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martes, 23 de enero de 2007

Algunos poemas de Héctor Viel Témperley



Héctor Viel Temperley
(1933 / 1987) nació en Buenos Aires el 21 de mayo de 1933. Poeta amante del silencio y la naturaleza, combinó su vehemente fe religiosa con la lectura de salmos bíblicos y actividades como hachar, remar y nadar.

El hecho que la obra de este autor haya tenido una difusión parcial encuentra explicación en las palabras de Soledad Viel Temperley, hija del poeta, quien sostiene: "Su visión de la existencia humana pasaba por el cuerpo y la fe en Dios, por ello nunca le interesó presentar un libro, participar de ninguna mesa o debate literario, ni siquiera producir crítica literaria. Siempre se mantuvo al margen y era consciente de su elección".

La originalidad de su voz poética y el singular uso de imágenes como recurso para renombrar, lo ha vinculado al surrealismo. El poeta Diego Muzzio asegura que “si bien es cierto que utiliza elementos propios de ese movimiento, sobre todo en lo que atañe a sus imágenes, su poesía esta muy lejos de ser surrealista"(...)"Existe un plan en su poesía —advierte— que deja entrever una planificación elaborada, meditada, que nada tiene que ver con la escritura automática y la liberación de la conciencia promulgada por el movimiento surrealista".

En relación al rasgo religioso de Viel Temperley que le ha valido la etiqueta de “escritor de culto”, Muzzio destaca: "lo más importante en su creación es, justamente, su religiosidad, pero una religiosidad profunda, que bordea el misticismo. Él se aparta del poema religioso tradicional, y utiliza metáforas, recursos extraídos de un mundo casi en oposición con la idea convencional que podríamos tener acerca de poesía religiosa”

Su obra poética comprende nueve libros: Poemas con Caballos (1956), El nadador (1967), Humanae vitae mia ((1969), Plaza Batallón 40 (1971), Febrero72-Febrero73 (1973), Carta de marear (1976), Legión Extranjera (1978), y los más difundidos Crawl (1982) y Hospital Británico (1986).

El poeta Héctor Viel Temperley falleció en un hospital en 1987, a la edad de 54 años.



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Héctor Viel Témperley

Carta de marear
(1976)



Hoy la llamo Baluma,

dulce caída de popa...



1



Desde la hoja de afeitar vi todo.

Con sangre seca y flor rompí el hechizo,

hostia de hotel abierto a sangre seca.

Como tanque de guerra colgado del barranco

henchido como nube, abultado como anca

por tantas campanillas, esta enredada pieza!

Barranco de trompetas, ángeles escarpados.

Gallo clavado como naipe allá en el fondo.

Ni riña ni expiación ni truco: solamente

me cubro de sudor y miro el cielo.

Y la primera vez que tuve entre mis piernas

campanillas violetas:

“¿Qué estoy haciendo aquí engañando a todos?”...

“¿Qué estoy haciendo aquí” me preguntaba

yo que alzaba la vista para verlas

mis primeros veranos, día a día,

como templo atraído por la cuesta?...

Y estaba enamorado, con mis ingles

libadas en silencio y despedidas?...





4



Porque últimos años...

mañanas en la plaza con borrachos,

la medicina de curar forúnculos

con un palo en la boca, con el falo

del reptilado cielo entre los dientes!



Porque últimos años...

sueños, pesadillas, siestas bajo nada

cavando con el pecho en el colchón del miedo:

la manzana de casas que conducen

a un escondido teatro y a una panadería

donde pide limosna el centro de la Tierra!



Porque últimos años...

mi dormir boca abajo que no deja señales,

mi dormir boca abajo de nadador

que no deja señales, entre raíces

aferrándolo a Dios por los cabellos.

Para que no se ahogue nadie!



Porque últimos años...

el encierro, la pierna insondable que miro:

una columna alta sin moscas y mis ojos

detrás de una careta de esgrimista.

Tan sólo la belleza es para mí lo otro,

dios terrible, materia independiente?

Y afuera todo es mi deshecha médula!



Porque últimos años...

cuerpo que dibujé, sonrisas de hijos

y Batalla de Eylau bajo la nieve.

