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viernes, 23 de febrero de 2007

Selección de poemas:Pedro Calderón de la Barca


Panegírico al Excelentísimo Señor Almirante de Castilla

Mil veces sea repetido el día,
Señor Excelentísimo, en que vea
quieta España su heroica Monarquía.


Repetida la luz mil veces sea,
Señor Excelentísimo, en que Francia 5
los desengaños de su orgullo crea.


De una y otra fortuna la distancia
fausta y infausta piedra la señale,
blanca al valor, y negra a la arrogancia.


¿Qué aplauso habrá que tanto triunfo iguale?, 10
¿qué triunfo habrá que iguale tanta gloria
si una sola por todos juntos vale?


Roma lo diga, acuérdenos la historia
la variedad de honores que tenía
para quien la añadía una victoria. 15


Mural corona ufana prevenía
al que contrarios muros asaltaba
por las brechas que abrió la batería.


Cívica aquella era que se daba
al que en la lid tanto valor mostrase 20
que socorriese al que en peligro estaba.


Vallar se concedía al que ganasse
las trincheas y fosos que tuviese
el enemigo donde se amparase.


Triunfal la antigüedad quiso que fuese 25
la que ilustrase al que morir expuesto
en campal lid a cinco mil venciese.


Obsidional la que al peligro opuesto
hiciese levantar al enemigo
sitio que ya una vez tuviese puesto. 30


Pues siendo así, señor, que hoy es testigo
el mundo de que todo lo habéis hecho,
todos los triunfos que os aclaman digo.


Todos os apellidan, satisfecho
cada cual de que él es el conseguido 35
del real valor, de vuestro ilustro pecho.


Mural facción vuestra facción ha sido,
puesto que al enemigo habéis hallado
en regulares muros defendido.


Por asalto fue dellos arrojado, 40
luego ganado por asalto el muro,
mural corona de oro habéis ganado.


Cívica también es de roble duro,
puesto que a otro socorristeis cuando
aun de si mismo no vivía seguro. 45


Can la hambre, el tiempo y el francés lidiando,
ya desahuciada de su valentía,
en brazos de la muerte agonizando


estaba la leal Fuenterrabía
el día que feliz la socorristeis, 50
que aun fue con el valor preciso el día;


luego si vida al casi muerto disteis,
la invasión de la patria asegurada,
la cívica corona conseguisteis.


No menos la vallar, apellidada 55
así de los vallados en que se hacen
el foso, la trinchea y la estacada;


si éstas a vuestro impulso se deshacen,
y llenas de despojos justamente
animo hoy y codicia satisfacen, 60


más gloriosa, señor, más dignamente
el esplendor de la vallar corona
los rayos ceñirá de vuestra frente.


Pero en vano sus méritos abona
a preferir atenta cada una. 65
Si la triunfal de su laurel blasona,


mejor derecho tiene que ninguna,
mejor acción por ser en sus empleos
la dádiva mayor de la fortuna.


Sólo aquel que ceñido de trofeos 70
de cinco mil triunfó en campal batalla,
con ella satisfizo sus deseos.


Luego en vos, gran señor, para logralla,
no solamente el número cumplido
pero excedido el número se halla. 75


Diez y ocho mil son los que habéis vencido
de poder a poder en la campaña
que tumba de cadáveres ha sido.


¡Oh! mire el sol con novedad extraña
triunfales pompas en España el día 80
que entre en su corte el defensor de España.


Mas no, que tanta pública alegría
aun es bastarda voz de vuestra fama,
mudo clarín de vuestra bizarría.


La obsidional corona es la que os llama, 85
quien desciñó por el laurel el oro,
ahora el laurel desciña por la grama.


Rústica plante es, pero no ignoro
que fue de humana púrpura teñida,
de los Césares último decoro. 90


Esta diadema a todas preferida
(de muchos con afecto deseada,
de pocos con efecto conseguida)


para vos, héroe invicto, está guardada
en el templo de Marte, donde yace 95
más verde cuanto más ensangrentada.


De las ruinas en quien silvestre nace
para don, el sitiado la tejía,
(que al don el celo, y no el valor le hace)


al que le desitiaba la ofrecía, 100
siendo el mayor blasón de todos cuantos
la premiadora antigüedad tenía.


Entre los dioses colocaba santos
al que entre el sitio y sitiador entraba,
noble despreciador de riesgos tantos, 105


si un ejército pues desalojaba
y si un pueblo dejaba asegurado,
semidiós uno y otro le aclamaba.


A tanta dignidad habéis llegado,
puesto en huida el sitiador lo diga, 110
dígalo en libertad puesto el sitiado.


Pero no un premio a otro contradiga,
que quien todos a un tiempo los merece,
todos a un tiempo es bien que los consiga.


