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viernes, 23 de febrero de 2007

Esteban Echeverría:Los consuelos ; poesías


Los consuelos ; poesías
de Esteban Echeverría



-[224]- -225-



- XXX -




El cementerio


A D. D. T.


-226- Misterios de la vida y de la muerte.


Calderón


Creation sleeps.


Young



-227-
Al resplandor sereno de la Luna
yo andaba por los sitios solitarios
que al vulgo atemorizan, pesaroso,
y en lúgubres ideas embebido;
-228-
y mis inciertos pasos me llevaron 5
a la mansión sagrada de los muertos:
religioso pavor cubriome al punto,
y exclamé sofocando mis angustias:
silencio ¡oh corazón! he aquí el asilo
donde reina la paz inalterable, 10
do no alcanza el tumulto de los hombres,
do se acaban las ansias y tormentos
de la altiva ambición y el infortunio,
do se estrella el poder y la grandeza,
do el amor y el deleite se anonadan, 15
donde la gloria es humo y las pasiones,
que agitan al mortal; aquí el esclavo
de sus hierros se olvida, y con el polvo
del que oprimió insolente, a confundirse
viene el feroz tirano; aquí del crimen 20
cesa el remordimiento y los gemidos
de la virtud paciente se sepultan;
aquí se abisman, sin cesar, los siglos,
y mil generaciones y mil otras,
-229-
con rapidez se agolpan, no dejando 25
vestigio de su ser; aquí su cetro
levantan el misterio y el olvido,
las esperanzas mueren, y en su aurora
el ingenio brillante se disipa.
Salud tristes despojos, monumentos 30
fúnebres del dolor, a visitaros
viene una alma abatida y borrascosa;
si los profanos ecos de la tierra
hasta vosotros llegan respondedme:
¿Hay vida mas allá?, ¿pero qué veo? 35
Un espectro confuso se levanta,
y con faz melancólica me mira:
Tú, cualquiera que seas, habitante
de esta mansión de luto misteriosa,
responde hoy a las dudas de quien viene 40
a interrogar la muerte y los sepulcros
transido de dolor ¿por qué tus ojos
brotan lágrimas tristes, y en tu frente
del funesto pesar vagan las sombras?
-230-
¿Hay dolor, por acaso, aun en la tumba? 45
¿Siente el polvo? -«Silencio reptil vano,
la mansión del misterio es el sepulcro».
Un eco moribundo respondiome,
y silencio, silencio repitieron
los cóncavos helados de las tumbas. 50
Se oscureció la Luna de repente32,
y un pálido fulgor cubrió la tierra,
semejante al de antorchas33 suspendida
en medio de un Panteón: y yo miraba,
pasmado de terror, sin movimiento, 55
de la tumba fatal aquel portento.
Cuando un eco al de un ángel parecido
hechicero sonó: «ven, ven conmigo
ven, ven, a descansar infeliz joven:
la tumba es el amor; aquí las almas 60
en himeneo eterno, eternas viven;
¡Ay! ¡ay! Por ti padezco hace diez años,
ven, seremos felices, ven conmigo,
esperándote estoy». Y yo miraba,
-231-
pasmado de terror, sin movimiento, 65
de la tumba fatal aquel portento;
y vi de una mujer la vaga sombra,
de una mujer que conocí en la tierra,
y que profano labio nunca nombra.
Y otra voz repitió: «ven hijo mío, 70
ven te consolaré ¡qué infeliz eres!
Tu alma no es de ese mundo, aquí es su centro:
el lodo es del reptil». Un grito entonces
quise dar y no pude, y la voz madre
en mis labios se ahogó: y yo miraba, 75
pasmado de terror, sin movimiento,
de la tumba fatal aquel portento.
Quedó todo en silencio nuevamente;
se disipó el fulgor, como la llama
de un astro consumido, y las tinieblas, 80
la oscuridad fatal se condensaron.
Todo era noche y noche; uno por uno
los astros de la esfera se extinguieron,
como antorcha sin pábulo, y la tierra,
-232-
y el cielo, y el espacio no formaron 85
más que un lúgubre, denso, opaco abismo
de tinieblas palpables a mis ojos.
Me estremecí de horror: formas confusas,
fábricas gigantescas del orgullo,
cadáveres inmensos de los siglos, 90
pueblos, generaciones, seres, hombres,
cual rápido torrente descendían
en la inapeable sima confundidos,
y al caos daban ser... Un mortal frío
cubrió todo mi cuerpo; mis sentidos, 95
como de un largo sueño despertaron;
miré y vi, con asombro, que la tierra
al resplandor sereno de la Luna,
mientras yo solitario cavilaba,
como el callado asilo de los muertos, 100
en silenciosa calma reposaba.

