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viernes, 23 de febrero de 2007

Ascasubi, Hilario:"Aniceto el Gallo : gacetero prosista y gauchi-poeta argentino"




Cielito patriótico
Dedicado el ejército correntino, que a las órdenes del señor general Madariaga obtuvo la más completa vitoria en el Riachuelo, escarmentando para siempre a los traidores.

¡Otra vez con la vitoria
se alzó la Correntinada!
¡Ah, pueblo fiel y patriota!,
que no se duebla por nada.
Allá va cielo, cielito,
cielito en el Riachuelo;
los mashorqueros traidores
clavaron la aspa en el suelo.
Aquí caigo, aquí levanto,
anduvieron los patriotas,
hasta que alzaron el poncho
y ya se han puesto las botas.
¡Ay, cielo, cielo cielito!
pregúnteselo a Cabral
si toda su rosinada
no disparó a lo bagual.
Con más altivez que nunca,
otra vez los correntinos
amenazan al tirano
de todos los argentinos.
Cielito, cielo que sí,
cielo de la libertá;
a ese pueblo Juan Manuel
nunquita lo humillará.
Él pensó que degollando
y destruyendo a Corrientes,
podría al fin rematar
esa cría de valientes.
Ay, cielo, cielo cielito,
cielito de la altivez,
a ver si el degollador
los sujeta de esta vez.
Allá en la Laguna Brava
su mashorca y su gobierno
ha llevado una sabliada...
que fue a lamberse ¡al infierno!
Cielito, cielo y más cielo,
cielito de la firmeza,
esa provincia tan sólo
le ha de dar en la cabeza.
Cabral, Ramírez y Borda,
con Virasoro y Galán,
que salieron a dos laos,
¡por aónde diablos irán!
Ay, cielo, cielo cielito,
cielito de la mañana,
puede que ni desensillen
en lo de Pascual Badana.
Velay, ansí son los triunfos
del gaucho Degollador;
que aquellos que más hostiga
se le alzan a lo mejor.
Cielito, cielo y más cielo,
cielo de Mocoretá,
nunca el poder del tirano
se ha de aguantar por allá.
De aquí a unos días sin duda,
el general Madariaga
con un ejército lindo
¡hasta el Paraná se traga!
Cielito, cielo y más cielo,
cielito de la esperanza,
si Urquiza escapa de aquí
puede ir allá en la confianza.
Ahí anda el Espantadizo
gambetiando a lo avestruz,
hasta que de un redepente
le atraquen en el tus-tuz.
Cielito, cielo y más cielo,
cielito como balazo,
si de acá se va con bolas
allá le prienden el lazo.
El general MADARIAGA
a don Frutos le ha escrebido,
que por allá a los rosines
muy fiero los ha tullido.
Allá va cielo y más cielo.
Ay, cielo del corralito,
y le ofrece la pionada
si tiene algún quehacercito.
Pues dicen que andan ganosos
de azotarse al Uruguay,
a cuerear la rosinada
que puede salir por ahí.
Cielito, cielo y más cielo,
cielito de Yapeyú,
¡Cristo, si caen a la encierra
los gauchos de CAGUASÚ!
Y dice don Madariaga
que no precisa tratao,
pues para matar Rosines
platicar es excusao.
Digo, mi cielo, cielito,
ya empezará el mashorquero
Juan Manuel, con este apuro,
medio a fruncir el yesquero.
Verán si al Restaurador,
viendo la Correntinada
¡sable en mano! y decidida,
no se le cae la quijada.
Allá va cielo y más cielo, Digo, mi cielo, cielito,
bien sabe que Madariaga
le anda por limpiar el pito.
Vaya pues la despedida
a los bravos Correntinos
que presumen con razón
de famosos argentinos.
Cielos. ¡VIVA MADARIAGA!
¡y sus bravos compañeros!
siñuelo de los patriotas,
terror de los mashorqueros.


Los compuestos de Gualeguaichú

DEDICATORIA
Velay, don Teófilo Urquiza,
le remito esa versada
fieramente concertada,
como escrebida de prisa:
porque el tiempo lo precisa
este su fiel servidor,
para ocuparlo mejor
día y noche en discurrir
cómo podré conseguir
boliar al Restaurador.
Porque, hallándose orejano...
es bellaco y altanero, como yo soy de certero
con las bolas en la mano:
así es que relincha en vano,
pues si yo le tiendo el brazo,
siguro, como balazo
se las amarro de atrás,
o lo revuelco ahí no más,
con el primer chaguarazo.
Y al punto se lo presento
«si lo agarro este verano»
(como dijo un tal Serrano
comendante de talento).
En fin, si lo agarro, intento
dárselo de buena rienda:
es decir, luego que aprienda
a cocinar y barrer,
pues usté lo ha de querer
para criado de su prenda.
Por último, mi mayor,
sólo me resta decirle,
que siempre para servirle
me encuentro de buen humor,
porque usté es merecedor
de un cariño verdadero:
así, endeveras lo quiero,
y en tenerle voluntá
hasta la muerte será
firme...
PAULINO LUCERO.

