterna guerra al tirano
guerra eterna al despotismo.


Cielo, cielito cantemos,
se acabarán nuestras penas,
porque ya hemos arrojado
los grillos y las cadenas.


Jurando la independencia
tenemos obligación
de ser buenos ciudadanos
y consolidar la Unión.


Cielito, cielo cantemos,
cielito de la unidad,
unidos seremos libres,
sin unión no hay libertad.


Todo fiel Americano
hace a la Patria traición
si fomenta la discordia
y no propende a la Unión.


Cielito, cielo cantemos,
que en el cielo está la paz
y el que la busque en discordia
jamás la podrá encontrar.


Oprobio eterno al que tenga
la depravada intención
de que la Patria se vea
esclava de otra Nación.


Cielito, cielo festivo,
queremos antes morir
cielito del entusiasmo,
que volver a ser esclavos.


¡Viva la Patria, patriotas¡
¡Viva la Patria y la Unión,
viva nuestra Independencia,
viva la nueva Nación!


Cielito, cielo dichoso,
cielo del Americano,
que el cielo hermoso del Sud
es cielo más estrellado.


El cielito de la Patria
hemos de cantar, paisanos,
porque cantando el cielito
se inflama nuestro entusiasmo.



Cielito, cielo y más cielo,
cielo del corazón,
que el cielo nos da la paz
y el cielo nos da la Unión.

CIELITO PATRIÓTICO

Que compuso un gaucho para cantar la acción de Maipú


No me neguéis este día
cuerditas vuestro favor,
y contaré en el Cielito.
de Maipú la grande acción.


Cielo, cielito que sí,
cielito de Chacabuco,
si Marcó perdió el envite
Osorio no ganó el truco.



En el paraje mentado
que llaman Cancha Rayada,
el general San Martín .
llegó con la grande armada.


Cielito, cielo que sí,
era la gente lucida,
y todos mozos amargos
para hacer una embestida.


Lo saben los enemigos
y el grito ya se vinieron,
y sin poder evitarlo

nuestro campo sorprendieron.


Cielito, cielo que sí,
cielito del almidón,
no te aflijas godo viejo
que ya te darán jabón.


De noche avanzaron ellos
y allá tuvieron sus tratos;
compraron barato, es cierto,
¡qué malo es comprar baratol


Cielito, cielo que sí,
le dijo el sapo a la rana,
cantá esta noche a tu gusto
y nos veremos mañana.


Se reúnen los dispersos
y marchan las divisiones,
y ya andaban los paisanos
con muy malas intenciones.


Allá va cielo, y más cielo,
cielito de la cadena,
para disfrutar placeres
es preciso sentir penas.


Pero ¡bien ayga los indios!
Ni por el diablo aflojaron,
mueran todos los gallegos,
viva la Patria, gritaron.


Cielito digo que no,
no embrome, amigo Fernando.
Si la patria ha de ser libre
para qué anda reculando.


Al fin el cinco de abril
se vieron las dos armadas
en el arroyo Maipú,
que hace como una quebrada.


Cielito, cielo que no,
cielito digo que sí,
párese mi )son Osorio
que allá va ya San Martín.


Empiezan a menear bala
los godos con los cañones,
y al humo ya se metieron
todos nuestros batallones.


Cielito, cielo que sí,
cielo de la madriguera,
cuanto el godo pestañó
quedó como tapadera.


Peleó con mucho coraje
la soldadesca de España,
habían sido guapos viejos
pero no por la mañana.


Cielo, cielito que sí,
la sangre amigo corría
a juntarse con el agua
que del arroyo salía.


Cargaron nuestros soldados
y pelearon los latones,
y todo lo que cargaron
flaquearon los guapetones.


Cielito, cielo de flores,
los de lanza atropellaron;
pero del caballo, amigo,
limpitos me los sacaron.



Osorio salió matando
al concluirse la contienda,
sin saber hasta el presente
donde fue a tirar la rienda.


Cielito, cielo que sí,
cielito de los reveses;
nos ganaron el albur
y perdieron los entreses.


Godos como infierno, amigo,
en ese día murieron,
porque el Patriota es temible
en gritando el entrevero.


Cielo, cielito que sí,
hubo tajos que era risa,
a uno el lomo le pusieron
como pliegues de camisa.


Quedó el campo enteramente
por nuestros americanos,
y Chile libre quedó
para siempre de tiranos.


Cielito, cielo que sí,
por ser el godo tan terco,
se ha quedado el infeliz
como avestruz contra el cerco.


Hubo muchos prisioneros
de resultas del combate,
y según todas las señas
no les habían dado mate.


Cielito, cielo que sí,
Americanos unión,
y díganle al rey Fernando
que mande otra expedición.


Ya, españoles, se acabó
el tiempo de un tal Pizarro,
ahora, como se descuiden,
les ha de apretar el carro.


Cielito, cielo que sí,
cielito del disimulo,
de balde tiran la taba
porque siempre han de echar culo


Ya puede el virrey de Lima
echar su banda en remojo,
si quiere librar el cuero
vaya largando el abrojo.


Cielito, cielo que sí,
largue el mono, no sea primo,
porque cuanto se resista
ya quedó como racimo.


Viva nuestra libertad
y el general San Martín,
y publíquelo la fama
con su sonoro clarín.


Cielito, cielo que sí,
de Maipú la competencia
consolidó para siempre
nuestra augusta independencia.


Viva el gobierno presente,
que por su constancia y celo
ha hecho florecer la causa
de nuestro nativo suelo.


Cielito, cielo que sí,
vivan las autoridades,
y también que viva yo
para cantar las verdades.


ClELITO

A la venida de la expedición española
al Río de la ]Plata


El que en la acción de Maipú
supo el cielito cantar,
ahora que viene la armada
el tiple vuelve a tomar.


Cielito, cielo que sí,
eche un trago amigo Andrés,
para componer el pecho
y después le cantaré.


La Patria viene a quitarnos
la expedición española,
cuando guste D. Fernando
agarrelá... por la cola.


Cielito, digo que sí,
coraje y latón en mano,
a entreverarnos al grito
hasta sacarles el guano.


El conde de no sé qué
dicen que manda la armada,
mozo mal intencionado
y con casaca borlada.


Cielo, cielito que sí,
cielito de los dragones,
ya lo verás, conde viejo,
si te valen los galones.


Ellos traen caballería
del bigote retorcido,
pronto vendrá contra el suelo
cuanto demos un silbido.


