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lunes, 15 de enero de 2007

"POEMAS QUE EMERGEN DEL INCONMENSURABLE HORROR DEL HOLOCAUSTO",Paul Celan


POEMAS QUE EMERGEN DEL INCONMENSURABLE HORROR DEL HOLOCAUSTO
Paul Celan



Salmo

Nadie nos amasa de nuevo con tierra y lodo
nadie bendice nuestro polvo.
Nadie.

Loado seas tú, Nadie.
Por amor a ti queremos
Florecer.
A ti
Enfrentados.
Una Nada
éramos, somos, hemos de
permanecer, floreciendo:
la de Nada-, la
Rosa de Nadie
Con
el estilo claro de alma
el estambre celeste desolado
la corona roja
de la purpurada palabra, que cantamos
acerca, oh, acerca
de la espina
De La Rosa de Nadie
Traducción de Susana Romano







Tenebrae
Estamos cercanos, Señor,
cercanos y asibles.
Asidos, Señor,
unos en otros
con nuestras garras,
como si el cuerpo de cada uno
de nosotros
fuese tu cuerpo.
Ruega, Señor,
ruega por nosotros,
estamos cercanos.
Ladeados por el viento caminamos,
caminamos para inclinarnos allí,
en el cántaro, en el cráter.
Fuimos a los abrevaderos, Señor.
Había sangre, había,
la que tú derramaste, Señor.
Resplandecía.
Nos arrojó a los ojos de tu imagen, Señor.
Ojos y boca están así, abiertos, vacíos, Señor.
Hemos bebido, Señor.
La sangre y la imagen que la sangre contenía, Señor.
Ruega, Señor,
estamos cercanos.








Cristal
No busques en mis labios tu boca,
Ni en la puerta al extraño,
Ni en el ojo la lágrima.
Siete noches más arriba pasa el rojo hacia el púrpura,
Siete corazones más adentro insiste la mano en la puerta,
Siete rosas más tarde se escucha el rumor de la cisterna.

De noche,
cuando el péndulo del amor
oscila
entre el siempre y el nunca jamás,
tu palabra derriba las lunas del corazón
y tu ojo azul —borrascoso—
le entrega el cielo a la tierra.
Desde una lejana arboleda
oscurecida por el sueño
llega hasta nosotros el aliento
y lo que perdimos transita
inmenso como un espectro del futuro.
Lo que ahora se hunde y se levanta
quiere lo sepultado en la entraña:
ciego como la mirada que cambiamos,
el tiempo lo besa en la boca.






Elogio de la lejanía
En la fuente de tus ojos
viven las redes de los pescadores del mar errante.
En la fuente de tus ojos
mantiene el mar su promesa.
Aquí arrojo
un corazón que vivió entre los hombres,
mi ropa y el fulgor de un juramento:
me encuentro más desnudo que lo obscuro en lo negro.
Sólo al renegar soy fiel.
Soy tú cuando soy yo.
En la fuente de tus ojos
robo y sueño.
Una red capturó otra red:
nos separamos enlazados.
En la fuente de tus ojos
un ahorcado estrangula la soga.














Canción de una dama en la sombra
Si la dama del silencio llega y decapita los tulipanes:
¿quién gana?
¿quién pierde?
¿quién se asoma a la ventana?
¿quién pronuncia primero su nombre?
Es alguien que lleva mi pelo.
Lo lleva como se llevan los muertos en las manos.
Lo lleva como el cielo llevó mi pelo en el año en que amaba.
Lo lleva así por vanidad.
Él gana.
No pierde.
No se asoma a la ventana.
No dice su nombre.
Es alguien que tiene mis ojos.
Los tiene desde que cerraron las puertas.
Los lleva como anillos en el dedo.
Los lleva como pedazos de placer y zafiro:
ya era mi hermano en el otoño;
ya cuenta los días y las noches.
El gana.
No pierde.
No se asoma a la ventana.
Dice al último su nombre.
Es alguien que tiene lo que dije.
Lo lleva bajo el brazo como se llevan las actas.
Lo lleva como el reloj lleva la peor de sus horas.
Lo lleva de umbral en umbral, no lo abandona.
El no gana.
El pierde.
Se asoma a la ventana.
Dice primero su nombre.
A él lo decapitan con los tulipanes.






