miércoles, 14 de marzo de 2007

San Juan de la Cruz:Poesías





Juan de Yepes Álvarez llamado San Juan de la Cruz (Fontiveros, Ávila, España, 24 de junio de 1542 - Úbeda, 14 de diciembre de 1591) fue un poeta místico y religioso español.

Obras poéticas
Noche oscura, Cántico espiritual y Llama de amor viva son sus tres obras poéticas capitales, a las cuales corresponden varias obras en prosa que les sirven de corolario explicativo, dado el hermetismo simbólico de su poesía: Subida al monte Carmelo, Noche oscura del alma, Llama de amor viva (las tres reunidas en el volumen Obras espirituales que encaminan a un alma a la unión perfecta con Dios) y Cántico espiritual.

Combinando la antigua simbología del Cantar de los cantares con las fórmulas propias del petrarquismo, produjo una rica literatura mística, que hunde sus raíces en la teología tomista y en los místicos medievales alemanes y flamencos. Su producción refleja una amplia formación religiosa, aunque deja traslucir el influjo del cancionero tradicional del siglo XVI, sobre todo en el uso del amor profano (las figuras del amante y de la amada) para simbolizar y representar el sentimiento místico del amor divino.

La estrofa más empleada en sus poemas es la lira, aunque demuestra igual soltura en el uso del romance octosílabo.

San Juan utiliza determinados recursos estilísticos con una profusión y madurez poco frecuentes, dando un nuevo y más profundo sentido a las expresiones paradójicas («cautiverio suave») y las exclamaciones estremecedoras («¡Oh, llama de amor viva!») habituales en los cancioneros.

Lo que mejor define su poesía es su extraordinaria intensidad expresiva, gracias a la perfecta adecuación y el equilibrio de cada una de sus imágenes. A ello contribuye así mismo su tendencia a abandonar el registro discursivo y eliminar nexos neutros carentes de valor estético para buscar una yuxtaposición constante de elementos poéticos de gran plasticidad.

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Poesía


San Juan de la Cruz




Cántico espiritual


Canciones entre el Alma y el esposo



[LA ESPOSA]



1 ¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido. 5


2 Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decilde que adolezco, peno y muero. 10


3 Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores
ni temeré las fieras;
y pasaré los fuertes y fronteras. 15


4 ¡Oh, bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh, prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado. 20



[RESPUESTA DE LAS CRIATURAS]



5 Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura. 25



[LA ESPOSA]



6 ¡Ay! ¿Quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero. 30


7 Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo;
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo. 35


8 Mas, ¿cómo perseveras,
¡oh, vida!, no viviendo donde vives
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes? 40


9 ¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y, pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste
y no tomas el robo que robaste? 45


10 Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos;
Y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos
y solo para ti quiero tenellos. 50


11 Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura. 55


12 ¡Oh, cristalina fuente!
¡Si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados...! 60


13 ¡Apártalos, Amado,
que voy de vuelo!



[EL ESPOSO]



Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma. 65



[LA ESPOSA]



14 Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos, 70


15 la noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora. 75


16 Cazadnos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña. 80


17 Detente, cierzo muerto.
Ven, austro, que recuerdas los amores;
aspira por mi huerto
y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores. 85


18 ¡Oh, ninfas de Judea!
En tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales. 90


19 Escóndete, Carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras decillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas. 95



[EL ESPOSO]



20 A las aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores
y miedos de las noches veladores. 100


21 Por las amenas liras
y canto de serenas os conjuro
que cesen vuestras iras
y no toquéis al muro,
porque la Esposa duerma más seguro. 105


22 Entrádose ha la Esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado. 110


23 Debajo del manzano:
allí conmigo fuiste desposada,
allí te di la mano
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada. 115



[LA ESPOSA]



24 Nuestro lecho florido
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado. 120


25 A zaga de tu huella
las jóvenes discurren al camino,
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino. 125


26 En la interior bodega
de mi Amado bebí, y cuando salía
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que antes seguía. 130


27 Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su Esposa. 135


28 Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio.
Ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya solo en amar es mi ejercicio. 140


29 Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido,
que, andando enamorada,
me hice perdediza, y fui ganada. 145


30 De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas
en tu amor floridas
y en un cabello mío entretejidas. 150


31 En solo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello,
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste. 155


32 Cuando tú me mirabas,
su gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían. 160


33 No quieras despreciarme,
que, si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste. 165



[EL ESPOSO]



34 La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado;
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado. 170


35 En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido;
y en soledad la guía
a solas su querido
también en soledad de amor herido. 175