Carta noticiosa que desde Entre-Ríos le escribió Rudesindo Morales, caído de la Banda Oriental, a su esposa Pilar Flores, vecina de Chivilcoy, residente en la campaña de Buenos Aires.

Señora doña Pilar Flores.

Campamento en Gualeyán,
paso nuevo de Mangudo,
a veintitrés de noviembre
del año cincuenta y uno.

Mi querida mujer y esposa.

Mi vida: creo excusao
el entrarte a relatar
el modo particular
como he caído de este lao,
cuando ha sido tan sonao
el desenlace triunfal,
que allá en la Banda Oriental
terminó el gobernador
Urquiza, para explendor
de la CAUSA FEDERAL.
¡Ahora sí, mí alma, la cosa
se le frunce a Juan Manuel!
y el diablo carga con él
de una manera indudosa:
pues la manía lo acosa
al loco infame traidor,
y quiere al Restaurador
ir a echarle un avispero,
allá al principio de enero
cuando apriete la calor.
Y fíjamente, Pilar,
se le prenden las avispas,
y el Supremo echando chispas
se va al infierno a rascar;
donde podrá lamentar
la desgracia que ha tenido
en su ejército fornido,
que allá en la Banda Oriental,
para colmo de su mal,
también se le ha enloquecido.
¡Vaya que ha sido completa
la que don Justo le ha echao,
con habérsele aflojao
tan de una vez la chaveta!
pues la primer manganeta
que al Supremo le jugó,
fue el trote que le pegó
de EntreRíos al Cerrito, contra el poder infinito
que Juan Manuel cacarió.
Y cuando ciertas Naciones
que presumen de famosas,
le andaban temblando a Rosas
como al gato los ratones...
Urquiza sin presunciones,
con sus criollos de tropel,
lo Ira aturdido a Juan Manuel
diciendole: ¡ea, tirano,
allá va un americano
a ponerte el cascabel.
¡Ah, loco lindo y garboso!,
¡como para echarle el resto
al Restaurador, se ha puesto
parejito y lindo mozo!
¡Lástima a que anda furioso
con la maldita locura,
de tal modo que asigura
que a Rosas va a galopiarlo,
pelo a pelo, hasta largarlo
con tamaña matadura!
Y con igual pretensión
la paisanada se va
recostando al Paraná
lo mesmo que nubarrón;
de balde ese baladrón
Supremo dice aturdido,
que a Urquiza no lo han seguido
los paisanos argentinos,
sino unos restos mezquinos
que del Cerrito han salido.
Los restos ¿eh?, ¡morderá!,
no ha de ser chico susto
el que con ellos don Justo
a vanguardia le dará;
aunque Juan Manuel podrá
salir a ver si lo ataja,
ya que le da esa ventaja
de moquillo manifiesto,
quien a ese bruto ha dispuesto
pelarlo con su baraja.
Y entonces va a suceder
que al echarle un contraflor
Urquiza al Restaurador,
fiero se le ha de encoger:
porque lo ha de suponer
a don Justo en la embestida
la cabeza divertida...
y a Rosas le ha de hormiguear,
porque don Justo al cargar
tiene muy mala bebida.
Ahora mesmo se halla en punto
cismando con Juan Manuel,
al cual quiere de un cordel
zungarlo solo por junto:
y no lleva más asunto
de justicia y ambición,
ni agravio, ni prevención, ni tiene más enemigo:
a Rosas solo, ya digo,
va a pegarle un manotón.
Y yo voy también templao
por ese mesmo tenor,
como que el Restaurador
veinte años me ha traginao:
y hoy si lo pillo turbao
lo tengo que atropellar,
porque le pienso cobrar
las nutrias que me ofreció
para cueriar, y si no
a él mesmo lo he de cueriar.
¡Ladronazo, hijuna-pu...!
así se ve por tramposo,
aborrecido, achacoso
y atrasado de salú;
pero, que aguarde el pacú;
que don Justo le destina,
del Paraná, y con la espina,
si el mal de piedra lo hostiga,
que se escarbe la vejiga
y sanará de la orina.
En fin, me voy calentando
contra ese diablo, ¡barajo!,
que ya por un cuesta abajo
de aquí lo estoy devisando.
Concluyo pues, y te mando,
¡seis pesos fuertes!, ¿qué tal?,
una buena cuenta igual
de Rosas no he recibido
en nueve años que he servido
solo en la Banda Oriental;
Y acá, al llegar, esos riales
nos dio don Justo al momento,
y hoy corre en el campamento
la pesería en costales:
después, a todos iguales
también nos ha uniformao;
en fin, hemos pelechao...
como todo el que viniere,
si se porta bien y quiere
servir, sale remediao.
Con que así, decimelés
a los amigos de allá,
que el choclo madurará
gordamente antes de un mes;
y bien morrudo, después,
a Rosas se lo atracamos,
y a la fija lo aventamos
lo menos a Ingalaterra,
y con eso en nuestra tierra
todos en paz trajinamos.
Basta de revolución
y enemistades, Pilar,
como de hacernos matar por sostener a un ladrón;
esta es la predicación
de Urquiza el Gobernador,
que dice: «al Restaurador
romperle el mate no más,
y luego entre los demás
nada de odios ni rencor;
«Y que al fin, los mendocinos,
los riojanos, los porteños,
los vallistas y salteños,
puntanos y correntinos,
unidos como argentinos
gocen derechos iguales,
y olviden esos fatales
celos entre provincianos,
pues todos somos hermanos
y argentinos federales.»
Velay, en ese sentido
se le oye al viejo explicar,
porque no quiere juzgar
a naides por lo que ha sido
bajo del bien entendido
que solamente desea
triunfar, para que se vea
que la ley se aplique igual,
y se juzgue a cada cual
entonces por lo que sea.
Conque, Pilar, ya podés
recostarte al Paraná, que yo cairé por allá,
si Dios quiere, antes de un mes;
venite, no te turbés,
verás la güeva tamaña
con que al Supremo lagaña
de tanto renombre y facha,
como al paro, se le agacha
don Justo en esta campaña.
Concluyo a la disparada
esta carta; adiós, Pilar,
porque vamos a marchar
y están tocando llamada:
¡ay, mi alma, y la caballada
van arrimando, qué lindo!,
¡adiós, mi vida!, a Florindo,
a mi suegra y a Belén
dales memorias, mi bien,
de tu esposo...
RUDESINDO.