Y así cuantas guirnaldas os ofrece 115
hoy la inmortalidad de vuestra fama,
que a nunca ser mayor por puntos crece,


ceñid iguales y una y otra rama,
a vislumbres descubra entretejida
el oro entre el laurel, el roble y grama. 120


No es modestia la gloria conseguida
recatarla, demás que siempre ha sido
la modestia virtud no agradecida.


Pues habéis cinco glorias conseguido,
cinco triunfos lograd; no se nos quede 125
por pereza con ellos el olvido.


Fiscalice la envidia que no puede
un hombre merecer, por más que un hombre
verá que sí, él mismo a sí se excede.


¿Qué virtudes le dan alto renombre 130
a un general para vencer glorioso
antes que con la espada con el nombre?


¿Ilustre sangre? ¿Espíritu brioso?
¿Feliz fortuna? ¿Prevención prudente?,
¿pródiga mano y celo religioso? 135


Pues si tantas virtudes igualmente
caben en un sujeto, en un sujeto
tantos lauros cabrán precisamente.


Perdonalde, señor, hoy a mi afecto
la ociosidad de ver que a cargo toma 140
haceros ejemplar deste concepto.


Si ilustre sangre ¿qué cerviz no doma
lo Enríquez en los Reyes de Castilla
lo Colona en los Césares de Roma?


Si ánimo invicto, ¿qué poder no humilla 145
ardimiento que en todas ocasiones
desenvaina el primero la cuchilla?


Si prudente gobierno, ¿qué blasones
no adquiere desvelada una cordura
que obra tantos aciertos como acciones? 150


Si fortuna feliz, ¿qué más segura
que aquella que a pesar trae de los hados
obediente a su arbitrio la ventura?


Si generosidad, ¿qué más probados
argumentos que ver entre despojos 155
vos volvéis pobre y ricos los soldados?


Y si celo católico, ¿qué enojos
no os cuesta algún insulto, desatando
iras el pecho y lágrimas los ojos?


¡Oh! enmudezca la envidia, confesando 160
silogismos que ya negar no puede
porque está la verdad argumentando,


y pues la misma envidia los concede,
vivid, venced, triunfad, sin que ninguna
acción al tiempo contra vos le quede. 165


Y si por dicha se volviere de una,
que es decir que en el mar no habéis tenido,
Señor, de vuestra parte a la fortuna,


estad de la respuesta prevenido,
y no la general de que el acaso 170
siempre avisa después de acontecido.


Particular razón en este caso
hay, sin aquella de que no amancilla
al valor la violencia del fracaso.


Y es que siendo desde una hasta otra orilla 175
vos general del mar, por la gloriosa
dignidad de Almirante de Castilla,


celoso el mar de ver vanagloriosa
con ejércitos vuestros a la tierra
amotinó su saña procelosa. 180


Y desatando cuanta furia encierra
ningún socorro que os llegase quiso
por medio suyo para hacer la guerra.


Venganza sin cordura y sin aviso,
pues hizo más osado el vencimiento 185
cuanto el número hizo más remiso.


No advirtió que sobraba vuestro aliento
aun para conseguir mayores glorias
a despecho de mar, de fuego y viento.


Ni es la primera vez que las historias 190
acordarán que en el cantabrio suelo
deben a vuestra casa sus victorias.


Esa plaza, esa misma al desconsuelo
rendida de otra gálica violencia,
empresa fue de vuestro invicto abuelo. 195


Su libertad os viene por herencia,
y hoy con mayor ventaja, cuanto ha sido
la mejor redención la providencia.


Más tiene que estimar el socorrido
antes de verse padecer el daño 200
que no después del daño padecido.


Luego claro probó este desengaño
que os debe más a vos, hoy defendida
la plaza, antes de riesgo tan extraño,


que al que después la vio restituida. 205
pues la habéis socorrido vos sitiada
si vuestro abuelo la cobró perdida.


Tanta victoria pues, tan señalada
facción, tan grande hazaña, tan altiva
empresa, gloria al fin tan celebrada, 210


siempre inmortal a par del tiempo viva.
Con voz la fama de metal la cante
y con letras de oro el sol la escriba.