-233-



- XXXI -




Melancolía


-234-

Profunda melancolía
en tu semblante se ve.


Calderón



-235-
Cuando en mi frente marchita
la melancolía extienda
su opaco velo, y mis ojos
llenos de lágrimas veas:
-236-
cuando los caros objetos, 5
que en otra hora me recrean,
y aun tus encantos divinos
mire con indiferencia:
no hagas caso, mi querida,
que el pesar que me atormenta 10
sobre mi faz un instante
esparce sus sombras negras;34
luego a mi seno afligido,
do sin cesar se apacentan
los pensamientos sombríos, 15
silencioso se replega.

-237-



- XXXII -




La noche en el mar


-238-
La noche lóbrega y triste.


Moreto



-239-

¡Oh noche! ¡oscuridad! del alma mía
alimento precioso;
tu majestad sombría.
place a mi pensamiento borrascoso.

-240-

De anhelar con la turba fatigado 5
los bienes mentirosos
del mundo, deslumbrado
me acojo en tus asilos misteriosos.


Y, arrojando de mí los viles lazos
de las torpes pasiones, 10
encamino mis pasos
a menos vacilantes ambiciones.


En tu seno fecundo en armonía,
sereno, o espantoso,
busca mi fantasía 15
asaz ocupación sino el reposo.


Tempestades naced, fragosos vientos
dejad vuestras cavernas,
y que los elementos
quebranten sus murallas sempiternas. 20

-241-

Silben los huracanes inclementes,
lanzándose furiosos,
por los llanos fervientes
de los inquietos mares espumosos.


Como el bravo guerrero en la batalla 25
y ruidosa victoria,
su ardor bélico acalla
persiguiendo el fantasma de la gloria


O como águila audaz en las regiones
mas allá de la tierra, 30
burla los aquilones,
y ni la horrible tempestad la aterra.


Así, ante el espectáculo imponente
de la natura en juego,
se complace mi mente; 35
que allí se inflama de divino fuego.

-242-

Allí olvido deleites y pesares,
y todo lo mundano,
y sin temor de azares
vuelo altivo, cual genio sobrehumano. 40


Y mirando de faz el universo,
exento de conflito,
con sus genios converso;
mi pensamiento vaga en lo infinito.


-243-



- XXXIII -




En celebridad de mayo


-244-

¡Libertad! ¡libertad! No más resuena
por todo el continente.


Varela



-245-

Dadme la lira de oro
¡Oh Musas! Al ingenio reservada,
y con plectro sonoro,
y con trompa no usada,
cantaré de mi patria 5
los triunfos y la gloria celebrada.

-246-

Cantaré las cadenas
y la oprobiosa y dura servidumbre,
que con infandas penas
rompió, y la muchedumbre 10
hollada de tiranos,
que la razón fuscaban y su lumbre.


De mayo los portentos
escuchen las naciones admiradas,
y a los ledos acentos, 15
y a las voces sagradas,
libertad y derechos,
Treman del solio las soberbias gradas.


De mayo el sol parece,
y en el Plata sus rayos reflejando 20
los pechos enardece,
súbito fecundando
los gérmenes divinos,
que al universo la natura ofrece:

-247-

Crecen y se derraman 25
por todo el continente americano,
y los pueblos se aclaman,
libres ya, y el Indiano,
sus cadenas hollando,
se ostenta independiente y soberano. 30


Despareció del mundo
el oprobio del hombre amancillado;
el monstruo furibundo
pereció conculcado,
y de mayo la lumbre 35
ha déspotas y tronos derribado.