Fuga de muerte
Leche negra del alba te bebemos de tarde
te bebemos al mediodía y en la mañana
te bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Un hombre vive en la casa
juega con las serpientes
escribe cuando oscurece a Alemania tu pelo de oro Margarete
escribe y sale de la casa
y brillan las estrellas y silba a sus perros
silba a sus judíos
y los manda a cavar una tumba en la tierra
y nos ordena ahora toquen para bailar

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Un hombre vive en la casa
y juega con las serpientes y escribe
y escribe cuando oscurece a Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Grita
caven más hondo canten unos toquen otros
y empuña el acero del cinto
lo blande
sus ojos son azules
hundan más hondo las palas
toquen unos bailen otros

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
un hombre juega con serpientes
Grita toquen más dulce la muerte
la muerte es un maestro de Alemania
y grita toquen más oscuro los violines
luego ascienden al aire
convertidos en humo
sólo entonces tienen una tumba en las nubes
donde no están encogidos.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía
la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos en la tarde y de mañana
bebemos y bebemos
la muerte es un maestro de Alemania
sus ojos son azules
te alcanzan sus balas de plomo
te alcanzan sin fallar
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
lanza sus mastines contra nosotros
nos regala una tumba en el aire
juega con las serpientes y sueña
la muerte es un maestro de Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith.













Radix, Matriz
Como se habla a la piedra,
como tú
que estás uncida a mí
desde el abismo,
precipitada
desde una patria,
tú inmemorable,
tú en la nada de una noche,
tú en la noche encontrada.
Tú:
Desde entonces, cuando sólo mi ausencia,
desde entonces, cuando tú medías el campo a pasos, solo:
¿Quién,
quién fue aquel
linaje asesinado
erguido oscuramente en el cielo:
miembro y testículo?
(Raíz.
Raíz de Abraham. Raíz de Jesse. Raíz de nadie,
Oh, nuestra.)
Sí,
como se habla a la piedra,
como tú que te sirves de mis manos
para asir la nada;
así es todo lo que aquí está:
Este suelo fecundo
también se entreabre,
este ir
hacia abajo
es el de las coronas
que salvajemente florecen.













Stretta*

Deportado al campo
de la huella infalible.
Hierba escrita: dispersa. Las piedras,
blancas,
y las sombras de los tallos:
¡No leas más —mira!
¡No mires más —camina!
Camina, tu hora
no tiene hermanas, tú estás—
estás en tu casa. Una rueda gira,
lenta, desde sí misma; sus rayos
ascienden,
ascienden por el campo oscuro, la noche
no necesita estrellas, en ninguna parte
preguntan por ti.

En ninguna parte
preguntan por ti.
El lugar, donde estaban,
tiene un nombre —no
tiene ninguno. No estaban allí. Algo
estaba entre ellos.
No veían al través.
No veían, no,
hablaron de
palabras. Ninguna
despertó, el
sueño
se les vino encima.

Se les vino encima
En ninguna parte preguntan—
Soy yo, yo
estaba entre ellos,
abierto,
audible, yo les di la alarma, su aliento
obedeció, soy el mismo, todavía;
sí, ellos duermen.

Soy el mismo, todavía.

Años,
años, años, un dedo,
palpa abajo, arriba,
palpa alrededor:
suturas palpables, aquí
se abren, aquí
cicatrizan de nuevo —¿quién
las cubrió?

¿quién
las recubrió?
Venía, venía,
venía, una palabra, venía,
venía a través de la noche,
quiso resplandecer, quiso resplandecer.
Ceniza.
Ceniza, ceniza.
Noche.
Noche-y-noche. —Acude
al ojo, al húmedo.

Al ojo
acude,
al húmedo—
Huracanes.
Huracanes de siempre,
torbellinos de átomos; lo otro,
tú lo sabes,
lo leímos en el libro,
era era sólo apariencia.
Era, era
sólo apariencia. ¿Cómo
nos asimos —con estas manos?
Estaba escrito que.
¿Dónde? Tendimos
encima un silencio
nutrido con veneno, inmenso,
un
verde
silencio, una hoja como un cáliz,
una idea adherida a lo vegetal,
verde, sí,
adherida, sí,
bajo el cielo maligno.
Adherida, sí,
vegetal.
Sí.
Huracanes, torbellinos
de átomos: quedó
el tiempo, quedó,
de intentarlo en la piedra—,
ella fue hospitalaria,
no cercenó la palabra.
Qué holgadamente vivíamos:
Granulada,
granulada y fibrosa, cualiforme,
compacta;
ubiforme, irradiada, reniforme,
aplanada,
aglomerada, esponjosa, ramificada—:
no cercenó la palabra, habló,
habló suavemente a los ojos secos,
antes de cerrarlos.
Habló, habló.
Era, era.
Nosotros
no cedimos, estábamos
en medio, una estructura porosa,
y llegó.
Se nos vino encima,
se abrió camino, zurciendo
invisible, zurciendo
hasta la última membrana
y
el mundo,
un millar de prismas,
cristalizó, cristalizó.

Cristalizó, cristalizó.
Entonces—
Noches, sin mezcla. Círculos
verdes o azules, rojos
cuadrados: el mundo
pone su entraña
en juego
con las horas inéditas.— Círculos
rojos o negros, claros
cuadrados: no hay sombras
en vuelo,
planchetas, ningún almahumo
asciende y participa
en el juego.