Cielito patriótico de Ejército Grande de Sud América
Compuesto por Paulino Lucero para los valientes santafecinos

En el Ejército Grande
de este lao del Paraná,
quiero cantarle un cielito
a Juan Manuel; y allá va.
¡Ay, cielo! del camuati
ya se soltó el avispero,
y bien puede en estos pagos
cantar Paulino Lucero.
¡Qué lindo! En la Patria nueva
el pueblo santafecino
alzó el poncho, acreditando
ser federal argentino.
Cielito, vana esperanza
la que tuvo Juan Manuel
de que la santafecinada
se haría matar por él.
Ya en los campos del Rosario
las pampas parecen montes,
por cien colunas que forman
en la llanura horizontes.
¡Mi cielo! y de lejos brillan
las armas al resplandor
del sol en los escuadrones
de URQUIZA EL LIBERTADOR.
Desde el día en que pisamos
la tierra santafecina,
no ha sido preciso hasta hoy
ni cargar la garabina...
Cielito, pues no pretenden
los valientes Entre-Rianos
que corra una sola gota
de sangre entre americanos.
Este es el mayor deseo
del gobernador URQUIZA,
como el de agradar a todos
sirviendo a quien lo precisa.
Cielito, y solo pretenden
(no sé si me engañaré)
irse al trote a Buenos-Aires,
voy a decirles a qué:
Como es moda el regalar
cualquier prenda en Año nuevo, viene nuestro general
a trairle a Rosas un güevo.
Cielito... ¡cosa tremenda!
de modo que Juan Manuel
o en Palermo se lo engulle,
o se atora allí con él.
Antes de eso, bien pudiera
decirme el Restaurador,
de ocho días al presente
¿cómo le va de calor?
Cielito, porque sabemos
los titulados Salvajes,
que el Supremo reculao
anda empacando mensajes.
¡Cuarenta y seis mil Rosines
piensa juntar Juan Manuel!
Mucho miedo les tenemos
con un general como él.
¡Ay, cielo! si se ofreciere,
tendremos que lamentar,
cerrarle un ¡quiero! en su ley
con un traco rigular.
Allá en la Banda Oriental
diez y ocho mil nos largó,
y URQUIZA con cinco mil
fue, y se los envacunó.
¡Ay, cielo de la victoria,
cielito de la fortuna,
así en los cuarenta y seis
va prendiendo la vacuna!
El diablo será que al fin
con estaca y maniador
a la otra banda del charco
se largue el Restaurador.
¡Ay, cielo, y nos deje el cuento
después de tanta balaca,
y las ganas que llevamos
de asigurarlo en la estaca!
¡Ah, Cristo!, ¡quién mereciera
de esta vez pillarlo a tiro,
y ahora que está barrigón
hacerle dar un suspiro!
Cielito, pero al Supremo
ya no es fácil apretarlo,
porque antes la porteñada
allá quiere embozalarlo.
A pesar de su sosiego
el Restaurador Carcoma
al quinto infierno a dos laos
salió con Santa Coloma.
Cielito, y a media rienda
dicen que rumbea Arnol
a embarcarse en Mal-paraíso
en un navío español.
Finalmente en Santa Fe
no hay mashorca, ni la habrá:
todo es gozo y patriotismo,
entusiasmo y libertá.
Ay, cielo, de acá a unos días
a Palermo enderezamos,
y a la mashorca Rosina
hasta el choclo le pelamos.
Echaré la despedida
en la villa del Rosario,
para Juan Manuel Vejiga,
ñato y Salvaje Unitario.
Mi cielo, y ya los porteños
sus cadenas vergonzosas
podrán trozar gritando:
¡viva URQUIZA y muera Rosas!