Cielito, cielo que sí,
son jinetes con exceso,
pero en levantando el poncho
salieron por el pescuezo.


Con mate los convidamos
allá en la acción de Maipú,
pero en ésta me parece
que han de comer caracú.


Cielito, cielo que sí,
echen la barba en remojo;
porque según olfateo
no han de pitar del muy flojo.


Ellos dirán: Viva el Rey;
nosotros: La Independencia,
y quiénes son más corajudos
ya lo dirá la experiencia.


Cielito, cielo que sí,
cielito del terutero,
el godo que escape vivo
quedará como un amero.


En teniendo un buen fusil,
munición y chiripá
y una vaca medio en carnes
ni cuidado se nos da.


Cielito, digo que sí,
cielo de nuestros derechos,
hay gaucho que anda caliente
por tirarse cuatro al pecho.


Dicen que esclavas harán
a nuestras americanas,
para que lleven la alfombra
a las señoras de España.


Cielito, cielo que sí,
la cosa no es muy liviana...
Apártese, amigo Juan,
deje pasar esa rana.


No queremos españoles
que nos vengan a mandar,
tenemos americanos
que nos sepan gobernar.


Cielito, cielo que si,
aquí no se les afloja,
y entre las bolas y el lazo,
amigo Fernando, escoja.


Aquí no hay cetro y coronas
ni tampoco inquisición,
hay puros mozos amargos
contra toda expedición.


Cielito, cielo que sí,
Unión y ya nos entramos,
y golpeándonos la boca,
apagando los sacamos.


Saquen del trono, españoles,
a un rey tan bruto y tan flojo,
y para que se entretenga
que vaya a plantar abrojo.


Cielito, cielo que sí,
por él habéis trabajado,
y grillos, afrenta y muerte
es el premio que os ha dado.


Si de paz queréis venir,
amigos aquí hallaréis,
y comiendo carne gorda
con nosotros viviréis.


Cielo, cielo que sí,
el Rey es hombre cualquiera,
y morir para que él viva
¡la puta...! es una zoncera.


Si perdiésemos la acción,
ya sabemos nuestra suerte,
y pues juramos ser libres,
o Libertad o la muerte.


Cielito, cielo que sí,
a ellos, y cerrar espuelas,
y al godo que se equivoque
sumírselo hasta las muelas.



UN GAUCHO DE LA GUARDIA DEL MONTE

Contesta al Manifiesto de Fernando VII, y saluda al conde
de Casa-Flores con el siguiente cielito en su idioma


Ya que encerré la tropilla
y que recogí el rodeo,
voy a templar la guitarra
para esplicar mi deseo.


Cielito, cielo que sí,
mi asunto es un poco largo;
para algunos será alegre,
y para otros será amargo.


El otro día un amigo,
hombre de letras por cierto,
del rey Fernando a nosotros
me leyó un gran Manifiesto.


Cielito, cielo que sí,
este Rey es medio zonzo
y en lugar de D. Fernando
debiera llamarse Alonso.


Ahora que él ha conocido
que tenemos disensiones,
haciendo cuerpo de gato,
se viene por los rincones.


Cielito, cielo que sí,
guarde amigo el papelón,
y por nuestra Independencia
ponga una iluminación.


Dice en él que es nuestro padre
y que lo reconozcamos,
que nos mantendrá en su gracia
siempre que nos sometamos.


Cielito, digo que sí
ya no largamos el mono,
no digo a Fernando el sétimo,
pero ni tampoco al nono.


Después que por todas partes
lo sacamos apagando,
ahora el Rey con mucho modo
de humilde la viene echando.


Cielito, cielo que sí,
ya se le murió el potrillo,
y si no, que se lo digan
Osorio, Marcó y Morillo.


Quien anda en estos maquines
es un conde Casa-Flores,
a quien ya mis compatriotas
le han escrito mil primores.


Cielito, digo que no,
siempre escoge D. Fernando
para esta clase de asuntos
hombres que andan deletreando.


El Conde cree que ya es suyo
nuestro Río de la Plata:
¡cómo se conoce, amigo,
que no sabe con quién trata!


Allá va cielo y más cielo,
cielito de Casa-Flores,
Dios nos librará de plata
pero nunca de pintores.


Los que el yugo sacudieron
y libertad proclamaron,
de un Rey que vive tan lejos
lueguito ya se olvidaron.


Allá va cielo y más cielo,
libertad, muera el tirano,
o reconocernos libres,
o adiosito y sable en mano.


¿Y qué esperanzas tendremos
en un Rey que es tan ingrato
que tiene en el corazón
uñas lo mismo que el gato?


Cielito, cielo que sí,
el muchacho es tan clemente
que a sus mejores vasallos
se los merendó en caliente.


En política es el diablo
vivo sin comparación,
y el reino que le confiaron
se lo largó a Napoleón.


Cielito, digo que sí,
hoy se acostó con corona,
y cuando se recordó
se halló sin ella en Bayona.


Para la guerra es terrible,
balas nunca oyó sonar,
ni sabe qué es entrevero,
ni sangre vio coloriar.


Cielito, cielo que sí,
cielito de la herradura,
para candil semejante
mejor es dormir a oscuras.


Lo lindo es que al fin nos grita
y nos ronca con enojo,
si fuese algún guapo... ¡vaya¡
¡Pero que nos grite un flojo!


Cielito, digo que sí,
venga a poner su contienda,
y verá si se descuida
dónde va a tirar la rienda.


Eso que los reyes son
imagen del Ser divino,
es (con perdón de la gente)
el más grande desatino.


Cielito, cielo que sí,,
el evangelio yo escribo,
y quien tenga desconfianza
venga le daré recibo.


De estas imágenes una
fue Nerón que mandó a Roma,
y mejor que él es un toro
cuando se para en la loma.


Cielito, cielo que sí,
no se necesitan reyes
para gobernar los hombres
sino benéficas leyes.


Libre y muy libre ha de ser
nuestro jefe, y no tirano;
éste es el sagrado voto
de todo buen ciudadano.


Cielito, y otra vez cielo,
bajo de esta inteligencia,
reconozca, amigo Rey,
nuestra augusta Independencia.


Mire que grandes trabajos
no apagan nuestros ardores,
ni hambres, muertes ni miserias,
ni aguas, fríos y calores.


Cielito, cielo que sí,
lo que te digo Fernando,
confiesa que somos libres
y no andés remolineando.


