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jueves, 22 de febrero de 2007

Sonetos(continuación):Juan Boscán


- L -

Soy como aquel que vive en el desierto,
del mundo y de sus cosas olvidado,
y a descuido veis donde le ha llegado
un gran amigo, al cual tuvo por muerto.


Teme luego de un caso tan incierto; 5
pero, después que bien se ha asegurado,
comienza a holgar pensando en lo pasado,
con nuevos sentimientos muy despierto.


Mas cuando ya este amigo se le parte,
al cual partirse presto le conviene, 10
la soledad empieza a selle nueva;


con las yerbas del monte no se aviene,
para el yelmo le falta toda el arte,
y tiembla cada vez que entra en su cueva.






- LI -

Como después del tempestuoso día,
la tarde clara suele ser sabrosa;
y después de la noche tenebrosa
el resplandor del sol placer envía;


así en su padecer el alma mía 5
con la tarde del bien es tan gozosa,
que se entrega, en un hora que reposa
de todos los trabajos que tenía.


Mas este bien no suele ser barato;
mucho cuesta tan fuerte medicina, 10
y es lo peor que presto ha de pagarse.


Es reposar de un hombre que camina,
que a la sombra descansa un breve rato,
para luego volver a más cansarse.






- LII -

Otro tiempo lloré, y agora canto;
canto de amor mis bienes sosegados;
de amor lloré mis males tan penados,
que por necesidad era mi llanto.


Agora empieza amor un nuevo canto, 5
llevando así sus puntos concertados,
que todos, de estar ya muy acordados,
van a dar en un son sabroso y santo.


Razón juntó lo honesto y deleitable,
y de estos dos nació lo provechoso, 10
mostrando bien de do engendrado fue.


¡Oh concierto de amor grande y gozoso!
Sino que de contento no tendré
qué cante, ni qué escriba, ni qué hable.






- LIII -

Amor me envía un dulce sentimiento,
diciendo que es su mensajero cierto.
Las nuevas son que estoy dentro en el puerto,
seguro de tormenta y de tormento.


Hace de esto fianza el pensamiento, 5
mostrando, en mi pasado desconcierto,
que Amor me levantó de frío y muerto,
haciéndome quedar vivo y contento.


El milagro fue hecho extrañamente,
porque resucitado el mortal velo, 10
resucitó también la inmortal alma.


Celebrado seré en toda la gente,
llevando en mi triunfo para el cielo,
con el verde laurel la blanca palma.






- LIV -

Un nuevo Amor un nuevo bien me ha dado
ilustrándome el alma y el sentido,
por manera que a Dios yo ya no pido,
sino que me conserve en este estado.


A mi bien acrecienta el mal pasado, 5
tan sin temor estoy de lo que ha sido,
y en las yerbas compuestas que he bebido,
mi fuerza y mi vivir se han mejorado.


Anduvo sobre mí gran pestilencia,
hasta matar los pájaros volando, 10
y casi cuanto en vida fue criado.


Este influjo cruel se fue pasando:
y así de esta mortal, brava dolencia,
con más salud quedó lo que ha quedado.






- LV -

Dulce reposo de mi entendimiento;
dulce placer fundado sobre bueno;
dulce saber, que de saber soy lleno,
pues tengo de mi bien conocimiento.


Dulce gozar de un dulce sentimiento, 5
viendo mi cielo estar claro y sereno,
y dulce resolver sobre mi seno,
con firme concluir, que estoy contento.


Dulce gustar de un no sé qué sin nombre,
que Amor dentro en mi alma poner quiso, 10
cuando mi mal sanó con gran renombre.


Dulce pensar que estoy en paraíso,
sino que, en fin, me acuerdo que soy hombre,
y en las cosas del mundo tomo aviso.






- LVI -

Tristes años y largos fui cuitado
en tormentos de amor tan afligido,
que en cosa ningún ser vi tan perdido,
que no tuviese envidia de su estado.