Rosario, enero de 1852.
Boletín de Rufo Carmona
Guardia nacional de campaña en el ejército del sur

Señora doña Belén Rocalmora.

Campamento general
en el paso del Venao,
a trece del mes de enero
del año que ha principiao.

Querida esposa.

Por Pedro Pablo Galú,
y por tu carta también,
ayer supe, mi Belén,
que andás guapa en la ciudá;
Y en teniendo vos salú,
y yo sable y tercerola,
dejá que corra la bola...
que lo que ha de ser será.
Ahora, tocante a tu apuro
porque vamos de una vez,
conozco que no debés
tener un sucidio tal,
porque el pueblo está siguro,
sigún dice Pedro Pablo,
que no le recula al diablo
esa GUARDIA NACIONAL.
¡La gran pu...nta en la mozada,
que ha salido de mi flor
con toda la agua de olor
que usaba y tanta golilla!
¡Barajo! en esta patriada
caliente se ha destapao,
y tiro a tiro ha mostrao
lo que vale un cajetilla.
Por gusto, Belén, te pido
que a cuantos vos conozcás
un abrazo... y nada más,
de parte nuestra les dés...
Sin tener otro descuido,
chinita, porque esa gente
para un ¡truco! es aparente
y ladina, ya sabés.
De ahí, dejá que el rengo Lagos
amague el pueblo, y lo estreche con Rivero y Goyo Leche,
y toda esa sabandija:
que ya no se usan amagos,
pues en el Sur sólo se usa
atracarles bala y chuza
y polviarlos a la fija.
No hay remedio; así es preciso
quitarles de allá ese estorbo,
y para eso meniar corvo
desde acá es muy rigular;
Y yo no me hago el petizo
por la Patria en caso alguno,
ni del Sur gaucho ninguno
hoy se pretende achicar.
Al contrario, en estos pagos,
cuanto llegó el coronel,
y que supimos por él
los revoltijos de Flores;
y que relinchando Lagos
contra el Gobierno se alzó,
y a Urquiza se sometió
junto con otros traidores...
Corrió el gauchage veloz
¡a las armas! y lueguito,
soberbio, les pegó el grito
don Pedro Rosas Belgrano:
«¡A caballo, y vamonós a Buenos Aires, muchachos,
a probarles a esos guachos
lo que es un amor tirano!»
Para esto el valiente Acosta,
de antemano, reunida
a vanguardia y decidida
tenía su división;
a la cual, como langosta,
de todas partes le vienen.
los porteños que no tienen
ni delitos, ni ambición.
Verás que desenvainada
de chuzas y de latones
le hacemos a esos collones
antes que se acabe el mes;
pues solamente a la Indiada
de sable y de garabina,
si Lagos la ve, no atina
para donde juir después.
De estas verdades deseo
informarte, prenda mía;
ansí, oscuro, al ser de día,
recién humiando el fogón...
Y a pesar de que no veo
por estar muy soñoliento,
de barriga, y muy contento
te escribo esta del tirón.
Letra fiera haré, a la cuenta,
al escribirte, pichona,
encima de la carona,
a la alba y a media luz...
Con una tinta aguachenta
que de pólvora he formao,
un papel todo arrugao
y una pluma de avestruz.
Así mesmo, unas albricias
ya me quedas a deber,
desde que te hago saber
por mis letras cariñosas...
las superiores noticias
que, en todo el Sur decidido,
marcha el paisanaje unido
al coronel Pedro Rosas;
y asigún presumo yo,
por lo que mis ojos ven;
de aquí a unos días, Belén,
por ese lao de Barracas...
Sentirás el pororó,
y verás la polvadera
de toda esa montonera
que anda allá echando balacas.
Con que ¡adiós! china, que ya
están tocando la diana, y de yapa la mañana
también está frescachona;
y yo... ¡qué barbaridá!
sin ensillar... ¡Jesucristo!
¡Voto al diablo!... ya estoy listo.
Tu esposo...
RUFO CARMONA.


La tartamuda o la media caña
Que cantó un corneta porteño para que la bailaran en sus cantones los defensores de Buenos Aires en la noche víspera del 3 de febrero de 1853, cuando amenazó el ex-coronel Lagos que tomaría a viva fuerza la plaza de Buenos Aires.

A salú de los batallones de Línca de la Guarnición.