Dos cosas ha de tener
el que viva entre nosotros,
amargo, y mozo de garras
para sentársele a un potro.


Y digo cielo y más cielo,
cielito del espinillo,
es circunstancia que sea
liberal para el cuchillo.
Mejor es andar delgao,
¡dar águila y sin penas,
que no llorar para siempre
entre pesadas cadenas.


Cielito, cielo que sí,
guardensé su chocolate,
aquí somos puros Indios
y sólo tomamos mate.


Y si no le agrada, venga
con lucida expedición,
pero si sale matando
no diga que fue traición.


Cielito, los Españoles
son de laya tan fatal,
que si ganan, es milagro,
y traición, si sale mal.


Lo que el Rey siente es la falta
de minas de plata y oro;
para pasar este trago
cante conmigo este coro.


Cielito, digo que no,
cielito, digo que sí,
reciba, mi D. Fernando,
memorias de Potosí.


Ya se acabaron los tiempos
en que seres racionales,
adentro de aquellas minas
morían como animales.


Cielo, los Reyes de España
¡la p... que eran traviesos)
Nos cristianaban al grito
y nos robaban los pesos.


Y luego nos enseñaban
a rezar con grande esmero,
por la interesante vida
de cualquiera tigre overo.


Y digo cielo y más cielo,
cielito del cascabel,
¿rezaríamos con gusto
por un tal D. Pedro el Cruel?


En fin, cuide amigo Rey
de su vacilante trono,
y de su tierra, si puede,
haga cesar el encono.


Cielito, cielo que sí,
ya los constitucionales
andan por ver si lo meten
en algunos pajonales.


Y veremos si lo saca
la señora Inquisición,
a la que no tardan mucho
en arrimarle latón.



Cielito, cielo que sí,
ya he cantado lo que siento,
supliendo la voluntá
la falta de entendimiento.


CIELITO PATRIOTICO

Del gaucho Ramón Contreras, compuesto en honor
del ejército libertador del Alto Perú


Si quiere saber Fernando
cuál será de Lima el fin,
que le escriba cuatro letras
al general San Martín.


Cielito, cielo que sí,
cielito de la ciruela,
ya se anda medio sentando
D. Joaquín de la Pezuela.


Adonde quiera que asoma
nuestra patriótica armada,
disparan los pezuelistas
sin reparar la quebrada.


Allá va cielo y más cielo,
cielo de los liberales,
que atropellan como tigres
al dejar los pajonales.


En Paseo, O'Relly y los suyos
las avenidas cubrieron,
pero los indios amargos
bajo el humo se metieron.


Cielito, y ya se largaron
a cobrarles la alcabala,
y ya los atropellaron,
y ya les meniaron bala.


Entró la caballería,
y los latones pelando,
hasta el último tambor
lo sacaron apagando.


Cielito, cielo que sí,
cielo de las tropas reales,
muchas memorias les manda
D. Juan Antonio Arenales.
A su vista y ligereza
y a su aquel en el cuchillo,
le debe la madre Patria
la intendencia de Trujillo.


Cielito y pues que consigue
que el tirano se le rinda,
merece que una corona
le ponga una moza linda.


O'Relly, Marcó y Osorio
deben juntarse este día.
Uno a contar sus desgracias.
Los otros su cobardía.


Cielo, y para divertirse
malilla pueden jugar
de cuatro, pues Vigodet
de zángano vendrá a entrar.


¿En qué piensa, amigo Rey?...
Cante conmigo y no gima.
Y en sus cortas oraciones
vaya encomendando a Lima.


Cielito, cielo que sí,
cielito de la merienda,
le paro cien contra veinte
a que pierde la contienda.


Ya en otro Cielo le dije
nuestra amarga resistencia.
Y nuestra eterna constancia
por lograr la Independencia.


Cielito, cielo qué sí,
escúcheme D. Fernando:
confiese que somos libres
y deje de andar roncando.


La constitución de España
es buena, y pues que la alabo,
que se venga con la vela
y les daremos el cabo.


Cielito: "Entre con confianza"
le dijo el león a la zorra,
pero ella le contestó:
"No conozco a mazamorra".


Gloria eterna al bravo inglés,
a ese atrevido almirante
que a todo barco español
se lo lleva por delante.


Cielito, entró en el Callao,
y como si fuera rata, .
se coló por todas partes
y se limpió una fragata.


Y dicen que tiemblan tanto
con solo su nombradía,
que en diciendo: ahí viene Cokran,
se asusta la barquería.


Allá va cielo y más cielo,
con cualquiera botecito
dicen que entra en el Callao,
y ya también les da el grito.


Los hechos de San Martín
hoy la fama los pregona,
y la Patria agradecida
de laureles lo corona.


Y digo cielo y más cielo,
tan valiente general
y Patriota tan constante,
debiera ser inmortal.


Hasta que entremos en Lima
el tiple vuelvo a colgar,
y desde hoy iré pensando
lo que les he 'de cantar.


Cieliti, digo que sí,
iré haciendo mis borrones,
para cantarles un Cielo
en letras como botones.



DIALOGO PATRIOTICO INTERESANTE

Entre jacinto Chano, capataz de una estancia en las islas
del Tordillo, y el gaucho de la Guardia del Monte


CONTRERAS


Con que, amigo, ¿diáonde diablos
sale? Meta el redomón,
desensille, votoalante.. .
¡Ah pingo que da calor!


CHANO

De las islas del Tordillo
salí en este mancarrón: ¡
pero si es trabuco, Cristo!
¿Cómo está señó Ramón?


CONTRERAS


Lindamente a su servicio...
¿Y se vino del tirón?


CHANO

Sí, amigo, estaba de balde,
y le dije a Salvador:
andá traeme el azulejo,
apretamelé el cinchón
porque voy a platicar
con el paisano Ramón,
y ya también salí al tranco,
y cuando se puso el sol
caí al camino y me vine;
cuando en esto se asustó
el animal, porque el poncho
las verijas le tocó...
¡Qué sosegarse este diablo!
A bellaquiar se agachó
y conmigo a unos zanjones
caliente se enderezó.
Viendomé medio atrasao
puse el corazón en Dios
y en la viuda, y me tendí;
y tan lindo atropelló
este bruto, que las zanjas
como quiera las salvó.
¡Eh p... el pingo ligero!
¡Bien haiga quien lo parió!
Por fin, después de este lance
del todo se sosegó,
y hoy lo sobé de mañana
antes de salir el sol,
de suerte que está el caballo
parejo que da temor.


