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jueves, 22 de febrero de 2007

Sonetos:Juan Boscán Almogáver


Sonetos
Juan Boscán Almogáver

Ramón García González (ed. lit.)





Datos biográficos de Juan Boscán Almogáver
Nace en Barcelona entre 1487 y 1492.

Hijo de una familia de mercaderes que desde el siglo XIV habían desempeñado puestos de gran relieve. Los antepasados del poeta lucharon a favor de Juan II, lo que les valió la protección de los Reyes de Aragón. Distinción que ayudó a Boscán para entrar a formar parte en 1514 del servicio de Fernando el Católico, y más tarde del de su hijo Carlos I.

Inicia sus estudios con Lucio Marineo Sículo, maestro de la Corte, esto hace que su formación sea más castellana que catalana.

Comienza su carrera en las armas y en las huestes militares de Fernando el Católico, Boscán, sirve como ayo del joven duque de Alba .

Participó en el sitio de Rodas en 1522. Allí estaba también el que iba a ser su mejor amigo e inseparable compañero: Garcilaso.

Al volver a España es presentado al Rey, que por aquel entonces frecuentaba Barcelona. Este, impresionado por el poeta, le toma a su servicio, encontrándose en su nuevo empleo con Garcilaso de la Vega, que también estaba al servicio del Monarca. La amistad de Boscán con Garcilaso es tal, que cuando este muere en 1536, Boscán recoge las dispersas poesías de su amigo para publicarlas.

En 1526 asiste a la boda de Carlos I con Isabel de Portugal y con ellos se traslada a Granada en compañía de su inseparable Garcilaso.

Conoce al embajador de Venecia, Andrea Navagiero, sugiriéndole éste el empleo del endecasílabo en sus poesías.

Más tarde abandona todo y se traslada a Barcelona donde conoce a la mujer que ha de ser su Musa y esposa, Ana Girón de Rebolledo, con la que se une en matrimonio en la primavera de 1527, dándole fruto de este amor varios hijos.

En 1532 es enviado a Nápoles, al servicio del virrey Pedro de Toledo, Marqués de Villafranca. En uno de los viajes que hace a la Corte de España, trae un ejemplar del Cortegiano, de Baltasar Castiglione, cuyo libro y a instancias de su amigo Garcilaso traduce al castellano.

En 1536 escribe los dos sonetos al amigo muerto y desde entonces se dedica a recoger las poesías de Garcilaso, para publicarlas en compañía de las suyas, dedicándoselas a la duquesa de Lerma, nieta de don Gonzalo de Córdoba.

En 1542 llega a Barcelona el duque de Alba, a fin de inspeccionar las fortificaciones del Rosellón, ya que por aquel entonces se había producido la guerra entre Carlos V y Francisco I. El duque invita a Boscán a acompañarle, cosa que el poeta acepta con agrado, sin embargo, al sentirse repentinamente enfermo, intenta regresar a España muriendo cuando se encontraba entre Perpiñán y Gerona.

Llevado hasta Barcelona es enterrado el año 1542.

Fue, con Garcilaso, uno de los revolucionadores de la poesía castellana al introducir el endecasílabo en nuestra poesía a partir de 1526.

Una vez conseguida la autorización por parte de Ana Girón de Rebolledo, esposa del poeta, sus poesías se publicaron al año siguiente de su muerte, en la imprenta Amorós de Barcelona con el título de Las Obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega, repartidas en cuatro libros. El último de estos cuatro libros es el que recoge las poesías de Garcilaso. El segundo libro contiene 92 sonetos de Boscán.

Un ejemplar de dicha obra con fecha de edición 1544 está depositado en la Biblioteca Nacional.









- I -

Disimulando voy con alegría
mi triste estado y nuestro estar contento;
alcanza luego allí mi pensamiento
el mal que viene de esto el alma mía.


Porque siguiendo yo tal fantasía 5
el mal se encoge donde más le siento
y así le dura más y el sentimiento
se muestra poco envuelto en tal porfía.


¡Oh fuerte caso! ¡Oh duros pensamientos
que siempre estáis pensando nueva guerra! 10
Haced ya paz, si no dadme la muerte,


¿qué vale imaginar nuevos tormentos
en hombre que viviendo esta so tierra,
muriendo sin morir, ni mudar suerte?