Contemplaba la piedra sin cuidado, 5
la planta mejoraba en su partido,
y el animal más bajo y abatido
era, a mi parecer, muy prosperado.


Yo solo andaba fuera de este bando,
despertando en las gentes la memoria, 10
hasta que Dios con su absoluto mando


mi guerra convirtió en tanta victoria,
que ahora vencedor estoy triunfando,
dejando escrita en todos larga historia.






- LVII -

Este fuego que ahora yo en mí siento,
es puro y simple y puesto allá en su esfera;
y cuando acá desciende su hoguera,
es porque tal materia le presento,


que en su calor revivo y me caliento, 5
templando todo el aire en tal manera,
que, doquiera que estoy, es primavera,
con flores y con fruto en un momento.


Su luz, alrededor do estoy presente,
alumbra en un instante cuanto veo, 10
mudándolo en color claro y luciente.


Si este tal fuego hurtara Prometeo,
cuando quiso alegrar la mortal gente,
tuviera gran disculpa su deseo.






- LVIII -

Si en mitad del dolor tener memoria
del pasado placer, es gran tormento;
así también en el contentamiento
acordarse del mal pasado es gloria.


Por do, según el curso de esta historia, 5
no hay cosa que me venga al pensamiento,
que toda no se vuelva en un momento
en lustre y en favor de mi victoria.


Como en la mar, después de la tiniebla,
pone alborozo el asomar el día, 10
y entonces fue placer la noche oscura;


así en mi corazón, ida la niebla,
levanta en mayor punto la alegría
el pasado dolor de la tristura.






- LIX -

Gran tiempo fui de males tan dañado,
por el dañado amor que en mí reinaba,
que a sanos y a dolientes espantaba,
la vista de un doliente tan llagado.


Me convenía andar siempre apartado, 5
según de mí la gente se apartaba;
y aquello en que más ya me reposaba
era hartarme de ser desdichado.


Me vi sano después en un momento,
y vueltos en placer los malos míos; 10
miraba a todos esta salud mía,


con un maravillado sentimiento:
como al ciego miraron los judíos
espantados de verle como vía.






- LX -

Alto monte el Olimpo, do se escribe
que no llega a subir ningún nublado,
ni alcanza allá el furor apoderado
del viento, por más chozas que derribe,


sobre sus altas cumbres me recibe 5
porque allí esté seguro y sosegado,
un claro amor, que el alma me ha ilustrado
con la clara virtud que en mí concibe.


Miro de allí do estaban los amores
que perdido en el mundo me traían; 10
y miro por cual arte sus errores,


concibiendo dolor, maldad parían.
Nacieron de la cual otros dolores
que en deshonra medraban y crecían.






- LXI -

¡Oh monte levantado en la alma mía,
en la cumbre del cual agora siento,
con cuánto lamentar fui escarmiento,
para toda la gente que me vía!


Hablilla fui, que en mí se componía, 5
de lástima y dolor y de tormento;
y entre lenguas se mejoraba el cuento,
que a su placer cada uno le decía.


Sé que es así, no sé cómo se ha hecho,
que ahora, libre, entre todos me contemplo 10
de la fuerte prisión do fui envuelto.


Y así ahora en memoria de un tal hecho,
colgando estoy los hierros en el templo,
adonde amanecí, despierto y suelto.






- LXII -

El hijo de Peleo, que celebrado
tanto de Homero fue con alta lira,
con su madre su mal llora y suspira,
la suerte lamentando de su estado.


Que sobre haberle corta vida dado, 5
pase tan adelante la su ira,
que doquier que él revuelva, si se mira,
se vea de trabajos rodeado.


Si la fortuna de un tal hombre es gloria,
con gloria quedarás tú, Garcilaso, 10
pues, con la de él, tu gloria va medida.


Tu esfuerzo nunca fue flaco ni laso,
tus trabajos hicieron larga historia,
y te cupo, tras esto, corta vida.