CONTRERAS

¡Ah, Chano! ... ¡Pero si es liendro
en cualquiera bagualón!...
Mientras se calienta el agua
y echamos un cimarrón
¿qué novedades se corren?


CHANO

Novedades... qué sé yo;
hay tantas que uno no acierta
a qué lao caerá el dos,
aunque le esté viendo el lomo
Todo el Pago es sabedor
que yo siempre por la causa
anduve al frío y calor.
Cuando la primera Patria,
al grito se presentó
Chano con todos sus hijos.
¡Ah tiempo aquel, ya pasó!
Si jue en la Patria del medio
lo mesmo me sucedió,
pero, amigo en esta Patria...
Alcancemé un cimarrón.


CONTRERAS

No se corte, déle guasca,
siga la conversación,
velay mate: todos saben
que Chano, el viejo cantor,
aonde quiera que vaya
es un hombre de razón,
y que una sentencia suya
es como de Salomón.


CHANO

Pues bajo de ese entender
empriestemé su atención,
y le diré cuanto siente
este pobre corazón,
que como tórtola amante
que a su consorte perdió,
y que anda de rama en rama
publicando su dolor;
ansí yo de rancho en rancho¬
y de tapera en galpón
ando triste y sin reposo,
cantando con ronca voz
de mi Patria los trabajos,
de mi destino, el rigor...
En diez años que llevamos
de nuestra revolución
por sacudir las cadenas
de Fernando el balandrón:
¿qué ventaja hemos sacado?
Las diré con su perdón.
Robarnos unos a otros.
aumentar la desunión,
querer todos gobernar,
y de faición en faición
andar sin saber que andamos:
resultando en conclusión
que hasta el nombre de paisano
parece de mal sabor,
y en su lugar yo no veo
sino un eterno rencor
y una tropilla de pobres,
que metida en un. rincón
canta al son de su miseria:
¡no es la miseria mal son!


CONTRERAS


¿Y no se sabe en qué diasques
este enriedo consistió?
¡La pujanza en los paisanos
que son de mala intención!

Usté que es hombre escrebido
por su madre digaló,
que aunque yo compongo Cielos
y soy medio, payador,
a usté le rindo las armas
porque sabe más que yo.


CHANO

Desde el principio, Contreras
esto ya se equivocó;
de todas nuestras Provincias
se empezó a hacer distinción.
Como si todas no juesen
alumbradas por un sol;
entraron a desconfiar
unas de otras con tesón,
y al instante la discordia
el palenque nos ganó.
Y cuanto nos discuidamos
al grito nos revolcó.
¿Por qué naides sobre naides
ha de ser más superior?
El mérito es quien decide,
oiga una comparaición:
quiere hacer una voltiada
en la estancia del Rincón
el amigo Sayavedra:
pronto se corre la voz
del Pago entre la gauchada,
ensillan el mancarrón
más razonable que tienen,
y afilando el alfajor
se vinieron a la oreja
cantando versos de amor;
llegan, voltean, trabajan;
pero amigo, del montón
reventó el lazo un novillo
y solito se cortó,
y atrás de él como langosta
el gauchaje se largó...
¡Qué recostarlo, ni en chanza!
Cuando en esto lo atajó
un muchacho forastero,
y a la estancia lo arrimó.
Lo llama el dueño de casa,
mira su disposición
y al instante lo conchaba.
Ahura pues, pregunto yo:
¿el no ser de la cuadrilla
hubiera sido razón
para no premiar al mozo?
Pues oiga la aplicación,
la lay es una no más,
y ella da su proteición
a todo el que la respeta.
El que la lay agravió
que la desagravie al punto:
esto es lo que manda Dios,
lo que pide la justicia
y que clama la razón;
sin preguntar si es porteño
el que la ley ofendió,
ni si es salteño o puntano,
ni si tiene mal color;
ella es igual contra el crimen
y nunca hace distinción
de arroyos ni de lagunas,
de rico ni pobretón:
para ella es lo mesmo el poncho
que casaca y pantalón:
pero es platicar de balde,
y mientras no vea yo
que se castiga el delito
sin mirar la condición:
digo, que hemos de ser libres
cuando hable mi mancarrón.


CONTRERAS


Es cierto cuanto me ha dicho,
y mire que es un dolor
ver estas rivalidades,
perdiendo el tiempo mejor
solo en disputar derechos
hasta que ¡no quiera Dios!
se aproveche algún cualquiera
de todo nuestro sudor.


CHANO


Todos disputan derechos;
pero, amigo, sabe Dios
si conocen sus deberes:
de aquí nace nuestro error,
nuestras desgracias y penas:
yo lo digo, sí señor,
¡qué derechos ni que diablos!
Primero es la obligación,
cada uno cumpla la suya,
y después será razón
que reclame sus derechos:
ansí en la revulución
hemos ido reculando,
disputando con tesón
el empleo y la vedera,
el rango y la adulación,
y en cuanto a los ocho pesos...
¡El diablo es este Ramón!


CONTRERAS


Lo que a mí me causa espanto
es ver que ya se acabó
tanto dinero, por Cristo;
¡mire que daba temor
tantísima pesería!
¡Yo no sé en qué se gastó!

Cuando el general Belgrano
(que esté gozando de Dios)
entró en Tucumán, mi hermano
por fortuna lo topó,
y hasta entregar el rosquete
ya no lo desamparó.
Pero, ¡ah contar de miserias!,
de la mesma formación
sacaban la soldadesca
delgada que era un dolor,
con la ropa hecha miñangos
y el que comía mejor
era algún trigo cocido
que por fortuna encontró.

Los otros, cuál más cuál menos,
sufren el mesmo rigor.
Si es algún güen oficial
que al fin se inutilizó,
da cuatrocientos mil pasos
pidiendo por concluisión
un socorro: no hay dinero,
vuelva... todavía no...
Hasta que sus camaradas
(que están también de mi flor)
le largan una camisa,
unos cigarros y adiós.
Si es la pobre y triste viuda
que a su marido perdió,
y que anda en las diligencias
de remediar su aflición,
lamenta su suerte ingrata
en un mísero rincón.
De composturas no hablemos:
vea lo que me pasó
al entrar a la ciudad;
estaba el pingo flacón
y en el pantano primero
lueguito ya se enterró,
seguí adelante, ¡ah barriales!
Si daba miedo, señor.
Anduve por todas partes
y vi un grande caserón
que llaman de las comedias,
que hace que se principió
muchos años, y no pasa
de un abierto corralón,
y dicen los hombres viejos
que allí un caudal se gastó,
tal vez al hacer las cuentas
alguno se equivocó
y por decir cien mil pesos...
Velay otro cimarrón.
Si es en el Paso del Ciego
allí Tacuara perdió
la carrera el otro día;
y .él por el Paso cortó
porque le habían informao
que en su gran composición
se había gastao un caudal.
Conque, amigo, no sé yo
por más que estoy cavilando
aonde está el borbollón.


