miércoles, 14 de marzo de 2007

Abelardo Castillo:Selección de poesías




Abelardo Castillo nació en San Pedro, provincia de Buenos Aires, el 27 de marzo de 1935. En 1959 fundó la revista El Grillo de Papel, que posteriormente se continúa en El Escarabajo de Oro, una de las revistas literarias más importantes en cuanto difusión y fomento del debate en los años sesenta y setenta, y cuya existencia se prolongaría hasta 1974. Definida a partir de su adhesión al compromiso sartreano y el existencialismo, se incorpora al debate que emerge a partir del llamado "boom de la literatura latinoamericana".

En el año 1959, por el relato "Volvedor" obtuvo el premio de la revista Vea y Lea, cuyo jurado estaba integrado por Borges, Bioy Casares y Peyrou. Con su primera obra de teatro, El otro Judas (1961), surge la problemática de la culpa del traidor. Con su segunda obra, Israfel (1964), basada en una biografía de Edgar A. Poe, obtuvo en 1966 el Premio Internacional de la UNESCO y un gran éxito de crítica y público.

El libro de cuentos Las otras puertas aparece en 1963, seguido por Cuentos crueles (1966), Tres dramas (1968), Las panteras y el templo (1976), El cruce de Aqueronte y El Sr. Brecht en el Salón Dorado (ambos en 1982), Las maquinarias de la noche (1992) y los Cuentos completos (1997). En 1975 publicó El que tiene sed, que gira en torno al problema del alcoholismo y dos años más tarde La casa de la ceniza. En 1993 se editó Crónica de un iniciado y en 1995 el volumen Teatro completo, que incluye Salomé. De 1999 es El evangelio según Van Hutten, donde la preocupación religiosa adquiere una cualidad esencial en el relato.

En 1961, Abelardo Castillo obtiene el premio Casa de las Américas, y en 1986 el Premio Municipal de Novela. También publicó los ensayos Discusión a la crisis del marxismo (1967) y Las palabras y los días (1988). Entre los años 1977 y 1987 dirigió la revista El ornitorrinco.






Abelardo Castillo
Selección de poesías

EL DESTERRADO

Esta ciudad queda lejos de las rosas de mi padre y de la ventana que da sobre las rosas y de mi mesa junto a la ventana y de mí.

Si valiera la pena escribir en esta ciudad la historia de mi vida
hablaría primero de mi pueblo
y de las calles de mi pueblo
angostas
y cortas
y mal iluminadas.

De la iglesia
(del curita aquel que una mañana no dio misa
y de la muchacha que desapareció esa mañana)
del río
y la barranca y de las lápidas irlandesas del cementerio viejo que está sobre la barranca y del vecino loco que muere entre sus flores y de una puerta que a veces no existía.

Después, padre, hablaría de un perro que se llamaba clavel.

Todo en voz muy baja
como quien se confiesa.

Me da un miedo espantoso morirme en esta ciudad sin haber hablado nunca de estas cosas.



ESPEJOS

Antes que yo, dos hombres han sentido
el sagrado pavor de los espejos.
No soy yo, es mi miedo lo que mido
con esos dos, tan altos y tan lejos.

Poe y Borges supieron de esta rara
maldición de la luz: la que duplica
el horror paulatino de mi cara
que en vejez, tiempo y muerte se disipa.

Dios debiera velarnos a estos jueces
de la ruina del alma y de sus grietas.
Ya es pecado morir, por qué mil veces
matarse entre cristales y aguas quietas.

Por eso no hay espejos en mi casa.
En la pared, un gran dibujo intenta
fijar mi antigua cara. El tiempo pasa
y me asesina sin que yo lo sienta.



FOTOGRAFÍA DE MALCOLM LOWRY

Tremendas mangas, tremendos pantalones y ese mar y esa barba, Malcolm Lowry, y el Popocatepl detrás, o lo que sea,
algo como un volcán,
como el Embudo aquel,
como un presagio.

Es raro, señor Lowry,
lo miro y hace frío,
me digo yo a este hombre lo conozco con esa mole gris
como la muerte, tiene las manos entre las piernas, tiene
frente de mono y grandes mangas y un pantalón de lino, un
pantalón como de marinero,
detrás la Bestia gris,
detrás
hay una especie de montaña que a lo mejor fue verde en las laderas,
pero cómo saberlo.

Y es notable
que alguien saque la foto
de los que posan sobre un fondo tan gris mirando lejos.

Sería interesante
hacerse una pregunta, consultar
a un astrólogo,
sincerarse,
y ver qué significa Malcolm Lowry mirando lejos junto al mar y con las manos entre las piernas como un
chico que duerme, con sus tremendas mangas y sus
tremendos pantalones, Malcolm Lowry con sus tremendos
pantalones y su barba,
tranquilamente junto al mar,
pegado en mi pared,
de perfil al demonio.



LA OSCURA

Esa mujer semidesnuda aguarda
a un hombre que tal vez vendrá esta noche.
Veo su pelo y en su pelo un broche
de plata isabelina. El hombre tarda.

La mujer es inglesa pero tiene
ojos y largo pelo de española.
Es hermosa, es ardiente y está sola.
No dormirá esta noche si él no viene.

Hay un gato, tal vez... No sé más nada
de esta dama morena y de su impuro
insomnio de mujer que espera a un hombre.

Solo sé que está en Londres, que en su almohada
arde su pelo como un fuego oscuro
y que Shakespeare jamás dijo su nombre.



EL ORANTE

En el exacto centro de mí mismo
hay un hombre que reza, cada noche,
yo lo dejo
tratando de no perturbarlo demasiado.

él no cree en las palabras que murmura
pero reza de noche
cuando siente que yo no lo vigilo.