- LXIII -

Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,


dime: ¿por qué tras ti no me llevaste 5
cuando de esta mortal tierra partiste?
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?


Bien pienso yo que, si poder tuvieras
de mudar algo lo que está ordenado, 10
en tal caso de mí no te olvidaras:


que o quisieras honrarme con tu lado
o a lo menos de mí te despidieras;
o, si esto no, después por mí tornaras.






- LXIV -


Soneto con estrambote



Quejosos mil leales amadores
de ver con qué crueldad Amor les trata
el tiempo bien servido, y siempre ingrata,
Fortuna crece más en sus amores.


Dijo uno de ellos: «Nuestros disfavores 5
mirad, de él no proceden ni él nos mata;
es causa de ellos quien le encierra y ata,
y de él reparte todos sus favores.


Do nos maravilléis si quien merece
no lleva el galardón, porque mujeres 10
continuo escogen el que más desnudo


de Amor y lealtad; y así parece
que dirá mas de Amor y sus haberes
quien diga lisonjero ni más crudo


a quien hacer pudo; 15
ni podrá ser que pueda en cuanto viva
quitarse nunca de quien le cautiva.






- LXV -


Si las penas que dais



Si las penas que dais son verdaderas,
como muy bien lo sabe el alma mía,
¿por qué ya no me acaban, y sería
sin ellas mi morir muy más de veras?


Mas si por dicha son tan lisonjeras 5
que quieren retozar con mi alegría,
decid, ¿por qué me matan cada día
con muerte de dolor de mil maneras?


Mostrarme este secreto, ya, señora,
y sepa yo de vos, pues por vos muero, 10
si aquesto que padezco es muerte o vida;


porque siéndome vos la matadora,
mayor gloria de pena ya no quiero
que poder yo tener tal homicida.






- LXVI -

Mas mientras más yo de esto me corriere,
más convendrá mostrar mis desventuras;
que así serán pagadas mis locuras
con la triste vergüenza que sintiere.


Y cada vez que bien me arrepintiere, 5
gran logro llevaré de mis tristuras;
de esta cura saldrán otras mil curas
para mí y para quien verme quisiere.


Por el ancho camino por do fueren
todos verán mi triste monumento 10
y verán de mi muerte el gran letrero.


Temblando quedarán en un momento
cuantos allí miraran y leyeren
un modo de morir tan lastimero.






- LXVII -

El alto cielo que en sus movimientos
por diversas figuras discurriendo,
en nuestro sentir flaco está influyendo
diversos y contrarios sentimientos;


y una vez mueve blandos pensamientos, 5
otra vez asperezas va encendiendo,
y es su uso traernos revolviendo,
agora con pesar y ora contentos,


fijo está en mí, sin nunca hacer mudanza
de planeta ni sino en mi sentido, 10
calvado en mis tormentos todavía.


De ver otro hemisferio no esperanza,
y así donde una vez me ha anochecido,
allí me estoy, sin esperar el día.






- LXVIII -

Quise amaros, señora, de mi agrado,
con blandos sentimientos, blandamente,
y entonces yo jamás sentí accidente
con el cual no quedase mejorado.


De este amor no os habéis vos contentado 5
porque salir le viste mansamente,
sino que, por mostraros más valiente,
mi blanda voluntad habéis forjado.


Os aborreció el manso vasallaje
y quisisteis usar de tiranía, 10
vuestro reino estragando con ultraje.


Dañaste malamente la fe mía
y así os quise quebrar el homenaje,
y, si ahora pudiese, que lo haría.






- LXIX -

Como suele en el aire la cometa,
o alguna otra señal nueva espantarnos,
y tanto su temor hace avisarnos,
que entonces cada uno es gran profeta,


así, muestra de bien clara o secreta, 5
si a mí y a mis sentidos queréis darnos,
no podemos sino mucho alterarnos;
tan nuevo está en el bien nuestro planeta.