Siendo para que dure más constante
un bronce repetido cada acento, 215
cada lámina un libro de diamante,


que yo, muda la voz, torpe el aliento,
ya reconozco, gran Señor, que en suma
ha menester tan generoso intento,
mejor voz, mejor plectro y mejor pluma. 220






Romance de Don Pedro Calderón de la Barca a una dama que deseaba saber su estado, persona y vida

Curiosísima señora,
tú, que mi estado preguntas,
y de moribus et vita
examinarme procuras;
quienquiera que eres, atiende, 5
y en cómico estilo escucha;
que he de decirte un romance
para quitarte la duda.
Va de retrato primero;
luego, si quieres la musa, 10
irá de costumbres, bien
que habré de callar alguna.
Sea lámina el papel,
matiz la tinta, la pluma
pincel; quiera Dios que salga 15
parecida mi pintura.
Yo soy un hombre de tan
desconversable estatura
que entre los grandes es poca
y entre los chicos es mucha. 20
Montañés soy; algo deudo
allá, por chismes de Asturias,
de dos jueces de Castilla,
Laín Calvo y Nuño Rasura;
hablen mollera y copete: 25
mira qué de cosas juntas
te he dicho en cuatro palabras,
pues dicen calva y alcurnia.
Preñada tengo la frente
sin llegar al parto nunca, 30
teniendo dolores todos
los crecientes de la luna.
En la sien izquierda tengo
cierta descalabradura;
que al encaje de unos celos 35
vino pegada esta punta.
Las cejas van luego, a quien
desaliñadas arrugas
de un capote mal doblado
suele tener cejijuntas. 40
No me hallan los ojos todos,
si atentos no me los buscan
(que allá, en dos cuencas, si lloran
una es Huéscar y otra es Júcar);
a ellos suben los bigotes 45
por el tronco hasta la altura,
cuervos que los he criado
y sacármelos procuran.
Pálido tengo el color,
la tez macilenta y mustia 50
desde que me aconteció
el espanto de unas bubas.
En su lugar la nariz
ni bien es necia ni aguda,
mas tan callada que ya 55
ni con tabaco estornuda.
La boca es de espuerta, rota,
que vierte por las roturas
cuanto sabe; sólo guarda
la herramienta de la gula. 60
Mis manos son pies de puerco
con su vello y con sus uñas;
que, a comérmelas tras algo,
el algo fuera grosura.
El talle, si gusta el sastre, 65
es largo; mas si no gusta
es corto; que él manda desde
mi golilla a mi cintura;
de aquí a la liga no hay
cosa ni estéril ni oculta, 70
sino cuatro faltriqueras
que no tienen plus ni ultra.
La pierna es pierna y no más,
ni jarifa ni robusta
algún tanto cuanto zamba 75
pero no zambacatuña.
Sólo el pie de mi te alabo,
salvo que es de mala hechura,
salvo que es muy ancho, y salvo
que es largo y salvo que suda. 80
Este soy pintiparado,
sin lisonja hacerme alguna;
y, si así soy a mi vista,
¡ay, Dios, cuál seré a la tuya!
Dejemos en este estado 85
mi levantada figura
y vamos, de mis progresos,
a la innumerable chusma;
que hoy, en tu servicio, tengo
de cejar hasta la cuna 90
la memoria de mis años;
¡oh, no me aflije, entre burlas!
Nací en Madrid, y nací
con suerte tan importuna
que hasta un Ventura de Tal 95
conocí (¡no más ventura...!).
Crecí, y mi señora madre,
religiosamente astuta,
como dando en otra cosa
dio en que me había de ser cura. 100
El de Troya me ordenó
de la primera tonsura,
de cuyas órdenes sólo
la coronilla me dura.
Bachiller por Salamanca 105
también me hice luego, cuya
bachillería es licencia
que en mil actos me disculpa.
La codicia de un bolsico
en la literaria justa 110
de Isidro me hizo poeta;
¿quién no ha pecado en pecunia?
Con lo cual, Bártulo y Baldo
se me quedaron a escuras,
pues en vez de decir leyes 115
hice coplas en ayunas.
La cómica inclinación
me llevó a la farandula:
comedias hice; si malas
o buenas, tú te las juzga. 120
Desde letrado a poeta
pasé; y viendo cuánto acusan
a la poesía unos viejos
de impertinencia machucha,
traté de mudar estado; 125
y, por más estrecha y justa
religión, la de escudero
me recibió en su clausura.
Aquí discurra el lector
(si es que hay lector que discurra) 130
cuáles son, para seguidos,
los pasos de mi fortuna:
Gorrón, poeta, escudero
he sido y seré. ¡Oh suma
paciencia de Job!, ¿tuviste 135
más calamidades juntas?
Con estas tres profesiones,
¿quién imagina, quién duda
que habré sido el «no en mis días»
de cualquier suegra futura? 140
Y así, soltero hasta hoy
me quedé; y hoy más que nunca
por razones de que el duque,
mi señor, tiene la culpa;
que, como caballerizo 145
me hizo su excelencia augusta,
huyen todas, por no ser
caballeriza ninguna.
De este desaire de todas
me despico con algunas 150
que me sufren mis defectos
porque los suyos les sufra,
si bien el día de hoy
está, con las grandes lluvias,
el tiempo tan apurado 155
que hasta amor pena penuria;
más, como ajustarse al tiempo
dice un sabio que es cordura,
siendo congrua de mi amor
tres damas, con dos se ajusta: 160
dos damas tengo, no más;
que en la compañía más zurda
por fuerza ha de haber quien haga
primera dama y segunda;
y, como al fin, por el troppo 165
variar bella es la natura,
de las dos con que me hallo,
una es morena, otra rubia;
una es dama de alta guisa
con su poco de aventura; 170
de baja guisa es la otra,
que una es clara y otra culta;
una es fea, y otra, y todo;
que en esto sólo se aúnan
porque yo más quiero dos 175
fealdades que una hermosura.
A entrambas las quiero bien;
que aunque allá Platón murmura
que el que quiere a un tiempo a dos
no quiere bien a ninguna, 180
miente Platón; porque ¿qué es
querer bien a una criatura
sino querer su salud,
sus galas y sus holguras?
Pue si yo quiero que tengan 185
mucha salud, fiestas muchas
y muchas galas, aunque...