¿Mas do la Musa mía,
por entusiasmo, patrio enajenada
vuela con osadía,
y no oye la algarada, 40
que en el foro se enciende;
cual acorre la turba presurada?

-248-

Derrocaos a mi anhelo
del espacio anchurosos valladares,
cíñase el ancho suelo 45
y los profundos mares;
que hasta mi dulce patria
mi vista enajenada extienda el vuelo.


¿Cómo cantar podría,
en medio de los tronos degradados, 50
los himnos de alegría
en mi patria entonados,
ni los sublimes votos
de seres libres al Olimpo alzados?


Sin vuestro puro aliento, 55
libertad sacrosanta, se enmudece
la lira, y tremulento
el canto se oscurece,
con las densas tinieblas,
que el trono aciago al pensamiento ofrece. 60

-249-

Mas ya rasgose el velo,
que tu sublime rostro me ocultaba
¡Oh Patria! y desde el suelo,
que el tosco Galo hollaba,
tu gloria noble canto, 65
y a tus sacros transportes me levanto.


Salud ¡oh sol fecundo
en portentosos frutos!
Salud, padre del mundo,
que el germen infecundo 70
del fanatismo y la opresión rompiste,
y a la América diste
libertad y derechos,
y con tu inmensa lumbre
los extendidos trechos 75
del orbe iluminaste;
que al Argentino tu fulgor prestaste.

-250-

En mayo venturoso
el Argentino levantó radiosa
su frente, y al instante 80
sublimose del Indio el pensamiento,
y triunfante y gloriosa
la razón aparece,
y la ominosa esclavitud perece.


Cantad, cantad ovantes 85
de mayo el sol que asoma por la esfera;
sus rayos centellantes,
anuncian a la tierra
de América el gran día,
y del crudo tirano la agonía. 90

-251-

Sepúltase al abismo
el soberbio dosel del ambicioso,
confuso el despotismo,
y con mortal desmayo,
en los antros se oculta del reposo, 95
cuando tu faz ostentas,
¡Oh hermoso sol de mayo!
Enajenado acorre el Argentino,
y en tu rostro divino
ve trazados con letras inmortales 100
de su triunfo y su gloria los anales.






- XXXIV -




A María


-254-

A fortuna me traz peregrinando,
novos travalhos vendo e novos danos.


Camoes



-255-

Ya llegó el momento
de pena y tormento
para el alma noble que sabe sentir;
llegó, dulce amiga,
que siempre enemiga 5
fortuna de nuevo me fuerza a partir.

-256-

Se fue mi ventura,
como sombra oscura,
quedome el recuerdo para más pesar:
se fue mi esperanza, 10
como la bonanza,
del triste nauclero que vaga en el mar.


Sin faro, ni puerto
quedé en un desierto,
en la edad risueña de sentir y amar; 15
la vida maldije,
y a mi pena dije
me voy a la tumba consuelo a buscar.


Mas, cándida y bella,
como ángel o estrella, 20
por acaso entonces, amiga, te vi;
te vi, y de la vida
la imagen florida
de nuevo hechicera se mostró ante mí.

-257-

Me distes el alma, 25
y la suave calma
descendió a mi pecho con el dulce amor;
y en tu seno amante
apuré constante,
de inefables dichas, el grato dulzor. 30


Mas quiere fortuna,
que gloria ninguna
feliz y tranquilo, yo pueda gozar;
pues ya mi ventura,
en tiniebla oscura 35
de enojosa ausencia, se vuelve a eclipsar.


Por nuevo camino
me lleva el destino,
sembrado de riesgos, tormentas y azar;
sin que el tierno llanto 40
de tu amor, un tanto
su rigor injusto, consiga aplacar.

-258-

A mi alma no abate
el fatal combate
de inciertos acasos que voy a sufrir. 45
la pena que siento,
es ver que me ausento
y te dejo sola llorar y gemir.