No sufre mi dolor ningún estado
de ningún bien si no es muy poco a poco; 10
de otra arte pienso ser siempre engañado.


Nunca creo el placer, aunque le toco;
y si tan mala vez me he asegurado,
temo que me tendrán todos por loco.






- LXX -

Querélleme de vos, señora, cuando
de vuestras artes fui tan ignorante
que me engañaba en ver vuestro semblante,
vuestro ser por el gesto imaginado.


Andúveme después desengañado, 5
y vi, en lo que de vos me vi delante,
que vuestro uso y natura es la culpante
que ya vos sobre vos no tenéis mando.


Así que ahora no hay de qué quejarme;
mi derecho y mis quejas han parado, 10
pues vos no tenéis ya de qué pagarme.


No he de ser yo de seso tan menguado
que del fuego, en el cual fui a quemarme,
quede quejoso en ver que me ha quemado.






- LXXI -

No es tiempo ya de no tener templanza;
si mi dolor quisiese consentilla
perdono mi congoja y el sentilla,
y el disgusto que del sufrir me alcanza.


Mas el amor me pone tanta lanza 5
que ojalá yo pudiese no sufrilla;
hagan de mí los hombres ya mancilla,
siquiera porque soy su semejanza.


Caigo y levanto, espero y desconfío;
no tengo del vivir sino que siento: 10
ya cuanto soy parece desvarío.


Si un poco más en mi penar porfío
en mí presto se acabará el tormento,
su poder acabando con el mío.






- LXXII -

Me vi al través en fuertes peñas dado,
casi sin vida, y lo demás perdido;
y entonces fui de seso tan caído
que en tanto mal me vi estar descuidado.


He entendido después tan mal estado 5
cuando las gentes de él me han advertido;
y así agora, aunque estoy arrepentido,
no me contento, pues tanto he tardado.


No tardé en entender luego el engaño,
pero, de miserable, no quería 10
acabar de creer tan fuerte daño.


Venció en mí la verdad a mi porfía
y quedó confirmado el desengaño,
tomando nueva vuelta el alma mía.






- LXXIII -

Yo cuento ya los pasos que voy dando
y veo bien las tierras que traspaso.
Sé lo que pierdo en dar un solo paso;
quiero siempre parar y siempre ando.


Traigo este cuerpo, que por fuera mando, 5
y con la carga de él voy tan a paso,
y en poca tierra tanto dolor paso,
que es cuanto ando andarme reparando.


¿Yo que haré, que me partí, cuidado?
Mal volverá quien tanto mal ha hecho; 10
y así es agora mal cuanto yo hago.


Ando conmigo en todo tan penado
que en mí de nada quedo satisfecho
sino de ver que no me satisfago.






- LXXIV -

Paso mi vida lo mejor que puedo;
en esto podéis ver cómo la paso:
de un triste pensamiento en otro paso,
mortal prisa me doy para estar quedo.


Sobre el punto de mis congojas ruedo, 5
y si en huir me pruebo a dar un paso
huyo de puro miedo tan a paso
que, de donde me parto, allí me quedo.


Quedo allí, triste, tan escarmentado
que me aflijo, me muero, y me acobardo, 10
y de medroso acometo al cuidado.


Piensan quizás que estoy desesperado
viendo que del morir tan mal me guardo:
pues sepan que lo hago de cuidado.






- LXXV -

Cuando el volar del corazón levanto
y miro aquella que muerto me tiene,
allí un derretimiento se me viene
que enternece y extiende más mi llanto.


Allí hace mi mal dulce su canto; 5
allí mi vida tanto bien sostiene
que se me antoja, puesto que más pene,
que aún no me cubre amor bien con su manto.


En mi querer sospecho flojedad,
mas hallo que es la fuerza del objeto, 10
y así descanso con esta verdad.