Co... co...mo soy tartamudo,
pueden dispensar,
si llego en ciertas coplas
a tarta... mudear.
Centinela, ¡alerta! -se oye en el cantón
a la primera güelta. -Oído y atención,
cadena y bailar:
que yo con mi changango
me voy a explicar.

Oigan la media caña,
que las puebleras
bailan al tiroteo
de las trincheras.
A la media noche -o al amanecer,
los de afuera dicen -que entran... a morder.
¡Tum... tum!... ¿qué es eso?
de los Italianos
algún bostezo.

¡La pu...u...jan...za en la gente
cruda y amarga!
que al per..dío..sa..cra..mente
sale a la carga...
al trote, de frente: armen bayoneta,
ruempan el cartucho, ceben cazoleta.
Dejen, muchachas,
que espanten de los güecos
las cucarachas.

Ma... ma... tías - Tragaldabas,
también de chulo
diz que viene a tragarnos:
miren que cu...
... que cuco tan fiero - se nos quiere hacer;
si se habrá olvidao - que lo hicimos per...
per... der el rumbo,
haciéndole de atrás
chiflar un chumbo.

¡Tu..ru..tum...tum!... ¡Ah, hijitos!
Bailar, muchachas...
que las guerrillas de HORNOS
a las vizcachas...
por que no hagan daño, -al oscurecer,
de esas castañetas- les suelen hacer.
¡Oído!... ¡Bro..co... tón...!
Ah, comendante Sosa,
siempre rezongón!

¡Qué ruido... voto al diablo!
a media noche.
Es la organización
que dentra en coche.
Que no me la espanten - de la batería,
que los teruteros - no armen gritería.
Ya se han callado,
y la cómo se llama
se ha empantanado.

¡Ah, mathaya, ese tal
Goyobotija puntiara!... pe... pero... ¿cuándo
larga manija?
Pues, mientras no engorde del todo y peleche,
y en el pueblo siga - escasa la leche...
dicen los flaires
que no ha de entrar el hombre
en Buenos Aires,

Doma-gogos nos llaman,
y ya sabemos
y ya eso quiere decir
doma Supremos.
¡Alto ahí! artilleros, - cartucho al cañón;
pie a tierra, y recule la organización,
que desde Montiel
nos trai el hereder
de don Juan Manuel.

¡Pu...cha, gauchos mulitas
esos de Lagos!
haciéndose aujerear
en estos pagos:
aonde diariamente me los difuntean,
mientras que sus jefes holgados cuerean.
Y siga el bureo, y la federación
del manoteo.

Cuatro diablos sostienen
esta pendencia,
porque andan los paisanos
a la obedencia...
de los revoltosos - que arman las custiones
por darle a la hacienda cuatro manotones,
como están dando,
mientras los gauchos lerdos
andan galguiando.

Y acá cuando se viene
cualquiera de esos,
por lo pronto le largan
quinientos pesos...
y lindas cacharpas, - sables, tercerolas,
cuando traen de ajuera apenas las bolas;
porque no he visto
gauchos mas desaviaos,
¡por Jesucristo!

Y de yapa, ahí los tienen
meses enteros,
rondando a la ciudá
Como tahuneros, a güeltas y al trote sobre un pingo flaco,
y sin aflojarles - ni olor a tabaco;
pues dice Urquiza
que les dan demasiado
con la devisa.

¡Siquiera allá esos jefes
tan gamonales
al mes se les vinieran
con cuatro riales!...
a esa montonera de guachos tamberos,
gritones... ¡ahi -juna! más que teruteros:
como si a gritos
quisieran aturdirnos
los compadritos

Rotosos, que pretenden...
¡Miren qué fachas!
entrar a manosiarlas.
¡Oído, muchachas!...
¿Se ríen? me gusta; - ríanse, hacen bien;
pues dice Melchora - que dice Belén,
que los puebleros
no quieren que las pinchen
los teruteros.

Que al verle a una porteña
la cinturita,
hay nacional que todo
lo facilita.
¿Quién vive? ¡La patria!... ¿Qué gente? ¡El amor!
Querelos, mi vida - haceles favor.
Sí, mi alma, dales
todo lo que te pidan
los nacionales.

Esos mozos merecen
por guapetones,
que les pongan blanditos
los corazones.
Zarandiate, mi alma, - lucí la cadera,
hacétele un arco, - porteña embustera.
Ahora mesmito,
en el betún largale
un cariñito.

A esa rubia rosada,
por darle un beso,
le pondría a sus plantas
todo el Congreso.
Ahora que me acuerdo... ¡Qué fatalidá!
Escuchen la infausta - triste novedá...
¡Jesús, qué pena!
Atención, atención,
y hagan cadena.

Antiyer un sujeto,
que particulo,
me dijo cierta cosa
con disimulo...
y ya rebenquié - a la calle Larga,
porque en ese rumbo - sentí una descarga;
y allí por junto,
topé un carro cargado
con un dijunto...