36 Gocémonos, Amado;
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura. 180


37 Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos. 185


38 Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día. 190


39 El aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena. 195


40 Que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco parecía;
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía. 200









Noche oscura


Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual




Del mismo autor



1 En una noche oscura
con ansias en amores inflamada,
¡oh, dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada. 5


2 A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡oh, dichosa ventura!,
a oscuras y encelada,
estando ya mi casa sosegada. 10


3 En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía. 15


4 Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía. 20


5 ¡Oh, noche que guiaste!
¡Oh, noche amable más que la alborada!
¡Oh, noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada! 25


6 En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba. 30


7 El aire del almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía. 35


8 Quedeme y olvideme.
El rostro recliné sobre el Amado.
Cesó todo y dejeme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado. 40








Llama de amor viva


Canciones del alma en la íntima comunicación de unión de amor de Dios




Del mismo autor



1 ¡Oh, llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres; 5
rompe la tela de este dulce encuentro.


2 ¡Oh, cauterio suave!
¡Oh, regalada llama!
¡Oh, mano blanda! ¡Oh, toque delicado
que a vida eterna sabe 10
y toda deuda paga!
Matando muerte en vida la has trocado.


3 ¡Oh, lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido, 15
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!


4 ¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno, 20
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!








Coplas del mismo, hechas sobre un éxtasis de harta contemplación

Entreme donde no supe
y quedeme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.


1 Yo no supe dónde entraba,
porque, cuando allí me vi, 5
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo. 10


2 De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta, 15
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.


3 Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido 20
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.


4 Cuanto más alto se sube, 25
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo, 30
toda ciencia trascendiendo.


5 El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece, 35
y su ciencia tanto crece
que se queda no sabiendo,
y su ciencia trascendiendo.


6 Este saber no sabiendo
es de tan alto poder, 40
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer,
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo. 45


7 Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que le puedan emprender;
quien se supiere vencer 50
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.


8 Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir 55
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.








Coplas del alma que pena por ver a Dios


Del mismo autor



Vivo sin vivir en mí
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.


1 En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo, 5
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero
muriendo porque no muero. 10


2 Esta vida que yo vivo
es privación del vivir;
y así, es continuo morir
hasta que viva contigo.
Oye, mi Dios, lo que digo: 15
que esta vida no la quiero,
que muero porque no muero.


3 Estando ausente de ti,
¿qué vida puedo tener,
sino muerte padecer 20
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
pues de suerte persevero
que muero porque no muero.


4 El pez que del agua sale 25
aun de alivio no carece,
que en la muerte que padece
al fin la muerte le vale.
¿Qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero, 30
pues si más vivo, más muero?


5 Cuando me empiezo a aliviar
de verte en el Sacramento,
háceme más sentimiento
el no te poder gozar; 35
todo es para más penar
y mi mal es tan entero
que muero porque no muero.


6 Y si me gozo, Señor,
con esperanza de verte, 40
en ver que puedo perderte
se me dobla mi dolor;
viviendo en tanto pavor
y esperando como espero,
muérome porque no muero. 45


7 ¡Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte 50
y de tal manera espero
que muero porque no muero!


8 Lloraré mi muerte ya
y lamentaré mi vida,
en tanto que detenida 55
por mis pecados está.
¡Oh, mi Dios!, ¿cuándo será
cuando yo diga de vero:
vivo ya porque no muero?








Otras del mismo a lo divino

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
subí tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.


1 Para que yo alcance diese 5
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto; 10
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.


2 Cuando más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista 15
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance,
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance. 20


3 Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance 25
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.


4 Cuando más cerca llegaba
de este lance tan subido, 30
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dixe: «No habrá quien lo alcance».
Abatime tanto tanto
que fui tan alto tan alto 35
que le di a la caza alcance.








Glosa del mismo

Sin arrimo y con arrimo,
sin luz y oscuras viviendo,
toda me voy consumiendo.


1 Mi alma está desasida
de toda cosa criada, 5
y sobre sí levantada,
y en una sabrosa vida
solo en su Dios arrimada.
Por eso ya se dirá
la cosa que más estimo, 10
que mi alma se ve ya
sin arrimo y con arrimo.


2 Y, aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal,
no es tan crecido mi mal, 15
porque, si de luz carezco,
tengo vida celestial;
porque el amor de tal vida,
cuando más ciego va siendo,
que tiene al alma rendida 20
sin luz y a oscuras viviendo.