Yo aprendí temprano
del pesar tirano 50
con frente serena la saña a mirar;
pero tú su triste
furor no sufriste,
ni el tormento fiero de no ver y amar.


Al crudo despecho 55
no abrigo en tu pecho,
amoroso y tierno, dulce amiga, des:
acógete al ara
de la imagen cara,
que en tu seno siempre colocada ves. 60

-259-

«Él me ama» repite,
cuando airado agite
en tu triste pecho, su dardo el dolor;
«Él me ama, y suspira
como yo, y delira 65
de su dulce estrella buscando el fulgor».


«Duerme y sueña ahora,
que yo encantadora,
como ángel benigno, mirándole estoy;
ora que amorosa 70
la pena enojosa
a ahuyentar de su alma con halagos voy».


«Ora las estrellas,
contempla, y en ellas
risueña y hermosa mi imagen cree ver; 75
ora de las aves,
en los trinos suaves,
do quier halagüeña mi voz entender».

-260-

Mas ¡ay! que yo insano
me dilato, en vano, 80
buscando remedio para tanto mal:
adiós; ya mi dicha
se fue, y la desdicha
de nuevo me espera con ceño fatal.


-[252]- -253- -261-



- XXXV -35




Coros




Fragmentos de un poema dramático


-262-
El canto de los espíritus, las bellas imágenes que inspiran, no son vanos prestigios.


Goethe



-263-



- I -


El genio de las tinieblas



Fui engendrado y tuve el ser
en un abismo profundo,
y de allí vine del mundo
a llenar la inmensidad:
mi trono es de negras nubes, 5
y mi poderío extenso,
abarca el círculo inmenso
del ser y la eternidad.

-264-

Yo soy el alfa, el omega,
el principio y fin que encierra 10
cuanto en los orbes y tierra
es, ha sido, existirá:
todo, en los hondos abismos
de mi imperio tenebroso,
cual torbellino espantoso, 15
confundido se hundirá.

-265-

Enemigo de la lumbre,
mi cetro augusto levanto
entre tinieblas y espanto,
entre males y terror: 20
yo a los misterios presido
del infierno y de la muerte,
y la alegría convierte
mi influjo en llanto y dolor.


Yo los fugitivos pasos 25
del parricida encamino,
doy aliento al asesino,
infundo al bueno pavor:
torpes, inmundas caricias
las sepulto en el misterio, 30
y dirijo el adulterio
al casto lecho de amor.


-266-



- II -


Espíritu del aire



El éter puro
es la morada,
do más se agrada 35
mi puro ser;
allí su trono
tiene asontado,
bajo azulado,
blanco dosel. 40


Forma invisible,
sutil criatura,
de la natura
potencia soy;
el vasto imperio 45
del aire es mío,
y a mi albedrío
leyes le doy.

-267-

En claras alas
de azul zafiro, 50
mi vuelo giro
yo sin cesar;
doy a las auras
su suave aliento,
impelo el viento 55
que agita al mar.


Mi esencia ocupa
todo el espacio,
desde el palacio
del que fue y es: 60
todo penetra,
rige y absorbe,
cuanto en el orbe
aéreo ves.


-268-



- III -


Espíritu del agua



El mar insondable 65
es el elemento,
do tiene su asiento
mi vasto poder;
mi cetro potente
desde polo a polo 70
se dilata, y sólo
se hace obedecer.


Arbitro absoluto,
yo mando a las ondas
de sus simas hondas 75
soberbias salir;
su tremenda mole
sostengo en balanza,
y hago a la bonanza
grata sonreír. 80

-269-

Los ríos y mares
los lagos, las fuentes,
y raudos torrentes,
sujeto a mi ley;
las aguas que lanzan 85
las nubes del cielo,
inundando al suelo,
me tienen por rey.


-270-



- IV -


Espíritu del fuego



La máquina portentosa
del universo acabada, 90
la natura sepultada
yacía en noche y sopor;
mas el fecundante labio
se abrió y dijo omnipotente:
la «luz sea» y brotó ardiente, 95
y se animó a su fulgor.