CHANO


Eso es querer saber mucho.
Si se hiciera una razón
de toda la plata y oro
que en Buenos Aires entró
desde el día memorable
de nuestra revulución,
y después de güena fe
se hiciera una- relación
de los gastos que han hablo,
el pescuezo apuesto yo
a que sobraba dinero
para formar un cordón
dende aquí a Guasupicúa,
pero en tanto que al rigor
del hambre perece el pobre,
el soldao de valor,
el oficial de servicios,
y que la prostitución
se acerca a la infeliz viuda
que mira con cruel dolor
padecer a sus hijuelos;
entre tanto, el adulón,
el que de nada nos sirve
y vive en toda faición,
disfruta gran abundancia,
y como no le costó
nada el andar remediao
gasta más pesos que arroz.
Y, amigo, de esta manera,
en medio del pericón
el que tiene es don Julano,
y el que perdió se amoló:
sin que todos los servicios
que a la Patria le emprestó,
lo libren de una roncada
que le largue algún pintor.


CONTRERAS


Pues yo siempre oí decir
que ante la lay era yo
igual a todos los hombres.


CHANO


Mesmamente, así pasó,
y en papeletas de molde
por todo se publicó;
pero hay sus dificultades
en cuanto a la ejecución.
Roba un gaucho unas espuelas,
o quitó algún mancarrón,
o del peso de unos medios
a algún paisano alivió;
lo prienden, me lo enchalecan,
y en cuanto se descuidó
le limpiaron la caracha,
y de malo y saltiador
me lo tratan, y a un presidio
lo mandan con calzador;
aquí la lay cumplió, es cierto,
y de esto me alegro yo;
quien tal hizo que tal pague.
Vamos pues a un Señorón;
tiene una casualidá...
ya se ve... se remedió .. .
Un descuido que a un cualquiera
le sucede, si señor,
al principio mucha bulla,
embargo, causa, prisión,
van y vienen, van y vienen,
secretos, almiración,
¿qué declara? que es mentira,
que él es un hombre de honor,
¿Y la mosca? No se sabe,
el Estao la perdió,
el preso sale a la calle
y se acaba la función.
¿Y esto se llama igualdá?
¡La perra que me parió!..
En fin, dejemos, amigo,
tan triste conversación,
pues no pierdo la esperanza
de ver la reformación.
Paisanos de todas las layas,
perdonad mi relación:
ella es hija de un deseo
puro y de güena intención.
Valerosos generales
de nuestra revulución,
gobierno a quien le tributo
toda mi veneración;
que en todas vuestras aiciones
os dé su gracia el Señor,
para que enmendéis la plana
que tantos años erró;
que brille en güestros decretos
la justicia y la razón,
que el que la hizo la pague,
premio al que lo mereció,
guerra eterna a la discordia,
y entonces sí creo yo
que seremos hombres libres
y gozaremos el don
más precioso de la tierra:

Americanos, unión,
os lo pide humildemente
un gaucho con ronca voz
que no espera de la Patria
ni premio ni galardón,
pues desprecia las riquezas
porque no tiene ambición.
Y con esto hasta otro día,
mande usté, amigo Ramón,
a quien desea servirle
con la vida y corazón.

Esto dijo el viejo Chano
y a su Pago se marchó,
Ramón se largó al rodeo
y el diálogo se acabó.



NUEVO DIALOGO PATRIOTICO

Entre Ramón Contreras, gaucho de la Guardia del Monte, y Chano, capataz de una estancia en las islas del Tordillo


CHANO


¿Qué dice, amigo Ramón,
qué anda haciendo por mi Pago
en el zaino parejero?


CONTRERAS


Amigo, lo ando variando,
porque tiene que correr
con el cebruno de Hilario.


CHANO


¡Qué me cuenta! Si es ansí
voy a poner ocho a cuatro
a favor de esté bagual,
mire amigo que es caballo
que en la rompida no más
ya se recostó al contrario.


CONTRERAS


¿Y cómo jue desde el día
que estuvimos platicando?



CHANO


Con salú; pero sin yerba;
desensille su caballo,
tienda el apero y descanse.

Tomá este pingo, Mariano,
y con el bayo amarillo
caminá y acollarálo.
¡Mire que de aquí a la Guardia
hay un tirón temerario/


CONTRERAS


Y con tantos aguaceros
está el camino pesao,
y malevos que da miedo
anda uno no más topando,
lo güeno que yo afilé
a mi gusto el envenao,
!e hice con las de domar
cuatro preguntas al zaino,
y en cuanto lo vi ganoso
y que se iba alborotando,
le aflojé todo y me vine,
pero siempre maliciando...
Velay yerba, amigo viejo,
iremos cimarroniando.



CHANO


¿Y cómo ya con la Patria
que me tiene con cuidan?
Ayer. unos óficiales
cayeron por lo de Pablo
y mientras tomaban mate,
lo asentaron, y mudaron,
leyeron unas noticias
atento del rey Fernando,
que solicita con ansia
por medio de diputaos
ser aquí reconocido
su constitución jurando.


CONTRERAS


Anda el runrún hace días,
por cierto no lo engañaron:
los diputaos vinieron,
y desde el barco mandaron
toda la papelería
a nombre del rey Fernando-,
¡y venían roncadores...
la pu... los maturrangos!
Pero, amigo, nuestra junta
al grito les largó el guacho
y les mandó una respuesta
más linda que San Bernardo.
¡Ah gauchos escribinistas
en el papel de un cigarro/
Viendo ellos que no embocaban,
y que los habían torniao,
alzaron los contrapesos
y dando güeltas al barco,
se jueron sin despedirse...
Vayan con doscientos diablos.


