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viernes, 23 de febrero de 2007

Aniceto el Gallo : gacetero prosista y gauchi-poeta argentino

Decreto Galluno
Asigún la opinión de toda la Guardia Nacional
Buenos Aires. Agosto 3 de 1853.

CONSIDERANDO aliviar más el descanso de las fatigas, al cual son merecedores en alto grado los seis batallones de Guardias Nacionales, después que tan brillante y justamente han sido aplaudidos y coronaos de flores por las lindísimas Porteñas; y agradecidamente licenciaos por el respetable y patriótico GOBIERNO de Buenos Aires, al cual los referidos seis batallones han defendido bizarramente, poniendo siempre valerosos el pecho a las balas enemigas durante el sitio reñido y sangriento que ha sufrido esta ciudá invencible: Aniceto el Gallo y las pollitas porteñas han acordado y decretan:

Art. 1. De todos los Argentinos, particularmente Porteños, que hubiesen estao en las covachas durante el tiempo de la pelea contra el Diretudo tamangudo; y de todos los que fueren cayendo de la otra Banda o de pajuera, y no justificaren que se fueron sin justísima causa, desde el 9 de diciembre anterior, hasta el 1º de julio último, se formará un nuevo batallón de cívicos.

Art. 2. A este nuevo batallón se le atracará el número SIETE que es como le correspuende.

Art. 3. Para que por sus grandes servicios atrasaos pueda distinguirse de los otros cuerpos de Guardias Nacionales, el batallón cívico número SIETE usará enastada en caña tacuara una bandera de bayeta amarilla de doce veras cuadradas; y en el centro de ella lucirán escritas con CEROTE NEGRO las iscriciones siguientes:
Batallón nº SIETE de cívicos camanduleros y custitucioneros.

Art. 4. En caso de alarma, este batallón únicamente hará el servicio del Hospital de Mujeres.

Art. 5. Se encargará del mando y disciplina del batallón número SIETE a cualquier coronel o comendante, que también sea camandulero y sietemesino.

Art. 6. Publíquese, ecétera, ecétera, ecétera.

EL GALLO.
Las pollitas porteñas.


Por caridá
Al señor jefe de polecía

Mi señor:
El bocleo aflojó hace mucho tiempo, el Diretudo también aflojó y muy fiero. Luego, en seguidita, los sitiadores aflojaron también hasta la presilla del lazo. ¿No es verdá? Entonces, mi jefe, ¿por qué no les manda que afluejen los mercachifles, los pulperos y almaceneros, y los del Mercao que tiran a dos cinchas? Será bueno, pues, Usía, que me les pegue un vistazo, y si, se ofrece, un chaguarazo: que en cuanto a los panaderos, por ahora no se portan muy mal, sin duda por la abundancia que se alvierte desde que ciertas deidades han dejao de usar mascaritas de harina o de almidón. ¡Qué lindo! y perdone Usía al pobre Gallo.


Ojo al Cristo
En el día, asigún vamos,
me gusta de La Lanceta
la agachada, o la indireta,
Y POR FIN ¿CÓMO QUEDAMOS?
¡Ojo al Cristo! no salgamos,
después de las infusiones,
con que unos cuantos bribones
que andan haciéndose mudos,
redepente cogotudos
se nos vuelvan a respondones.


Aviso Direturial
Habiendo perdido el señor Diretudo, en su juida, a su compañero el perro Purvis, el cual dejuramente deberá andar por las pampas de esta Provincia, Vuecelencia afligidísimo promete premiar a cualquier congresal o custitucionero que se lo encuentre y se lo lleve en algún vapor, dándole una papeleta para que nunca lo muerda el mastín, y en ancas una devisa colorada ancha como sobre cincha. Pero... ¡que se le arrime el diablo a Purvis ni a su amo!


Nº 10
Buenos Aires. - Setiembre 3 de 1853.
La despedida

Por el deber en que me hallo
de mostrarme agradecido,
del Público me despido
soltando el décimo Gallo
pesares que sufro y callo,
aunque en el alma lo siento,
me obligan al sufrimiento
de enmudecer y callar,
hasta que pueda soltar
todas mis penas al viento.
Tristes penas que, en resumen,
humilde confesaré,
tanto me lastiman que se me ha tupido el cacumen:
de balde algunos presumen
que no canto de pereza;
pero la cosa no es ésa,
sino que cierta alcaldada
y cierta alma atravesada
me han calentao la cabeza.
Así, en desquite prometo,
en saliendo de un apuro...
que pronto saldré, lo juro
por mi nombre de Aniceto,
que en un ridículo aprieto
algunos camanduleros
y otros diablos usureros
han de encontrarse por mí;
(déjense estar)... Con que así,
adiosito, caballeros.
Y créanme por favor,
que no en vano cacareo,
y que si ahora renunceo
de cantar a lo mejor,
es porque soy parador
cuando apeligro rodar:
y como sé sujetar
en su lindo a mi caballo,
ansí mesmo siento el Gallo
cuando lo debo sentar.
ANICETO.

Los reculaos. - El Ruiseñor. - El Gallo. - El requesón. - Bachichin. - Los pasteles. - Por las dudas. - La leche. - La conomía. - Comer pollo, y largar pavo...

Hace días que muy a mi gusto me busco la vida de pescador en el Mercao, y ahí mesmo la otra mañana me colé, como acostumbro, a tomar las once en una pulpería aonde, felizmente estaba cantando un medio aparcero mío, nacional de los guerrilleros rebajaos, y mozo a quien por la buena voz de su pecho le llaman el Ruiseñor. ¡Ah, pico de oro! pero, ¡mire el diablo! en cuanto entró, y el pulpero me soltó el vaso, el mozo cantó esta copla:

En un tiempo fui fusil
con que tiraban al blanco:
de fusil pasé a baqueta,
de baqueta a saca trapo...

Por supuesto, paré la oreja a la copla, y con todo, prendao de la buena voz del mozo, y como que de antemano tenía alguna conocencia con él, cuanto soltó la guitarra me le arrimé con el vaso a convidarlo, y con buen agrado le dije:

-Amigazo, me dispensará el cariño de echar un trago: velay caña; y dispénseme también el que le diga en su presencia de que canta muy lindo, pero muy fiero en la letra, porque con la última copla, ¡por Cristo! que me ha pegao en la mesmísima matadura.

-¡Voto alante! díjome el mozo; puede ser, cuñao, que al cuhete y sin malicia le haiga acertao en la uñera, porque como hay tantos maltrataos... y perdone; pero, en fin, me dispensará, porque mesmamente lo siento.

-Déjese de sentimientos, aparcero, entre bueyes no hay cornadas: vaya otro trago, y repare que yo soy gaucho liberal y tan manso que apenas he cosquillao con su versito, porque casualmente también yo en un tiempo fui fusil y hoy paso por sacatrapo, ¡Ah, mundo! pero en el mesmo veo a otros tan afortunaos, que antes fueron sacatrapos y redepente se nos han vuelto trabucos.

-Qué quiere, compañero, así sucede en los vaivienes y trueques de la fortuna.

-Dejuramente: pero por lo que a mí toca, en un trueque de los de esa ingratona fortuna, ya lo ve, me han rabajao el talle; y, de sargento acreditao que supe ser cuando la cosa estaba turbia, hoy, después de la claridá del alicienciamiento, he reculao a picador de carretas; pero, ¡qué Cristo! ni por esas me lamento, pues como le iba diciendo, soy gaucho albitrioso y trajinista en todo tiro.

-Por tal lo tengo, cuñao, y además se le conoce en la laya. Velay, arme y pite un cigarro.

-Corriente; pues sí, amigazo; a gala tengo el decir en cualquier parte que, aconforme soy criollo gastador de plata y voraz, así mesmo, cuando me le agacho al trabajo... soy todo un pión y hombre de bien a carta cabal. Luego tengo, la ecelencia de que en la redondez del mundo no hay cargo que me envanezca, ni cosa que me ilucine, mientras que con mi sudor pueda a entera y lícita libertá agenciarme cuatro pesos, aunque sea picaniando de sol a sol sobre el pértigo: y no se me anden frunciendo ni haciéndome asco al verme de chiripá y emponchao entre los puebleros, porque así mesmo soy tan gente como... velay aquellos militares veteranos descalzos de chiripá y emponchaos, que están de centinela en las puertas del cuartel, de lo que algunos se burlan o se ríen, porque no saben que todo eso entra en ahorros, sí, señor. Luego, por mi derecho en buena ley, eso sí, ni al diablo le facilito el que me suyugue a un rigor, ni a naides el que me agarre de leva, porque ¡barajo! en ese caso sin duda corcoviaré: ¿no le parece?