Hasta encima del lecho,
lleno de barro,
y amarrao con torzales
venía el carro.
¡Barajo... qué olor! - cuando me arrimé
al muerto jediondo - que de Santa Fe
venía tieso,
y el carrero me dijo:
¡Es el co... con... greso!

Al fin, con la noticia
del tal mortuorio,
se me va apichonando
el auditorio.
¡Jesús, qué tristura! - basta de bailar:
que ya la guitarra voy a destemplar;
y me despido,
porque también me siento
enternecido.

Conque, será, patrones,
hasta mañana;
y ahora que los cantones
tocan la diana...
juerte, vida mía: gritá, corazón,
¡que viva!, ¡que viva la federación!
Vuelta redonda:
todo el mundo a ese grito...
¡Viva! responda.


Buenos Aires, enero 8 de 1853.
La sorpresa

¿No ha visto, amigo Fajardo,
del campo en la quemazón,
el susto con que un ratón
sale del güeco de un cardo
como bala de cañón?
¿Y el terror que la domeña,
del fuego en la orilla, ha visto
cuando una víbora, ¡Cristo!,
topa con una cigüeña
y no halla un aujero listo?
Y un reyuno, si el latón
llega a oír o la corneta,
¿no ha visto cómo se inquieta
y dispara el mancarrón
que ni le diablo lo sujeta?
Pues ni ratón, ni reyuno,
ni víbora habrá pasao
susto igual al que me ha dao
usté al soltarme su albuno,
para que un improvisao...
Le haga yo, como si fuera
el destripar una laucha,
o pelar solo una chaucha,
concertar a la ligera
cualesquier versada gaucha.
Con todo, de espantadizo
no me ha de acusar ninguno,
ni jamás dirá su albuno
que al verlo me hice el petizo.
De balde usté de improviso
por coplas me busca el fallo;
para hacer versos no es payo
ni sabe hacerse perdiz,
aunque es un gaucho infeliz...
su amigo
ANICETO EL GALLO.
POESÍAS INÉDITAS

Poesías inéditas
Que Aniceto el Gallo conservaba olvidadas en su cartera

En la guerra que sostuvo por nueve años la República Uruguayana contra la invasión devastadora y sangrienta del ejército de Rosas, cuando en campaña los jefes del partido de la libertad obtenían algunos triunfos parciales sobre las divisiones invasoras, en Montevideo los guardias nacionales algo gauchos decían: «El jefe tal le ha soplado la viruta en tal parte a tal o cual jefe rosista.» Por ese refrán el Gaucho Aniceto hizo las décimas siguientes en 1848.

Las virutas
Como del río Uruguay
sacan petrificaciones
de los postes y raigones de tala y de ñandubay ,
andan diciendo por ahí
que alguno había sacado
de un tala petrificado
una viruta muy ancha:
la que TAJES en Cagancha
a Moreno le ha soplado.

Dice el bravo coronel
Silveira que, por fortuna,
a Olid lo espantó con una
virituta de laurel.
En esto aparenta aquel
una equivocacioncilla...
en cuanto a la virutilla
y el palo, pues el muy pillo
bien sabe que de espinillo
le atracó toda una astilla.

Solicitud de Aniceto el Gallo ante el ministro de la guerra de quien era edecán en 1853, pidiéndole, una montura para su caballo.

Señor general ministro.

Siendo adecán titulao,
muento a caballo, señor,
en un apero cantor
tan ruin y descangallao,
que adonde bajo el recao
queda en montón la polilla;
mientras veo a una tropilla
de ayudantes charabones
cargados de relumbrones
con pistoleras y en silla...
Bien pues, si soy adecán,
como me han hecho entender,
de juro he de merecer
lo mesmo que a otros les dan; y, como dice un refrán
que «mama todo llorón»,
me lamento esta ocasión
a ver si saco mi astilla
y me largan una silla;
que es toda mi pretensión.

En febrero de 1853, el general Urquiza, con su ejército entre-riano y una escuadra de buques de guerra, sitiaba por mar y tierra a la bien defendida y atrincherada ciudad de Buenos Aires, entonces disidente y segregada de la Confederación Argentina presidida por el referido general, quien tenía reunido su congreso de diputados en la provincia de Santa Fe.

A bordo de uno de los vapores que hacían el bloqueo hallábase de cirujano un don León Fuentes, natural de Buenos Aires, enemigo de su provincia y por consiguiente muy partidario del general sitiador.

A ese cirujano Terutero se le interceptó una carta que escribió desde el vapor a un amigo suyo, diciéndole, que, sin falta ninguna, desde el día 2 hasta el 5 de ese mes de enero, el ejército urquizista atacaría las trincheras y entraría a Buenos Aires.

A esa carta el gaucho Aniceto el Gallo le contestó con las décimas que siguen; y para mayor broma Aniceto se dijo ser primo hermano de don León Fuentes de Chichipea, porque este apellido tenía un gallego medio loco que andaba en Buenos Aires, siempre borracho y bullicioso.