- II -

Un tiempo yo pensé y tuve por cierto
que otro dolor hallar no se podría
que igualase al morir y a su porfía,
y veo que anduve errado y sin concierto.


Por lo que digo, una vez más ser muerto 5
estimo que morir tantas al día
cuantas se ofrece ver sin alegría
vuestro gesto de amor, seguro puerto.


Si con desdén mi voluntad tan firme
tratáis, es un dolor tan recio y extraño 10
que juzgo por menor el de la muerte;


mirad si, con verdad, caso tan fuerte
afirmar puedo que no hay mal tamaño
pues tales tragos paso sin morirme.






- III -

Todo es amor en quien de veras ama,
hasta el mudar, que hace más firmeza;
si mudare pensad que es de tristeza
que el mal le fuerza haber de mudar cama.


Así me hizo a mí mi vieja llama, 5
que sosegar no puede en su crudeza,
y el alma agora a nuevo amor se aveza,
mas no podrá, que el otro amor le llama.


Yo pagaré por uno más de ciento
este querer así descabullirme, 10
que en fin flaqueza fue del pensamiento.


Si pagar puede un gran arrepentirme
yo pago bien: mas nada no es descuento
del tiempo que he perdido en querer irme.






- IV -

O gran fuerza de amor, que así enflaqueces
los que nacidos son para ser fuertes,
y les truecas así todas sus suertes,
que presto los más ricos empobreces!


O piélago de mar, que te enriqueces 5
con los despojos de infinitas muertes!
Los tragas, y después luego los viertes,
porque nunca en un punto permaneces.


O rayo, cuyo efecto no entendemos,
que por dentro nos dejas abrasados, 10
y de fuera, sin mal, sanos nos vemos!


O dolencia mortal, cuyos extremos
son menos conocidos y alcanzados
por los tristes que más los padecemos!






- V -

Antigua llaga que en mis ojos cría,
no deja resillar el buen deseo.
Yo por caminos ásperos rodeo,
por llegar a sosiego el alma mía.


Hurto algún gusto, mas mi fantasía 5
me le embaraza cuando le poseo;
medrar no puede aquello que granjeo
que en tierra se sembró cruda y sombría.


El bien que el seso ofrece al sentimiento,
hace que amor me ponga diligencia, 10
para cerrar mis ojos al tormento.


Porque bien sé que un blando pensamiento
da causa de tener menos paciencia,
y a veces es peligro estar contento.






- VI -

¿Bueno es amar? pues, ¿cómo daña tanto?
¿Gran gusto es querer bien? ¿por qué entristece?
¿Placer es desear? ¿cómo aborrece?
¿Amor es nuestro bien? ¿ por qué da llanto?


¿Da esfuerzo amar? pues, ¿cómo causa espanto? 5
¿Por el amor, el bien del alma crece?
Pues, ¿cómo así por él ella padece¿
¿Cómo tantos contrarios cubre un manto?


No es el amor el que el dolor nos trae;
la compañía que a su pesar él tiene, 10
también a su pesar nos hiere y mata.


El mal en él de nuestra parte cae;
él solo en nuestro bando nos sostiene,
y nuestra paz continuamente trata.






- VII -

Dulce soñar y dulce congojarme,
cuando estaba soñando que soñaba;
dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme.


Dulce no estar en mí que figurarme 5
podía cuanto bien yo deseaba;
dulce placer, aunque me importunaba,
que alguna vez llegara a despertarme.


¡Oh sueño! ¡cuánto más leve y sabroso
me fueras, si vinieras tan pesado, 10
que asentaras en mí con más reposo!


Durmiendo, en fin, fui bienaventurado;
y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado.






- VIII -

Nunca de amor estuve tan contento,
que en su loor mis versos ocupase:
ni a nadie aconsejé que se engañase
buscando en el amor contentamiento.


Esto siempre juzgó mi entendimiento, 5
que de este mal todo hombre se guardase;
y así por que esta ley se conservase,
holgué de ser a todos escarmiento.


¡Oh! vosotros que andáis tras mis escritos,
gustando de leer tormentos tristes, 10
según que por amar son infinitos;


mis versos son deciros: ¡Oh! benditos
los que de Dios tan gran merced hubistes,
que del poder de amor fuésedes quitos.