-Cabal, aparcero; pero, al verlo guasquiarse solo, me está pareciendo de que usté anda calentón, porque le han bajao el talle. ¿No es así?

-¡Che! ¡qué esperanza! ni tal se presuma, hermanito. Vaya otro trago:

y créame de que siendo mesmamente de los reculaos en la voltiada, eso poco se me importa; en primer lugar, porque nunca he pretendido ni acostumbro el vivir a costillas de la Patria, desde que no soy reyuno, y luego, porque encuentro razonable lo que a respeuto y tocante al licenciamiento me han platicao algunos puebleros acá en la mesma ciudá, sí, señor:

-Vamos a ver: ¿qué le han dicho?

-Me han dicho de que la guerra está terminada, desde que el Diretudo se juyó.

¡Ahi-juna! ¿y qué más le han dicho?

-Me han dicho de que por consiguiente, habiéndose juido el hombre, ya por acá estamos siguros de enredarnos en otra revolución, a no ser que los gobernantes sean lerdos o menesterosos, cosa que no hay por qué serlo, desde que todos obedecemos y sabemos de que son hombres necesarios para arreglar y asigurar la Provincia, ahora que está cuasi del todo pacificada: y en esta conformidá, me han dicho por fin, que estando la Patria en paz, los soldaos están demás, y entonces el licenciamiento es rigular y preciso para hacer la conomía.

-¡Barajo! ¡qué terminacho! a ver, dígame ¿qué diablo quiere decir la conomía?

-Es requesón: comé, Bachichin, (díjole a ese tiempo, en la puerta de la pulpería, un lecherito criollo a un gringuito medio bozal y mal engestao).

-¡Requesone! dijo el nacioncito. ¿Cosulé requesone? -A la cuenta el criollito sería lenguaraz, porque al tiro lo contestó:

-Es leche cuajada, animal. Comé.

-¡Eh, Muso! duncua a lechi no me piache.

-No te empachará; comé, azonzao, díjole el lechero, metiéndole el requesón por las narices al nacioncito.

-¡Aspeta, brutui! -replicó Bachichini enojao: y sacudiéndole al lecherito con todo un sábalo por la cabeza, echó luego a disparar como un condenao.


Por supuesto, del sabalazo lo sentó de nalgas al criollito sobre un librillo de pasteles fritos y untaos con miel, fatura que estaba vendiendo a la orilla de la vedera una tía vieja, que, al ver su librillo partido, y los pasteles aplastaos, se le prendió al muchacho como una tigra, y lo empezó a zamarriar; hasta que éste también a lo desesperado le prendió los dientes a la negra vieja que dio un chillido como una rata y largó manija, tan pronto que el lecherito se le escapó dentre las piernas, y salió desmelenao y echando diablos con los pasteles pegaos en los fundillos y enmelao hasta las corvas. ¡Eh, pu...cha, que nos raímos!

Hasta que por fin, yo volví a caír sobre el asunto de la pregunta de mi aparcero el cantor, contestándome:

-La conomía, cuñao, dicen que quiere decir embolsar y no gastar mucho. ¿Oye? y por eso algunos alegan en el fundamento de que se suelte la gente, desde que, como antes le dije ya, en la paz los soldaos están demás. ¿Qué me dice a esta razón?

-Dígole, cuñao, que allá en la Paz o Cochabamba todo puede suceder, mientras que por acá a usté también lo pueden voliar con parolas:

y dígole más claro, con perdón de la confianza, que usté facilita con barbaridá, porque cuando menos es cosa triste, después del baqueteo que hemos sufrido, ser facilitadores y retrecheros, y que todavía nos quedemos enteramente a la luna, cuando el Diretudo y su pandilla andan al sol, y toriándonos con el cuchillo pelao. Cabal, aparcero, así puede usté decirles a los que, hablen de la siguranza, la paz y la conomía, que si atrás del desparramo de los defensores que han sido de esta patriada, se nos deja caír de golpe el Custitucionero, pudiera apurarnos otra güelta, si de pronto no echan mano de la Indiada, que poco gasto le hace a la patria. ¿Oye?

-¡La pujanza en las resultas!

-Pues sí, señor: no hay más remedio, en un pronto: y de no, escuche una comparancia. -Si usté mesmo (pongo por caso) haciendo de patrón o de mayordomo en la faina de un aparte, antes de concluirlo en regla y asigurar la tropa, manda desensillar a todo bicho y lueguito suelta las manadas al campo y se queda a pie, dígame: ¿si redepente se le alborota el rodeo, y se le dispara la tropa, ¿cómo diablo la sujeta a tiempo? ¿en qué muenta su pionada? Pues, amigo, en igual caso nos vemos, si no se remedea el alicenciamiento tan de madrugada; pues, si cualesquier gaucho foranio nos atropella y nos pilla a pie y desparramaos, para sujetarlo en el primer rempujón a los Pampas me atengo: porque, aun cuando podamos tardecito reunirnos y apretar al diablo, sin embargo, no siempre suele ser fácil una recogida grande y a la juria. ¿Oye?

-Sí, cuñao: pero también considere que el mantener un ejército nada más que por las dudas, es una barbaridá por la plata que se gasta.

-¡Oh! quite, aparcero, no diga: mire qué fresquito tenemos en la memoria, de que por haber andao ciertos retrecheros desde muy atrás escondiendo la leche, y por no haber sabido gastar cuatro en tiempo para sacarse el lazo holgadamente, a lo último medio horcaos gastaron hasta las uñas; y con todo, cuasi, cuasi nos han hecho sucumbir. Luego, si de tal riesgo hemos salvao arañando, la esperencia y por las dudas que no dejan de ser peliagudas, lo mesmo será gastar diez que largar quince, a fin de no raliarnos tan fiero y de poder asigurar por todos laos los portillos, y no hacernos andar desparramaos y flacones como la leche del coco, y expuesto a que otra vuelta el Diretudo Custitucionero, que ya anda embrollando con los Cipotenciarios Nutriales, se nos quiere venir a cueriarnos: y para ese caso, no lo dude, es preciso tener truco listo y gordo, y no largar suero: ¿entiende?

-Ahora permítame largarme, porque tengo un quehacer: pero antes, óigame un verso al colmo, para que usté allá se los cante a los que platicaron de Cochabamba y la Paz...
¡Cuidao! caballerazos,
con la manía
de hacer dejuramente
la conomía,
que a fin y al cabo
se suele comer pollo
y largar pavo.

-Y usté ¿tiene madre viva? le pregunté luego al Ruiseñor.

-La suya, sabe que sí: me respondió y se me fue.

A las noticias del tratao del Diretudo entrerriano con los tres señores Cipotenciarios de Francia, de Ingalaterra y de Nortemérica, se ha calentao el paisano Callejas y nos ha remetido el cuhete de más abajito.
Remitido de un gaucho del Sur.
¿Con que el organizador
para juirse ha echao un TERNO,
metiéndose a tratador
con gente del quinto infierno?
¡Será el diablo el Diretor!
¡Quién sabe de ahí los terneros,
si por el trato han soñao volvernos californieros,
porque a Urquiza lo han voliao
allá entre los teruteros!
O si los loros britanos
se habrán vuelto guaicuruces,
y los menistros Musiuses
y los nortemericanos
nos tendrán por avestruces;
Y se habrán imaginao
corrernos de a tres mil leguas,
cuando de allá ni las yeguas
atraviesan el bañao,
si acá no les damos treguas.
Y si vienen, ya se sabe
que llegan siempre aguachaos,
y del todo trasijaos;
y así, no es fácil que un cabe
encuentren por estos laos.
Con que, si hacernos por gusto
anglo - franchi - americanos
pretiende el ñato don Justo,
háganse cargo, paisanos,
¡cómo estaremos de susto!
LUCHO CALLEJAS.