CHANO

Mire que es hombre muy rudo
el amigo Don Fernando:
lo contemplo tan inútil
asigún lo he figurao,
que creo que ni silbar
sabe, como yo soy Chano.
De balde dimos la baja
a todos sus mandatarios,
y por nuestra libertá
y sus derechos sagraos
nos salimos campo ajuera,
y al enemigo topando,
el poncho a medio envolver
y el alfajor en la mano,
con el corazón en Dios
y en el santo escapulario
de nuestra Virgen del Carmen,
haciendo cuerpo de gato;
sin reparar en las balas
ni en los juertes cañonazos,
nos golpiamos en la boca
y ya nos entreveramos;
y a éste quiero, a éste no quiero,
los juimos arrinconando,
y a un grito: ¡Viva la Patria!
el coraje redoblamos,
y entre tiros y humadera,
entre reveses y tajos,
empezaron a flaquiar,
y tan del todo aflojaron,
que de esta gran competencia
ni memoria nos dejaron.
De balde en otras aiciones
les dimos contra los cardos;
y si no que le pregunten
a Posadas el mentao
cómo le jue allá en las Piedras,
y después allá en los barcos.
Diga Tristán... Mas no quiero
gastar pólvora en chimangos,
porque era Tristán más triste
que hombre pobre enamorao.
Muesas en la del Cerrito;
Marcó flojo y sanguinario
en la afición de Chacabuco,
Osorio es hombre fortacho
allá en los Cerros de Espejo
en la pendencia de Maipo.
Hable Quimper y ese O'Relly
y otros muchos que ahura callo.
Todo es de balde, Contreras,
pues si conoce Fernando
que aunque haga rodar la taba
culos no más sigue echando,
¿no es una barbaridá
el venir ahura roncando?
Mejor es que duerma poco,
porque amigo, a sus vasallos
el nombre de Libertá
creo que les va agradando,
y como él medio se acueste,
cuanto se quede roncando
ya le hicieron trus la vaca,
y ya me lo capotiaron.


CONTRERAS


¡Ah Chano, si de sabido
perdiz se hace entre las manos!
Cuanto me ha dicho es ansina
y yo no puedo negarlo;
pero esté usté en el aquel
que ellos andan cabuliando
a ver si nos desunimos
del todo, y en este caso
arrancarnos lo que es nuestro
y hasta el chiripá limpiarnos.


CHANO


¡No toque, amigo, ese punto
porque me llevan los diablos!
¿Quién nos mojaría la oreja
si uniéramos nuestros brazos?

No digo un Rey tan lulingo;
mas ni todos los tiranos
juntos, con más soldadesca

que hay yeguada en nuestros campos
nos habían de hacer roncha;
pero amigo, es el trabajo
que nuestras desavenencias
nos tienen medio atrasaos.
¡Ah sangre, amigo, preciosa
tanta que se ha derramao!
¿No es un dolor ver, Contreras,
que ya los americanos
vivimos en guerra eterna,
y que al enemigo dando
ratos alegres y güenos
los tengamos bien amargos?
Pero yo espero desta hecha
saludar al Sol de Mayo,
en días más lisonjeros,
unido con mis hermanos.
Y ansi no hay que recular,
que ya San Martín el bravo
está en las puertas de Lima
con puros mozos amargos,
soldadesca corajuda,
y sigún me han informao
en Lima hay tanto patriota
que Pezuela anda orejiando,
y en logrando su redota
ha de cambiar nuestro Estado,
pues renace el patriotismo
en el más infeliz rancho.



CONTRERAS


Sí, señor, dejuramente.
¡Ah momento suspiran!
Y en cuanto esto se concluya
al grito nos descolgamos
con latón y garabina,
a suplicarle a un tapao
que largue no más lo ajeno,
porque es terrible pecao
contra el gusto de su dueño
usar lo que no se ha dao;
y en concencia yo no quiero
(porque soy muy güen cristiano)
que ninguno se condene
por hecho tan temerario.



CHANO


¡Eso sí, Ramón Contreras!
¿Se acuerda del fandangazo
que vimos en lo de Andújar
cuando el general Belgrano
hizo sonar los cueritos
en Salta a los maturrangos?

Por cierto que en esta aición
(sin intención de dañarnos)
hizo un barro el general
que aún hoy lo estamos pagando;
él quiso ser generoso
y presto miró su engaño,
cuando hizo armas en su contra
el juramentao Castro,
que quebrantando su voto
manchó su honor y su grao.
Estas generosidades
muy lejos nos han tirao,
porque el tirano presume
que un proceder tan bizarro
sólo es falta de justicia;
pero esto ya se ha pasao,
y no será malo, amigo,
si por fin escarmentamos.
Por ahura saque el cuchillo,
despachemos este asao
y sestiaremos después,
para ir a lo del Pelao
a ver si entre su manada
está, amigo, mi picazo,
que hace días que este bruto
de las mansas se ha apartao.


Comieron con gran quietú,
y después de haber sestiao
ensillaron medio flojo,
y se salieron al tranco
al rancho de Andrés Bordón,
alias el Indio Pelao,
que en las pendencias de arriba
sirvió de triste soldao,
y en Vilcapugio de un tiro
una pierna le troncharon.
Dieron el grito en el cerco,
los perros se alborotaron;
Bordón dejó la cocina,
!os hizo apiar del caballo;
y lo que entre ellos pasó
lo diremos más despacio
en otra ocasión, que en ésta
ya la pluma se ha cansao.



AL TRIUNFO DE LIMA 'Y EL CALLAO

Cielito patriótico que compuso el gaucho Ramón Contreras


Descolgaré mi changango
para cantar sin reveses,
el triunfo de los patriotas
en la Ciudad de los Reyes.


Cielito, cielo que sí,
están los Sanmartinistas
tan amargos y ganosos,
que no hay quien se les resista.


Apartando una torada
me encontraba yo en mi hacienda,
pero al decir: Lima es nuestra
le largué al bagual la rienda.


Cielito, cielo que sí,
cielito de Fr. Cirilo,
y ya enderecé hasta el pueblo,
y ya me vine en un hilo.


Estaba medio cobarde
porque ya otros payadores
y versistas muy sabidos
escribieron puras flores.


Allá va cielo y más cielo,
cielito de la mañana...
Después de los ruiseñores
bien puede cantar la rana.


Lima anduvo endureciendo
entre el temor y el encono,
y por ajuste de cuentas
D. Laserna largó el ; mono.


Cielito, cielo que sí,
bien se lo pronostiqué,
pero ya que así lo quiso
tenga pacencia el Virrey.


Desconfiando de su alzada
quitaron a D. Pezuela,
porque el infeliz tenía
medio picada una muela.


