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martes, 23 de enero de 2007

ANTOLOGÍA:BORIS PASTERNAK


ANTOLOGÍA
BORIS PASTERNAK

Nació en Moscú en una familia culta y de mucho talento. Su padre fue un pintor célebre. Su madre fue también artista renombrada. Estudió en las Universidades de Moscú y Marburg (Alemania). Regresó a Rusia a principios de la primera guerra mundial y trabajó dos años en un taller mecánico, en los montes Urales. Durante un corto período, en la Revolución, tuvo un empleo menor en el Comisariato de Educación.

Su primer libro de versos apareció en 1912. En 1914 se unió al movimiento literario de los “futuristas centrífugos”, pero más tarde se alejó del grupo.

Su herencia poética es pequeña pero de exquisita calidad. Fuera de sus obras poéticas, escribió sobre temas sociales. En 1933 publicó sus poemas completos en un volumen. Desde entonces se dedicó casi por entero a traducir al ruso poesía georgiana, francesa, inglesa y alemana. En este campo, sus traducciones más valiosas son las de los poetas ingleses que más admiró: Shakespeare, Shelley y Keats.






MARBURG
Me estremecía. Me encendía y me apagaba.
Temblaba... propuse matrimonio,
demasiado tarde; fui tímido, y me negaron.
Cómo me duelen sus lágrimas ¡me siento feliz como un santo!

Salí a la plaza. Podrían decir que nacía
por segunda vez. La más pequeña bagatela
vivía, y sin prestarme ninguna atención
crecía en su importancia de despedida.

Devorando las nubes amarilleaban las arenas.
Un soplo de la tormenta futura jugaba en las cejas del matorral.
El cielo se horneaba caído sobre una inmensa gasa
que iba absorbiendo la sangre de una herida.

Aquel día te llevé toda conmigo, de tus peinetas a tus pies;
te sabía de memoria, y te repasaba
vagando por la ciudad, como un trágico de provincia
repasa un drama de Shakespeare.

Cuando me puse de rodillas frente a ti, abrazando
aquella niebla, aquel hielo, aquel espacio,
—qué bella eres— aquel torbellino de calor...
¿De qué hablas? ¡Recóbrate! Todo está perdido. Me repudió.

No. Mañana no iré allí. La negativa es más rotunda
que la despedida. Ahora estamos a mano.
El tumulto de la estación no me conviene.
¿Qué será de mí, antiguas lozas?

Para jugar conmigo al ajedrez se sienta la noche
en el piso de parquet iluminado por la luna.
Se huele la acacia y las ventanas están abiertas,
y la pasión, como un testigo, se encanece en un rincón.

El álamo es un rey. Juego con el insomnio.
La reina es un ruiseñor. Tiendo la mano al ruiseñor.
Y la noche vence, las figuras se retiran,
y reconozco el rostro blanco del amanecer.
(1916)






EL KREMLIN EN LA BORRASCA A FINES DE 1918
Como si lo arrojaran a las nieves
de la última estación en ruinas;
como el campo en la noche, en silbidos y clamor,
arrastrándose laboriosamente;
como antes del fin, sin fuerzas,
en su angustia implorando a la borrasca
que no apague el remolino del alma,
cuando todo se cubra con la última negrura...

¡A veces!... A veces,
como un buque aprisionado a las amarras,
que se arranca milagrosamente
del ancla hacia la tempestad.

El Kremlin, sin comparación, aquella noche,
extraño, todo de espuma,
en su aparejo de tantos inviernos
se arroja con violencia en la borrasca.
Y grandioso, pleno de pasado,
como la adivinación de un visionario,
vuela sin reparos, amenazador
a través del año que se acaba, hacia el diez y nueve.

Entra por mi ventana
con el cobre de sus campanarios;
quizás teme que se acabe el año
antes de haberme conocido.

El resto de los días y de las borrascas
que fueron su destino en el diez y ocho,
se enfurece alrededor,
como si no hubiera jugado hasta la saciedad.

Presiento que tras de las tormentas,
el año que no ha llegado aún,
tomará mi destrozado “yo”
y lo llenará de nuevas enseñanzas.
(1919)



A VECES AMAR...
A veces amar es una pesada cruz,
pero tú eres tan simplemente bella...
El secreto de tu gracia es igual
a la clave del enigma de la vida.

En primavera se oye el susurro de los sueños
y el suave rumor de realidades y falsías.
Tú eres de la misma especie.
Tú eres indiferente como el aire.

Es fácil recobrar la vista al despertarse,
sacudir del corazón la basura de las palabras
y vivir sin atascarse de nuevo:
no se requiere una gran astucia.
(1931)



MERANI (1)
(Sobre un tema de Baratashvili)
Como una flecha vuela el corcel de mis ensueños.
Lúgubre, un cuervo grazna por detrás.
¡Adelante, mi corcel, no pienses nada!
¡Adelante! ¡Dispersa al viento todas tus ideas!

¡Adelante, adelante, ignorando los obstáculos!
A través de torbellinos y granizos, y nieves y tormentas,
debes conservarme los días y los años.
¡Adelante, adelante, sin saber a dónde vas!

Que me arranque a los lazos familiares.
No me importa. Si la noche me alcanza en el camino,
la nocturna lejanía posada me dará,
y he de hacerme ciudadano en las estrellas de los cielos.

Me entrego a tu carrera enloquecida;
daré mi confesión al bramido del mar.
¡Adelante, mi corcel, no pienses nada!
¡Adelante! ¡Dispersa al viento todas tus ideas!

Que me entierren bien lejos de mi casa.
Que mi esposa no solloce sobre mí.
Cave un cuervo mi tumba y la tormenta aúlle
al volver del funeral.

En vez del coro, quiero el grito de las águilas.
El rocío celeste llorará sobre mí.
¡Adelante! Estoy débil, mas no importa.
¡Adelante, mi corcel, adelante a toda prisa!

Estoy débil, pero no me esclaviza mi destino.
Lucho con él y le oculto mis designios.
¡Adelante, mi corcel, no pienses nada!
¡Adelante! ¡Dispersa al viento todas tus ideas!

No importa que yo muera. No morirá el impulso.
Tú marcaste el sendero, alado corcel mío,
y así será más fácil a mi hermano,
seguir hacia adelante, por mis huellas, una vez.

Como una flecha vuela el corcel de mis ensueños.
Lúgubre, un cuervo grazna por detrás.
¡Adelante, mi corcel, no pienses nada!
¡Adelante! Dispersa al viento todas tus ideas.
(1) Merani, apodo que los montañeses georgianos suelen dar a sus caballos.
Niko Baratashvili, destacado poeta georgiano del siglo pasado, autor de numerosas leyendas, poemas y obras dramáticas (N. de la T.)
(1946)





CUENTO TERRIBLE
Alrededor todo cambiará.
Se construirá otra vez la capital.
Pero el pavor de los niños que fueron despertados
jamás se ha de perdonar.

No se olvidará el temor
que surcó de arrugas las caras;
y por ello el enemigo
pagará cien veces más.

Alguna vez su llegada
por fábula tendrán,
mas por viudas, huérfanos y mutilados
pagará cien veces más.

Se ha de fijar en la memoria el bombardeo.
Aquellos días en cuenta se tendrán
en que, como en Belén, el nuevo Herodes,
dio rienda suelta a su maldad.

Desaparecerán los testigos del pasado
y un siglo mejor vendrá.
Mas el martirio de los niños mutilados
jamás se olvidará.
(1941)