Islas que se acometen

con lentos fuegos en la madrugada

como gallos aún grises en la espuma, enmantados

por la melancolía de compartir un cielo!



Porque últimos años...

extraño lazareto, estrellas del oeste.

Los pectorales de David que pasan

como estribos colgando de una silla vacía:

mi caída que miro y alimento en fuego,

el pus en dos capullos abiertos en mi espalda!





LA PILETA DE LOS CHOFERES



1



Jamás palos de golf para arrojarte al rostro

el viento de las lomas, la arenisca caliente

impregnada de aceite que pisaba en los bares,

la trompeta del día que al final del camino

y en los labios del mar es tu vinagre.

Jamás sandalias de mujer en fila

junto a un zócalo frío en una casa,

palomar de penumbras y deseo

sobre esas alas penetrantes, quietas.



Jamás cerezas entre mimbres ágiles

para azotar el aire de un huerto cada tarde

como esposo que vuelve cada tarde.

Jamás chatos relojes verticales,

mirada helada y gris en las entrañas

entre vueltas y vueltas de una sedosa faja.

Jamás, jamás gaviotas sobre ti como llaves

para salir de ti a las blancas teas

que el mar pone a lo largo del intruso.

Yo fui a tu imagen, yo fui fiel. Entonces,

por qué ahora tienes números, piscina?



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Corresponden al mes de marzo de 1986 los únicos
textos de HOSPITAL BRITANICO que no van acompañados
por su fecha de redacción. Los pertenecientes a los
años 1985 y 1984 ven la luz por primera vez en este
libro, mientras los de 1982, 1978, 1976 y 1969
fueron ya publicados por el autor en CRAWL, LEGION
EXTRANJERA, CARTA DE MAREAR y HUMANAE VITAE MIA.

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Mi madre es la risa, la libertad, el verano.

Hospital Británico

Mes de Marzo de 1986

Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura
de mariposas: Mi madre vino al cielo a visitarme.

Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de
la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del
mundo.

Mi madre es la risa, la libertad, el verano.

A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.

Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara
-en Tu llanto- para comenzar todo de nuevo.

Hospital Británico

Mes de Marzo de 1986

( Versión con esquirlas
y "Christus Pantokrator")

Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura
de mariposas: Mi madre vino al cielo a visitarme.

Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de
la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del
mundo

Mi madre es la risa, la libertad, el verano.

A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.

Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara
-en Tu llanto- para comenzar todo de nuevo.

Hospital Británico

La muchacha regresa con rostro de roedor,
desfigurada por no querer saber lo que es ser
joven.

Llevando otro embarazo sobre las largas piernas, me
pide humildemente fechas para una lápida. (1984)

Hospital Británico

¿Quién puso en mí esa misa a la que nunca llego?
¿Quién puso en mi camino hacia la misa a esos patos
marrones -o pupitres con las alas abiertas-que se
hunden en el polvo de la tarde sobre la pérgola que
cubrían las glicinas ? (1984)

Hospital Británico

Voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia
mi cuerpo . (1984)

Pabellón Rosetto

Aquella blanca pared nueva, joven, que hablaba a
las palmeras de una playa -enfermeras de pechos de
luz verde- en una fotografía que perdí en mi
adolescencia.

Pabellón Rosetto

Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos
hacia la costa lentamente y que de nuestras sombras
de color verde claro huían los tiburones. (1978)

Pabellón Rosetto

Si me enseñaras qué es el verde claro... (1978)

Pabellón Rosetto

Es difícil llegar a la capilla: se puede orar entre
las cañas en el viento debajo de la cama. (1984)

"Christus Pantokrator"

La postal tiene una leyenda: "Christus Pantokrator,
siglo XIII".

A los pies de la pared desnuda, la postal es un
Christus Pantokrator en la mitad de un espigón
larguísimo. (1985)

"Christus Pantokrator"

Entre mis ojos y los ojos de Christus Pantokrator
nunca hay piso. Siempre hay dos alpargatas
descosidas, blancas, en un día de viento.

Con la postal en el zócalo, con Christus
Pantokrator en el espigón larguísimo, mi oscuridad
no tiene hambre de gaviotas. (1985)

"Christus Pantokrator"

La postal viene de marineros, de pugilistas viejos
en ese bar estrecho que parece un submarino-de
maderas y latas-hundiéndose en el sol de la ribera.