Yo soy la fuente perenne
inagotable de vida,
que por el orbe esparcida,
regenera la creación; 100
mi soberano poder
triunfa del genio nefando,
que sin cesar va sembrando,
la muerte y la destrucción.

-271-

De los despojos y escorias, 105
que hacinando va él impuras,
nuevos seres y criaturas
saco en mi puro crisol:
todo disuelvo y absorbo,
todo penetro y animo, 110
y hago fecundoso al limo
con los rayos de mi sol.


-272-



- V -


El fuego fatuo



Hijo brillante
de impuro lodo,
por raro modo 115
yo tuve el ser;
y las tinieblas
puro me vieron,
y me acogieron
desde el nacer. 120


Diéronme abrigo
en sus guaridas,
compadecidas
de mi orfandad;
y desde entonces 125
yo vivo errando,
y acompañando
su soledad.

-273-

No temas nada
de un desvalido, 130
tú que perdido
mueves el pie;
soy inocente,
ven, el camino
de tu destino 135
te alumbraré.


Mi vida es soplo
de fuego vano,
que vaga insano
sin reposar: 140
brilla en la noche,
se encubre al día,
con noche umbría
vuelve a brillar.

-274-

Guarte; la noche 145
de mil acasos,
siembra los pasos
del viajador;
Guarte; en mil redes
sus pies enlaza... 150
Sigue la traza
de mi fulgor.


Ven, si te place,
más de un arcano,
que ojo profano 155
nunca alcanzó,
verás, patente,
cuánto misterio,
bajo su imperio,
la noche crió. 160

-275-

La mortal venda
que cubre infausta
tu vista exhausta
yo arrancaré;
sigue mi lumbre, 165
ven sin recelo
tu ardiente anhelo
yo colmaré.



-[276]- -277-



- XXXVI -




Coros




Fragmentos de un poema dramático


-278-

Su la via che á morte guida
nel Signor chi si confida
col signor risorgera.


Manzoni



-279-



- I -

Mortal desdichado
que vagáis sin tino,
del crudo destino
no os dejéis vencer:
a tormenta horrible 5
sigue la bonanza,
la dulce esperanza
no debéis perder.

-280-

El cielo piadoso
los males contempla, 10
las angustias templa
del que sabe creer:
poneos confiados
en su mano amiga,
veréis cual mitiga, 15
vuestro padecer.


El que sufra, al cielo
levante su pecho,
y verá deshecho
su amargo dolor: 20
de allí sólo manan
balsámicos dones,
que de las pasiones
calman el ardor.

-281-

Infeliz del hombre 25
que en pena y quebranto,
no derrama el llanto,
del justo varón;
sumergido siempre
en torpe delirio, 30
su agua es el martirio,
su pan la aflicción.





- II -

Venid, venid pecadores
a seguir los resplandores
de la sempiterna luz; 35
ella es fuente de alegría,
y de la noche sombría
deshace el negro capuz.

-282-

Ella apareció en el mundo,
y aterrada en el profundo 40
se hundió la prole infernal
tembló el infierno, y pasmado,
vio por siempre encadenado,
en sus abismos al mal.


Triunfó la luz de la vida 45
de la legión homicida,
que al universo oprimió;
y asentando en él su imperio,
de ominoso cautiverio,
la humanidad redimió. 50



-283-



- XXXVII -




Layda


Al señor General D. T. G.


-284-
Fue como ninguna bella,
y fue infeliz como todas.


Calderón


Where art thou, son of my love? The roar of the blast is around me. Dark is the cloudy night.

Ossian


¿Dónde, hijo de mi amor, do estáis ahora? El rugido del viento me circunda, y la nublosa noche está sombría.