- IX -

Las llagas que de amor son invisibles,
quiero como visibles se presenten,
porque aquellos que humanamente sienten,
se espanten de accidentes tan terribles.


Los casos de justicia más horribles 5
en público han de ser, porque escarmienten
con ver su fealdad, y se amedrenten
hasta los corazones invencibles.


Yo traigo aquí la historia de mis males,
donde hazañas de amor han ocurrido 10
tan fuertes, que no sé como contarlas.


Yo sólo en tantas guerras fui herido,
y son de mis heridas las señales
tan feas, que vergüenza da mostrarlas.






- X -

¿Quién tendrá en sí tan duro sentimiento,
que en ver mi mal la vuelta no dé luego?
¿Quién tan loco será, o será tan ciego,
que los ojos no cierre a mi tormento?


Delante van las penas que en mi siento, 5
dando nuevas de mi desasosiego,
y en las manos llevando el vivo fuego,
do ardiendo está mi triste pensamiento.


Los que tras mí vendrán, si se perdieren,
no sé cómo podrán ser disculpados; 10
morirán a sabiendas, si murieren.


Dignos serán de ser al campo echados,
por manos de las gentes que les vieren
tan adrede morir desesperados.






- XI -

Aún bien no fui salido de la cuna,
ni del alma la leche hube dejado,
cuando el amor me tuvo condenado
a ser de los que siguen su fortuna.


Me dio luego miserias de una en una, 5
por hacerme costumbre en su cuidado;
después en mí de un golpe ha descargado
cuanto mal hay debajo de la luna.


En dolor fui criado y fui nacido,
dando de un triste paso en otro amargo, 10
tanto que si hay más paso es de la muerte.


¡Oh corazón, qué siempre has padecido!
Dime: ¿tan fuerte mal, cómo es tan largo?
Y mal tan largo, di: ¿cómo es tan fuerte?






- XII -

Solo y penoso en páramos desiertos
mis pasos doy, cuidosos y cansados,
y entrambos ojos traigo levantados
a ver, no vea alguien mis desconciertos.


Mis tormentos así vienen tan ciertos, 5
y van mis sentimientos tan cargados,
que aún los campos me suelen ser pesados
porque todos no están secos y muertos.


Si oigo balar acaso algún ganado,
y la voz del pastor da en mis oídos, 10
allí se me revuelve mi cuidado.


Y quedan espantados mis sentidos,
cómo ha sido no haber desesperado
después de tantos llantos doloridos.






- XIII -

Dejadme en paz, ¡oh duros pensamientos!
Basteos el daño y la vergüenza hecha.
Si todo lo he pasado, ¿qué aprovecha
inventar sobre mí nuevos tormentos?


Natura en mí perdió sus movimientos; 5
el alma ya a los pies del dolor se echa;
tiene por bien en regla tan estrecha,
a tantos casos tantos sufrimientos.


Amor, fortuna y muerte, que es presente,
me llevan a la fin por sus jornadas, 10
y a mi cuenta debía ser llegado.


Yo cuando acaso afloja el accidente,
si vuelvo el rostro y miro las pisadas,
tiemblo de ver por donde me han pasado.






- XIV -

Ponme en la vida más brava, importuna,
do pida a Dios mil veces la mortaja;
ponme en edad do el seso más trabaja,
o en los brazos del alma, o en la cuna.


Ponme en baja o en próspera fortuna; 5
ponme do el sol el trato humano ataja,
o a do por frío el alto mar se cuaja,
o en el abismo, o encima de la luna.


Ponme do a vuestros pies viven las gentes,
o en la tierra, o en el cielo, o en el viento; 10
ponme entre fieras, puesto entre sus dientes;


do muerte y sangre es todo el fundamento;
donde quiera tendré siempre presentes
los ojos por quien muero tan contento.






- XV -

¿Cuándo será que vuelva a ver los ojos
de donde amor me hace tanta guerra,
y pueda estar mirando aquella tierra
do me dejé con todos mis despojos?


No puedo, triste, más con mis enojos; 5
a cada paso el corazón me cierra,
ver tanto llano en medio y tanta sierra,
por do el vivir me arrancan a manojos.