La postal viene de un Christus Pantokrator que
cuando bajo las persianas, apago la luz y cierro
los ojos, me pide que filme Su Silencio dentro de
una botella varada en un banco infinito. (1985)

"Christus Pantokrator"

Delante de la postal estoy como una pala que cava
en el sol, en el Rostro y en los ojos de Christus
Pantokrator. (1985)

Sé que sólo en los ojos de Christus Pantokrator
puedo cavar en la transpiración de todos mis
veranos hasta llegar desde el esternón, desde el
mediodía, a ese faro cubierto por alas de naranjos
que quiero para el niño casi mudo que llevé sobre
el alma muchos meses. (Mes de Abril de 1986)

Larga esquina de verano

Alguien me odió ante el sol al que mi madre me
arrojó. Necesito estar a oscuras, necesito regresar
al hombre. No quiero que me toque la muchacha, ni
el rufián, ni el ojo del poder, ni la ciencia del
mundo. No quiero ser tocado por los sueños.

El enano que es mi ángel de la guarda sube
bamboleándose los pocos peldaños de madera
ametrallados por los soles; y sobre el pasamano de
coronas de espinas, la piedra de su anillo es un
cruzado que trepa somnoliento una colina: burdeles
vacíos y pequeños, panaderías abiertas pero muy
pequeñas, teatros pequeños pero cerrados-y más
arriba ojos de catacumbas, lejanas miradas de
catacumbas tras oscuras pestañas a flor de tierra.

Un tiburón se pudre a veinte metros. Un tiburón
pequeño -una bala con tajos, un acordeón abierto-se
pudre y me acompaña. Un tiburón-un criquet en
silencio en el suelo de tierra, junto a un tambor
de agua, en una gomería a muchos metros de la
ruta-se pudre a veinte metros del sol en mi cabeza:
El sol como las puertas, con dos hombres
blanquísimos, de un colegio militar en un desierto;
un colegio militar que no es más que un desierto en
un lugar adentro de esta playa de la que huye el
futuro. (1984)

Larga esquina de verano

¿Nunca morirá la sensación de que el demonio puede
servirse de los cielos, y de las nubes y las aves,
para observarme las entrañas?

Amigos muertos que caminan en las tardes grises
hacia frontones de pelota solitarios: El rufián que
me mira se sonríe como si yo pudiera desearla
todavía.

Se nubla y se desnubla. Me hundo en mi carne; me
hundo en la iglesia de desague a cielo abierto en
la que creo. Espero la resurrección espero su
estallido contra mis enemigos- en este cuerpo, en
este día, en esta playa. Nada puede impedir que en
su Pierna me azoten como cota de malla -y sin
ninguna Historia ardan en mí- las cabezas de
fósforos de todo el Tiempo.

Tengo las toses de los viejos fusiles de un Tiro
Federal en los ojos. Mi vida es un desierto entre
dos guerras. Necesito estar a oscuras. Necesito
dormir, pero el sol me despierta. E1 sol, a través
de mis párpados, como alas de gaviotas que echan
cal sobre toda mi vida; el sol como una zona que me
había olvidado; el sol como un golpe de espuma en
mis confines; el sol como dos jóvenes vigías en una
tempestad de luz que se ha tragado al mar, a las
velas y al cielo. (1984)

Larga esquina de verano

La boca abierta al viento que se lleva a las
moscas, el tiburón se pudre a veinte metros. E1
tiburón se desvanece, flota sobre el último asiento
de la playa-del ómnibus que asciende con las ratas
mareadas y con frío y comienza a partirse por la
mitad y a desprenderse del limpiaparabrisas, que en
los ojos del mar era su lluvia

Me acostumbré a verlas llegar con las nubes para
cambiar mi vida. Me acostumbré a extrañarlas bajo
el cielo: calladas, sin equipaje, con un cepillo de
dientes entre sus manos. Me acostumbré a sus
vientres sin esposo, embarazadas jóvenes que odian
la arena que me cubre. (1984)

Larga esquina de verano

¿Toda la arena de esta playa quiere llenar mi boca?
¿Ya todo hambre de Rostro ensangrentado quiere
comer arena y olvidarse?