-285-



- I -

Como cedro a las nubes sublimado,
por huracán violento quebrantado,
yace, despojo del destino impío,
de mi arrogante juventud el brío:
cual astro pasajero yo he brillado 5
para extinguirme en mi temprana aurora.
-286-
Ya el soberano canto no me inspira
la musa celestial y encantadora,
y mi enlutada lira
con moribunda voz triste suspira. 10
La harpa lúgubre sólo me ha quedado,
y al son de sus acentos funerales
quiero en mi soledad cantar mis males.
Mas ¿qué imagen se ofrece hoy a mi mente?
¿Qué nueva llama siente 15
mi genio amortiguado ¡ardor sublime!
y sale de repente36
del oscuro letargo que le oprime?
Hierve mi pecho, como la onda airada
por el viento frenético azotada, 20
y en mi espíritu ardiente
rebosa el canto de infortunio y gloria.
Tú eres, Layda infelice; tu memoria
mi corazón conmueve casi yerto,
y en mis ojos las lágrimas retiemblan, 25
como en la mustia yerba del desierto
-287-
el matinal rocío,
al pensar en tu angélica hermosura,
en tu funesto amor y desventura.




- II -

Reina en torno el silencio de la muerte. 30
Absorta en su dolor, y reclinada
en sus brazos de nieve, semejante
al ángel del sepulcro, yace inmoble;
triste, como la Luna nebulosa,
blanca, como azucena amortiguada, 35
sobre el húmedo rastro de una huesa
su hermosa faz se fija; -allí está su hijo,
el fruto del amor allí reposa
en sueño sempiterno; ya no hay llanto
en los ojos de Layda-; lo agotaron 40
la angustia y el pesar, sólo quebranto
a su afligido corazón dejaron.
-288-
«¡Cielo inhumano! en su despecho -dijo-,
tus fatales decretos se cumplieron;
ya cual humo fugaz se deshicieron 45
mis esperanzas todas en un día;
gózate en la obra impía.
¿De tu cólera injusta, y con mi muerte
decreta el fin de mi ominosa suerte?
¿Qué me vale la vida que me diste? 50
¿De qué la gloria y el deleite puro
del tierno amor que consagré a un perjuro?
¿De qué mi juventud, si ni vestigios
de mi dicha han quedado sólo existe
aquí en mi corazón, la cruel memoria 55
del bien perdido y la pasada gloria?
Mas yo deliro, en mi dolor insano:
Perdona, cielo justo; mira humano
el trance en que me veo;
amor fue mi enemigo, amor tirano, 60
blanco infeliz de su tremenda saña,
hizo mi triste pecho ¡a quién no engaña
-289-
su seductor halago! Él revistiera
de irresistible encanto al fementido
que mi alma idolatró con fe sincera; 65
él a amar me enseñó, y abandonada
ora me deja a la inclemencia fiera
de la pasión fatal que me devora.
¿Y aquesta recompensa ha merecido
mi extremado cariño? El mercenario 70
al fin de la tarea su salario
recibe y va contento; el que labora
con su sudor la tierra, aunque deshecho
vea por lluvia larga su trabajo,
vive con la esperanza satisfecho; 75
y yo infelice, de mi amor en pago,
de tanto amor, tan sólo he recogido
un fruto que murió... Tú que el reposo
gozas eterno, do no alcanza el llanto,
tierna flor en su oriente marchitada, 80
recibe de tu madre infortunada,
el postrimer adiós, hijo querido».

-290-



- III -

«Cubrid con verdoso helecho,
fresca rosa y mutiflor,
cubrid el plácido lecho 85
donde reposa mi amor.


Tú estás dormido
en suave lecho,
mientras mi pecho
sufre de amor, 90
hijo querido
tú vas al cielo,37
mientras yo velo
con el dolor.


Mientras tu madre 95
vive penando,
tú estás gozando
gloria eternal;
-291-
y por tu padre
mientras yo lloro, 100
y al cielo imploro,
tú ves mi mal.


De la inocencia
he aquí el asilo;
pasa tranquilo 105
tú viajador:
no tu clemencia,
tu ruego ahora
la tumba implora
de un pecador. 110


Yace aquí el fruto
de la ternura,
la llama pura,
de amor le dio,
-292-
pagó el tributo, 115
y de mis brazos
a los regazos
de Dios voló.


Del alba al riego,
así la rosa 120
nace pomposa,
exhala olor;
mas sale luego
el sol ardiente,
y de su frente 125
muere el frescor».