Véase pues la carta de Aniceto al primo León.

Carta de Aniceto a su primo Chichipea
Buenos Aires, 6 de enero.

Primo: ayer de un chavalongo
cuasi me has hecho espichar (555),
esperándote a almorzar
morcilla fresca y mondongo.
De sol a sol como un congo,
arriba de una azotea
en el güeco de Lorea,
pasé el día en mi cantón
por pegarme un atracón
a tu salú... ¡Chichipea!
Y al salir de centinela
cuando iba ya a escurecer,
como estaba sin comer me le afirmé a la cazuela,
diciendo: «ya no se cuela
el primo como desea;
a bien que él se saborea
a costa del Director»;
pues dicen que en el vapor
estás gordo... ¡Chichipea!
Pero te alvierto, León,
que de este año, en ningún mes,
por el dos ni por el tres
no entrarás, no, comilón;
por el SIETE, un arrejón
quizá más fácil te sea,
sin que yo espere ni crea
de tu entrada una palabra,
aun cuando el siete se te abra
la dentrada... ¡Chichipea!
¡Y, cómo... si las entradas
al redor de la ciudá
están con temeridá
fuertemente atrincheradas!
y allí, de las esplanadas
ni el demonio se menea;
porque tienen por tarea,
los que mandan los cañones,
de aventar los comilones
al infierno... ¡Chichipea!
Siendo ansí, será mejor,
primo, ya que sos porteño, que con blandura y empeño
le digás al Diretor,
que nos devuelva el vapor
si acreditarse desea,
porque es cosa dura y fea
tragarse un vapor ajeno
un general que está lleno
de vapores... ¡Chichipea!
Hacé, pues, la cosa en calma,
y si el negocio promete
te aguardaré por el siete,
querido primo del alma;
y así con laurel y palma
o con bozal y manea,
de cualquier modo que sea,
te soplás, acá, León,
sin hacer un arrejón
por el siete... ¡Chichipea!
¿Qué es eso, primo, qué es eso?
pues aquí se suena que
anda ya por Santa Fe
medio frunciendo el Congreso.
¡Valor, primo, y rabo tieso!
que un León no se asusta al cuhete;
como toruno acomete sin recelo que te aflija;
y dentrarás a la fija,
¡por el siete, por el siete!
ANICETO.


En febrero de 1859, el barón de Maúa hizo un empréstito a la República Argentina, y con ese motivo el gaucho Aniceto escribió estrofas, siguientes.

La luz de Aniceto el Gallo

El ruido y barullo de las gateadas ha inspirado a Aniceto la versada siguiente.

¡Cancha!que ahí viene la luz
con el barón de Maguar, platudo que le va a dar
a la Bolsa en el tus-tuz.
Ya verán el repeluz
que de moneda-papel
hace, sin darles cuartel
el hombre, con las manadas
de amarillas y gateadas
que va a soltar de tropel.

¡Oiganle a los corredores
zaguanes o pasadizos,
que les compran a chorizos
onzas a los bajadores!...
Veremos si esos pintores
que sueñan con la invasión
terutera, de un tirón
y en cuanto les dueble el codo;
no los piala allá a su modo
y los revuelca el barón.

Falta ahora que un tal Bilbao
que anda allá por San José,
bailando y mamandosé en el convite mentao,
venga de nuevo alumbrao
por don Justo Terutero,
y nos diga que el lucero
viene atrás del avestruz
presidente... y que no es luz
la del barón brasilero.


Cuando el Presidente de la Confederación Argentina, doctor don Santiago Derqui, sucesor del general Urquiza en esa Presidencia, invadió con un gran ejército a la provincia de Buenos Aires, que estuvo siete años segregada de la Confederación Argentina, y cuyo ejército invasor fue completamente derrotado por el de Buenos Aires, en la batalla de Pavón, el 17 de setiembre de 1862, se dijo antes de esa invasión que el general Urquiza, ansiando ya volver a ocupar la presidencia, había instigado mucho al señor Derqui para que emprendiera esa campaña, de la cual salieron descalabrados ambos; es decir, el señor Derqui a quien Aniceto el Gallo en su periódico gaucho le llamaba el presidente PAVO, y el expresidente Urquiza a quien también Aniceto le llamaba por epíteto: el general TERUTERO.

El ejército de línea y la guardia nacional de Buenos Aires, formando un personal de 15,000 hombres de las tres armas, al mando del brigadier general don Kirtolomé Mitre, venció con gran denuedo al ejército del brigadier general don Justo Urquiza, fuerte de 18,000 hombres, tomándole a la bayoneta 31 piezas de artillería, 11 banderas y 1,800 prisioneros, etc.

La mencionada derrota de Pavón dio mérito a los versos siguientes.

Maldita credulidad pavuna
Diz que a un pavo un terutero
celoso le dijo un día,
de que, gauchando podría
gobernar el mundo entero.
Creyó el pavo chacarero
lograr empresa tamaña,
pero no se dio la maña
que el terutero se dio,
hasta que al fin lo sacó
a desplumarlo en campaña.