Ando mil veces por tomar el vuelo,
y volver mal, sin esperar sazón, 10
y hacer por más seso esta locura.


Pero luego levántase un recelo,
conozco que me engaña el corazón,
y quedo estoy por no estragar la cura.






- XVI -

Ya canso al mundo, y vivo todavía;
llevo tras mí, mis años arrastrando;
mis amigos de mí van murmurando;
yo ando ya escondiéndome del día.


La noche sigo; más mi fantasía 5
me está entre las tinieblas espantando;
la soledad doquiera voy buscando;
pero a las veces busco compañía.


Viene mi mal con tan cruda figura,
que el alma no le tiene el rostro firme; 10
quiere huir de tanta desventura.


Yo deseo también tras ella irme;
mas amor, la costumbre y la ventura
me salen, y me tienen al partirme.






- XVII -

Oí, oí, los hombres y las gentes,
un caso nuevo que en amar se ofrece;
amor en mí con su deleite crece,
mientras más males tengo, y más presentes.


Estando el alma con mil accidentes, 5
un gusto que no sé, la favorece;
ella lo sabe, y así más florece
en los más fríos tiempos o calientes.


Tanto en amar extiendo mi camino,
que descubro sin causa mil efetos; 10
a otros mundos me lleva el desatino.


Estoy en mi negocio tan contino,
que según sé de amor grandes secretos,
ya no soy sabedor, sino adivino.






- XVIII -

Ha tanto ya que mi desdicha dura,
que en esto solo tuve mi esperanza;
esperé de fortuna su mudanza,
que por mí no negara su natura.


Entendióme, yo pienso, la ventura, 5
y a tornado al revés mi confianza;
que por tenerme siempre so la lanza,
firme se ha hecho, y de su ser no cura.


Para bien destruirme, se destruye;
deja de ser, por ser contra mí fuerte; 10
sus leyes naturales en mí vence.


Pensé do no hay razón, que hubiera suerte;
agora sé que el mundo ya me huye;
y es fuerza que otro mundo se comience.






- XIX -

El fuerte mal que sufro de esta ausencia,
gastando va mi triste sentimiento;
por otra parte, alivia el pensamiento
sólo ver que es posible la presencia.


Anda en esto tan cruda resistencia, 5
que de dolor el corazón no siento;
alguna vez despiértome al tormento,
y que veré mi bien doy por sentencia.


Revuelve y dice la desconfianza
que es trabajo, peligro y aun locura, 10
pasar con tan dudosa confianza.


Respondo yo: de ver tanta hermosura
no se sufre tener tanta esperanza;
bastarme debe sola el aventura.






- XX -

Gran tiempo ha que el corazón me engaña
y que, de miedo, adrede me confía.
Anda conmigo, falsa, mi alegría;
ya la entiendo, más cúmpleme su maña.


Apártome de quien me desengaña, 5
por no verme estragar la fantasía.
Mi mal es tanto que me ensañaría,
pero no es este mal de aquel que ensaña.


En tanto aprieto está mi pensamiento,
que me contento y pienso que estoy sano 10
por poco que se alivie mi tormento.


Lo que puedo salvar, eso me gano.
Para ver mi poder , el brazo tiento,
y hallo que no está nada en mi mano.






- XXI -

Sueños de amor me traen en gran duda,
yo no estoy ya para sufrir rebatos.
Pudiera el seso andar con estos tratos,
si fuera mi fortuna menos cruda.


Ahora el alma queda muy desnuda; 5
ya se perdieron todos sus baratos.
Ha de gastar sus tiempos y sus ratos
en ser en todo sorda, ciega y muda.


Cual digo estoy, y viene la afición
trayendo el bien y el mal a presentarme. 10
Yo, viendo en mi, que entre ellos me detengo,


el mal escojo por determinarme.
mas, luego, el bien remuerde al corazón
y he dolor de perder lo que tengo.






- XXII -

No he de pedir sino lo que merezco,
y he de pediros cuanto yo deseo;
igualo el merecer con el deseo
y entiendo bien con esto a que me ofrezco.


Así lo digo, y no me ensoberbezco, 5
ni en palabras hinchadas me rodeo;
antes según yo de esto siento y creo,
de sola la verdad me favorezco.