Cielito, y luego a Laserna
le encargaron el gobierno...
¡Ah, mozo para un encargue
si no hubiera sido invierno!.


Juyó con todas las platas
y aun alivió los conventos
no dejando ni ratones
con la juerza del tormento.


Cielito, cielo que sí,
tome bien la deresera,
porque con la pesadumbre
no dé en una vizcachera.


Con puros mozos de garras
San Martín entró triunfante,
con jefes, y escribanistas
y todos los comandantes.


Cielito, ciclo que sí,
digo cese la pendencia,
ya reventó la coyunda,
y viva la Independencia.


Y en cuanto gritaron viva,
ya salieron boraciando
los libres con las banderas
que a la patria consagraron.


Cielo, y ya las garabinas
y los cañones roncaron,
y hasta las campanas viejas
allí dejaron el guano.


¡Qué bailes y qué junciones!
Y aquel beber tan prolijo,
que en el rico es alegría
y en el pobre pedo fijo.


Cielo, cielo que no,
por el bravo San Martín
no hubo ciego violinista
que no rompiese el violín.


Cayó Lima; unos decían,
ya tronó, gritaban otros,
¡oiganlé al matucho viejo
qué mal se agarró en el potro!


Cielito, digo que sí,
todo era humor y alegría,
y andaba mandando juerza
toda la mujerería.


¿Y qué me dicen, señores,
de un tal general Cantera
que diz que vino al Callao
a llevarse una zoncera...


Cielito, digo que sí,
cielito de los escesos,
este infeliz sucumbió
como ratón en los quesos.


Como el hambre le apretaba
dejó el castillo al instante,
y sacó la soldadesca
a ver si le daba- el aire.


Cielito, cielo que sí,
cielito de tres por ocho,
que se empezó a desgranar
lo mesmo que maíz morocho.


Más de ochocientos soldados
se pasaron de carrera,
y en un tris no más estuvo
que se viniese Cantera.


Cielito, digo que sí,
de hambre morir no quisieron,
y les encuentro razón
porque estarían muy fieros.


Viendosé entonces perdidos
irse pensó por la costa,
y Cockran meniando bala
jue matando esta langosta.


Cielito, digo que sí,
por fin el pobre juyó
y el Callao con sus cangallas
a San Martín se rindió.


Solo el general Ramírez
quedó y también Olañeta,
pero pronto me parece
que entregarán la peseta.


Cielito, cielo que sí,
cielito del bien que quiero,
estos pobres han quedao
dando güeltas al potrero.


La Patria, sigún mi cuenta,
es lo mesmo que el banquero,
que por precisión se lleva
la plata de enero a enero.


Cielito, en este supuesto
sepa el amigo Fernando,
que mientras él tenga apuntes
la Patria sigue tallando.


Que los medios que le quedan
los va a perder, y muy presto,
y él no tiene caracú
para coparnos el resto.


Cielito, cielo que sí,
cielito de los corrales,
o han de agachar sin remedio
o han de ir a los pajonales.


Provincias de Buenos Aires
y de Cuyo, valerosas,
con triunfo tan singular
debéis estar muy gozosas.


Cielito, cielo que sí,
cielito del fiero Marte,
en empresas tan sublimes
os tocó la mejor parte.


Y con esto honor y gloria
a los Sur-Americanos,
que supieron con firmeza
libertarnos del tirano.


Cielito, digo que sí,
cielito de la victoria,
la Patria y sus dinos hijos.
vivan siempre en mi memoria.


RELACION

Que hace el gaucho Ramón Contreras a jacinto Chano
de todo lo que vio en las fiestas mayas de Buenos Aires
en 1822


CHANO


¡Conque mi amigo Contreras,
qué hace en el ruano gordazo!
Pues desde antes de marcar
no lo veo por el Pago.


CONTRERAS


Tiempo hace que le ofrecí
el venir a visitarlo,
y lo que es ofrece es deuda:
¡pucha! pero está lejazos.
Mire que ya el mancarrón
se me venía aplastando.
¿Y usté no jue a la ciudá
a ver las fiestas este año?


CHANO


¡No me lo recuerde, amigo!
Si supiera ¡voto al diablo!
lo que me pasa ¡por Cristo!
Se apareció el veinticuatro
Sayavedra el domador
a comprarme unos caballos:
le pedí a dieciocho riales,
le pareció de su agrado,
y ya no se habló palabra,
y ya el ajuste cerramos;
por señas, que el trato se hizo
con caña y con mate amargo.
Caliéntase Sayavedra,
y con el aguardientazo
se echó atrás de su palabra,
y deshacer quiso el trato.
Me dio tal coraje, amigo,
que me asiguré de un palo,
y en cuanto lo descuidé,
sin que pudiera estorbarlo,
le acudí con cosa fresca:
sintió el golpe, se hizo el gato,
se enderezó, y ya se vino
el alfajor relumbrando:
yo quise meterle el poncho,
pero amigo, quiso el diablo
trompezase en una taba,
y lueguito mi contrario
se me durmió en una pierna
que me dejó coloriando;
en esto llegó la gente
del puesto, y nos apartaron.
Se jue y me quedé caliente
sintiendo, no tanto el tajo
como el haberme impedío
ver las junciones de Mayo:
de ese día por el cual
me arrimaron un balazo
y peliaré hasta que quede
en el suelo hecho miñangos.
Si usté estuvo, Contreras,
cuénteme lo que ha pasao.