El Manetismo
Por la valsa titulada 14 de julio, y componida por la señora doña Josefina de Barbierí.
Cuento al caso

En cierta solicitú,
antes de anoche llegué
a la ciudá, y me colé
por la calle del Perú...
En un zaino parejero
del andar de mi mujer,
que lo aprecea por ser
mansito como un cordero.
Así, al principio, ¡barajo!
extrañé y me hizo enojar
el lance particular
que les cuento más abajo.
Es el caso, que esa noche,
a un trote muy asentao,
entraba yo tan holgao
como si viniera en coche;
Y redepente, quién sabe
cómo diablos sucedió,
que el pingo se me tendió
al sentir tocar un clave;
Y ya por el costillar
me sacó de la tendida
entrando el zaino en seguida
a dar güeltas y a escarciar.
Ahora lo verás, ¡barajo!
dije yo muy calentón,
y con la firme intención
de prenderle al pingo un tajo.
Me arremango y desenvaino
el cuchillo; pero ¡qué!
si yo también comencé
a dar güeltas como el zaino;
Y bailando hasta la reja
de MADAMA BARBIERÍ,
fui a dar y me le prendí
por la cintura a una vieja;
Y medio como a la cincha
la arranqué de la ventana,
valsiando a la veterana
y gritando: ¡ay, que me pincha!
Malicié, y quise envainar
el cuchillo, ¡qué esperanza!
no pude en la contradanza,
ni con la vaina acertar.
Por suerte, con el polvillo
que me echó a favor del viento
la vieja, en un movimiento
estornudé, y el cuchillo...
Se me cayó de la mano;
y al punto muy alegrona
me dijo la lechuzona:
«ya no me pincha, paisano;
«Sólo siento que me estruja
un poco, pero no es cosa:
¡Ay, qué valsa tan preciosa!
¿no es verdá?» añadió la bruja.
«¡Maldita sea mi suerte!»
le dije, y quise soltarme;
pero, ¡qué poder largarme!
valsa, y valsa, y... dele juerte.
«Siga el compás, no se trabe,
compañero,» díjome
la vieja, al istante en que
dejó de sonar el clave.
Y cuando precisamente
ambos nos desayuntamos
y hechos postes nos quedamos
mirándonos frente a frente:
Hasta que la veterana,
de fatiga o qué sé yo,
en la vedera se echó
en cuatro pies como rana.
Diciendo a gritos: «¡Josús!
¡yo en zarandeos, qué horror!
¡cuando al baile y al amor
cuantuá les hice la cruz!
«¿Cómo es que ahora al son de un clave
en la valsa me he floriao?»
«Porque la han manetizao
con música, y no se alabe,
Le contesté, porque a mí
también me ha manetizao
con la valsa que ha tocao
madama de Barbierí.»
Y por fin, a mi caballo
de un brinco me le senté,
y en cuanto me acomodé,
salí a dos laos como un rayo.
Esto es la pura verdá:
y el que quiera embelesarse
por gusto, o manetizarse,
compre la valsa, y verá.
Buenos Aires. Agosto 25 de 1853.


Pregunto yo
Si el señor Gobierno ha decretao fresquito de que los paisanos no puedan correr avestruces en los campos, y en esa confianza, redepente se nos deja caír por la campaña el Maldito Diretudo con algunos tratadores, ¿cómo hacemos? Respuéndame alguno a ver.


Vayan deputaos
Lista cócora o suplefaltas de representantes para el pueblo, asigún la opinión de Aniceto y otros que no son gallos, pero que son pavos.

En primer lugar:
Yo Aniceto el Gallo.
Mi compadre Lucas Sentao.
Mi suegro Roque Callate.
Mi pariente Estanislao Sordo.
Mi tío Benedito el Mudo.
Mi cuñao Agapito Sueño.
Y mi aparcero José Crespín Nalgas.
Ahí tienen Deputiaos de sobra... por si faltan.



Nº 11
Buenos Aires. - Marzo 12 de 1858.
¡Ojo al gallo nuevo!

Velay la estampa del Gallo
que sostiene la bandera
de la patria verdadera
del Veinticinco de Mayo.
El santero don Catalde
es quien me ha hecho la fineza
de pintarlo a toda priesa
a lo divino, y de balde.
Es una prueba de afeto
y de generosidá,
que se la agradecerá
eternamente...
ANICETO.


Empanada
Para el señor general de aguas mayores y tierras menores, don Usebio José de Urquiza

Señor: yo había pensao
para hoy viernes, por si ayuna
en cuaresma, mandarle una
empanada de pescao:
pero, como en el mercao
anda el sábalo a caballo
de carísimo, y no me hallo
en situación de gastar,
sólo le puedo largar
esta empanada de GALLO.
Tendrá, eso sí, que morder
si acaso el hambre lo apura, porque el gallo es ave dura
para dejarse comer.
En fin, si le dan qué hacer,
las presas échelas juera,
que allá mi recao pudiera
gustarle, porque ahí le soplo
un morrudísimo choclo
a lo gaucha amasandera.
Nicolasa la Porteñaza.

La situación sigún ellos, y la mesma asigún yo

¿Quiénes son ellos? A la fija, ésta es la primera pregunta que en sus adentros se hará cada paisano letor, en cuanto se eche a la cara esta primer gaceta de la segunda lechigada, que empieza a soltar el Gallo que clavó el pico la vez pasada, hasta que vuelve al reñidero a impulsos de las bravatas del Entrerriano Orejano general de aguas y tierra, a quien todos conocemos por su fama de Diretudo, y porfiao menospreciable a tal punto, que yo, siendo un infeliz, y apenas lo he sentido relinchar otra vuelta, ya también, como les avisé, salgo arremangao y dispuesto a pegarle un vigor hasta aplastarlo, por más alzao y bellaco que se encuentre. ¡Ah, chaná viejo!

Pues, sí, paisanos: ellos son los de cierta manada de Urquizanos y Rosines, todos de la marca y pelo del Diretudo, los cuales a un tenor balaquean de tal suerte, que, al oírlos algunos hombres patriotas que andan retiraos de esta ciudá, y particularmente los provincianos, quizá creerán que esos diablos tienen algún fundamento en lo que alegan, desde que nuestros gobernantes los aguantan y se encogen allá, porque dicen que así deben proceder por respeto a las galantías y la libertá que en el día tienen por la ley los imprenteros desvergonzaos y embusteros. ¡Muy lindo!

Con esta confianza, toda esa recua de Rosines al mesmísimo Gobierno de Buenos Aires le canta el cielo, y le dicen menudamente en sus barbas, que Vuecelencia el presidente terutero es mejor y más Gobierno que el nuestro; y que por lo tanto la patria toda enterita se le debe someter, porque, si no, es muy arrejada y peliaguda la situación en que hoy están los Porteños y las Porteñas, desde que el Diretudo, de puro corajudo y yesquerudo, está atufadísimo con los primeros, porque ni le hacen caso, ni se quieren dejar soplar a la juerza la Custitución terutera, ni por los diablos quieren soltarle las vacas y menos la batería aquella que mandaba el dijunto don Bernabel Escalada y que hoy está a las órdenes del paisano patriotazo don Savedra ¡Ah, criollo! ¡no se la vaya a soltar!

Luego, con las Porteñas también está muy atufao el costitucionero Diretudo y barrigudo, porque siendo éstas el tormento mayor de los amorosos deseos de Vuecelencia, las muchachas no hay forma de que quieran bailar con él la contradanza aquella, a que tanto se aficionaba en el Clubo, (212) porque todas se están lambiendo por largárseles nada menos que con los lanceros, y eso no aguanta el costitucionero, porque, como ya está pesadón, malicea que lo pudieran chuciar. ¡Ah, bruto!

Siendo así pues, el general de agua y tierra se quedará ganoso de todo y por todo, y a los que

dicen que la situación es peliaguda...

¡ahi-juna! dígoles yo que no hay tales carneros.

La prueba está en que nuestro gobierno los deja no más que ladren a caerse muertos, desde que no nos han de morder. Además, ya cuasi naides para la oreja al toreo de tales cimarrones; y yo menos que otro cualquiera, porque ya estoy de balacas rosines hasta el pelo: como que soy salvaje veteranazo y baqueteao en la defensa de la justa causa que hoy defienden los Porteños, y de la mesma que, por fortuna, hace una máquina de años a que se nos resertó ese mesmo gauchaso Diretudo ambicioso, enredista y pendenciero como morao sin agüela.

¡Cabalito!

¡Qué Cristo! a ver como no se retoba fiero y nos atropella con los veinte mil aliaos de ñaupas que dice que ya va rejuntando (¡y que rejuntaba!). ¡Ah, malaya, se le aflojara del todo la chaveta! pues sólo así pudiera merecer pillarme a tiro (y que me pillaba), supuesto que yo no pienso juirle muy lejos, aunque voy arrejando a que, si me agarra (cosa que no le ha de ser tan fácil), no me haga nada, sino prenderme apenas un chaleco de cuero fresco y cortito no más, así como desde el cogote hasta el encuentro mesmito.