No quiso Dios dar bien no merecido,
y así nos dio con que se mereciese; 10
el alma os doy, y os doy lo que es posible;


¡y ojalá yo, señora, más pudiese!
Con esto, pues, merezco lo que pido,
hasta donde comienza lo imposible.






- XXIII -

Amor me engaña, mas quizá no hace;
quizá es engaño desconfiar yo tanto.
Quiero de mí tirar todo el espanto,
sólo pensar que es cierto lo que place.


Si el alma un poco en sí se satisface, 5
ahorrará gran parte del quebranto.
Ahora el bien revuelto en tanto llanto
entre mis manos todo se deshace.


Nace de aquí, por mí, un desabrimiento,
y el gusto por aquí empieza a dañarse 10
con enojo, después con caimiento.


Yo veo, a la sazón, que esto en mí siento,
que un muy gran bien, si deja de gozarse,
es de los males el peor tormento.






- XXIV -

Delgadamente amor trata conmigo,
con dulzuras ablanda el sentimiento,
porque mejor con el primer tormento
me derrueque y me deje sin abrigo.


En viendo el bien, a Dios doy por testigo, 5
un sobresalto viene al pensamiento,
que el temor basta a ser mi enterramiento
aunque nunca tuviese otro enemigo.


Cobrado miedo a cualquier aventura;
mi sentido consigo se aborrece; 10
resiste a todo, por tentar su cura,


a su dolor, porque es contra natura,
y al deleite, pues tanto le enflaquece,
que le dispone para más tristura.






- XXV -

Harto mal fue, que un hombre tan cuitado
pusiese amor estado tan dichoso;
prosperidad me hizo ser medroso,
y mal sufrido estar tan regalado.


De esto nació, quedar desesperado, 5
adonde más había de estar gozoso;
y allá en mitad del centro del reposo
tener toda su fuerza mi cuidado.


¿Qué me aprovecha el bien, si el bien me estraga?
¿Qué fruto hará amor, do no hay sujeto 10
que sostenga la cura de la llaga?


Un ser traigo entre manos muy perfecto;
mas cuando tomo cuanta de la paga,
alcánzame otro ser, que es imperfecto.






- XXVI -

¿Adónde iré que puedan socorrerme,
si por amor, o por mi desconcierto,
mi fortuna es mayor dentro en el puerto,
y al bien faltó poder para valerme?


Quiero acabar mil veces de perderme, 5
y sacar de locura algún concierto;
mas no puede natura verme muerto,
y a mi pesar se pone en defenderme.


Comienza en esto el ansia del remedio,
y el porfiar que no me esfuerzo harto, 10
y el cargar más trabajo de esforzarme.


Mientras más voy, más lejos voy del medio;
con esto he de parar, y el mal reparto
en sufrir, en llorar y en lastimarme.






- XXVII -

Amor me tiene por su desenfado,
por descargar en mí toda su saña;
y así, quienquiera sea quien le ensaña,
que yo he de ser contino el castigado.


No sé qué tema es esta que ha tomado, 5
de buscar siempre cuanto a mí me daña;
tiene sed de mi sangre, tan extraña,
que todo su sabor es mi cuidado.


Haga de mí, pues, ya cuanto quisiere;
acabe ya, o yo acabaré presto, 10
que un hombre soy, en fin, que nace y muere.


Un hombre de contrarios soy compuesto;
si amor no templa el golpe que me diere,
mi ser destruirá su presupuesto.






- XXVIII -

Vuelve el deseo a levantar su rueda;
reverdece y barrunta ya el verano;
la tierra viste su color temprano;
mozo está el año, al buen estado rueda.


El alma en su esperanza se está queda, 5
aunque avisos le dan de mano en mano;
flores vendrán, mas nunca vendrá el grano;
con hambre quedará si en esto queda.


No quedaré sino muy mantenido,
que al desear, mantiénele el deseo; 10
yo traigo en mí lo que para mí pido.


Quiero querer y es mi querer cumplido;
mas en tal tiempo a veces me proveo,
que es mayor hambre estar más proveído.






- XXIX -

Temor celoso el alma me desvía,
fatígame y revuélveme conmigo;
mas, ¿para qué ser yo tan enemigo
de aquel que en las entrañas Amor cría?