Aves marinas que regresan de la velocidad de Dios
en mi cabeza: No me separo de las claras paralelas
de madera que tatuaban la piel de mis brazos junto
a las axilas; no me separo de la única morada-sin
paredes ni techo- que he tenido en el ígneo
brillante de extranjero del centro de los patios
vacíos del verano, y soy hambre de arenas-y hambre
de Rostro ensangrentado.

Pero como sitiado por una eternidad, ¿yo puedo
hacer violencia para que aparezca Tu Cuerpo, que es
mi arrepentimiento? ¿Puedo hacer violencia con el
pugilista africano de hierro y vientre
almohadillado que es mi pieza sin luz a la una de
la tarde mientras el mar -afuera- parece una
armería? Dos mil años de esperanza, de arena y de
muchacha muerta, ¿pueden hacer violencia? Con
humedad de tienda que vendía cigarrillos negros,
revólveres baratos y cintas de colores para
disfraces de Carnaval, ¿se puede todavía hacer
violencia?

Sin Tu Cuerpo en la tierra muere sin sangre el que
no muere mártir; sin Tu Cuerpo en la tierra soy la
trastienda de un negocio donde se deshacen cadenas,
brújulas, timones -lentamente como hostias- bajo un
ventilador de techo gris sin Tu Cuerpo en la tierra
no sé cómo pedir perdón a una muchacha en la punta
de guadaña con rocío del ala izquierda del
cementerio alemán (y la orilla del mar espuma y
agua helada en las mejillas-es a veces un hombre
que se afeita sin ganas día tras día).( 1985)

Larga esquina de verano

¿Soy ese tripulante con corona de espinas que no ve
a sus alas afuera del buque, que no ve a Tu Rostro
en el afiche pegado al casco y desgarrado por el
viento y que no sabe todavía que Tu Rostro es más
que todo el mar cuando lanza sus dados contra un
negro espigón de cocinas de hierro que espera a
algunos hombres en un sol donde nieva ? ( 1985 )

Tu Rostro

Tu Rostro como sangre muy oscura en un plato de
tropa, entre cocinas frías y bajo un sol de nieve;
Tu Rostro como una conversación entre colmenas con
vértigo en la llanura del verano; Tu Rostro como
sombra verde y negra con balidos muy cerca de mi
aliento y mi revólver; Tu Rostro como sombra verde
y negra que desciende al galope, cada tarde, desde
una pampa a dos mil metros sobre el nivel del mar;
Tu Rostro como arroyos de violetas cayendo
lentamente desde gallos de riña; Tu Rostro como
arroyos de violetas que empapan de vitrales a un
hospital sobre un barranco. (1985)

Tu Cuerpo y Tu Padre

Tu Cuerpo como un barranco, y el amor de Tu Padre
como duras mazorcas de tristeza en Tus axilas casi
desgarradas. (1985)

Tengo la cabeza vendada (texto profético lejano)

Mi cabeza para nacer cruza el fuego del mundo pero
con una serpentina de agua helada en la memoria. Y
le pido socorro. (1978)

Tengo la cabeza vendada

Mariposa de Dios, pubis de María: Atraviesa la
sangre de mi frente-hasta besarme el Rostro en
Jesucristo (1982)-.

Tengo la cabeza vendada (textos proféticos)

Mi cuerpo-con aves como bisturíes en la
frente-entra en mi alma. (1984)

El sol, en mi cabeza, como toda la sangre de Cristo
sobre una pared de anestesia total. (1984)

Santa Reina de los misterios del rosario del hacha
y de las brazadas lejos del espigón: Ruega por mí
que estoy en una zona donde nunca había anclado con
maniobras de Cristo mi cabeza. (1985)

Señor: Desde este instante mi cabeza quiere ser,
por los siglos de los siglos, la herida de Tu Mano
bendiciéndome en fuego. (1984)

El sol como la blanca velocidad de Dios en mi
cabeza, que la aspira y desgarra hacia la nuca.
(1984)

Tengo la cabeza vendada (texto del hombre en la
playa)

El sol entra con mi alma en mi cabeza (o mi
cuerpo-con la Resurrección-entra en mi alma).
(1984)

Tengo la cabeza vendada (texto del hombre en la
playa)

Por culpa del viento de fuego que penetra en su
herida, en este instante, Tu Mano traza un ancla y
no una cruz en mi cabeza.