Como guste: pero, así con riejo y todo, sostengo y les afirmo a todos los paisanos liberales que el Diretudo tetudo es un peine, que ni liendres nos dejaría si consiguiera que le agacháramos la cabeza por las bravatas que nos echa, y las embrollas que nos arma allá entre algunos provincianos que tiene apretaos o ilucinaos, y con quienes los Porteños no tenemos queja ni agravio ninguno, y de quienes, a pesar nuestro, estamos medio apartaos hasta que el Diretudo degollador y manotiador quite su cuero del titulao Gobierno nacional, y deje que salga cualquier otro Presidente a mandar a todas las provincias unidas del Río de la Plata... y a Buenos Aires en la punta.

Velay en plata la única ambición que tiene la porteñada y su Gobierno, esperando en Dios y la justicia que todos los provincianos se convenzan de que Urquiza los está pelando y enredando: y que no crean en su fantástico poder ni en sus bravatas y chismes, porque miente el Diretudo juidor y zambullidor cuando dice y hace decir, hasta en las gacetas urquizanas del mesmo Buenos Aires, que esta ciudá y su campaña están pronunciándose por él, y muy atrasadas, porque hasta los Pampas nos apuran...

¡Ahi-juna, el terutero embustero! A la vista está fresquito, que a todos los Indios aliaos de ese bruto, el ejército guapo y morrudazo de Buenos Aires los ha cuereao y arrempujao, espantándolos últimamente hasta Chiloé y para siempre.

Ésta es la verdá evidente y a macho: así, todo lo demás que dice el Diretudo tobilludo son embrollas y balandronadas que suelta, por no soltar la TETA que le está chupando hacen diez y seis años al Entre Ríos, y para aparentarles a las provincias mucho crédito y poderío, de miedo que los provincianos mesmos redepente lo echen a ponchazos de la presidencia antigualla y refalosa, en que sin merecerla se ostenta el 2º don Usebio de la Santa Federación.

¡Anda, pulpero maula!

Por último, Aniceto les alvierte a todos los provincianos y en la presente a los amigos Entrerrianos, que los Porteños ni su Gobierno ni quieren ni arman pendencias con naides, menos con los Argentinos, como que también lo somos los gauchos de Buenos Aires: y más les alvierto de todas veras, que la presidencia de Urquiza, con fanfarronadas y todo, ya está relampaguiándole como candil flaco y se le va por un cuesta abajo; y que de ahí procede el ULTIMATO ñato y las amenazas del Diretudo uñerudo.

De balde se hace lomo liso, le duele la matadura y corcovea más desde que ha visto que los señores Gobiernos de Francia y de Ingalaterra han reconocido en amistá la justicia con que el Gobierno de Buenos Aires, con tierra y todo, se le ha hecho José de ajuera al costitucionero balaquero, lo mesmo que deben hacer lueguito todas las provincias Argentinas, despreciando los maquines y balacas de Urquiza y sus lagañas gurupieses.

Bueno pues: para fundirlo del todo al Diretudo, si los provincianos no nos quieren ayudar, por encimita aunque sea, no tienen que forcejear mucho, sino dejarse andar trajinando allá en sus pagos, mientras nosotros, los Porteños solitos, ya que don Usebio Urquiza nos viene sacando cuchillo, veremos si le trajinamos la presidencia, las vacas y la rocinada que ha arrejuntao, descamisando y degollando por diez y seis años a los infelices Entrerrianos y por orden del calandria don Juan Manuel Rosas, de quien Urquiza fue ovejero, como perro de presa, hasta ahora que la echa de potestá y nos sale con las alianzas.

Balaquiando a costillas
del Emperador,
de la Banda Oriental
y de Ituzaingó,
el ombú, el juncal,
y las prendas colgadas
en la catredal de Buenos Aires...
prendas de que han de reírse
hasta los flaires... y
¡música, música!


Diálogo gauchi-beatón
Ayer yo estaba presente
en la mesma pulpería,
cuando a eso de mediodía
pasó el diágolo siguiente.
Al gaucho Roque Limares
que, alegándole al pulpero
sobre el Paso de Quintero,
nombraba Cristos a pares:
-¿Cuántos Cristos conoces?
un beato le preguntó
y Limares contestó:
-No conozco más que tres.
-¡Jesús! ¡qué barbaridá!
(dijo el beato y santiguose.) Sólo un Cristo se conoce
¡che, bruto! en la cristiandá.
-¿Qué dice? Más bruto es él;
en su cara se lo digo:
tres Cristos conozco, amigo,
siendo uno de ellos infiel.
Y en prueba de que son TRES,
sepa ¡so hijo de la gran... pa!
que conozco a Cristo el pampa
y al cristiano Cristo inglés.
Como conozco de fe
a CRISTO Nuestro Señor
de cielo y tierra, y criador
de animales como usté.
-Bueno, Roque, así será;
(replicó el beato asustao)
veo que me has trajinao;
pero... dime la verdá.
Supuesto que has conocido
al Cristo de Ingalaterra:
de tan lejos a esta tierra
¡a qué asuntos ha venido!
Porque, mirá, lo confieso,
que algo dudo y no concibo
¡cómo sea Cristo vivo
un Inglés de carne y güeso!
-Pues no lo dude, aquí está,
mostrando ser más cristiano
y más sabio y más humano
que nosotros; ¡la verdá!
Y es tan vivo y tan certero
y tan gaucho de una vez,
que le ha prendido las tres
Marías a un terutero.
-¿A un terutero? ¡qué risa!
como es pájaro patudo
es fácil...
-No: al Diretudo,
al gran terutero Urquiza...
Que estará haciendo cabriolas,
y en apuros después de eso,
porque en el mesmo pescuezo.
¡Cristo le prendió las bolas!
-Pues, amigo, es una hazaña,
dijo el beato, y bolsiquió,
y a Limares le largó
cinco pesos para caña.


La Ultimatera
Media caña terutera

No se escuenda de susto
la Porteñada,
que ahí viene don Usebio
con una armada...
-¡Por Jesucristo!
la más cruda y tremenda
que habremos visto.
A que no nos quita... la curiosidá,
y nos facilita... y se empaca allá...
Porque ya sabe
que le hemos de atracar
en cuanto cabe!
¿Habrá hombre más funesto
que el Diretudo?
vean cuánto pretexto
y agravio al ñudo...
Forma al presente
por lucirle al Imperio de presidente.
Pues, vení, malevo... Vení, fanfarrón,
y comerás trebo... si estás barrigón.
Yo te ofrezco eso
porque has de ser un duro
si comés queso.

Así paga el diablo a quien le sirve
Diz que el ingrato juidor,
presidente mashorquero,
desea sacarle el cuero
a nuestro Gobernador.
Confesando de que a gatas
le debe a don VALENTÍN,
ni más ni menos, al fin,
que el andar en cuatro patas.
El Gobernador don Valentín Alsina.

La ilusión
Es tanto lo que alucina
mirar en el descampao,
al través de la ñeblina,
a un cuervo o a una gallina,
o pavo medio empampao...
Que en el campo un Andaluz,
viendo a un triste terutero,
exclamó asustao: ¡Jesús!
por la Santísima Cruz,
¡aónde vas, joven guerrero!


Cortesías de Aniceto

A LA TRIBUNA DE LOS RATAPINGAS.
¡Ay, mi alma! Te quiero mucho... ¡A que te pincho! ¿Pero: por qué a los güeyes flacos les meniás picana, y a uno que otro gordo le negás macana?

AL NACIONAL.
¡Superiorazo, y échele cuhetes! pero no se turbe ni se me alargue en los cargos que señala, porque hay muchos niños, y esos trompos cuestan caro.

A LOS DEBATES.
¡De mi flor, amigazo! pero no se enriede en las cuartas ni ponga el freno patas arriba, como en el cuentito de la sulevación del ejército del Sur.

A LA ESPADA DE LAVALLE.
¡Guapísima y cortadora! pero que no vaya a salirse de la vaina.

A LA OPINIÓN PÚBLICA.
Mi afeto de corazón y... ¡dele guasca!

A LA NUEVA GENERACIÓN.
¡Qué lindo los angelitos! Dios los guarde y dispongan del cariño de Aniceto.

AL JUDICIAL.
Mi respeto, con tal que me recomiende al alcaide del callejón de Ibáñez, por si me refalo en algunas eleciones.
Y a los demás que no trato:
La Virgen les dé su gracia y el Señor les diga: Amén.