A la Muerte


Décimas



¡Oh tú, que estás sepultado
en el sueño del olvido,
si para tu bien dormido,
pata tu mal desvelado!
Deja el letargo pesado, 5
despierta un poco, y advierte
que no es bien que desa suerte
duerma, y haga lo que hace
quien está desde que nace
en los brazos de la muerte. 10


Da lugar al pensamiento
para que discurra, y veas
y que lo más que tú deseas
no es más que soplo de viento.
No labres sin fundamento 15
máquinas de vanidad,
pues la mayor majestad
en un sepulcro se encierra,
donde dice, siendo tierra:
«Aquí vive la verdad... 20


Mira cómo pasó ayer,
veloz como tantos años:
evidentes desengaños
del limitado poder.
Lo que fue dejó de ser, 25
y no quedó dello más
del ha sido: tú, que vas
por este mundo inconstante,
mira que el que va adelante
avisa al que va detrás. 30


La corona y la tiara
que tanto el mundo estimó
¿qué se hizo?, ¿en qué paró
sino en lo que todo para?
¡Oh mano del mundo avara! 35
Si tanto bien nos limitas,
¿para qué, di, nos incitas
a aspirar a más y más,
si lo que despacio das
tan de prisa nos lo quitas? 40


Si te engaña el propio amor
para que no veas el daño,
la muerte, que es desengaño,
sirva de despertador.
Hoy nace la tierna flor 45
y hoy su curso se termina;
todo a la muerte camina:
la estatua del más bizarro,
como está fundada en barro,
la deshace cualquier china. 50


¿En qué piensas o a qué aspiras
cuando tras tu gusto vas,
pues dél no te queda más
que enemigos que conspiras?
Si es que adelante no miras, 55
mira la vida pasada,
que si en tan corta jornada
lo más pasa desa suerte,
hasta llegar a la muerte,
¿qué te queda? Poco o nada. 60


Desde el nacer al morir
casi se puede dudar
si el partir es el parar,
o el parar es el partir.
Tu carrera has de seguir: 65
y pues con tal brevedad
pasa la más larga edad,
¿cómo duermes y no ves
que lo que aquí un soplo es
es allá una eternidad? 70


Mira el tiempo volador
cómo pasa, y considera
cómo va tras la carrera
desde el menor al mayor.
El esclavo y el señor 75
corren parejas iguales,
que como nacen mortales,
iguales van a la hoya,
de cuya deshecha Troya
aún no quedan la señales. 80


La juventud más lozana
¿en qué paró?, ¿qué se hizo?
Todo el tiempo lo deshizo
y anocheció su mañana,
la muerte siempre es temprana 85
y no perdona a ninguno:
goza del tiempo oportuno,
granjea con tu talento,
que aquí dan uno por ciento
y allí dan ciento por uno. 90


¿Qué eternidades te ofrece
la más dilatada vida,
pues que apenas es venida
cuando se desaparece?
Hoy piensas que te amanece 95
y es el día de tu ocaso.
¡Término breve y escaso!
Mas ¿qué mucho, si volando
te va la muerte buscando
cuando tú vas paso a paso? 100


La dama más celebrada,
lazo en que todos cayeron,
ella y ellos, di, ¿qué fueron
sino tierra, polvo y nada?
¡Oh limitada jornada, 105
oh frágil naturaleza!
La humildad y la grandeza
todo en nada se resuelve:
es de tierra y a ella vuelve,
y así, acaba en lo que empieza. 110


¿De qué te sirve anhelar,
por tener y más tener,
si eso en tu muerte ha de ser
fiscal que te ha de acusar?
Todo acá se ha de quedar; 115
y pues no hay más que adquirir
en la vida que el morir,
la tuya rige de modo,
pues está en tu mano todo,
que mueras para vivir.