Todavía temiendo mi defecto,
si no puedo acusar mi voluntad,
me vuelvo a mí, y acuso a mi sujeto.






- LXXVI -

¿Qué estrella fue por dónde yo caí
en el mundo con tanta pesadumbre?
¿Cuál madre ya de vida dio lumbre?
¿Por qué me echo tan huérfano y así?


¿Quién primero holgó, cuando nací? 5
¿Cuál dolor me subió tan en su cumbre
que no hallé remedio en la costumbre,
y hoy siento más lo que ayer más sentí?


¿Por qué no morí en vientre o en naciendo?
¿Por qué me tomó nadie en sus rodillas, 10
criándome entre vivos, no viviendo?


Forzado es ya que vaya descubriendo,
entre mis enemigos, mis mancillas
y unos llores y estén otro riendo.






- LXXVII -

¿Quién me dará un corazón tan alto
que de amor pueda escudriñar los hechos,
sin que mis daños propios, o provechos,
se atraviesen a darme sobresalto?


Comienzo a contemplar y luego salto 5
por medio del deleite en mil despechos
que me arrancan el alma de los pechos
y quedo yo acusándome de falto.


Cargan tristezas, mas en mitad de ellas
el espíritu de amor sostiene el gusto 10
y defiende que el desamor no tiente.


Es el proceso de esto muy injusto;
quema el fuego y alumbran las centellas;
el bien se huele y el dolor se siente.






- LXXVIII -

El tiempo vuelve y bullen esperanzas;
yo estoy atento a ver que a de ser esto.
Un corazón tan flaco no es dispuesto
a sostener las prósperas mudanzas.


Señales hay de no sé qué bonanzas; 5
no las tengo por buenas, si son presto.
Ver en mis enemigos tan buen gesto,
me pone más dudosas confianzas.


Yo estaba sosegado en mis tristuras,
muy contento de muy determinado; 10
tenía bien harta mis desventuras.


Estando así, sin gozos ni amarguras,
sin soledad, del bien todo olvidado,
revuelven a matarme sus blanduras.






- LXXIX -

Nueva prisión hubiera de matarme,
según hallé peligro al entrar de ella.
Pero cesó la parte la querella,
y alcance, por juicio, de librarme.


Andan ahora por tornar a echarme 5
al yugo antiguo, que en mis huesos sella;
que para allá me arrebató mi estrella
y allá me tiene sin dejar holgarme.


Confesaré, si dicen que he mudado,
que mudo el accidente, algún pedazo, 10
no a la raíz del mal acostumbrado.


Un mudar fue de un corazón cansado,
como es mudar en el izquierdo brazo
el peso del derecho atormentado.






- LXXX -

Atento estaba el vivo pensamiento
del alma, imaginando su bien alto,
cuando, entre mí, me vino un sobresalto
que el mover trastornó el sentimiento.


Hondura de gran causa en esto siento; 5
no lo alcanzo, mas de una en otro salto.
Gran temor he de algún extraño salto,
según la pared donde sopla el viento.


Mis sentidos no mueven de ligero,
ni es mucho en tanto mal ser adivino; 10
tanto más temo, cuanto entiendo menos;


ni es milagro, si algún peligro espero,
si barrunto a quemarme algún camino
trayendo el fuego con entrambos senos.






- LXXXI -

Va el corazón camino de aquel centro
do sus trabajos descansar solían,
y do agora también descansarían
si no me diera amor tan bravo encuentro.


A cada paso en más peligros entro; 5
un no sé qué mis sentimientos crían;
tras éste van, y mueren, y porfían
los deseos, que me echan más adentro.


Yo tengo de ir de grado a do me llevan
por no esperar me lleven arrastrando; 10
no miedo ya al daño, sino al ultraje.


Crudezas mil agravios en mí prueban;
hácelo, que ha subido a tener mando
un dolor que es de muy ruin linaje.