El sargento arrecifero
Cierta sentencia gauchesca
del sabio rey don Alfonso
dice así: ¡Malo es que a un zonzo
la Virgen se le aparezca!
y aunque parece burlesca
tal advertencia reyuna,
desde Caseros ¡ahi-juna!
Urquiza la comprobó,
cuanto se le apareció
la Virgen de la fortuna.
Sólo así, en su cacariada
aición de Monte Casero,
pudo ese loco altanero
hacer una zapallada:
y gracias a la cuartiada
de Argentinos y Orientales,
y a los barcos imperiales,
y sobre todas las cosas,
a que ya estaban de Rosas
muy cansaos los federales:
Y tanto, que se largó
sin peliar la Porteñada,
pues ese día la Indiada
fue la que medio aguantó;
porque Rosas disparó
el primero y más temprano;
y yo pienso que el tirano
tuvo ese día, en verdá,
más miedo de los de acá
que de Urquiza el entrerriano.
Entretanto, el terutero
Diretudo fanfarrón,
desde aquella aparición
y zapallada en Casero
hasta la presente, infiero
que ve visiones en sueños,
porque hace vanos empeños
creyendo en sus devaríos
gobernar como a Entre Ríos
la patria de los Porteños.
Pues, ¡barajo! si ha pensao
tamaña barbaridá,
que se amarre el chiripá
y se largue de este lao:
pero que venga ensebao,
porque lo hemos de apurar
sin darle tiempo a rumbiar,
como rumbió en la otra juida
cuando aquella zambullida
que dio al quererse embarcar.
Véngase a la disparada,
no se haga desiar al ñudo; venga, ñato Diretudo,
que no le ha de pasar nada.
Yo, cuando más, una inflada
le daré por balaquero,
y si algún criollo el yesquero
quisiere hacerle fruncir,
no se lo ha de permitir..


EL SARGENTO ARRECIFERO.
Cuhete
De parte de la Guardia Nacional de Buenos Aires al nombramiento del señor general de mar y tierra

Señor Presidente Costitucionero:

Sabemos los Nacionales
que, para hacernos la guerra,
general de mar y tierra
lo han nombrao sus congresales;
y hallamos que cargos tales
le caen al pelo, señor,
pues, si no es navegador de grande capacidá,
en Palermo mostró ya
que es gaucho zambullidor.
Queremos, sí, que nos diga:
cuando tenga que embarcarse
¿cómo hará para no echarse
enfermo de la barriga?
porque el mareo fatiga
y da como chavalongo;
razón por la cual supongo
que si se embarca, a la fija,
en su primer revoltija
de tripas, larga el mondongo.
En fin, si ha determinao
invadirnos sin más tregua,
díganos si vendrá en yegua
o se nos larga embarcao;
porque acá está preparao
Usebio patagalana,
quien en figura de rana
lo batirá con la popa,
a p...istola y quema ropa
y a bordo de una chalana.
¡Barajo, qué pestilencia
será el humo de esa aición!
la Santa Federación
que le valga, Vuecelencia!
aunque Usebio en su clemencia,
como es su igual y tocayo,
lo más que hará al fin y al fallo
será soltarlo apestao,
como se lo ha suplicao
su servidor...
Cruz Ramayo.
A.


Nº 12
Buenos Aires. - Marzo 19 de 1858.
Asombro

En las noticias recientes
dicen (como una gran cosa)
los DEBATES inocentes,
de que «una sandía mostruosa
se han encontrao en Corrientes.»
¿Colorada o amarilla?
de eso no dicen, si no
que «diez arrobas pesó,
y que sólo la semilla
un barril de horchata dio.»
Pues la tal sandía tenía
un grandor tan formidable,
que su tamaño sería
más o menos comparable
a media pipa vacía.
De tal cosa, sólo un payo
se asombra; porque en CASERO,
un día tres de febrero,
Urquiza se halló un ZAPALLO
mucho mayor que un ternero:
Con el cual el hombre pudo
hacer horchata y licores;
pero hizo cosas mejores,
haciéndose el Diretudo
general de aguas mayores.


La visita de Aniceto
A Ratapinga

Vaya, paisanos: ahí tienen otro nuevo Gallo que sale medio flojón, porque ya se suena que a Vuecelencia el Entrerriano general de ambas vías redepente se le ha encogido la guapeza, y ha reculao la cosa del ultimato, alegando que ÉL no ha soltao tal balaca, sino que su ministro el cantor de Carolla es quien mandó el documento, sin la conocencia del señor Diretudo panzudo. ¡Óiganle al invasor de los cotigentes de a quince mil!

Por supuesto, todo eso que alega Vuecelencia es nada más que una gauchada; de balde ahora saca el cuerpo y recula... porque se le chingó el cuhete, luego que el coronel Granada se basurió a Calfucurá con toda la Indiada que ha ido a guasquiarse al infierno, y que el coronel don Emilio Mitre le está desde la Loma Negra poniéndole los puntos al Diretudo Sicofantástico. En ancas, se ha sentao de golpe el balaquero presidente, porque todos los señores Cipotenciarios uropeos le han hablao fieramente a respeto de las alianzas con que cacarea el Zambullidor.

Velay la causa de la sofrenada que ha pegao Vuecelencia, cosa sabida ya por muchísimos nutriales que han llegao del Paraná ahora poco, y la mesma que yo he averiguao como se las cuento: oigan.

Ayer al tocar las doce llegué de los Corrales del Alto, aonde me almorcé un matambre con tortas y mucho vino superior, y medio chamuscao enderecé a la casa de mi amigazo el patroncito de la Tribuna ratapinga, que vive en la calle de San Francisco.

Pues, señor, en la mesmísima puerta me le apié; y después de maniar mi potrillo, entré a la casa, y sin ruido me iba colando hasta el fondo, cuando tuve que hacer alto en la puerta de un cuarto muy sahumao, en donde estaba el mocito haciendo medio día y sentao como pegadito a una niña, que da comezón el verla tan primorosa.

Redepente el patroncito, que es un lagarto de vivaracho, me sujetó dándome el grito:

-¡Ché, qué fortuna, el amigo Aniceto por acá! Adelante. ¿Cómo está, compañerazo?

-Alentao, patroncito; y me le entré al cuarto... ¡ojo a la moza!

-Me alegro, amigo Gallo: y así tengo el gusto de presentarlo a esta señorita mi esposa y su servidora.

-A lo mesmo, patroncito; ya veo que la niña es una joya, y que usté es muy dichoso en el amor.

-Gracias, Aniceto: ahora sientesé pues en esta butaca blandita.

-¡Mutaca blandita! que se siente un maturrango, que yo no caigo más en otro resumidero: ¿se acuerda?

-¿Ja, ja? sí, me acuerdo: pero este sillón no esta inflado, como aquel en que usté pegó la sumida hasta las aujas. Siéntese no más con toda confianza y almorzará en mi compaña.

-Le agradezco, patroncito: ya estoy lleno.

-Sin embargo: probará una omeleta. ¿No le gusta?

-¿Mulita dice? sí, señor; peludo también me gusta, pero por ahora sólo apetezco un cimarrón.

-Corriente: al instante le haré dar mate; tome asiento.

-Vaya, pues, ya que se empeña, le haré el gusto (le dije), y me le afirmé a la mutaca, la mesma que pegó un resoplido cuanto le asenté las nalgas.

-Con que, amigo Aniceto, ya sabrá usté que Urquiza no nos invade por ahora.

-¡Voto al diablo! ¿y, por qué se anda empacando?

-¡Toma! porque ha consultado el resultado que tendrá su invasión, y le han profetizado un descalabro.

-¡Vea eso! ¿y quién?

-Un trípodi o mueble profético.

-¡Un tripo! vaya un profeta acertao: pero ¿de qué se ríe, amigazo?

-De nada, amigo Aniceto; y dígame, ¿por qué viene medio escuálido?

-¡Ñaú, ya empieza con sus terminachos! ¿Medio cómo decía?

-Medio pálido y de mal semblante.

-¡Ah! puede ser, porque ahora noches pasadas rodé muy fieramente con una hembra en ancas.

-¿Y adónde?

-En un pantano.

-¿Y cómo fue usté, que es tan gaucho, a empantanarse así?

-Le diré, patroncito: andaba yo mal montao la otra noche, y se me antojó apiarme junto a la Recoba a oír la musiquería del baile mascarao.

Luego, cuando iba a retirarme, se me arrimó una moza de Turca por dentro y juera, porque venía muy divertida: a la cuenta en la confituría de la esquina le habría menudiao al coñaco y la giniebra.

Ello es que se me prendió y me dijo: «Ché, compadre, ya lo conozco; mónteme en ancas y lléveme a casa, que estoy medio en chaucha.» Como era mi comadre, la monté ahí mesmo y salí al tranco rumbiando para el güeco de la Yegua; y al llegar a la casa, en un barrial medio pantanoso, aflojó el mancarrón y se me dio güelta tan fieramente que me tapó con hembra y todo.