Psalle et Sile


Discurso métrico-ascético sobre la inscripción «Psalle et Sile», que está grabada en la verja del Coro de la Santa Iglesia de Toledo



Canta y calla, dice aquel
mote, cuya soberana
inscripción, sacro buril
en grabado bronce estampa,


bien como inscribió de versos 5
en sobrepuestas medallas
Salomón, de sus columnas
los capiteles y basas.


Canta y calla, otra vez leo,
y otra vez suspensa el alma 10
duda cómo se reduzca
a un precepto: canta y calla.


Porque si el callar es muda
prisión del silencio que ata
con el uso de las voces 15
el rumor de las palabras;


y el cantar, no sólo es
romperlas, pero entonarlas
al concertado compás
de métrica consonancia, 20


¿cómo, compuesto de dos
proposiciones contrarias,
sagrado precepto, a un tiempo
cantar y calla me manda?


Ignorante peregrino 25
soy, que a las piadosas aras
del sagrario de María
condujo, no errante planta,


fijo norte sí, en aquella
aguja, que sobre tantas 30
cervices, ya de edificios,
ya de montes se levanta.


A ser en el desvelado
eco de sus atalayas,
cada clamor un sonoro 35
clarín de la fe cristiana.


De cuyo animado bronce,
aún más que del de la fama,
conducido llegué apenas
al pie de sus torres altas. 40


Cuando inspirado del mismo
boreal imán de mis ansias,
saludé el umbral diciendo:
«¡Salve, basílica santa,


salve, primer metrópoli de España, 45
pues hasta coronar tu frente altiva
ni en su dosel ciñó la paz oliva
ni la guerra laurel en su campaña!


¡Salve, oh siempre católica montaña,
y tan siempre a la luz de la fe viva 50
que, aun entre los horrores de cautiva
ajena te alumbró, pero no extraña!


¡Salve, erario feliz de glorias tantas,
que hoy en tu angelical cámara bella,
aun los mármoles son reliquias santas! 55


¡Salve, y permite al adorar la huella
que enterneció una piedra con sus plantas
no esté mi corazón más duro en ella!».


Dije, y con temor tocando
del perdón la primer grada 60
(que líneas de perdón nadie
pudo sin temor tocarlas),


al ámbito pasé, en cuyas
naves, la vista engolfada,
sin peligro de tormenta 65
corrió achaques de borrasca.


¡Oh, cuántas muertas noticias,
vivas memorias, oh cuántas,
ofuscado el pensamiento
resolvió al verse en su estancia! 70


Desde aquella primitiva
edad, que en la tierna infancia
de la fe, Diego y Torcuato
en ella sus raíces plantan,


Eulogio las fertiliza, 75
Julián y Eladio las labran,
un Eugenio las florece
y otro Eugenio las consagra;


hasta que estrellas sus flores,
ya en los rizos de Leocadia, 80
ya en las vestes de María,
las mira Ildefonso; y hasta


que, mudando la fortuna
el semblante de dos caras
(que no es heroico el valor 85
que no se examina en ambas),


entre las góticas ruinas
que con sangre las esmaltan
un Rodrigo las deshoja
y otro Alfonso las restaura. 90


Haciendo, restituida
de los oprobios de esclava
a aplausos de emperatriz,
que al sacudir su garganta


la mozárabe coyunda, 95
vuelva, en honor de sus patria,
esta española Sión,
esta Salen castellana,


a ser, ceñida de olivas,
laureles, cedros y palmas, 100
segunda Roma de Europa
y primer silla de España.


¡Oh santo rey! ¡Oh Fernando!
¡Qué presto a tus triunfos pasa
la memoria! Mas ¿qué mucho 105
si corre a darte las gracias


de tanta fábrica excelsa
a quien tus piedades sacan
de soterrada mezquita
para sumptuoso alcázar? 110


En cuya admiración (ya
lo dije), absorta y turbada
la vista, corrió tormenta;
mas no, que todo es bonanza


de María, en puntos donde, 115
aunque extranjero en su playa,
saber su colocación
no me costó preguntarla;


que muchas señas de cielo
me dio el iris de unas armas, 120
de quien zodíaco y signos
fueron estrellas y bandas.


Ni es sin misterio que a un Sando
timbres de otro Sando-val-gan;
ni la primera vez que 125
estrellas digan de Alba.