- LXXXII -

Colgado está de un caso el pensamiento,
que entre esperar y miedo se sostiene.
Compone, cada vez que al pleito viene,
el esperar, más fuerte su argumento.


De deseoso, el triste sentimiento 5
no osa temer; mira que temor tiene:
sólo imagina aquello que conviene
por engañar un poco su tormento.


¿Qué haré yo, con mi triste sentido,
si acontece desastre a tanto amor? 10
¿Do estará el mal después de haber venido?


¿Cómo podré valerme en mi dolor
si ahora a cada paso estoy perdido
sólo en abrir las puertas al temor?






- LXXXIII -

Temblando está la vida a cada punto
de una ventura que ofrecido se ha;
yo sé cual vuelve y sé cómo se va
el bien cuando ya llega a estar muy junto.


Cierro mis ojos, callo y no pregunto, 5
esperando Fortuna qué hará.
Harto mal es tener por cierto ya
que todo el bien o mal ha de ser junto.


Gran miedo es este y grande la esperanza;
no está el alma dispuesta a tanto estreno; 10
mucho cuesta vencer en tal pelea.


Los que son de mi parte también temo,
que el socorro que viene sin templanza
los suyos mata, al tiempo que pelea.






- LXXXIV -

Me puso Amor al punto do está el medio
de todo el bien que sobre el alma rueda.
No es fortuna quien manda ya esta rueda:
más alto está mi mal o mi remedio.


Sólo es Amor de cuanto amo el medio; 5
aquí puede el poder, aunque no pueda;
de aquí parte, aquí anda y aquí queda
la fuerza con que muero o me remedio.


De tanto amar cual debe ser lo amado,
vean a mí, y entenderán a ella: 10
yo doy entera fe de su traslado.


Mas como en mí se encubre mi cuidado
en ella, así, a quien querrá entendella,
se encubrirá gran parte de su estado.






- LXXXV -

Mueve el querer sus alas con gran fuerza
tras el loor de aquella que yo canto.
Al comenzar, levántase un espanto
tal que es peor del seso si se esfuerza.


Por otra parte, la razón me fuerza; 5
yo hablo, y callo, y estoy así entretanto;
esfuerzo alguna vez, y otras me espanto;
en fin, la gana de escribir refuerza.


Del mundo, bien; de nuestros tiempo, gloria,
fue nacer esta por la cual yo vivo: 10
enmienda fue de cuanto aquí se yerra.


Fue declarar lo natural más vivo,
fue de virtud hacer perfecta historia,
y fue juntar el cielo con la tierra.






- LXXXVI -

La tierra, el cielo y más los elementos
han puesto su arte, hicieron a porfía
ésta, cuyo nombre es señora mía,
en cuya mano están mis sentimientos.


Quedaron los maestros muy contentos 5
de su labor, y vieron que acudía
la mano al punto de la fantasía;
y en paz fueron allí sus movimientos.


Dichoso el día, dichosa la hora,
también la tierra donde nacer quiso 10
ésta del mundo general señora.


Dichosa edad, que tanto se mejora,
pues entre sí ya tienen paraíso
los que infierno tuvieron hasta ahora.






- LXXXVII -

¿En cuál parte del cielo, en cuál planeta
guardado fue tan grande nacimiento?
¿Cuál estrella alcanzó merecimiento
para influir en vos a tan perfeta?


¿Qué principio, qué causa tan secreta 5
pudo tener tan alto fundamento,
sino aquel ser de aquel entendimiento
al cual toda otra causa está sujeta?


Nos la dio Dios, mas no por que la diese,
que fuera enajenar de su corona: 10
prestada fue para mostrar su obra.


Y según es el ser de su persona,
porque más tiempo en ella él se viese,
tarda quizá, que presto no la cobra.






- LXXXVIII -

Esfuerza el alma su virtud postrera;
álzase en pie, y a caminar se ensaya;
Amor le dice que, si no desmaya,
verá su bien, por eso que no muera.