Velay cómo rodó, y la razón por que hasta ahora rengueo como manco de la cuerda.

-Ya lo veo, amigazo, y lo siento mucho, aunque considero que su renguera no le impedirá soltar su gaceta. ¿No es así?

-¡Qué esperanza! para eso vengo a preguntarle, si es evidente la reculada del señor Diretudo.

-Ciertísima, amigo, no lo dude: y así puede usté decirlo a los paisanos en el Gallo que suelte.
-Pues entonces, amiguito, con su permiso me largaré a escribirlo para darle a Vuecelencia unos consejos razonables. ¿No le parece, patroncito?

-Buenísimo, amigo Aniceto. ¿No tiene algo que recomendarme?

-Nada más sino que cuide a la deidá de su tortolita presente.

Y me salí suspirando y pidiéndole al cielo que, de gallo que soy, me trocase alguna ocasión en la figura del patroncito de la Tribuna y ratapinga.


Alvertencias y consejos
Voto al diablo, don Urquiza,
que a costa de su ultimato
acá hemos tenido un rato
a caírnos muertos de risa.
Porque, ¡atienda! se precisa
para largar tal papel,
ser lo que don Juan Manuel decía que es Vuecelencia:
loco malo a la evidencia
y balaquero como él.
Pero... ¡cómo lo han metido
en ese berenjenal!
¿Quién lo aconseja tan mal,
y tan fiero lo ha mecido?
¡Infeliz!... ¿no ha colegido
que lo están precitripando?
la p...unta y truco, ¿hasta cuándo
todo un señor SICONFANTA
como un animal aguanta
que así lo estén trajinando?
Oiga: cada consejero
salvaje que lo rodea,
aunque le bale, no crea
ni lo tome por carnero
es un zorro que hasta el cuero
le ha de sacar sin sentir.
Oiga, vuélvole a decir;
mezquíneles cuanto pueda
las vacas y la moneda:
mire que lo han de fundir.
Ese tal don Salvador
que allí se le hace el carnero,
es como gaucho tambero
y salvaje volvedor;
nunca dio de aguantador
prueba ninguna en su abono;
de balde hoy le sigue el tono, verá si esa liendre en suma
no lo jo...roba y empluma...
en cuanto asigure el mono.
¿Y su ministro, el cantor
sin guitarra, don Derquis?
de balde el gato mis-mis
le baila, es más volvedor;
de ambicioso y chupador
se le humilla y lo alfatea,
se encoge y le morronguea;
pero engórdelo y verá
si al infierno se le va
con soga, estaca y manea.
Don Galán presumo que
le sea más pegajoso,
porque, como es tan baboso
pudiera pegarselé.
Sin embargo, también fue
salvaje aunque hoy le conviene
a su lao hacerse el nene
por mamarle el corazón;
pero... ya sabe, patrón,
que quien malas mañas tiene...
De su menestril de Hacienda
poco o nada le diré,
porque ese bruto no sé
si es de freno o es de rienda;
tiene sí fama estupenda
de Salvaje mordedor,
bellaco, manotiador,
trasijao, y medio bizco,
de mal andar, muy arisco
y a lo último cociador.
Luego, entre sus congresudos,
aunque hay hombres que apreceo
y respeto, también veo
que hay ciertos diablos nalgudos,
que de miedo o de conchudos
sufren allá barbariando;
pero, así mesmo ¿hasta cuándo,
general de Aguas Mayores,
presume que esos señores
le han de seguir aguantando?
¿No ve que son gamonales,
los más de ellos habituaos
a vivir entre alfombraos
y no entre bosta y barriales?
¿Cómo presume a hombres tales
sujetarlos a corral?
no, señor, no crea tal;
llegando el caso oportuno
se le han de ir uno por uno
con maniador y bozal.
Finalmente, Vuecelencia,
en la situación presente,
cuando se ve claramente
chochando su presidencia, ni costancia ni obedencia
aguarde de esos dotores,
ni los crea aguantadores,
ni se fíe en sus consejos,
porque son salvajes viejos...
ansí han de ser volvedores.
En fin, si se halla apurao
por sus alianzas potentes,
y tiene allá cotigentes
para invadir a este lao,
puede someter holgao
a toda la Porteñada,
porque el coronel GRANADA,
MITRE, CONESA Y PAUNERO
dicen que por balaquero...
¡qué Cristo!... no le harán nada.
¿No se fía? ¡ja, ja, ja!
nada, señor presidente,
fíese tan solamente
del Indio Calfucurá,
o de HORNOS, quien, la verdá,
aunque siempre salvajea
y es su enemigo, no crea
ni tema, señor don Justo,
que le haga voliar por gusto,
ni le haga sacar manea.
Palermo de Buenos Aires, 15 de marzo de 1858.


Anda que te lamba un güey

Muy acertao hubiera sido que allá en el Paraná mesmo, esos deplumáticos urquizanos y adulones del Diretudo, cuando éste les ordenó que mandaran de su parte el ultimato balaquero que le soltó a nuestro gobierno, muy acertao hubiera sido, repito, el que esos menestriles teruteros, al ver salir aguas abajo al documento ultimatero, le hubieran dicho en presencia del sicofanta presidente, no como hoy se usa decir en Buenos Aires -¡Aónde vas, joven guerrero! sino: ¡aónde vas, carnero! y estoy segurísimo que Vuecelencia al tiro les hubiera contestao...

¡A VER SI TOPA!

¡Pues no, tirano; y que topaba! por lo bien que se portó en Buenos Aires, cuando, fiaos en su pobrama famoso, le ayudamos a voltiar al otro Restaurador de las botijas, y que, en cuanto pisó a Palermo, empezó a barbariar y se afusiló al coronel Chilaber, sin más causa que, porque allá en Entre Ríos, cuando el Diretudo era tahúr, el coronel no quiso dejarse ganar mal, y le atracó unos guascazos por tramposo.

O será por lo que se acreditó con nuestros paisanos, cuando esa mesma ocasión los hizo matar en tropillas y colgarlos muertos en los ombuses para amendrentar a los Porteños, y manotearse luego todos los millones del Banco y todos los armametos y vistuarios del parque, y por último hasta las ollas de la cocina de Juan Manuel.

Háganse cargo, paisanos, qué custitución, qué galantías ni qué chirolas puede darnos un diablo así tan sumamente desalmao y mezquino, que esa vez ni a sus paisanos los Entrerrianos les largó cuatro pesos, y que hoy mesmo tiene allá en sus numerosas estancias oprimidos a centenares de infelices provincianos, de los cotigentes que rejuntan, para sacarles el quilo trabajando para ÉL de sol a sol, desnudos y galguiando de hambre, sin darles más alivio que una ración de un naquito de tabaco aventao cada quince días, y una buena cuenta de doce reales cada dos años, y me alargo; aunque es cierto que les suele atracar hasta trecientos duros por cada falta a una lista.

¡Infelices! ojalá que los trajera el Diretudo a este lao del Paraná, y vería si le quedaba ninguno sin venirse a Buenos Aires, aonde cada soldao tiene prendas lindas con que acacharparse, buenas armas y buen pingo, carne gorda y abundante, y jefes que los cuidan y aprecean, y luego ocho pesos fuertes cada primero de mes; sin tener más que hacer que los deberes de un soldao, no los de piones y esclavos de un gauchazo federal de mucanga, que, a pesar de que ya es mancarronazo en edá, jamás en su pu...erca vida le sirvió a la patria, ni para cuartiar carretas, en aquellas guerras gloriosas, que sostuvieron valerosamente los agüelos, padres, hijos y nietos de todos los Argentinos, que hoy pretende presidenciar el Diretudo mondongudo general de tierra y agua, y a lo último de ventosidades. ¡Anda que te lamba un güey!


La media caña
En San Borombón

Salió de las Polvaderas,
rumbiando a San Borombón,
a mudar de población,
el gaucho Lino Contreras:
y no habiendo ni taperas
adonde se iba a poblar,
tuvo el hombre que cargar
con toda su trastería,
y un martes al ser de día
mandó uñir y caminar.