Muero en sufrir su triste compañía; 5
sólo por él, yo mismo me persigo;
¿Por qué con todo, si amo, me fatigo,
con quién amar me hace noche y día?


Hiela el deseo al tiempo que más ardo;
antes más ardo, si por el me rijo; 10
más me esfuerzo por él, que me acobardo.


En fin, él me embaraza, y de él me guardo;
no puede ser, que del Amor es hijo:
es hijo del Amor, mas es bastardo.






- XXX -

¿Do están mis ojos, que su luz no ven?
¿Do está mi lengua, que a mi bien no cuenta
mi tanto mal y mi tan gran tormenta,
que ya por mis pecados no me creen?


¿Do están mis pies?, ¿Do irán, que se paseen 5
por el lugar do comenzó mi afrenta?
¿Do está mi cuerpo, que no se presenta
adonde sus sentidos le recreen?


¿Do está el andar con ansia todo el día,
preguntando por quien nuevas me diese 10
de mi placer, aunque me entristecía?


¿Do el sobresalto, si alguno querría
decirme algo, primero que lo oyese?
¡Y era bueno después cuando lo oía!






- XXXI -

Cargado voy de mí doquier que ando,
y cuerpo y alma, todo me es pesado;
sin causa vivo, pues que está apartado
de do el vivir su causa iba ganando.


Mi seso está sus obras desechando; 5
no me queda otra renta, ni otro estado,
sino pasar pensando en lo pasado,
y cayo bien en lo que voy pensando.


Tanto es el mal, que mi corazón siente
que sola la memoria de un momento 10
viene a ser para mí crudo accidente.


¿Cómo puede vivir mi pensamiento,
si el pasado placer y el mal presente
tiene siempre ocupado el sentimiento?






- XXXII -

Quien dice que la ausencia causa olvido,
merece ser de todos olvidado;
el verdadero y firme enamorado
está, cuando está ausente, más perdido.


Aviva la memoria su sentido; 5
la soledad levanta su cuidado;
hallarse de su bien tan apartado,
hace su desear más encendido.


No sanan las heridas en él dadas,
aunque cese el mirar que las causó, 10
si quedan en el alma confirmadas.


Que si uno está con muchas cuchilladas,
porque huya de quien le acuchilló,
no por eso serán mejor curadas.






- XXXIII -

Cosa es común en los enamorados
holgarse con sus mismos pensamientos,
hacer consigo grandes fundamentos,
para fingirse bienaventurados.


Quieren éstos andar muy apartados, 5
buscando soledad a sus tormentos;
recógense en sus propios sentimientos
y entre sí con el mundo andan doblados.


Muy al revés es de estos la mi vida;
que no sólo no huelgo ya conmigo, 10
pero soy para mí un cargado peso.


Huyendo de mí siempre, a mí me sigo,
y anda la cosa ya tan bien partida,
que el cuerpo es la prisión, y el alma el preso.






- XXXIV -

El tiempo en toda cosa puede tanto,
que aún la fama, por él, inmortal muere;
no hay fuerza tal que el tiempo, si la hiere,
no la ponga señal de algún quebranto.


No es perpetuo el placer, ni lo es el llanto. 5
Si esto es así, ¿por qué mi dolor quiere
que mientras más en mi se envejeciere,
esté más firme en un tenor su canto?


Quien consolar quisiese algún amigo,
después de haberle dicho otras razones, 10
que esperase en el tiempo le diría.


Perdióse este consuelo ya conmigo;
porque antes con el tiempo mis pasiones
se van acrecentando cada día.






- XXXV -

Dicen que amor se pierde en el ausente,
o a lo menos en parte se resfría;
yo lo creí ya esto en algún día,
cuando mi mal no estaba tan ardiente.


Ahora tal mi corazón se siente, 5
que el tiempo, ni el lugar, ni el alma mía,
jamás harán que en mí mi fantasía
ausente no esté tal, como presente.


Aún digo más: que alguna diferencia
si hubiere en mí, será sentir mi fuego 10
mucho mayor al tiempo de la ausencia.


Porque el ver y el hablar me dan sosiego,
o me templa el temor en la presencia,
tanto, que alguna vez de ella reniego.