3 Hace tal obra el amor
después que le conocí,
que si hay bien o mal en mí,
todo lo hace de un sabor 25
y al alma transforma en sí;
y así, en su llama sabrosa,
la cual en mí estoy sintiendo,
apriesa, sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo. 30








Glosa a lo divino


Del mismo autor



Por toda la hermosura
nunca yo me perderé,
sino por un no sé qué
que se alcanza por ventura.


1 Sabor de bien, que es finito, 5
lo más que puede llegar
es cansar el apetito
y estragar el paladar;
y así, por toda dulzura
nunca yo me perderé, 10
sino por un no sé qué
que se halla por ventura.


2 El corazón generoso
nunca cura de parar
donde se puede pasar, 15
si no en más dificultoso;
nada le causa hartura,
y sube tanto su fe,
que gusta de un no sé qué
que se halla por ventura. 20


3 El que de amor adolece,
del divino ser tocado,
tiene el gusto tan trocado
que a los gustos desfallece;
como el que con calentura 25
fastidia el manjar que ve
y apetece un no sé qué
que se halla por ventura.


4 No os maravilléis de aquesto,
que el gusto se quede tal, 30
porque es la causa del mal
ajena de todo el resto;
y así, toda criatura
enajenada se ve,
y gusta de un no sé qué 35
que se halla por ventura.


5 Que estando la voluntad
de Divinidad tocada,
no puede quedar pagada
sino con Divinidad; 40
mas, por ser tal su hermosura
que solo se ve por fe,
gústala en un no sé qué
que se halla por ventura.


6 Pues de tal enamorado 45
decidme si habréis dolor,
pues que no tiene sabor
entre todo lo criado;
solo sin forma y figura,
sin hallar arrimo y pie, 50
gustando allá un no sé qué
que se halla por ventura.


7 No penséis que el interior,
que es de mucha más valía,
halla gozo y alegría 55
en lo que acá da sabor;
mas, sobre toda hermosura,
y lo que es y será y fue,
gusta de allá un no sé qué
que se halla por ventura. 60


8 Más emplea su cuidado
quien se quiere aventajar
en lo que está por ganar
que en lo que tiene ganado;
y así, para más altura, 65
yo siempre me inclinaré
sobre todo a un no sé qué
que se halla por ventura.


9 Por lo que por el sentido
puede acá comprehenderse 70
y todo lo que entenderse,
aunque sea muy subido,
ni por gracia y hermosura
yo nunca me perderé,
sino por un no sé qué 75
que se halla por ventura.








Cantar del alma que se goza de conocer a Dios por fe

Que bien sé yo la fuente que mana y corre,
aunque es de noche.
Aquella Eterna fuente está escondida,
que bien sé yo dó tiene su manida,
aunque es de noche. 5
Su origen no lo sé que pues no le tiene,
mas sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella
y que cielos y tierra beben della, 10
aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
Su claridad nunca es oscurecida 15
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
Sé ser tan caudalosas sus corrientes
que infiernos cielos riegan y a las gentes,
aunque es de noche. 20
El corriente que nace desta fuente
bien sé que es tan capaz y tan potente,
aunque es de noche.
Aquesta Eterna fuente está escondida
en este vivo pan por darnos vida, 25
aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas
porque desta agua se harten aunque a oscuras,
porque es de noche.
Aquesta viva fuente que deseo 30
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.







Otras a lo divino de Cristo y el alma del mismo

Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora firme el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.


No llora por haberle amor llagado, 5
que no se pena en verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.


Que solo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena 10
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.


Y dice el pastorcico: «¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia, 15
el pecho por su amor muy lastimado!».


Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado. 20






Romances sobre el Evangelio




1.º




«In principio erat Verbum» acerca de la Santísima Trinidad


En el principio moraba
el Verbo, y en Dios vivía,
en quien su felicidad
infinita poseía.
El mismo Verbo Dios era, 5
que el principio se decía.
Él moraba en el principio
y principio no tenía.
Él era el mismo principio,
por eso dél carecía; 10
el Verbo se llama Hijo,
que del principio nacía.
Hale siempre concebido
y siempre le concebía;
dale siempre su sustancia, 15
y siempre se la tenía.
Y así, la gloria del Hijo
es la que en el Padre había,
y toda su gloria el Padre
en el Hijo poseía. 20
Como amado en el amante,
uno en otro residía,
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía
con el uno y con el otro 25
en igualdad y valía.
Tres Personas y un Amado
entre todos tres había,
y un amor en todas ellas
y un amante los hacía, 30
y el amante es el amado
en que cada cual vivía,
que el ser que los tres poseen
cada cual le poseía,
y cada cual dellos ama 35
a la que este ser tenía.
Este ser es cada una
y este solo las unía
en un inefable nudo
que decirse no sabía, 40
por lo cual era infinito
el amor que los unía,
porque un solo amor tres tienen,
que su esencia se decía;
que el amor cuanto más uno, 45
tanto más amor hacía.