- IV -

Dónde irá Layda, adónde
llevará su dolor y desconsuelo;
nadie se apiada de su triste duelo;
nadie en la tierra a su clamor responde. 130
-293-
Do quiera vuelve sus inquietos ojos
halla sólo los míseros despojos,
que le dejó el amor; do quier vestigios
de glorias y ventura que pasaron,
do quier caros objetos que le dicen, 135
con voces penetrantes, de amargura:
«Aquí fuiste feliz, aquí gozaste,
en brazos del amor y la ternura,
deliciosos momentos que volaron,
y para ti por siempre se acabaron». 140




- V -

Ya el astro de la noche derramaba,
sereno y melancólico su lumbre,
sobre la triste tierra, y muchedumbre
de fúlgidos diamantes esparcidos
en su diáfano velo rutilaba. 145
La noche era apacible, y los alientos
de los tranquilos vientos,
-294-
suavemente lamían
las corrientes del Plata que dormían;
mientras, tendido al aire el ancho lino, 150
un bajel se alejaba
arando suave el líquido Argentino.
Sentada Layda en la soberbia popa,
sola con su dolor, al desvarío
de su afligida mente se entregaba, 155
y su vista espaciaba
por el cristal sereno del gran río,
do gozosa la Luna se miraba,
y en piélago de luz lo transformaba.
Su cabellera airosa, 160
de color de azabache, ondeaba al viento,
y sus ojos hermosos,
cual astros macilentos y radiosos
en la cándida frente de la noche,
sobre su tez nevada relucían; 165
en tanto que la oscura
sombra de la tristeza
-295-
los divinos encantos y pureza
velaba de su angélica hermosura.
Los tristes y sombríos pensamientos 170
se agolpaban veloces a su mente,
como las negras nubes en la esfera,
en tempestuosa noche, lastimera,
azotadas del ábrego inclemente.
Un trueno retumbó, y Layda entonces, 175
con voz que enterneciera aún a los bronces
exclamó en su aflicción; mientras volaba,
separando el corriente cristalino,
en las alas del viento el frágil pino.




- VI -

«Mi alma fenece con el grave peso 180
del infortunio, y en la tierra no halla
mi corazón, para aliviar su herida,
bálsamo dulce.

-296-

Crudo el destino deshojó en un día
las flores todas de mi vida ufanas; 185
diolas al viento, y me dejó desnuda
de toda gloria.


Do quiera miran mis cansados ojos
duelo tan solo y confusión encuentran,
y nada, nada, que a mis ansias pueda, 190
darles consuelo.


Lágrimas tristes de dolor ardientes,
estéril llanto sin cesar derraman;
buscan en vano, y ni aún la luz divisan
de la esperanza. 195


Árido yermo para mí es la tierra:
el tierno fruto de mi amor funesto
yace en la tumba, y el que reina en mi alma
mis ansias no oye.

-297-

Y el diáfano horizonte se cubría 200
de capuz tenebroso; centellaba
flamígero el relámpago en su seno,
y sordísono el trueno retumbaba.


¡Oh si me oyera! ¡Como de su amante
enjugaría el ominoso llanto! 205
¡Como en su pecho palpitante, tierno
me estrecharía!


¡Como al mirarme, en mi tormento fiero,
tal vez lloroso, arrepentido acaso,
«Te amo cual nunca, me diría, hermosa 210
Reina de mi alma!»


«Ven, dulce dueño, fugitivo ingrato:
yo te perdono; vuelve y con tu vista,
la infausta noche que circunda a mi alma,
grato disipa. 215

-298-

Vuelve a mis brazos; con tu dulce halago
se irán, cual humo, las angustias mías;
y amor delicias nos dará en su copa,
cual otro tiempo».


¡Vano delirio! Mis cansadas voces 220
se lleva el viento; a los suspiros míos
nadie responde, más que el ronco acento
de la onda airada.


Y el diáfano horizonte se cubría
de capuz tenebroso; centellaba 225
flamígero el relámpago en su seno,
y sordísono el trueno retumbaba.