- XXXVI -

Probado e muchas veces, en diez años
que voy siguiendo aquesta mi porfía,
si estando ausente y la memoria mía
dejase de acordarse de mis daños.


Mas siempre ellos vivía y sin engaños, 5
y en vos que los acusáis de cada día
está pensando más que si os veía
el vuestro gesto y modo tan extraños.


Si ser presente estoy con vos hablando
lo que hablaros siempre fue vedado; 10
sin vos, en vos estoy siempre pensando.


La causa que ante vos me quedo helado
sin declararme y siempre estar callando,
es ver en vos más bien de lo pensado.






- XXXVII -

Cuando de amor me aprieta algún tormento,
y deja en mí la llaga algo rompida,
no puede ser que en mi apenada vida
no quede algún disgusto o sentimiento.


Despierta el alma en este pensamiento, 5
y sintiéndose casi entristecida,
de mí y de sí se halla tan corrida,
que es otro nuevo mal su corrimiento.


Dice que no conozco yo mi estado;
que no sé estar en lo que debo, fuerte; 10
yo lo confieso, y voy tan castigado,


que todo mi disgusto se convierte
en nunca más quedar ya disgustado,
puesto que llegué al punto de la muerte.






- XXXVIII -

Si un corazón de un verdadero amante,
y un contino morir por contentarnos,
y un extender mi alma en desearos,
y un encogerme, si os estoy delante;


y si un penar con un sufrir constante, 5
satisfecho y contento con miraros,
y un derramar mis pasos por buscaros,
preguntando por vos a cada instante;


y si un tener mi razonar compuesto,
y en hablándoos sin más luego turbarme, 10
con un grande embarazo y desvarío:


los accidentes son, que han de llevarme
con público perdón a morir presto,
la culpa es vuestra y el dolor es mío.






- XXXIX -

Como el ventor que sigue al ciervo herido,
su sangre y sus pisadas rastreando,
y anda tras él, acá y allá ladrando,
hasta verle en el suelo ya tendido;


así, señora, vos me habéis seguido, 5
mi muerte y mi deshonra procurando,
y la saña y poder sobre mí echando,
que hasta el punto postrero me ha traído.


En ver mi corazón estar llagado,
no dejáis de correrle y acosarle, 10
dándole siempre allí do le habéis dado.


Y si en algo tenéis algún cuidado,
es en seguirle hasta derribarle,
y en matarle después de derribado.






- XL -

Si suspiros bastasen a moveros,
o lágrimas pudiesen ablandaros,
podría yo siquiera así amansaros,
que de mi mal pudiésedes doleros.


Mas suspirar, llorar, ni bien quereros, 5
nunca jamás pudieron inclinaros
a que mi corazón, con puro amaros,
pudiese sino más endureceros.


Con desamor quizá fuera amansado
el desamor de vuestro sentimiento, 10
y así quedara yo menos dañado.


Mas es mejor amaros desamado,
y en esto vivir yo de mi contento,
que, sin amaros, ser de vos amado.






- XLI -

Amor de mis engaños no se harta;
burlando está de mí de punto en punto;
en toda parte que con él me junto,
de ceguedad mi alma queda harta.


¿Quién habrá ya que tanto mal desparta? 5
Veo mi bien, a mi parecer, junto;
corro tras él, y siempre está en un punto;
ni llego yo, ni él, pienso que se aparta.


La prisa del correr mayor se hace
con el gran esperar, y con la ira 10
de no alcanzar lo que tan cerca veo.


Hago verdad lo que quizá es mentira;
sólo admite el querer lo que le place,
que mal se desengaña un gran deseo.






- XLII -

No alcanzo yo por donde o cómo pueda
amar un corazón desesperado,
sino es porque fue tanto lo que ha amado,
que ama por la costumbre que le queda.


Fortuna en mí volvió tanto su rueda, 5
que casi a este punto me ha llegado,
que con la fuerza del amor pasado,
el mi presente amor agora rueda.


Soy tan grande amador que amor sostengo
con el amor de mi verdad pasada, 10
y esto sólo me queda en cuanto tengo.


Con esto solo vivo y me entretengo;
y vivo, según esto, de nonada,
pues que de lo pasado me mantengo.