2.º




De la communicación de las tres Personas


En aquel amor inmenso
que de los dos procedía,
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo decía
de tan profundo deleite, 5
que nadie las entendía;
solo el Hijo lo gozaba,
que es a quien pertenecía.
Pero aquello que se entiende,
desta manera decía: 10
«-Nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía;
y si algo me contenta,
en ti mismo lo quería.
El que a ti más se parece 15
a mí más satisfacía,
y el que nada te semeja
en mí nada hallaría.
En ti solo me he agradado,
¡oh, vida de vida mía! 20
Eres lumbre de mi lumbre,
eres mi sabiduría,
figura de mi sustancia,
en quien bien me complacía.
Al que a ti te amare, Hijo, 25
a mí mismo le daría,
y el amor que yo te tengo
ese mismo en él pondría,
en razón de haber amado
a quien yo tanto quería». 30





3.º




De la creación


«-Una esposa que te ame,
mi Hijo, darte quería,
que por tu valor merezca
tener nuestra compañía
y comer pan a una mesa, 5
del mismo que yo comía,
porque conozco los bienes
que en tal Hijo yo tenía,
y se congracie commigo
de tu gracia y lozanía». 10
«-Mucho lo agradezco, Padre
-el Hijo le respondía-;
a la esposa que me dieres
yo mi claridad daría
para que por ella vea 15
cuánto mi Padre valía
y cómo el ser que poseo
de su ser lo recibía.
Reclinarla he yo en mi brazo,
y en tu amor se abrasaría, 20
y con eterno deleite
tu bondad sublimaría».





4.º




Prosigue


«-Hágase, pues -dijo el Padre-,
que tu amor lo merecía».
Y en este dicho que dijo,
el mundo criado había
palacio para la esposa 5
hecho en gran sabiduría;
el cual en dos aposentos,
alto y bajo, dividía.
El bajo de diferencias
infinitas componía; 10
mas el alto hermoseaba
de admirable pedrería,
porque conozca la esposa
el Esposo que tenía.
En el alto colocaba 15
la angélica jerarquía;
pero la natura humana
en el bajo la ponía
por ser en su ser compostura
algo de menor valía. 20
Y aunque el ser y los lugares
desta suerte los partía,
pero todos son un cuerpo
de la esposa que decía;
que el amor de un mismo Esposo 25
una esposa los hacía.
Los de arriba poseían
al Esposo en alegría;
los de abajo, en esperanza
de fe que les infundía, 30
diciéndoles que algún tiempo
él los engrandecería,
y que aquella su bajeza
él se la levantaría
de manera que ninguno 35
ya la vituperaría;
porque en todo semejante
él a ellos se haría
y se vendría con ellos,
y con ellos moraría; 40
y que Dios sería hombre,
y que el hombre Dios sería,
y que trataría con ellos,
comería y bebería;
y que con ellos continuo 45
él mismo se quedaría,
hasta que se consumase
este siglo que corría,
cuando se gozaran juntos
en eterna melodía; 50
porque él era la cabeza
de la esposa que tenía,
a la cual todos los miembros
de los justos juntaría,
que son cuerpo de la esposa, 55
a la cual él tomaría
en sus brazos tiernamente,
y allí su amor le daría;
y que, así juntos en uno,
el Padre la llevaría 60
donde del mismo deleite
que Dios goza gozaría;
que, como el Padre y el Hijo
y el que de ellos procedía,
el uno vive en el otro; 65
así la esposa sería,
que, dentro de Dios absorta,
vida de Dios viviría.





5.º




Prosigue


Con esta buena esperanza
que de arriba les venía,
el tedio de sus trabajos
más leve se les hacía;
pero la esperanza larga 5
y el deseo que crecía
de gozarse con su Esposo
contino les afligía;
por lo cual con oraciones,
con suspiros y agonía, 10
con lágrimas y gemidos
le rogaban noche y día
que ya se determinase
a les dar su compañía.
Unos decían: «-¡Oh, si fuese 15
en mi tiempo la alegría!».
Otros: «-¡Acaba, Señor;
al que has de enviar envía!».
Otros: «-¡Oh, si ya rompieses
esos cielos, y vería 20
con mis ojos que bajases,
y mi llanto cesaría!
¡Regad, nubes, de lo alto,
que la tierra lo pedía,
y ábrase ya la tierra, 25
que espinas nos producía,
y produzca aquella flor
con que ella florecía!».
Otros decían: «-¡Oh, dichoso
el que en tal tiempo sería, 30
que merezca ver a Dios
con los ojos que tenía,
y tratarle con sus manos,
y andar en su compañía,
y gozar de los misterios 35
que entonces ordenaría!».





