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viernes, 23 de febrero de 2007

Ricardo Güiraldes:"Poemas místicos"




Poemas místicos


Ricardo Güiraldes



-9-

24 de Diciembre 1926


Hoy, hace mil novecientos veintiséis años que naciste.

Es decir, hoy, la humanidad nació a ti.

¡Que habías de nacer en fecha alguna, tú que eras nacido desde siempre!

Habías venido a un cuerpo sufridor como el nuestro para estar más presente en sangre y en dolor.

Y tu cuerpo entonces era tan pequeño, que no podía saber de ti sino un mandato -10- de hacerte digno de sobrellevar la cruz de liberación.

Hoy naciste y fue una gran mancha de luz sobre el mundo.

La fecha es un bien para nosotros y sentimos que algo como un pulso de Dios latió y late en el día periódicamente.

Todo es más bueno hoy.

Y te sentimos venir al mundo en el hoy de entonces con pasos lejanos en el transcurso de los años, y esa lejanía te vuelve a nuestro sentir, más niño y más nuestro.

-11-
Hace mil novecientos veintiséis años, que el mundo tuvo la extraordinaria dicha de saberte.

«La Porteña»



-12-
Algunos habían seguido tu martirio.

La pequeña Jerusalén inquieta de harapos y discusiones, seguía picoteando sus migajas de ideas y nada supo de los siglos por venir y de tu advenimiento en el hombre.

La pequeña Jerusalén inquieta como un sarpullido y piojosa y mugrienta seguía tirada en sus calles.

-Te doy tres por veinte.

-No, te doy veinte por cuatro.

-¡Me arruinas!

-¡Me robas!

-13-
Tu serenidad no tocaba siquiera las cúpulas de sus templos.

Así pasaste y viniste hacia nosotros.



-14-
Tenías los brazos abiertos y en tu pecho cabía el mundo.

Las estrellas andaban siempre a pesar de tu dolor reducido a la estatura del hombre.

Y había una palabra en todas partes. Y los que en torno tuyo no comprendían eran un cuadro pequeño de carne ignorante y egoísta.

Al fin abriste los brazos definitivamente para sobrevolar tu imagen humana.

Y hubo un pensamiento obscuro, obscuro -15- en las cosas y los hombres tuvieron miedo.

Tres días esperaste para surgir.



-16-
Mi cuerpo sabe el dolor de la herida y el dolor del placer.

Mi corazón conoce sus propios engaños y la impotencia de los otros.

Mi inteligencia ha caído tantas veces que prefiere quedar de rodillas.

Estoy desnudo como una médula dolorida de encontrarse en contacto descubierto con la vida.

¡Que mis brazos levantados sean la plegaria fuerte que eleva al que pide!

¡Que sobre mi soledad caiga una astilla de -17- iluminación como sobre el campo un rayo de aurora noble!

«La Porteña»

Agosto 22-1923.



-18-

Fe


Me he perdido a mí mismo.

A veces tomo entre mis manos los recuerdos con cariño y busco largamente mi infancia, mi fe y mi fuerza. Las veo allá, detrás de una infranqueable transparencia de años, señalando con desprecio mi actual desvío y admiro su firmeza de brújula.

Me he perdido a mí mismo cuando más hondo me buscaba, como si a fuerza de vivir hubiese muerto.

-19-
Tiendo adelante mis brazos y todo es adelante ¿Cómo saber?

Espero.

Una voz más grande me dirá: ¡Ven!

Y desde entonces caminaré con la vista de mi frente abierta, de rodillas, en un campo de heridas, llevando en la garganta el trago de la victoria.

Y una cesación de dolores precederá la hoz de mi paso con salutación de trigo unísono ante la segadora.

Me he perdido a mí mismo y espero.

-20-
Señor, yo tiendo arriba los brazos.

El hombre sufre su vergüenza en mi carne.

Las palabras de hostilidad y de daño me parecen dichas en complicidad conmigo.

La culpa de cada uno es de nosotros todos. ¿Por qué no sufrirla? Tengo que aprender:

Resistencia a los dolores que tu mano me impone.

Serenidad invencible ante lo que me ultraja.

-21-
Y, más bien que juzgar a los otros, limpiarme de mis propias inmundicias.

Si tiendo arriba las manos, cuanto bajo mi gesto suceda, debe ser olvidado.



-22-

Infinito


Mi Dios bajo tu amparo escribo.

Por mi boca tan chica se empequeñece tu amor por las cosas que están en ti sin disminuirte.

Tu palabra en mí se reduce, y yo de ti me agrando.

Pobre cosa tuya sufro de sobrarme a mí mismo y mi alma camina en la frase como un ciego lleno de luz.

Dame tu ley para que así crezca hasta merecer nombrarte.