- XLIII -

Si mi querer pudiera algo templarse,
pareciéros quizá menos pesado;
con esto alguna vez ya he deseado,
que en mí el amor pudiera moderarse.


Mi alma en esto empieza a recatarse, 5
y quedo con temor de haber pecado,
en desear, por mejorar mi estado,
que mi querer pudiera refrenarse.


Mas también hallo, si esto yo deseo,
que lo hago por sólo contentaros, 10
y que es de puro amor cuanto en mí veo.


Pero tanto es, en fin, mi desearos,
que todo me parece gran rodeo,
sino cada hora y punto más amaros.






- XLIV -

No sé si puedo ya, señora mía,
valerme tantas cuitas como paso;
imaginando estoy siempre aquel paso
que Muerte dará fin a mi porfía.


Y así se acabará todo en un día 5
lo que en diez años no se anduvo un paso,
tan buenos que de bien no fuese escaso,
cargado de mil males y agonía.


¡Oh mal tan grande! ¡Oh pensamiento fuerte,
que puedes tanto en mí para penarme! 10
Cuán poco es lo que puedes, pues no muero


de sólo imaginar mi triste suerte
tan desdichada en no poder quejarme
a vos del mal, por más que el mal sea fiero.






- XLV -

En alta mar rompido está el navío
con tempestad y temeroso viento,
pero la luz que ya amanecer siento,
y aún el cielo, me hacen que confío.


La estrella, con la cual mi noche guío, 5
a vueltas de mi triste lasamiento,
alzo los ojos por mirarla atento,
y dice que, si alargo, el puerto es mío.


Da luego un viento que nos da por popa;
a manera de nubes vemos tierra; 10
y ha rato ya que dicen que la vimos.


Ya comenzamos a enjugar la ropa,
y a encarecer del mar la brava guerra,
y a recontar los votos que hicimos.






- XLVI -

Amor me da con blandos movimientos
al corazón un sentimiento cierto,
para tentar si puede haber concierto,
que pueda concertar mis pensamientos.


Acuden luego aquí mis sentimientos, 5
diciendo que es mejor el desconcierto;
que amor sin él sería luego muerto,
que desconciertos son sus fundamentos.


Renuévase con esto la pelea;
no hay despartir, que muere el que desparte, 10
ni siento yo cual parte mejor sea.


Son todos de una y ora de otra parte;
uno hay allí que vence y no pelea
con desear, que es desear su arte.






- XLVII -

Pensando en lo pasado, de medroso,
hallóme gran amor dentro en mi pecho;
bien sé que lo pasado ya es deshecho;
mas da el imaginarlo algún reposo.


De descansar estoy tan deseoso, 5
que para reposar doquiera me echo;
donde espero descanso, allí es mi lecho,
aunque sea el descanso mentiroso.


Mas este descansar siendo tan vano,
ha de acabarse en muy breve momento, 10
y el triste recordar está en la mano.


He de volver a mi dolor temprano,
la cuanta de esto es tal que no la cuento;
mas hallo lo que pierdo y lo que gano.






- XLVIII -

Como el patrón que, en golfo navegando,
lleva su nao, y viendo claro el cielo,
está más lejos de tener recelo
que si estuviese en tierra paseando:


así yo por lo hondo atravesando 5
de mi querer, que nunca tuvo suelo,
el rato que me hallo estar sin duelo,
que voy seguro luego estoy pensando.


Pero después si el viento mueve guerra
y la braveza de la mar levanta, 10
acude el nunca más entrar en barca,


y el voto de ir a ver la casa santa,
y el desear ser labrador en tierra,
mucho más que en la mar un gran monarca.






- XLIX -

Como el triste que a muerte está juzgado,
y de esto es sabedor de cierta ciencia,
y la traga y la toma en paciencia,
poniéndose al morir determinado.


Tras esto dícenle que es perdonado, 5
y estando así se halla en su presencia
el fuerte ejecutor de la sentencia
con ánimo y cuchillo aparejado:


así yo, condenado a mi tormento,
de tenerle tragado no me duelo, 10
pero, después, si el falso pensamiento


me da seguridad de algún consuelo,
volviendo el mal, mi triste sentimiento
queda envuelto en su sangre por el suelo.