Quiero beber hacia mi nuca, eternamente, los dos
brazos del ancla del temblor de Tu Carne y de la
prisa de los Cielos. (1984)

Tengo la cabeza vendada (texto del hombre en la
playa)

Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto
de esta vida de mi vida; vi a mi eternidad, que
debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los
ojos del Señor. (1984)

Me han sacado del mundo

Soy el lugar donde el Señor tiende la Luz que El
es.

Me han sacado del mundo

Me cubre una armadura de mariposas y estoy en la
camisa de mariposas que es el Señor-adentro, en mí.

El Reino de los Cielos me rodea. El Reino de los
Cielos es el Cuerpo de Cristo-y cada mediodía toco
a Cristo.

Cristo es Cristo madre, y en El viene mi madre a
visitarme.

Me han sacado del mundo

"Mujer que embaracé", "Pabellón Rosetto", "Larga
esquina de verano": Vuelve el placer de las
palabras a mi carne en las copas de unos eucaliptus
(o en los altos de "B.", desde los cuales una vez
-sólo una ve- vi a una playa del cielo recostada en
la costa).

Me han sacado del mundo.


Transfer
interrupted!
La muerte es el
comienzo de una guerra donde jamás otro hombre podrá
ver mi esqueleto. La libertad, el verano (A mi madre,
recordándole el fuego) Porque parto recién cuando he
sudado y abro una canilla y me acuclillo como junto a un
altar, como escondido, y el chorro cae helado en mi
cabeza y desliza su hostia hacia mis labios, envuelta en
los cabellos que la siguen. ( 1976) Vengo de comulgar y
estoy en éxtasis aunque comulgué con los cosacos
sentados a una mesa bajo el cielo y los eucaliptus que
con ellos se cimbran estos días bochornosos en que
camino hasta las areneras del sur de la ciudad -el
vizcaíno, santa adela, la elisa. (1982) Por las paredes
de los rascacielos el calor y el silencio suben de nave
en nave: Obsesivo verano de fotógrafo en fotógrafo,
ojos del Arponero que rayan lo que miran, Ser de avenidas
verticales que jamás fue azotado. (1978) Después
íbamos al Africa cada día de nuevo-antes que nada,
antes de vestirnos-mientras rugían las fieras abajo en
el zoológico, subía un sol sangriento a sus jazmines, y
nosotros nos odiábamos, nos deseábamos, gritábamos...
(1978) Instantes de anestesia, de lento alcohol de anoche
todavía en la sangre de pie de una muchacha desnuda y
más dorada que la escoba: Necesito aferrarme de nuevo a
la llanura, al ave blanca del corpiño en la pileta de
lavar, detrás de la estación y entre las casuarinas.
(1984) Tengo la foto de dos novios que cayeron al mar.
Están vestidos de invierno, los invito a desnudarse. En
las siestas nos sentamos junto a la bomba de agua y nos
miramos: de nuevo embolsan luz los pechos de ella; él
amaba a los caballos v una vez intentó suicidarse.
(1978) Necesito oler limón, necesito oler limón. De
tanto respirar este aire azul, este cielo
encarnizadamente azul, se pueden reventar los vasos de
sangre más pequeños de mi nariz. (1969) Y a las
siestas, de pie, los guardavidas abatían la sal de sus
cabezas con una damajuana muy pesada, de agua dulce y de
vidrio verde, grueso, que entre todos cuidaban. (1982)
Yace muriéndose Toda la transpiración de mi cuerpo
regresará a mis ojos cuando muera el tambor en donde fui
formado y hablé con El-como un niño borracho-entre
sillas caídas, río crecido y juncos. Todas las
lágrimas de mi vida volverán a mis ojos; y por las
hondas sedas de un pecho de caballo querré internarme,
huír, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de
ballenas: mi casa como cuerpo de varón recién nacido en
el tórrido vientre del silencio. (1985) Yace muriéndose
Nunca más pasaré junto al bar que daba al patio de la
Capitanía. No miraré la mesa donde fuimos felices: El
sol como ese lugar bajo las aguas de un río de tierra y
de naranjas donde antes de aprender a caminar miré a
Dios como un hombre que sabe qué es la guerra. El sol
como esas aguas de tierra y de naranjas donde sin
extrañar la respiración, el aire, lo miré de este
modo: "Recuerdo una victoria lejana (tantos salvados
rostros que después nadie quiere recordarme) y estoy en
paz con mi conciencia todavía". (1984) Yace
muriéndose La dejé sobre un lecho de vincapervincas
altas, frías, violáceas. Por su final de arroyo, la
herida de mi frente llora en las flores y agradece. Yace
muriéndose Dentro de cuatro días llegará a Tu Océano
con uno de mis soldaditos dormido sobre sus labios. Y se
dirá, sonriéndome: "Es lo poco que hace que este
hombre iba al centro del sol cada mañana con un puñado
de soldados de plomo. Es lo poco que hace que en el
centro del sol, cada mañana, su corazón era un puñado
de soldados de plomo entre gallos" Dormido sobre sus
labios Pequeño legionario, ¡cuánto viento! Pedacito de
plomo, pedacito de Sahara: Vendrán veranos no obsesivos;
pasarán los hijos de mis hijos. (1978) Yo puedo hachar
todo el día pero no puedo cavar todo el día. No puedo
cavar en ningún lado sin estar esperando que aparezca de
pronto un soldado de plomo entre mis pies desnudos. (
1978 ) Para comenzar todo de nuevo Es mi parte de tierra
la que llora por los ciruelos que ha perdido. Para
comenzar todo de nuevo El verano en que resucitemos
tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo
sepultado en la vena. (1969)
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(1986)