Con que en su antigua eminencia
llegué a verla colocada.
¡Qué bien parece que sea
su eminencia quien la ensalza! 130


Si fuera cuarto Bernardo
yo, a los tres que en tres distancias,
amantes de su pureza,
uno escribe en alabanzas,


otro en gozos la descubre, 135
otro en tronos las levanta
¿quién con su espíritu duda
que hubiese dicho al mirarla?:


«Retrato favorecido
tanto del sol celestial 140
que en ti, como en un cristal,
reverberó parecido,
¿quién, sino tú, ha merecido
ser tan perfecto traslado
que, a su dueño cotejado, 145
pueda dar el cielo fe
de que él solamente fue
bien y fielmente sacado?


Ignórese su venida,
porque en la suya se crea 150
que allá parecida sea
la que acá fue aparecida;
y si de ángeles traída
fuiste, imagen celestial,
bien en premio del leal 155
afecto que lo creyó,
lo que en tu origen calló,
nos dijo tu original.


Original dije, y fiel
al nombre me estremecí, 160
pues supo dél para ti
sin saber para sí dél.
Sea el cielo tu dosel,
la tierra tu alfombra, pues,
por quien dijo David, es 165
la peana de tu altar:
adoremos el lugar
donde estuvieron tus pies».


¿Qué dijera? Más dijera
si a voces no me llamara 170
aquella primera duda
que tras sus ecos me arrastra.


Si ya no es que porque crea
en la perfecta elegancia
de su docta arquitectura, 175
cuánto es misteriosa y rara


esta joya, de quien son
mayores templos la caja,
bien como preciosa perla
que cupo dentro del nácar, 180


su perfección solicita
persuadir a mi ignorancia
que es tan grande, que aun lo son
sus menores circunstancias.


Y así, cerrando el no ocioso 185
paréntesis (pues si hablara
del mote, sin que del mote
diera el cincel que le graba,


fuera dejar sus noticias
al escrúpulo de vagas), 190
vuelvo a la inscripción en que
cantar y callar me mandan.


Aquí quedé; y convencido
a que son accione varias
imposibles de que a un tiempo 195
pueda el coro ejecutarlas,


y habiendo de seguir una
de dos leyes tan sagradas,
como son silencio y canto,
habré de alegar por ambas. 200


Es el silencio un reservado archivo
donde la discreción tiene su asiento;
moderación del ánimo que, altivo,
se arrastrara sin él del pensamiento;
mañoso ardid del menos discursivo 205
y del más discursivo entendimiento;
pues a nadie pesó de haber callado
y a muchos les pesó de haber hablado.


Es, contra el más colérico enemigo
el más templado freno de la ira; 210
de la pasión el más legal testigo,
pues dice más que el que habla el que suspira;
de la verdad tan familiar amigo,
que a la simulación de la mentira
le destiñe la tez, pues cuanto errante 215
mintió la lengua, desmintió el semblante.


Es quietud del espíritu divina,
a quien el mundo contrastar no pudo;
de la modestia imagen peregrina,
que una mano da al labio, otra al escudo; 220
de cuantos sacrificios vio la indina
adoración, el pez, animal mudo,
prohibido fue; que a luz de sacrificio,
aún no estragó esta virtud el vicio.


Y si de hablar y de callar le dieron 225
tiempo al que más la perfección codicia,
fue porque al corazón árbitro hicieron
de su sinceridad o su malicia;
no porque del silencio no creyeron
ser el culto mayor de la justicia, 230
pues si a Dios en sus obras reverencio,
el idioma de Dios es el silencio.


Dígalo el cielo en el primero día
que el poder del Criador manifestaba,
pues en el cielo gran silencio había 235
mientras Miguel con el dragón lidiaba;
pues la tierra y la noche helada y fría
que humano le adoró, en silencio estaba;
y ya que árbitro fue de paz y guerra,
lo que le amaron digan cielo y tierra. 240


La escuela de Pitágoras cinco años
sabiamente lección de callar daba;
la Tebaida, en sus cuerdos desengaños,
a callar solamente se juntaba;
pues si a sus propios filósofos y extraños 245
retórico el silencio doctrinaba
¿qué gimnasio se orló de más laureles
que el que cursaron fieles y no fieles?


Confieso que es una interior batalla,
por eso se corona el que pelea, 250
y para aquél que menos fuerte se halla
consejo fue de iluminada idea,
sacro proverbio en que se escribe: «O calla,
o algo di que mejor que callar sea»,
y si ha de ser mejor callar, calle entre tanto 255
el silencio, hasta ver si lo es el canto.