6.º




Prosigue


En aquestos y otros ruegos
gran tiempo pasado había;
pero en los postreros años
el fervor mucho crecía,
cuando el viejo Simeón 5
en deseo se encendía,
rogando a Dios que quisiese
dejalle ver este día.
Y así, el Espíritu Santo
al buen viejo respondía 10
que le daba su palabra
que la muerte no vería
hasta que la vida viese
que de arriba descendía,
y que él en sus mismas manos 15
al mismo Dios tomaría,
y le tendría en sus brazos
y consigo abrazaría.





7.º




Prosigue la Encarnación


Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía
debajo de aquella ley 5
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
desta manera decía:
«-Ya ves, Hijo, que a tu esposa
a tu imagen hecho había, 10
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había.
En los amores perfectos 15
esta ley se requería;
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza
más deleite contenía; 20
el cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía».
«-Mi voluntad es la tuya 25
-el Hijo le respondía-,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,
lo que tu Alteza decía, 30
porque por esta manera
tu bondad más se vería;
verase tu gran potencia,
justicia y sabiduría;
irelo a decir al mundo 35
y noticia les daría
de tu belleza y dulzura
y de tu soberanía.
Iré a buscar a mi esposa,
y sobre mí tomaría 40
sus fatigas y trabajos,
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría,
y sacándola del lago 45
a ti te la volvería».





8.º




Prosigue


Entonces llamó un arcángel
que San Gabriel se decía,
y enviolo a una doncella
que se llamaba María,
de cuyo consentimiento 5
el misterio se hacía;
en el cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;
y aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía; 10
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tiene solo Padre,
ya también madre tenía,
aunque no como cualquiera 15
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella
él su carne recibía,
por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía. 20





9.º




Del Nacimiento


Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía
abrazado con su esposa, 5
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en un pesebre ponía
entre unos animales
que a la sazón allí había. 10
Los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre 15
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía; 20
el llanto del hombre en Dios
y en el hombre el alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.







Otro del mismo que va por «Super flumina Babilonis»

Encima de las corrientes
que en Babilonia hallaba,
allí me senté llorando,
allí la tierra regaba,
acordándome de ti, 5
¡oh, Sión!, a quien amaba.
Era dulce tu memoria,
y con ella más lloraba.
Dejé los trajes de fiesta,
los de trabajo tomaba, 10
y colgué en los verdes sauces
la música que llevaba,
poniéndola en esperanza
de aquello que en ti esperaba.
Allí me hirió el amor 15
y el corazón me sacaba.
Díjele que me matase,
pues de tal suerte llagaba;
yo me metía en su fuego
sabiendo que me abrasaba, 20
disculpando al avecica
que en el fuego se acababa.
Estábame en mí muriendo
y en ti solo respiraba,
en mí por ti me moría 25
y por ti resucitaba,
que la memoria de ti
daba vida y la quitaba.
Gozábanse los extraños
entre quien cautivo estaba; 30
preguntábanme cantares
de lo que en Sión cantaba:
«-Canta de Sión un himno,
veamos cómo sonaba».
«-Decid: ¿cómo en tierra ajena, 35
donde por Sión lloraba,
cantaré yo la alegría
que en Sión se me quedaba?
Echaríala en olvido
si en la ajena me gozaba. 40
Con mi paladar se junte
la lengua con que hablaba,
si de ti yo me olvidare,
en la tierra do moraba.
¡Sión, por los verdes ramos 45
que Babilonia me daba,
de mí se olvide mi diestra,
que es lo que en ti más amaba,
si de ti no me acordare,
en lo que más me gozaba, 50
y si yo tuviere fiesta
y sin ti la festejaba!
¡Oh, hija de Babilonia,
mísera y desventurada!
Bienaventurado era 55
aquel en quien confiaba,
que te ha de dar el castigo
que de tu mano llevaba,
y juntará sus pequeños,
y a mí, porque en ti esperaba, 60
a la piedra, que era Cristo,
por el cual yo te dejaba».







DEBETUR, SOLI GLORIA VERA DEO