HOSPITAL BRITÁNICO


La muchacha regresa con rostro de roedor, desfigurada por no querer saber lo que es ser joven.



Llevando otro embarazo sobre las largas piernas, me pide humildemente fechas para una lápida. (1984)





PABELLÓN ROSETTO



Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos hacia la costa lentamente y que de nuestras sombras de color verde claro huían los tiburones. (1978)





PABELLÓN ROSETTO

Si me enseñaras qué es el verde claro... (1978)





TU ROSTRO


Tu Rostro como sangre muy oscura en un plato de tropa, entre cocinas frías y bajo un sol de nieve; Tu Rostro como una conversación entre colmenas con vértigo en la llanura del verano;Tu Rostro como sombra verde y negra con balidos muy cerca de mi aliento y mi revólver;Tu Rostro como sombra verde y negra que desciende al galope, cada tarde, desde una pampa a dos mil metros sobre el nivel del mar;Tu Rostro como arroyos de violetas cayendo lentamente desde gallos de riña;Tu Rostro como arroyos de violetas que empapan de vitrales a un hospital sobre un barranco. (1985)





TENGO LA CABEZA VENDADA (texto profético lejano)


Mi cabeza para nacer cruza el fuego del mundo pero con una serpentina de agua helada en la memoria. Y le pido socorro. (1978)





LA LIBERTAD, EL VERANO (A mi madre, recordándole el fuego)



Porque parto recién cuando he sudado y abro una canilla y me acuclillo como junto a un altar, como escondido, y el chorro cae helado en mi cabeza y desliza su hostia hacia mis labios, envuelta en los cabellos que la siguen. (1976)



Vengo de comulgar y estoy en éxtasis aunque comulgué con los cosacos sentados a una mesa bajo el cielo y los eucaliptus que con ellos se cimbran estos días bochornosos en que camino hasta las areneras del sur de la ciudad —el vizcaíno, santa adela, la elisa. (1982)



Por las paredes de los rascacielos el calor y el silencio suben de nave en nave: Obsesivo verano de fotógrafo en fotógrafo, ojos de Arponero que rayan lo que miran. Ser de avenidas verticales que jamás fue azotado. (1978)



Después íbamos al África cada día de nuevo —antes que nada antes de vestirnos— mientras rugían las fieras abajo en el zoológico, subía un sol sangriento a sus jazmines, y nosotros nos odiábamos, nos deseábamos, gritábamos... (1978)