Es la blanda armonía...
-no hablo en común de aquella,
que áspid del aire con flores escondido,
la fragancia que envía, 260
hubo quien dijo della
que era un hermoso estiércol del oído;
de aquella, sí, que ha sido
el aura de la nube
en quien el humo del incienso sube-. 265


Es pues el armonía
que fervoroso afecto
a Dios dedica en culto reverente,
interior alegría
de inspirado concepto 270
que exultación divina de la mente,
prorrumpe lo que siente
en conceptos veloces
de organizados números y voces.


Bien como amante llama 275
que tras su impulso lleva
las pasiones del ánimo, y activa
el corazón que inflama,
espíritu que eleva
prorrumpe en llanto; que aunque compasiva 280
suene allí, aquí festiva
no distan canto y llanto;
que el llanto del amor también es canto.


Su nombre se deduce
del docto frase griego, 285
cuya etimología interpretando,
al cántico traduce
voz herida, a que luego
añade el himno, que es orar cantando;
de manera que cuando 290
sólo en sonido acaba,
es canto, y himno cuando a Dios alaba.


De himno y canto trasciende
su unísona blandura
a ser salmo después, cuyo concento 295
de salterio desciende,
que es cuando su dulzura
se acompaña de músico instrumento:
de suerte que el acento
el canto es, la voz pía 300
el himno, y el salterio la armonía.


Bien su origen pudiera
alegar en el cielo,
sin que antiguo silencio ceda el canto;
pues en la empírea esfera, 305
al sacrílego duelo
el himno sucedió del Santo, Santo,
y en la tierra, pues cuanto
calló la noche fría
dijo la Gloria en métrica alegría. 310


Mas ahora no resuelvo,
pues sólo alego ahora,
para después, dejando el magisterio.
Al primer punto vuelvo,
y pues ya nadie ignora 315
qué es cántico, qué es himno y qué es salterio,
vamos a otro misterio,
tantos siglos oculto,
de cuándo el canto se introdujo al culto.


En Oriente hay que diga 320
tuvo origen: bien fuera
que la luz nos viniera del Oriente,
si no hubiera quien siga
que David la primera
vez al arca cantó; y es más decente 325
creer que pastor invente
que sagrados loores
canten con sus rebaños los pastores.


La salmodia acredita
esta opinión (que al genio 330
sigue el afán que tras su imán le lleva,
y nadie facilita
trabajos al ingenio
sin que interior espíritu le mueva);
cuya afición comprueba 335
no haber hasta él ejemplo
de que entrase la música en el templo.


Que aunque canciones fueron
las que a Dios dedicaron
los hijos de Israel en voces claras, 340
en Débora se oyeron
y en Barac se escucharon,
no en verbal sacrificio de las aras,
que amablemente caras,
veneraron rendidos, 345
del fervor entonados los gemidos.


En David pues el canto
introducido al templo,
bien la opinión de continuarse fundo,
hasta que Ambrosio santo, 350
con el anciano ejemplo,
de ser devota aclamación del mundo,
le dio (David segundo
y prelado primero)
al arca del maná más verdadera. 355


Mas si las perfecciones
del canto soberano
acordar al silencio solicito
¿para qué de opiniones
me valgo? pues en vano, 360
por más autoridades que repito,
su mérito infinito
dirá la pluma mía,
si el cántico me acuerda de María.


Calle Israel, y calle 365
Moisés, calle su hermana
con Débora y Barac, calle Isaías,
calle David, y no halle
aplauso al canto de Ana,
Habacuc, Simeón y Zacarías; 370
callen las jerarquías,
que si María canta
¿qué afecto mereció dignidad tanta?


Luego si el silencio tiene
perfecciones tan sagradas, 375
que son la tierra y el cielo
solares de su prosapia,


si perfecciones el canto,
tan divinamente humanas,
que en la suma perfección 380
de la perfección se hallan,


¿cómo se dan dos virtudes
opuestas? Pues la que extraña
con otro estar, no será
virtud, sino repugnancia. 385


Mas ¡ay! ¡qué necio discurro
en dar a entender que haya
entre el canto y el silencio
desvanecida contraria!


Pues el silencio de aquella 390
intelectual batalla,
no le interrumpió la voz,
que a Dios la victoria canta.


Bien como no interrumpió
al silencio de la helada 395
noche la voz de la paz
que oyó el hombre en voces altas;


pues antes, para que más
sonasen sus alabanzas,
aplaudidas del silencio, 400
las hizo el silencio espaldas.


¡Oh si hubiera texto que
probase cuánto se aman
silencio y voz! Y sí habrá,
si en Juan nos le acuerda Marta. 405


En silencio, dice el sacro
texto, que dijo a su hermana
entrando en Magdalo Cristo:
«María, el Maestro te llama».
¿En silencio se lo dijo? 410


Luego es consecuencia clara
que habla y no rompe el silencio
el que a propósito habla.