Para durar buscando esta manera; 5
mas el buscar tan fuera va de raya
que el darse prisa le ha de hacer que caya
donde habrá de quedar aunque no quiera.


El desear le quita todo el tiento,
el tiento es necesario, y el deseo; 10
andan los dos riñendo en mi sentido.


Yo en parte estoy do pelear los veo;
del uno es necesario el vencimiento,
y el otro no podrá quedar vencido.






- LXXXIX -

Levanta el desear el pensamiento
con tal hervor, que todo el mundo es mío.
Vuelven en seso todo el desvarío
la fuerza y la verdad del sentimiento.


Mi corazón do ama es tan atento, 5
que el bien y el mal yo mismo me le crío,
tanto, que ya por puro amor confío
de sostener mis torres en el viento.


Cuanto entra en mí, se muda todo luego
en el placer que del amor influye; 10
mi bien fingido pasa por verdad.


Esto no es mucho, pues que traigo fuego,
que cuanto toma luego lo destruye
y lo convierte en otra calidad.






- XC -

A mi gran mal, grande esperanza crece
por las mudanzas que del mundo entiendo.
Con este pensamiento me defiendo,
o a lo menos así me lo parece.


Si en su dolor el alma se entristece, 5
con ira o blandamente la reprendo;
ella entre sí mi voz está siguiendo,
y así también se ensaña o se enternece.


Pues si es así, y es de ambos la caída,
¿cuál dará a cuál, al levantar, la mano, 10
si nadie pasa que ayudarnos quiera?


Veo venir de lejos por lo llano
quien tiene fin a descansar mi vida,
y en alta voz me dice: «Espera, espera».






- XCI -

Como aquel que en soñar gusto recibe,
su gusto procediendo de locura,
así el imaginar, con su figura,
vanamente su gozo en mí concibe.


Otro bien, en mí, triste, no se escribe, 5
si no es aquel que mi pensar procura:
de cuanto ha sido hecho en mi ventura,
lo sólo imaginado es lo que vive.


Teme mi corazón de ir adelante,
viendo estar su dolor puesto en celada, 10
y así revuelve atrás en un instante


a contemplar su gloria ya pasada.
¡O sombra de remedio inconstante!
ser en mí lo mejor lo que no es nada.






- XCII -

¡Oh si acabase mi pensar sus días,
o fuese de eternal sueño oprimido!
No es bien vivir, trayéndome el sentido
pesadas y continuas chismerías.


O me carga de tristes fantasías 5
o me da el bien tan corto y tan medido
que me espanto de que se han mantenido,
con su tanto gastar, las penas mías.


Viéndome Amor gemir de fatigado,
sobre esto de mi mal me está acallando; 10
mas aun conmigo en esto se desmide,


como madre con hijo regalado,
que si le piden rejalgar, llorando,
no sabe sino darle lo que pide.






- XCIII -

¿No basta el mal a siempre fatigarme,
sin que también el bien me de tormento?
Yo estaba ya conmigo en buen asiento,
para cuanto dolor quisiesen darme.


Podía el no esperar harto ayudarme, 5
y, por vieja costumbre, el pensamiento
hallaba en el penar contentamiento,
o cosa que bastaba a contentarme.


Aún me estorba el Amor tan bajo he estado
dándome de placer alguna vista, 10
con la cual se revuelve mi cuidado,


y el mal con quien yo estaba concertado
con el venir del bien se me enemista,
y vuele a andar mi reino levantado.






- XCIV -

Quisiera Amor a su prisión volverme
por castigar mi libre sentimiento,
y me dio de su mano un tan gran tiento,
que hubiera en aquel punto de vencerme;


pero tan cierto vi luego el perderme, 5
que esto sólo excusó mi perdimiento,
y fue le primer afecto tan sin tiento,
que al segundo fue fuerza rehacerme.


Si con armas, Amor, acostumbradas,
como otras veces sale, me saliera, 10
según en salvo estoy, quizá esperara.