Por último, cegatón
el triste pavo emplumando,
dicen que juyó galguiando
de los campos de PAVÓN,
adonde estaba flacón
de comer sólo salitre
¡chasco será que algún bruitre,
por ahí le suma la bolla, después de escapar de la olla
de los soldados de MITRE!


Al señor Sarmiento

Poco antes o después de 1844, el señor Sarmiento, actual presidente de la República Argentina, le regaló en Montevideo su retrato al señor Ascasubi, quien veinte años después, en un banquete que tuvo lugar en París, el 4 de julio 1867, le presentó ese su retrato al mismo señor, saludándolo gauchamente como sigue.

Caballeros y madamas.

Un cuarto de siglo hará
a que cerca de la Pampa
me dio un amigo su estampa
como prenda de amistá;
pues ese amigo aquí está...
y en prueba de que les cuento
la verdad, velay presento
su figura con placer,
para lucirla y beber
a la salú de Sarmiento.


Al señor Castelar

En igual de fecha 1867, y en el mismo banquete, Aniceto el Gallo le dirigió al señor don Emilio Castelar las décimas que van más abajo, y en razón de que dicho señor había tardado algo en devolverle un paraguas que le prestó el primero.

Con el cuchillo en la mano
y ojo listo a una botella,
por si acaso me atropella
cierto petizo gitano,
voy a echarle a lo paisano
un brindis, sin recelar
que me quiera desafiar
en seguida don Emilio...
contra el cual no pido auxilio
si me saliere a peliar.

Señores: mucha salú
le deseo a Castelar,
y no volverle a prestar
ni el güeso de un caracú;
porque tiene la habitú
mesma de un tal Olascagua, vizcaíno que era en Rancagua
un rigular pagador...
pero muy empacador
para volver un paragua.


Cuentos mitológicos gauchi-versistas para el álbum de París, agosto 31 de 1868.

Porque una noche de invierno
lira en mano se entró Orfeo,
sin permiso (según creo),
a calentarse al infierno,
furioso el rey del Averno
ya iba a morderlo a la puerta,
cuando Orfeo, erguido, cierta
melodía preludió,
que al Demonio lo dejó
con tamaña boca abierta.

Y añaden que el cancevero,
aquel feroz animal
que del abismo infernal
es el terrible portero,
mansito como un cordero
vino a Orfeo, lo lambió;
y luego que te expresó
su encanto a miradas tiernas,
con el rabo entre las piernas
el mastín se retiró.

Así, de tal lira al son
divino, los condenados
fueron también encantaos
todos; y por conclusión
de fiesta el fiero Plutón,
después que tomó una tranca
con chicha y cerveza blanca,
salió a refrescarse en coche,
y a los diablos esa noche
les hizo dar puerta franca.

Tales encantos allá
cuentan... de que Orfeo solo
no los hizo, pues Apolo
dicen que fue otra deidá
ante quien no hubo beldá
que a su lira resistiera:
pues, a Venus que le hiciera
de indiferencia una mueca...
le haría la zamacueca
bailar, aunque se frunciera.

¡Qué mágicos!... así fue
el rey David, aquel mentao arpista, que, encamotao
por una tal Bersabé,
le anduvo atrás hasta que
por ingrata la encantó,
cierta ocasión que la vio
bañándose en una tina,
donde con su arpa divina
el rey le hizo... qué sé yo.

Llorar pienso que sería...
lo que le hizo a Bersabé
David, como al piano usté
sentir al mesmo lo haría:
y además yo apostaría,
para ganar, por sabido,
que, a David, como a Cupido,
al diablo, a Apolo y a Orfeo,
usté los haría creo
llorar a moco tendido.

En fin: por si alguno ignora
el deleite sobrehumano
con que usté, al tocar el piano,
embelesa y enamora,
digo que la encantadora
Santa Cecilia bendita
no tendrá, y que necesita...
para el coro celestial
una artista angelical
como es usté, Margarita.


Invitación que en París, a fines del año 1871, le hizo el gaucho Aniceto el Gallo a un amigo suyo, para que este, con su familia viniese a comer en casa del gaucho Aniceto.

A mi amigazo el manco.

Por gusto, amigo Rufino,
traime la muchachería
mañana, a hacer medio día
con un puchero argentino;
y, como no beben vino
doña Chepa ni Justita,
ese ahorro me facilita,
(¡como quien no dice nada!)
darles también carbonada,
arroz con leche y humita.

De ahí, Manco, por gusto voy
a darte un choclo cocido, tiernito y muy parecido
a los que da Chivilcoy ;
y es ralo, a fe de quien soy,
el ver un choclo en París,
como si a la emperatriz
allá en el teatro Colón
la vieses con Napolión
bailando el gato mis-mis.

París, setiembre 27 de 1871.