Instantes de anestesia, de lento alcohol de anoche todavía en la sangre de pie de una muchacha desnuda y más dorada que la escoba: Necesito aferrarme de nuevo a la llanura, al ave blanca del corpiño en la pileta de lavar, detrás de la estación y entre las casuarinas. (1948)



Tengo la foto de dos novios que cayeron al mar. Están vestidos de invierno, los invito a desnudarse. En las siestas nos sentamos junto a la bomba de agua y nos miramos: de nuevo embolsan luz los pechos de ella; él amaba a los caballos y una vez intentó suicidarse. (1978)



Necesito oler limón, necesito oler limón. De tanto respirar este aire azul, este cielo encarnizadamente azul, se pueden reventar los vasos de sangre más pequeños de mi nariz. (1969)



Y a las siestas, de pie, los guardavidas abatían la sal de sus cabezas con una damajuana muy pesada, de agua dulce y de vidrio verde, grueso, que entre todos cuidaban. (1982)





YACE MURIÉNDOSE


Toda la transpiración de mi cuerpo regresará a mis ojos cuando muera el tambor en donde fui formado y hable con Él —como un niño borracho— entre sillas caídas, río crecido y juncos.



Todas las lágrimas de mi vida volverán a mis ojos; y por las hondas sedas de un pecho de caballo querré internarme, huir, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de ballenas: mi casa como cuerpo de varón recién nacido en el tórrido vientre del silencio. (1985)




PARA COMENZAR TODO DE NUEVO


Es mi parte de tierra la que llora por los ciruelos que ha perdido.





PARA COMENZAR TODO DE NUEVO


El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena. (1969)


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(1969)





SEÑOR, ESTOY CANSADO



Señor, estoy cansado.

Que me hablen solamente

de lejos y con banderas,

como a barco apestado.





Y HA DE HABER LUGARES



Y ha de haber lugares

donde ha de llover tan lindo...



Qué ganas tengo

de estornudar el alma

y verla hacerse añicos

contra el agua.

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Crawll


LA CASILLA DE LOS BAÑEROS, EL PISO Y EL HOMENAJE



A Ernesto del Castillo

que me prestó un Salvavidas





Vengo de comulgar y estoy en éxtasis, hermanos

en reflejados días que tenían dos mares.



Sacristía con trigo de desnudos oyendo

un altar de colmenas. Única sombra.

Tablas.





Piso para las víctimas más grises del planeta.



Capilla sin exvotos:

Sólo mandíbulas de escualos



Y espejito con olas que nos ve entrar cansados:

En la gavia del tórax, como alas entre cantos

rodados —recogidos

de bruces—

los pulmones;

Y, en las ceñidas lonas, ladridos empujando



a mástiles de huesos

que no fueron quebrados.











Y yo —que pude en sueños o en misión escalarme



por serpientes de nieve

que iluminan



escondrijos de mapas

y capotes



Bautizando en las noches de las cumbres a un lago—;





y yo —que no quisiera

que esa tropa oscilara

demasiado o se hundiera

en el umbral del cielo —,













Aquí donde la novia de un buen mozo del muelle



se entregó por dinero

a las visitas



(Después de hablar los dos afuera, contra el viento,



una hora o dos horas

caminando, abrazándose)



Y a las siestas, de pie, los guardavidas



abatían la sal de sus cabezas



con una damajuana muy pesada,



De agua dulce y de vidrio verde, grueso,



que entre todos

cuidaban,



me adormezco:



Lágrima en la botella el mar se seca



Y hasta que la pequeña estufa es desatada



—y dejan de brillar

los pies oscuros—



Remolco sobre el hielo a una muchacha





(O en el piso, de nuevo,

veo sus pies,



de nuevo

no sé cómo



La estufa no los quema, ni sé cómo



no saben arder menos que ellos



la cintura





O la boca



Entreabierta en las tinieblas;





Y como siempre llueve y los relámpagos,



en la ventana sucia



son los de ella);



Y sé que lo que hicimos refulgía



y llamaba —ahora sé—

mientras lo hacíamos





Y yo no era su prójimo, ni mi yo era mi prójimo,



y su boca, gavilla



con hormigas

y tierra,





En confines de tinta



Me sacaba del odio.