Asciende
y participa en el juego.
Cuando huyen las lechuzas,
en la lepra petrificada,
en nuestras manos en fuga,
en la última abyección,
en la red caza balas
del muro derruido:
visibles de nuevo:
los surcos,
los coros antiguos,
los salmos. Ho, ho-
sanna.
Entonces
hay aún templos en pie.
Una estrella
quizá da luz todavía.
Nada,
nada se ha perdido
Hosanna.
Cuando huyen las lechuzas, aquí,
el diálogo —gris como el día—
en las huellas del agua subterránea.

(Gris como el día,
en las huellas
del agua subterránea.
Deportado al campo
de la huella infalible:
Hierba.
Hierba, escrita: dispersa.)
*Stretta: Término musical. Se trata de una reducción temporal, vale decir: concentración de temas en apretado contrapunto, sobre todo en la fuga, donde la entrada de la segunda voz, antes de que haya concluido el tema —casi siempre en la parte final—, produce un estrecho tejido de voces














Todo es distinto
Todo es distinto
de lo que imaginas, de lo que imagino,
la bandera ondea todavía,
los pequeños secretos conviven entre sí,
proyectan sus sombras; de ellas
vives tú, yo,
vivimos nosotros.
La moneda de plata se derrite en tu lengua,
tiene el sabor del mañana, del siempre,
un camino hacia Rusia se te sube al corazón,
el abedul de Carelia
te ha esperado,
el nombre Ossip viene hacia ti,
le cuentas
lo que ya sabe, él lo toma,
te lo agarra, con las manos
le desprendes un brazo,
el derecho, el izquierdo, le pones los tuyos
con manos y dedos y líneas
—lo que se desgarra, cicatriza otra vez—.
Allí los tienes, allí están los dos:
el nombre, el nombre,
la mano, la mano,
tómalos allí, en prenda,
él los toma también
y tienes, otra vez, lo que fue tuyo,
lo que fue suyo,
Molinos de viento
te llenan de aire los pulmones y remas
por canales, lagunas y canales,
a la luz de la palabra,
sin un por qué
en popa,
sin un adónde
en proa,
sólo el corno de Aries
te sostiene en vilo
—¡Tekiah!—,
como las trompetas irrumpen,
a través de las noches,
en el día,
los presagios se devoran
entre sí, el hombre
tiene su paz, el dios
la suya, el amor regresa a los lechos,
el pelo de las mujeres
crece otra vez,
el capullo de sus pechos,
que maduró hacia adentro,
vuelve a brotar; las líneas de la vida,
que subieron desde las caderas
se despiertan en la palma de tu mano,
tu país detrás de la montaña,
detrás del año, ¿cómo se llama?
Yo sé cómo se llama,
como aquel cuento de invierno,
como el cuento del verano,
así se llama, el país de tres años
de tu madre, así era, así es,
está siempre en camino,
como el lenguaje,
dilapídalo, dilapídalo,
sólo así lo tendrás otra vez,
a él,
al sílice de las minas de Moravia,
que te llevó a Praga,
sobre la tumba, sobre las tumbas,
hacia la vida:
hace tiempo se fue,
como las lámparas,
debes buscarlo otra vez;
allí está
en Normandía-Nimega-Bohemia,
allí, allí, allí,
es blanco, blanco,
y te dice:
Hoy-Oye
Es blanco, blanco,
un fulgor líquido traspasa aquí,
un corazón, un río,
tú sabes su nombre, las playas
cuelgan llenas de días,
como el nombre, lo palpas,
con la mano:
Alba.














Tubing a, enero
Los ojos con-
vertidos a la ceguera.
Su recuerdo: "Lo que brota de pronto
es un enigma".
Las torres de Hölderlin
acosadas por las gaviotas.
Visitaciones de carpinteros ahogados
cuando
estas palabras se hunden.
Si viniera,
si viniera un hombre,
si viniera un hombre hoy al mundo
con la barba de luz
de los patriarcas:
él podría,
si hablase de este tiempo,
él podría sólo
balbucir, balbucir,
una y otra, una y otra,
vez, vez.
("Pallaksch. Pallaksch.")*
*Pallaksch: Sí y no













Corona
En mi mano
el otoño devora sus hojas: somos amigos.
Le extraemos el tiempo a las nueces y le enseñamos a irse:
el tiempo regresa en la cáscara.
En el espejo es domingo,
en el sueño dormimos,
la boca habla verdades.
Mi ojo desciende hasta el sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos cosas oscuras,
nos amamos como amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en las conchas,
como el mar en la sangre que la luna refleja.
Desde la calle nos miran abrazados en la ventana:
es tiempo de que lo sepan,
es tiempo de que la piedra se acostumbre a florecer,
es tiempo de que te compadezcas del desasosiego,
es tiempo de que sea tiempo.
Es tiempo.

1 comentario:

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