jueves, 7 de junio de 2007

Juan José Millás:"De corpore insepulto"



El escritor es conocido por sus novelas, sus cuentos o, incluso, por su incursión en el teatro con la representación de su libro "Ella imagina". Pero su faceta poética permanece inédita, aunque supuso una razón primordial en su vocación de lector-escritor. Aquí puedes leer por primera vez, en exclusiva, los versos aglutinados en un libreto del que se expandieron 177 ejemplares, "De corpore insepulto" (Madrid, 1988).

"De corpore insepulto"

1.

En las horas de niebla,
los transeúntes dudan sobre el brillante asfalto,
tienen los automóviles la pintura empañada;
la humedad se resume en las ventanas amarillas
de las primeras oficinas. Los lugares públicos
no han despertado todavía. Está la calle
limpia: la lluvia la lavó durante
una madrugada insomne de golpear
en las persianas y chorrear sobre los patios interiores.
Hoy no se apagarán las luces por la huelga.

2.

Ese que veis cruzar,
detenerse, y cruzar, es mi asesino. Me persigue desde
hace tantos siglos, a lo largo
de tantas vidas me persigue
que el ruido de sus pasos y el de mi corazón
parecen soportar un solo cuerpo,
una sola agonía, una canción
de infancia, una canción
parecida a las lágrimas de un día.

3.

En esta hora de humillación parece
el aire un animal enfermo. Tal
es la enfermedad , tal es el peso
de cuanto en él se mueve, que una hoja
desprendida de un árbol quebraría
la piel del pavimento. Mas no hay árboles.
No hay árboles, ni tierra, ni otro abismo
que la implacable y criminal persecución
dibujada en el laberinto de mi vida
por el sonido negro de sus botas.



4.

El otro día, frente a un escaparate,
escuché el ritmo de sus pasos.
Sonaban
como los clavos sobre el ataúd,
como los pasos inciertos del recuerdo
por el estrecho corredor de la memoria.
Me aparté un poco y, sin mirarme,
se puso junto a mí. Cantaba
una canción antigua.5. El espejo parecía excederse
en sus funciones; no sólo repetía
mi rostro, sino que reflejaba también
el zumbido de la máquina eléctrica
de afeitar y algunos ruidos laterales
que estaban fuera de su jurisdicción
o competencia. Por eso supe
que venía a por mí aún antes
de oír el roce de la llave sobre la embocadura
o de escuchar su voz en la cocina.

6.

La casa no es muy grande, sin embargo
mi asesino se ha podido instalar en un rincón
junto a la caja donde
transporta sus herramientas criminales.
Cenamos juntos cuando vuelve yo
de la jornada infame de trabajo.
Después me acuesta con un beso en la frente
y me cierra los párpados.
Yo inmovilizo los pulmones para
no respirar su aliento,
un aliento mortal que ha de matarme
un día.

7.

De corpore insepulto, con el rostro
lleno de barba de tres días, sucio
como un viudo reciente, la novela
perdida entre las sábanas, yo mismo,
de corpore insepulto, recibí
por la tarde al que me mata. Venía
con el cuerpo presente, fatigado
de ganarse mi pan. Desde la puerta,
ojeando el periódico, me dijo:
"Hoy debería asesinarte un poco".



8.

Pon algo de los Beatles, que me voy a morir,
murmuró mi asesino esta mañana.
Se había despertado
sudando y en sus ojos
naufragaban los restos de la noche terrible.
Yo no creí que se muriera,
más bien,
que hubiera recaído en la bronquitis,
pero estaba tan solo
que no podía levantar
ni dos palmos de vida, entonces dijo
pon algo de los Beatles, que me voy a morir.
Afortunadamente,
suelo tener en la cocina un frasco de jarabe
que facilita la expectoración
y despeja los bronquios
y hace vivir al asesino
la dulce sensación de la convalecencia,
cuando lo cierto es
que apenas ha empezado con esta inoportuna
bronquitis,
porque tiene una tos seca y difícil
y me mira como perro sin amo a través del espejo.
Después que ha visto que no se iba a morir
ha encendido un cigarro. De todos modos,
hemos estado toda la mañana escuchando a los Beatles.

9.

Ayer era domingo. Todo el día
sucedían desastres en la sala.
Las firmes decisiones deslavado,
lejanas ya, aunque vivas como pretérito imperfecto,
desplomábanse sobre los sanatorios
del corazón.
Entonces era tarde y aparecía el otro
por la puerta. El niño que venía con él
me miró como un hijo.

10.

Esa mujer que digo, confundió mi vida.
Yo malogré su historia (Me refiero
a los tiempos difíciles y hermosos de nuestra juventud,
los días en los que mi asesino
no era sino un recurso literario)
Jugamos a ser dioses. Levantamos
tal laberinto con la mezcla
de intereses secretos que
Simón y Garfunkel se escuchaban
días enteros en nuestros corazones.
Ese niño que va con mi asesino
es nuestro hijo.

11.

En el ambulatorio -extraño nombre- de la Seguridad Social
me han dicho que la tos y esas punzadas
en la zona del pecho cercana a la congoja
son en mi caso las expresiones gráficas
de un mal del alma: "no fue usted, no beba,
y procure animarse, son dos días".
Mientras el hijoputa hablaba, ni asesino reía.
la enfermera de melena amarilla
extendía recetas sin mirarme.



12.

Qué descanso morir. Pero qué agobio
regresar a la nada
después de haber tenido tanto amor,
tanta desdicha, pues, aunque también
tan gran indiferencia por las cosas.

13.

Desde dónde llegabas hasta mi soledad
aún no lo sé.
Digo llegabas, pero quiero decir caías,
arribabas, naufragabas también.
Y digo soledad, pero quiero decir locura,
confusión, desconcierto. Quiero decir
que desde dónde tú llegabas no lo sé
, pero que ignoro a qué lugar venías, quizá excepto
que ese lugar llamábase Juanjo Millás.

14.

Tú no eres nadie.
Pareces
una conciencia:
la suma
de representaciones pasadas o actuales
que quizá te permitan obtener con esfuerzo
alguna imagen de ti misma. Ignoro con qué objeto.
Pero no, no eres nadie, ni siquiera
un desastre glorioso, una desolación,
o una inocente víctima.
Entiéndelo, mi amor, y olvida.
Olvida para siempre los disfraces,
el de conciencia o el de viuda. Yo te escribo
porque tampoco tengo muchos rasgos
y aunque me gustaría ser Juanjo Millás,
sé que soy como tú. Recorro los pasillos
de las casas igual que tú. Vigilo los teléfonos
con la misma intensidad sospechosa con la que tú los miras.
Tampoco quiero a nadie, aunque estos días
de finales de marzo
puedo fingir cierta pasión y disfrazarme, como tú, de amante
y hablar, igual que tú, de mi conciencia.
Pero en realidad soy como tú; es decir
nadie, nadie, nadie.
Quien diga lo contrario, no me quiere.

1 comentario:

NORHA E. dijo...

Espectacular su poesia, me ha encantado leerla, muchas gracias por compartirlo!

Un saludo desde este lado del Oceano.