Ya el trueno infausto, en las lejanas nubes,
con voz horrenda mi dolor proclama;
y el cielo, envuelto en denegrido manto, 230
mi duelo anuncia.

-299-

Ya el astro hermoso de la noche oculta
su mustia frente entre tinieblas densas,
y el universo se conjura a un tiempo
contra mí triste. 235


¿Qué esperas Layda en tu desdicha acerba?
¿A qué demandas? ¿Repitiendo no oyes
lúgubres voces por el aire, vagas?
«Muerte, sepulcro».


Fieros ministros de la tumba os oigo; 240
ya voy do quiere mi funesta suerte:
auras veloces mi postrer suspiro
gratas llevadle.


Decidle el llanto que mis ojos vierten,
las crueles ansias que mi pecho sufre; 245
pedidle sólo para Layda alguna
lágrima tierna.


-300-



- VII -

Cesó Layda sus míseras querellas:
y el trueno retumbaba, y tumultuosas
las olas azotaban poderosas 250
los flancos de la nave, que impelía
con ímpetu veloz airado el viento.
La tempestad sonora en un momento
se enseñoreó del mundo; las estrellas
y la Luna y el cielo recatando 255
fueron su opaca luz, y a fuer de montes
lanzaban los sombríos horizontes
escuadrones de nubes, que rodando
con horrísono estruendo por la esfera,
hacían retemblar en su hondo asiento, 260
el sólido terráqueo pavimento.
Se encapotó el cenit, con ceño torvo
miró el cielo iracundo
al angustiado mundo;
el trueno retumbando 265
-301-
se acercó más y más, y rebramando,
sus resonantes alas sacudieron
frenéticos los vientos, y azotaron
las corrientes del Plata que se hincharon.
Todo fue horror entonces; levantaba 270
el río soberano embravecido
su aterrador bramido,
y al sonoro rugido de los vientos,
de los truenos y rayos lo mezclaba
con el ímpetu ciego de un torrente, 275
de su hidrópico seno vomitando
sobre las ondas, ondas, que espumeando,
el límite asaltaban prepotente,
bramaban, se agitaban, resurtían
y con nueva pujanza lo embestían. 280
Los eléctricos fluidos se chocaban,
ardía cual hoguera, el firmamento,
y con más rapidez que el pensamiento,
los rayos y los truenos se seguían,
y rugiendo estallaban, 285
-302-
y en la tierra, en el aire o en las aguas
su abrasadora llama sepultaban.
En vano fiaron las soberbias naves,
que poblaban los senos del gran río
en sus áncoras férreas; la tormenta, 290
con impetuoso brío,
las levantó en sus hombros, y bramando
dio con su presunción en los escollos,
o las sorbió por siempre, derramando,
para triste espectáculo a los ojos, 295
por la playa arenosa y extendida
de su tremenda seña los despojos...




- VIII -

Nuncia de la mañana, astro del día,
alma del universo y alegría;
y tú Luna apacible, compañera 300
de las almas sensibles y amorosas;
-303-
ya no veréis del Plata en la rivera
resplandecer de Layda la hermosura.
Llorad ninfas del Plata generosas
lágrimas de dolor y de ternura; 305
se marchitó la flor más bella y pura
de vuestro sacro río; el débil pino,
que llevaba a otro suelo su destino,
despojo fue de las airadas ondas;
diole el gran río en sus entrañas hondas 310
digno sepulcro, y con ligero vuelo
se sublimó su espíritu divino,
desdeñando la tierra, al alto cielo
murió como la rosa de los campos,
privada del balsámico rocío, 315
y que deshoja el soplo del estío,
cuando su pompa a desplegar empieza.
Se agostó, cual se agosta la esperanza,
el deleite, el amor, y la ventura.
Así también, a la inclemencia dura 320
de la suerte enemiga, amortiguada
-304-
siento mi juventud; pronto el viajero
contemplará, con ojo indiferente
mi losa funeral, y sepultada,
por la mano del tiempo en el olvido, 325
Layda infelice, quedará la gloria
del Bardo que consagra hoy afligido,
este fúnebre canto a tu memoria.