LA MEDIA CAÑA EN SAN BOROMBÓN
Una carreta toldada,
sobre un rodao de mi flor,
y su eje resuperior,
lecho nuevo, y bien quinchada,
hasta la tolda cargada
llevaba en esa ocasión
con trastes de precisión,
porque ni la leña es maula...
menos el catre, la jaula,
las sillas, mesa y colchón.
Era tan acreditao
el tal Contreras, ¡ah, Cristo!
que en ningún pago se ha visto
un hombre más apreciao:
además era mentao
de gastador muy voraz;
y siendo así tan capaz
el gauchaje lo estimaba,
y todo bicho anhelaba
el agradarlo a cual más.
Al caír a San Borombón
paró la carreta un día,
y al punto la gauchería
formó allí una reunión,
Cinco mozos de un tirón
a la familia rodearon,
y toditos se brindaron
a servirla al pensamiento,
por supuesto, y al momento
a tomar mate se apiaron.
Como era muy rigular,
la mujer de Lino luego
mandó a su hijo que en el fuego
pusiera agua a calentar
de ahí Lino mandó sacar
medio frasco de aguardiente...
con el mesmo que la gente
lueguito dentró en calor;
y como había un cantor
se armó un baile redepente.
Velay Pilar, la Porteña
linda de nuestra campaña,
bailando la media caña:
vean si se desempeña,
y el garbo con que desdeña
los entros de ese gauchito,
que sin soltar el ponchito
con la mano en la cintura
le dice en esa postura:
¡mi alma! yo soy compadrito.
Vean luego que ha llegao
el gaucho Martín Mirazo
en un caballo picazo
con otro mozo enancao:
véanlo a Martín echao
sobre de la cabezada,
ojo a Pilar, y más nada,
mientras Lino complaciente,
al estribo, de aguardiente
le alcanza una convidada.
¡Martín en esa ocasión
no tomó de embelesao,
pero a Lino el enancao
le recibe un cimarrón.
¡Ché!... vean el manotón
que se pega en el sombrero
ese otro gaucho coquero:
sin duda estará celando
a Pilar, porque bailando
se le quiebra al compañero.
De ahí miren a la mujer
de Lino, si se despega
del cantor Antuco Vega,
que la empieza a enternecer
luego atrás se deja ver
afirmao en su picana
al picador que se afana,
esperando sólo el caso
que siga la rueda el vaso
y le alcancen la mañana
Luego está cimarroneando
al costao del picador
ese otro gaucho pintor,
que entre dientes murmurando
y al ñudo menospreciando
el canto y el baile está:
a la cuenta encontrará
de qué hacer murmuración,
o será algún quebrallón
que nada le agradará.
Tras del pértigo, notando
de la moza la esquivez
al bailar, un cordobés
se está así como rascando;
y al mismo tiempo desiando
bailar un gato siquiera
con la Porteña embustera,
porque ya la está queriendo,
y en sus adentros diciendo:
¡Ah, ingrata! quién mereciera...
De ahí, miren encarretao
a ese gauchito travieso,
a fin de robarse un queso
y una torta del atao,
después de haber churrasquiao
cuanto es posible tragar;
pero él no sabe bailar,
así es que sólo le importa
limpiarse el queso y la torta
para tener que mascar.
Velay luego el Santiagueño
poncho corto tan plantao,
y atrás al embonetao:
¡qué yunta para un empeño!
ver al primero da sueño,
y al segundo da tristeza:
ambos son, pues, de una pieza
por delante y por detrás,
fachas tristes a cual más
de los pies a la cabeza.
Ésta es, pues, la relación
del fandango improvisao
que armó Lino el renombrao
cerca de San Borombón.
Nada faltó esa ocasión;
la jarana fue completa:
como es verdá pura y neta
lo que Aniceto ha contao,
pues todo lo vio plantao
encima de la carreta.

Al Gallo
Nacido entre níveo muro
de oro y de plata formado,
viene al mundo bien dotado
de belleza y de valor:
su regia y alta cabeza,
por las leyes celestiales,
trae diadema de corales
arreglada con primor.
Su cuerpo lindo y gallardo
es fino, fuerte y ligero,
y el matizado plumero,
que de arcos graciosos es,
lleva incrustado un tesoro
de esmeralda, de oro y plata,
de rubíes, de granata
y de topacio a la vez.
Cuando el aura se aproxima
con sus deditos de rosa
a abrir la puerta preciosa
tras la cual encierra el sol...
él es el primer dichoso
que con voz clara y sonora
saluda a la bella aurora
que trae oro y arrebol.
Es celoso, más celoso
que la niña enamorada;
y como lleva una espada
en cada uno de sus pies,
por sus celos dominado,
con sus armas siempre vela
como alerta centinela
a las puertas del Harén.
Mientras se halla en su serrallo
él es rey omnipotente
y si llega un insolente
a querer robar su amor...
él orgulloso, atrevido,
alzando el cuello altanero,
como valiente guerrero
carga al rival con furor.
Y por ser de estirpe regia
como muestra su corona,
nunca esquiva su persona
al atrevido rival;
y hasta quedar en el campo
o hasta que él al otro mate,
combate siempre y combate
el belicoso animal.
Andrés Algañarás.


Nº 13
Buenos Aires. - Marzo 27 de 1858. - Jueves Santo.
Semi-papeleta

Algunos leyendo el canto
del Gallo número tres,
pueden sin susto tal vez
salir el Sábado Santo,
Con un buen par de pistolas,
por el riesgo y por las dudas
de que los tomen por Judas
y les atraquen las bolas.
A.

Maquines ultimateros del presidente de los teruteros

¡Qué les cuento, paisanos letores del Gallo! Sabrán pues, que atrás del profundo silencio en que se ha quedao la balaca del ultimato urquizano, y la invasión que nos pensó soplar el Diretudo casacudo con quince mil teruteros aliaos al Brasil, a Calfucurá y los blancos Rosines de la Banda Oriental, éstos, en lugar de mandarle a Urquiza los dos mil reclutas, que se decía estaba reuniendo en la otra banda un tal comendante Batarrica, muy conocido y mentao en Vizcaya, y en el otro lao allá por el CERRITO, aonde nueve años le sirvió de degollador al dijuntito Oribe, que ahora ni los diablos se podrán averiguar con él allá por el otro mundo...

He oído, como les iba diciendo: que el tal Batarrica ya diz que no vendrá con el rejuerzo de los dos mil; pues, lejos de eso, ahora últimamente el blanquillaje copetudo de la otra banda se pronuncia muy quejoso contra el señor Diretudo, diciendo que este calandria los ha metido hasta el diablo con su alianza, y que al fin no les cumple nada de lo que Vuecelencia prometió: pues ni les ha quitao los derechos diferenciales para que la duana de Montevideo hoy diera un poco más de leche, ni retira los soldaos entrerrianos de la costa del Uruguay, aonde están carniando vacas orientales y comiéndolas por la patria... y con cuero.

Y lo que es peor, que ahora se empaca el Diretudo y no hace la terrible invación a Buenos Aires, cosa en que los blanquillos Rosines fundaban grandes esperanzas, creyendo que de acá saldrían en bandadas emigrando los extranjeros y los salvajes unitarios, otra vuelta para Montevideo a sacarlo de la atrasada y tristísima situación en que se halla, después de la horrorosa matanza de los más valerosos jefes, oficiales y tropa, hecha inicuamente en el Paso de Quinteros. -Déjense andar no más los degolladores, supuesto que a degollar tocan.

Pero lo más gaucho y gracioso que se suena es, que el Diretudo, habiéndose medio asustao por la nota apretadora que le sopló el señor Ministro inglés a respeto de la carnicería infame del Paso de Quinteros, Vuecelencia el Entrerriano cabulista piensa ahora de nuevo garrarle el lao de las casas al señor Ministro de Ingalaterra; y para eso diz que el mesmo Diretudo ya está pensando hacerle echar un pial de volcao al Gobierno de Montevideo mandando a relevarlo con el general don Venancio Flores... Vean no más, si será cabulista el costitucionero.

Bueno, pues: como el GALLO lo cree al liendre Diretudo capaz de cuanta diablura puede imaginarse, y como ya se dice que en Buenos Aires hay muchos patriotas orientales, emigraos y escapaos de la dijuntiada del Paso de Quinteros, creyendo de lleno en la buena disposición de Urquiza para voltiar a los blancos de la situación, Aniceto les previene a dichos patriotas orientales que abran el ojo antes de largarse a Entre Ríos, como algunos están diciendo que lo harán, confiados en las cábulas que el Diretudo está ya poniendo en juego, a fin de reclutar a hombres desgraciados para emplearlos en su servicio, sin darles al fin más recompensa que un zoquete de carne flaca y muchas roncas y azotes...

cuando no se les vaya al pezcuezo.

Abrirlos pues, paisanazos, y no dejarse prender con bolas de carne.