CONTRERAS


¡Ah fiestas lindas, amigo!
No he visto en los otros años
junciones más mandadoras,
y mire que no lo engaño.
El veinticuatro a la noche
como es costumbre empezaron.
Yo vi unas grandes colunas
en coronas rematando
y ramos llenos de flores
puestos a modo de lazos.
Las luces como aguacero
colgadas entre los arcos,
el Cabildo, la pirame,
la recova y otros laos,
y luego la versería.
¡Ah cosa linda! Un paisano
me los estuvo leyendo,
pero ¡ah pueta cristiano,
qué décimas y qué trobos!
Y todo siempre tirando
a favor de nuestro Aquél;
luego había en un tablao
musiquería con juerza
y bailando unos muchachos
con arcos y muy compuestos,
vestíos de azul y blanco,
y al acabar, el más chico
una relación echando,
me dejó medio... quién sabe,
¡ah muchachito liviano,
por Cristo que le habló lindo
al Veinticinco de Mayo!
Después siguieron los juegos
y cierto que me quemaron
porque me puse cerquita
y de golpe me largaron
unas cuantas escupidas
que el poncho me lo cribaron.
A las ocho de tropel
para la Mercé tiraron
las gentes a las comedias:
yo estaba medio cansan
y enderecé a lo de Roque:
dormí, y al cantar los gallos
ya me vestí: calenté agua,
estuve cimarroneando:
y luego para la plaza
agarré y vine despacio:
llegué ¡bien haiga el humor!
Llenitos todos los bancos
de pura mujerería,
y no amigo cualquier trapo
sino mozas como azúcar.
Hombres, eso era un milagro;
y al punto en varias tropillas
se vinieron acercando
los escueleros mayores
cada uno con sus muchachos,
con banderas de la Patria
ocupando un trecho largo;
llegaron a la pirame
y al dir el sol coloreando
y asomando una puntita...
bracatán, los cañonazos,
la gritería, el tropel,
música por todos laos,
banderas, danzas, funciones,
los escuelistas cantando,
y después salió uno solo
que tendría doce años,
nos echó una relación...
¡Cosa linda, amigo Chano!
Mire que a muchos patriotas
las lágrimas les saltaron.
Más tarde la soldadesca
a la plaza jue dentrando,
y desde el Juerte a la iglesia
todo ese tiro ocupando.
Salió el gobierno a las once
con escolta de a caballo,
con je es y comendantes
y otro muchos convidaos,
dotores, escribanistas,
las justicias a otro lao,
detrás la oficialería
los latones culebriando.
La soldadesca hizo cancha
y todos jueron pasando
hasta llegar a la iglesia.
Yo estaba medio delgao
y enderecé a un bodegón,
comí con Antonio el manco,
y a la tarde me dijeron
y que había sortija en el Bajo;
me jui de un hilo al paraje,
y cierto, no me engañaron.
En medio de la Alamera
había un arco muy pintan
con cclores de la Patria.
gente,, amigo, como pasto,
una mozada lucida
en caballos aperados
con pretales y coscojas,
pero pingos tan livianos
que a la más chica pregunta
no los sujetaba el diablo.
Uno por uno rompía
tendido como lagarto,
y... zas... ya ensartó... ya no...
¡Oiganlé que pegó en falso!
¡Qué risa, y qué boraciar!
Hasta que un mocito amargo
le aflojó todo al rocín,
y ¡bien haiga el ojo claro!
se vino al humo, llegó
y la sortija ensartando
le dio tina sentada al pingo
y todos viva gritaron.

Vine a la plaza: las danzas
seguían en el tablao;
y vi subir a un inglés
en un palo jabonao
y allá en la punta colgando
una chuspa con pesetas,
una muestra y otros varios
premios para el que llegase.
El inglés era baquiano:
se le prendió al palo viejo
y moviendo pies y manos
al galope llegó arriba,
y al grito, ya le echó mano
a la chuspa y se largó
de un pataplús hasta abajo.
De allí a otro rato volvió
y se trepó en otro palo
y también sacó una muestra.
¡Bien haiga el bisquete diablo!
Después se treparon otros
y algunos también llegaron.
Pero lo que me dio risa
fueron, amigo, otros palos
que había con unas guascas
para montar los muchachos,
por nombre rompe-cabezas;
y en frente, en otro lao,
un premio para el que juese
hecho rana hasta toparlo;
pero era tan belicoso
aquel potro, amigo Chano,
que muchacho que montaba,
contra el suelo, y ya trepando
estaba otro, y zas al suelo;
hasta que vino un muchacho
y sin respirar siquiera,
se fue el pobre refalando
por la guasca, llegó al fin
y sacó el premio acordao.
Pusieron luego un pañuelo
y me tenté ¡mire el diablo!
Con poncho y todo monté
y en cuanto me lo largaron
al infierno me tiró,
y sin poder remediarlo
(perdonando el mal estilo)
me pegué tan gran culazo,
que si allí tengo narices
quedo para siempre ñato...
Luego encendieron las velas
y los bailes continuaron,
la cuetería y los juegos.
Después todos se marcharon
otra vez a las comedias.
Yo quise verlas un rato
y me metí en el montón.
Y tanto me rempujaron
que me encontré en un galpón
todo muy ilunminao
con casitas de madera
y en el medio muchos bancos.
No salían las comedias
y yo ya estaba sudando,
cuando, amigo, redepente
árdese un maldito vaso
que tenía luces adentro
y la llama subió tanto
que pegó juego en el techo;
alborotóse el cotarro,
y yo que estaba cerquita
de la puerta, pegué un salto
y ya no quise volver.
Después me anduve pasiando
por los cuarteles, que había
también muy bonitos arcos
y versos -que daban miedo.


Llegó el veintiséis de Mayo
y siguieron las junciones
como habían empezao.
El veinsiete lo mesmo:
un gentío temerario
vino a la plaza: las danzas,
los hombres subiendo al palo,
y allá en el rompe-cabezas
a porfía los muchachos.
Luego con muchas banderas
otros niños se acercaron
con una imagen muy linda
y un tamborcito tocando.
Pregunté qué virgen era,
la Fama me contestaron:
al tablao la subieron
y allí estuvieron un rato,
aonde uno de los niños
los estuvo proclamando
a todos sus compañeros.

¡Ah, pico de oros Era un pasmo
ver al muchacho caliente,
y más patriota que el diablo.
Después hubo volantines.
Y un inglés todo pintao
en un caballo al galope
iba dando muchos saltos.
Entre tanto la sortija
la. jugaban en el Bajo,
por la plaza de Urca
otros también me contaron
que había habido toros lindos;
yo estaba ya tan cansan
que así que dieron las ocho
corté para lo de Alfaro,
aonde estaban los amigos
en beberaje y fandango:
eché un cielito en batalla,
y me resfalé hasta un cuarto
aonde encontré a unos calandrias
calientes jugando al paro.
Yo llevaba unos rialitos,
y así que echaron el cuatro
se los planté, perdí en boca,
y sin medio me dejaron.
En esto un catre viché
y me le. fui acomodando,
me tapé con este poncho
y allí me quedé roncando.
Esto es, amigo del alma,
lo que he visto y ha pasao.


CHANO


Ni oírlo quiera, amigo,
como ha de ser, padezcamos
a bien que el año que viene,
si vivo, iré a acompañarlo,
y la correremos juntos.


Contreras lió su recao
y estuvo allí todo un día;
y al otro, ensilló su ruano,
y se volvió a su querencia
despidiéndose de Chano.