Mas estas aventuras desusadas
espérelas y empréndalas quien quiera,
que yo no oso esperar muerte tan clara.






- XCV -

Antes tendré que cante blandamente,
pues amo blandamente y soy amado;
sé que en Amor no es término forzado
sólo escribir aquel que dolor siente.


Desabáfase quien está doliente, 5
y canta en la prisión el desdichado,
con hierros y cadenas fatigado,
mas su cantar del nuestro es diferente.


Yo cantaré conforme a la avecilla
que canta sí a la sombra de algún ramo, 10
que el caminante olvida su camino,


quedando trasportado por oílla.
Así yo de quien me ama y a quien amo,
en mi cantar tendré gozo continuo.






- XCVI -

Demás del gran milagro que Amor hizo,
haciéndome, después de estar deshecho,
fue muy maravilloso y nuevo hecho
ver que un Amor me hizo y me deshizo.


Amor fue quien muy mal me satisfizo, 5
y ahora por Amor voy satisfecho;
es esto de saber como de ha hecho,
no nos parezca que es ruido hechizo.


Salieron de un Amor varios afectos,
porque fue vario el medio con que ha obrado, 10
y halló también en mí varios sujetos.


Del mal medio, nacieron los defectos,
pero del bueno, en serme presentado,
nació el bien sobre mil bienes perfectos.






- XCVII -

Amor es bueno en sí naturalmente,
y si por causa de él males tenemos,
será porque seguimos los extremos,
y así es culpa de quien sus pena siente.


El fuego es el más noble y excelente 5
elemento de cuantos entendemos,
mas tanta leña en él echar podemos
que al mundo abrasará su fuerza ardiente.


Cuánto más si le echáis otras misturas
de pez o de alquitrán para moverle, 10
como aquellas que eché en mis desventuras;


por donde en el ardor de sus tristuras,
tan quemado quedé como encenderle,
que en mi rostro se muestran mis locuras.






- XCVIII -

De una mortal y triste perlesía
en su cama tendida mi alma estaba,
y como el mal los nervios la ocupaba,
ni de mis pies ni manos se valía.


El casto Amor, que Dios del cielo envía, 5
le dijo en ver la pena que pasaba:
«¡Suelta tus pies, tus manos te destraba,
toma tu lecho a cuestas y haz tu vida!»


Volví luego a mirarme y me vi sano,
y caminé sin rastro de dolencia 10
por las cuestas así como en lo llano.


¡Oh poder eternal y soberano!
¿Quién sanará con propia diligencia
si la salud no da tu larga mano?






- XCIX -

¡Oh muerte!, di, ¿qué esperas de llevarme
de mundo tan perverso y desdichado,
sin fe y sin lealtad, tan acabado
en todo el mal que no puede acabarme?


No tengo amigos con que consolarme, 5
porque el intento de ellos va doblado;
y así se dobla el mal y el triste hado
con encubrirlo sin poder quejarme.


La buena orden toda ya descrece,
y todo cuanto es bueno se desama, 10
las buenas horas malas veo se mudan;


respeto no se tiene a quien merece,
ni se tiene respeto a quien bien ama,
ni amigos se respetan ni se ayudan.






- C -

¡Ay, corazón, ingrata en quien te lleva!
¿Quién pensarás jamás no reventaras
en ver gustar de amor? ¿Quién no pensaras
de sí pensase hacer una tal prueba?


Siempre pensé le fuese cosa nueva, 5
y así tus daños jamás le contaras,
pensando que en decirlos le enojaras,
pues con sólo pensarlos te reprueba.


Espántome de ver tu sufrimiento,
y espántome de mí como soy vivo 10
y más me espanta verme en tal estado


de no poder quitar el pensamiento
de la que causan mi mal ten esquivo,
y no morirme el ver esto enterrado.








FIN DE LOS SONETOS DE JUAN BOSCÁN