Carta del sargento mashorquero Rudesindo el Carancho a su general que fue allá en los tiempos funestos
.
Palermo de San Benito,
cañada de Miserete,
a diez y seis de diciembre
del año cincuenta y siete.

Al Ilustre y Excelentísimo señor don Juan Manuel Rosas, brigadier general que fue de los ejércitos nacionales de la Confederación Argentina, Herodes del Desierto, restaurador de las mochilas, jefe supremo de Buenos Aires y defensor heroico del continente americano.

Señor:

Con su perdón, Vuecelencia,
voy a escrebirle confiado
en su federal agrado
y fina benevolencia,
por noticiarlo... en la ausencia
de su tierra, donde alvierto
cosas tales, que no acierto
a escrebirle; y digo más,
que es Vuecelencia incapaz
de verlas sin caírse muerto.
Porque ¿cuándo aguantaría
ver arrumbadas las cosas
que el onipotente Rosas
en Buenos Aires lucía?
ni a los Porteños que hoy día
tan fiero se han solevao
que al infierno han arrojao
el cintillo mashorquero...
y al carro del basurero
el chaleco colorao!
La pandilla del hembraje
unitario endemoniada
se ha puesto de cola alzada
y más brava que el machaje:
toda de color salvaje
se viste, por decontao:
¡las viera de lao a lao
andarse a golpe de taco,
sacudiendo el miriñaco
y sin moño colorao!
A más de eso la gringada...
del otro lado del charco
diariamente llega un barco
y nos larga una manada:
el mes pasao de coplada
cerca de tres mil llegaron,
¡por Dios! y cuanto se apiaron
a pata se dieron maña,
y en la ciudá y la campaña
toditos se acomodaron.
Luego entran a trabajar
al istante se arman ricos,
porque son como burricos
poniéndose a trajinar:
ya no saben qué inventar
en frábricas y maquines,
ligándose con sus fines
a la gauchada porteña,
que con los gringos se empeña
en fundir a los Rosines.
¡Considere pues, señor,
al punto que hemos llegao
por no tener al costao
a nuestro Restaurador!
aunque hoy le saldrá mejor
dejarse andar por allá,
aonde me dicen que está
de grasa hasta los cachetes
de tanto tragar bisquetes...
que no tragaría acá.
Pues, si viene, hágase cargo,
un muelle nuevo tendría
que cruzar, y trotearía
como seis cuadras de largo,
expuesto a que un viento amargo
le soplase del mordeste,
y arrejando a que le cueste
el que ahí mesmo las Porteñas
lo sacudan de las greñas
y lo tiznen de celeste.
¡Color maldito! y hoy día
le han tomado tanto apego,
que hasta celeste es el fuego
que suelta la lucería
por una cañutería
llena de gras de vapor,
que encendido da un jedor
igual a orines de gato,
pero dicen que es barato
y que alumbra más mejor.
Esta jedionda invención
se le debe a un Mestri-Bagre,
inglés que hasta con vinagre
se mama no hallando ron:
este y otro tal Norton,
ambos parientes de Gestas,
para remate de fiestas
nos han traído estos bribones
la cometiva y güevones
y ruina de mis carretas.
También han hecho una duana
barriguda, y barrigones
se han puesto los salvajones
de quienes la obra dimana:
pandilla ruin que se afana
en hacer preciosidades,
que allá por esas ciudades
podrán ser de conveniencia,
pero que acá, Vuecelencia,
son puras barbaridades.
A esto le llaman pogreso
los salvajes hablantines,
mientras los pobres Rosines
agachamos el pescuezo,
sin manotiarles ni un peso,
ni hacerles ningún reproche
al verlos que a troche y moche
nos desprecean y arruinan,
y después que nos trajinan
pasean holgaos en coche.
Bien decía Vuecelencia
con justísima razón,
«que los Unitarios son
ladrones tan sin concencia,
que en la menor ocurrencia
meten hasta el diablo el codo:»
y si no, vea del modo
con que un salvaje unitario
se ha robado del sagrario
la hostia con custodia y todo.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¡Qué miedo!
Dicen que ha dicho don Justo,

barbariando entre otras cosas,
que Él fue quien nos quitó a Rosas
y que Él lo ha de traír por gusto,
y para darnos más susto
dice que vendrán en yunta;
¡Cristo! pero, a esta pregunta
¿quién me contesta? oiganlá:
¿por fortuna no vendrá
el Diretudo en la punta? ¡ja... ja... ja!

Vaya una indireuta
Sin duda, hay un platero
por la Conceción,
ROSISTA, TERUTERO,
y tan quebrallón que contra el GALLO
dice barbaridades.
¡Si será payo!
Miren qué Rosín - tan desvergonzao,
sin duda por eso - lo habrán desdentao.
Métete no más
con el gaucho Aniceto,
y te rascarás...
¡Hijuna gran... pa,
cuando el GALLO te suelte
en una estampá!

Al engaña pichanga
Por la calle del Perú,
explicándose algo mal,
un Inglés medio bozal
noche a noche de surtú
se pasea muy formal;
Y cuando de miriñaque
se le zarandea Elvira, así que el Inglés la mira
por atrás, le dice en jaque:
«¡andá... culi-di-mintira!»

Cacharpas
Señor menistro de guerra,
por lástima o por favor,
o más bien por el honor
de la patria de su tierra...
Alivie a la oficialada
infeliz de la Ispeución,
pues, siendo tan escasón
el sueldo, anda aguiluchada.


El Núm. 7
De este número es sabido
todo cuanto el Nacional
dijo en un hecho local,
echando solo en olvido...
Que siete meses duró
el sitio aquel que don Justo
nos puso, hasta que de un susto
zambulliendo disparó.

Hoja suelta

Revuelo de Aniceto el Gallo
Campamento en la Cañada de Cepeda, a 10 de setiembre de 1859.

Señora doña Aniceta Rocamora.

Mi querida esposa:

Sabrás que al fin se ha largao
a caballo el balaquero
Urquiza, que desde enero
sin apiarse anda montao.
¡Cómo vendrá de escaldao
¿No te haces cargo, mi vida?
trairá la cola fruncida y se tendrá que ensebar
cada rato, antes de dar
por acá otra zambullida.
Pero, si en la que pegó
la vez pasada en Palermo,
con su peladura enfermo
pudo juir y se alivió,
fue porque, apenas montó
al bordo de un barco inglés,
desde el cogote a los pies
los marinos lo ensebaron,
y enjabonao lo llevaron
a Gualeguaichú otra vez.
Mas hoy que vuelve escaldao,
bichoco y tan barrigón,
y diz que algo mansejón,
aunque anda todo trabao,
si lo topa algún soldao
de HORNOS, en esta flacura
de Rosines, lo asigura,
lo embozala, se le sienta...
y lo larga hecho osamenta
¡con tamaña matadura!
Así, déjalo allegar
aparentando poder,
que ya tendrá qué morder
si trata de relinchar,
o presume que ha de hallar
Porteño que se le cuadre,
ni quiera hacerlo compadre,
ni pretenda en estos casos
sino darle más guascazos
que besos le dio su madre.
Yo al menos, como al fandango
ya me le pienso afirmar,
y si consigo voliar
al presidente guarango,
lueguito me le arremango,
y al colmo de mi deseo
lo muento, lo galopeo
a bajarle la barriga,
y si medio se fatiga,
o se aplasta, lo cuereo.
¿Qué te parece, Aniceta,
la intención? ¿no te da risa?
¡pobre Diretudo Urquiza,
ya está viejazo y maseta!...
pero, mesmo así sotreta,
a fuerza de hinchar el lomo
ha logrado no sé cómo
ser un malevo sin hiel,
y de su amo Juan Manuel,
hacer el segundo tomo.
En fin, chinita adorada,
calentamé a tu tocayo,
cosa de que largue un Gallo para la teruterada:
pues tan ruin y tan delgada
la tiene Urquiza en enjambre,
que a ÉL mesmo puede que de hambre
redepente lo atropellen,
¡ahi-juna... pu! lo desuellen
y le coman el matambre.
Con que, mi alma, hasta la vista:
que el papel toca a sus fines,
como tocan los clarines
ahora mesmo a pasar lista.
Rogale a Dios que me asista
en la presente campaña,
y que me deje dar maña
hasta conseguir mi gusto,
que es toparme con don Justo
y trajinarle una entraña.
Después de eso vos verás
cómo todos los paisanos
luego nos damos las manos
y ya no peliamos más;
pues sólo tendremos paz
libres de ese Mashorquero
presidente terutero,
manotiador y ambicioso,
a quien rastrea hoy tu esposo
JOSÉ ARAOZ EL LUJANERO.