Con que la cuestión decide
la evangélica enseñanza, 415
pues para ir a hablar a Cristo
la habló con la circunstancia


de que le hablaba en silencio
dando a entender, recatada.
Que el que vaya a hablar con Dios 420
a hablar en silencio vaya.


Y siendo así que ni uno ni otro cede,
y el corazón al labio conformando,
callar, la mente en Dios, hablando puede,
quien puede, en Dios la mente, hablar callando, 425
por ambas partes asentado quede
cuánto el silencio y voz se avienen, cuando
tan atento el espíritu se halla,
que cumpliendo con todo, canta y calla.


Y así, ¡oh tú, en dignidad constituido 430
tan sobrenatural, que, ángel humano,
ejercer venturoso has merecido
oficios que él ejerce soberano!,
no en tanto ministerio divertido,
desaproveches la ocasión; que en vano 435
del más sabio sujeto al menos sabio,
si no ora el corazón, trabaja el labio.


Tal vez con ronca voz desentonaba
al coro uno que en Dios se suspendía,
y al destemplado acento que en cantaba, 440
disonante la música armonía,
con irrisión el rapto murmuraba,
cuando se oyó que el cielo repetía:
«De vuestro canto, aunque la tropa es mucha,
acá sola la ronca voz se escucha». 445


A otro tal vez, que en Dios arrebatado,
cuidaba más del salmo que el concepto,
aventando una parva, revelado
le fue el demonio que llevaba el viento.
«¿Qué haces?» del santo monje preguntado, 450
«Lo que otros -dijo- inútil mies aviento,
que en aristas se lleva el aire vano,
dejando apenas de provecho un grano».


De suerte que no está en la consonancia
la perfección; no está en la residencia; 455
que entonar y asistir es circunstancia,
pero asistir y meditar esencia
del órgano lo diga la asonancia,
del tímpano lo diga la cadencia,
que asistiendo y sonando sin sentido 460
sólo les queda el mérito del ruido.


Cuando que atienda a Dios su voz me advierte,
yo, que me atienda a Dios también le digo;
y siendo así que de una misma suerte
hablamos, yo con Dios y Dios conmigo, 465
¿cómo, si mi descuido me divierte,
me quejaré de lo que no consigo?
Pues descortés injuria es que pretenda,
no atendiendo yo a Dios, que Dios me atienda.


Si a hablar al rey en un negocio fueras, 470
el más considerable, y a él llegaras
tan desatento que te divirtieras,
y por hablar con otro no le hablaras,
dime: a la majestad ¿cuánto ofendieras?
¿cuánto la pretensión tuya agraviaras? 475
Pues advierte, si obrases sin decoro,
que la audiencia de Dios es ese coro.


El negocio a que vas, no es menos grave,
que toda tu república fiada
en que es tu oficio orar, y orar es llave 480
que a siete horas del día te da entrada,
¿qué fatiga no esperan ver süave,
noble el bastón y rústica la azada,
al ver en los afanes de la vida
su medra en tu oración comprometida? 485


No tal de balde sirves, que no sea
logro tuyo lo que uno y otro gana,
pues el soldado por tu paz pelea
y el labrador por tu sustento afana.
Lo que hay de una tarea a otra tarea 490
mide, y verás cuánto es más soberana
la de tratar y conversas al cielo,
que arder al sol y tiritar al hielo.


Y pues te cupo la mejor en suerte,
no, ingrato a Dios y al hombre, la desdores: 495
a Dios, cuando el descuido te divierte,
al hombre, cuando impides sus favores.
De los proprios descansos ser, advierte,
las ajenas fatigas, acreedores,
y ¿qué más dicha que deber tus bienes 500
a otros el hambre y sed que tú no tienes?


Y aún más felicidad goza tu estado;
pues quiere Dios tus deudas satisfagas
con un caudal tan bien aprovechado,
que te quedes con más, mientras más pagas. 505
No divertido pues, no descuidado
culpa de lo que fue mérito hagas,
y más cuando el precepto es tan süave,
que en la unión del cantar y callar cabe.


Tres vías o tres grados de excelencia 510
tiene en sí la oración: la purgativa,
que se reduce al canto y la asistencia;
luego al silencio, la iluminativa;
luego al silencio y canto la eminencia
sigue de unirse a Dios, que es la unitiva; 515
y así, para el valor que en las tres se halla,
asiste, ora, medita, canta y calla.


Que si asistes, en Dios el pensamiento,
y orando, solo en él la confianza,
meditas el silencio y no el acento, 520
cantando como suya su alabanza,
verás, vacando a lo demás, que atento
el cielo al alto fin de tu esperanza,
te muestra cuánto encierra, incluye cuánto
la unión felice de silencio y canto. 525